The extraordinary tale, de Laura Alvea y José F. Ortuño

The_Extraordinary_Tale-760862477-largeFábula sobre soledades y maternidad

Había una vez una chica que vivía en una casita y se sentía muy sola. Debido a su miedo al exterior, se envolvía en numerosas capas de ropa y nunca salía de casa. Para matar su tiempo, se entretenía enviando cartas a desconocidos que escribía en una máquina de escribir- convertida aquí en el único mecanismo de comunicación, ya que el diálogo es inexistente-. Una de esas cartas, por fortuna o error, llegó a un chico y después de cartearse durante un tiempo, se conocieron y se enamoraron. A los pocos días, empezaron a vivir juntos, y casi sin darse cuenta, tuvieron un hijo. José F. Ortuño y Laura Alvea, sevillanos de nacimiento, y con amplia experiencia en el campo audiovisual, debutan en el largo con un cuento de hadas moderno, una historia que nos habla de dos seres solitarios, dos individuos que se necesitan, dos almas que se han creado un mundo propio y personal a su alrededor, y que han huido del mundo y la sociedad, para encerrarse en sí mismos y sentirse más ellos. La trama se centra en la chica, que al igual que sucede en las fábulas carece de nombre, su trastorno compulsivo, alimentado por la sobre protección materna, le han llevado a huir de la realidad y encerrase en sí misma, convirtiéndose en un ser totalmente inocente, desprotegido e ignorante ante los embates de la vida. Filmada en una única localización, y en apenas dos semanas, y en unos estudios en Sevilla. Una cinta rodada en inglés y con clara vocación internacional, tiene en su sencillez argumental y en una elaborada y cuidadísima producción sus cartas de presentación. Sus referentes son fáciles de rastrear, navega desde el cine mudo, y el slapstick, los dibujos animados de la Warner, el imaginario de directores más contemporáneos como Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro, con su Delicatessen (1991), o Amélie (2001), o Javier Fesser, en su premiadísimo cortometraje, Aquel ritmillo (1995), o su primer largo, El milagro de P. Tinto (1998), sólo por citar algunas fuentes. Comedia que empieza como una historia de tono romántica y amplitud de colores y luz, para finalizar en un cuento negro, un paranoia de terror doméstico con Repulsión (1965), de Polanski, y Cabeza borradora (1977) de Lynch, como espejos donde mirarse, sobre el hecho de ser padres y asumir la responsabilidad de traer una persona al mundo, cuestión de la que quizás, y como cuestiona la película,  hay personas que no se encuentran totalmente preparadas. Uno de sus referentes más próximos sería El mago de Oz (1939), de Victor Fleming, la maravillosa fábula que empezaba como un viaje romántico a la búsqueda de un sueño, y se acaba convirtiendo en una travesía interior de pesadilla, en la que tenemos que buscarnos a nosotros mismos y enfrentarnos a nuestros miedos más intensos y profundos.

Viajo sola, de Maria Sole Tognazzi

Viajo-sola-CartelIndependiente, madura, sola y ¿feliz?

Irene es una mujer de cuarenta y tantos años, atractiva, elegante y distinguida. Le encanta su trabajo como inspectora de hoteles de lujo para la prestigiosa cadena Leading Hotels. Su tiempo se debate entre hoteles, maletas y viajes, muchos viajes, aunque su profesión ocupa todo su tiempo, en cambio, su vida personal no existe, puede que se encuentre perdida en algún lugar, entre su flamante apartamento que se ha convertido en un lugar sin vida, y las personas de su entorno, las cuáles parece que tampoco  le llenan lo suficiente, o quizás Irene ya no encaja con ellas: Andrea, su ex pareja, que ahora es su mejor amigo y va a ser padre, y Silvia, su hermana pequeña, que es su antítesis, es una esposa aparentemente feliz, y madre de dos niñas. Maria Sole Tognazzi –hija del grandísimo actor Ugo Tognazzi-, y como su personaje, pasa de los cuarenta y no tiene hijos, centra su tercera película (las dos anteriores inéditas en nuestras carteleras) en la figura de una mujer madura, que goza de independencia económica, pero ha elegido estar sola, decisión que choca frontalmente con la idea imperante de la familia tradicional italiana, si bien, encontrarse con hombres maduros en esa situación no sorprende, ocurre todo lo contrario con la visión que tenemos de las mujeres de la misma edad. La opción de no tener hijos, de mantener relaciones esporádicas, y ocupar la mayoría del tiempo en desarrollarse profesionalmente, es una práctica cada vez más empleada por muchos individuos como una opción de vida, alejada del convencionalismo imperante de las sociedades modernas neoliberales. Tognazzi nos conduce de la mano a través de lugares lujosos, empieza en París, pasa por Roma, nos lleva a la exótica Marraquech, para dejarnos en Berlín, y despedirse en un aeropuerto, quizás una bella metáfora del discurrir vital de la protagonista, una vida en constante tránsito. Una comedia ligera, sin artificios, naturalista, la cámara de la realizadora italiana muestra y observa, no juzga y tampoco, se deja llevar, de manera que los espectadores miramos a una mujer que disfruta con su trabajo y se relaciona con muchas personas, y de todas y cada una de ellas, saca una lección positiva o negativa. Las circunstancias que le van a estallar en las narices llevan a Irene a replantearse ciertas actitudes y sentimientos, porque aunque adore su trabajo, también adora que la quieran y le gusta sentirse importante para las personas que la rodean y quiere. Marguerita Buy –actriz de reconocida trayectoria desarrollada principalmente en el país transalpino, donde ha trabajado con directores de la talla de Monicelli, Moretti, Verdone, Luchetti…- nos ofrece una composición maravillosa, interpreta la gran variedad de matices que despliega su personaje, los gestos y las miradas de esta mujer que algunos la verán como una persona solitaria incapaz de amar, y otros, como alguien que vive su vida sin importarte lo que piensen los demás.

El árbol magnético, de Isabel Ayguavives

Cartel 2 (1)Hubo un tiempo y un lugar…

Bruno, después de años de exilio laboral forzoso, vuelve a reencontrarse con Marianela, su prima y el resto de su familia, y con un lugar que ha marcado los años felices de su infancia. Ahora, ese lugar y la casa, testigo de aquellos recuerdos, está a punto de venderse y así, con la desaparición de ese símbolo, perder lo que fue y sí desaparecer una parte de su identidad. Isabel Ayguavives, ferrolana de nacimiento y fogueada en el medio televisivo, se asienta en una historia personal de un amigo chileno, al que acompañó en aquel reencuentro, para contarnos su visión personal e íntima, enfrascándose en una aventura que le ha llevado a cruzar el charco, y filmar en el lejano altiplano chileno, su bautismo cinematográfico. La película se apoya en tres personajes, Marianela, la joven prima magnetizada por el lugar y sus vivos recuerdos, que la aparición de Bruno, además de que ambos se sienten atraídos, le conducirán a aquel tiempo y aquel lugar, que ya sólo pertenece y vive en la memoria. Bruno,  por su parte, es el de fuera, no ha sido testigo de la lenta desaparición de ese lugar, que ya no existe como era, sino que se ha convertido en otra cosa, se parece, todavía permanecen algunas huellas, pero ha cambiado, es distinto, vive en otro tiempo. Y finalmente, el tercer personaje, el que cierra el círculo familiar, la figura de la abuela, que recuerda, pero ya no bien, que está, pero parece que no, que siente y apenas se comunica con el resto de la familia, excepto con Nela y Bruno, con los que mantiene un vínculo conectado directamente con su pasado y secretos, y ese árbol mágico como epicentro y sombra cobijante de ellos tres. Una historia sencilla e intimista, fabricada desde lo más profundo y delicado, atrapando las miradas furtivas que se dedican Nela y Bruno, y todo contado con un toque formalista muy estilizado, que encajona a los personajes en planos medios y cerrados, como si les faltase el aire, ese aire que ya no tiene esa casa y ese lugar, que tanto ha significado para ellos en el pasado. Dos jornadas familiares para despedirse de lo que fueron y empezar a vivir sin aquello, solamente invadidos por recuerdos que ya no tendrán, el escenario que los fundía. Coproducción entre España y Chile, El árbol magnético, su mirada pertenece a esa nueva hornada de cineastas sudamericanos que están agitando el panorama de cine hispano hablante con películas contundentes, formalistas, acompañadas de miradas muy personales,  como  Lucrecia Martel, de la que su película, La ciénaga (2001), sería pariente de ésta, Pablo Trapero con sus historias familiares y sociales, y tantos otros… La película de la cineasta gallega se suma también, a las obras de Mar Coll que con Tres dies amb la familia (2009), y Liliana Torres con Family tour (2014), ofreciéndonos otra interesante exploración del mundo familiar vista a través de jóvenes que vuelven después de un tiempo al seno familiar. Un cine atrevido, que nace desde las entrañas y se cuece a fuego lento para inquietar a los espectadores con historias sencillas que, además de hacernos reflexionar, nos atrapan desde lo más delicado.

 

Las vidas de Grace, de Destin Daniel Cretton

SHORT TERM 12 PosterLas derivas emocionales

Una amiga, gallega de nacimiento, me contaba en cierta ocasión, que debíamos ser amables con todas las personas que tratábamos, porque cada una de ellas estaba librando una batalla en su interior. Short Term 12, cuya traducción vendría a ser, Acogida temporal 12, es una película que se desarrolla en un centro que acoge a menores de edad en situación de vulnerabilidad. El director se basó en experiencias personales vividas mientras trabajaba en un centro para menores, situaciones que ya recogió de forma breve, en un cortometraje, con el mismo título que la película, dirigido en 2008. La acción gira en torno a la figura de Grace, la joven educadora y alma del lugar, a su lado, le acompañan un grupo humano de jóvenes entre los que destaca, Mason, su pareja. El entramado emocional de la cinta, estalla con la llegada de Jayden, una adolescente rebelde, huraña y agresiva que llega al centro por la difícil convivencia con su padre, después del fallecimiento de su madre. El debutante Destin Daniel Cretton sitúa su relato en el difícil y complejo mundo de las emociones, en los miedos que nos amenazan, en la dificultad que reside en expresar nuestros infiernos… Situaciones todas ellas contadas de una manera natural, de un modo sincero y directo, la cámara de Cretton traza su objetivo en las personas, en las relaciones que se van originando y los conflictos que estas van generando. El realizador estadounidense se sirve de unos mínimos escenarios: el centro, donde se desarrolla casi toda la trama, y la vivienda donde cohabitan Grace y Mason. Es una obra sencilla de producción, pero gigantesca en todo lo demás, destacando su preciosismo  en la economía formal, casi toda la película se filma con cámara en mano, a la manera de los Dardenne, donde no faltan los momentos duros y emotivos, en los que se continúa con la misma línea contenida, sin separarse lo más mínimo del objetivo principal de la película, que no es otro que, explicarnos como un grupo humano lucha a diario para superar sus problemas emocionales provocados por padres que no los querían. Cretton apoya su relato en la figura de su protagonista, Grace, una joven que, al igual que los niños que ayuda, también se vio inmersa en situaciones parecidas, y como ellos, tendrá que enfrentarse a sí misma, quizás por eso sabe escucharlos y protegerlos, y ayudarles a salir de sus propios miedos y monstruos que los amenazan, y de esa manera, consigan compartir su experiencia para ayudarse a sí mismos y superar lo que les entristece. Brie Larson, la intérprete que da vida a Grace, la joven heroína de lo cotidiano, esta inmensa, creando una composición llena de energía y magia, consiguiendo los momentos más emocionantes del relato. Premio del público en la última edición de la Seminci, esta película nos conduce inevitablemente a Hoy empieza todo (1998), de Bertrand Tavernier, que de forma admirable también posaba su mirada en los niños más desfavorecidos y con problemas, a través de la figura de un director de una escuela infantil. Dos historias que nos susurran al oído, nos cuentan dos fábulas modernas sobre niños que sólo necesitan un poco de afecto y comprensión.

Llenar el vacío, de Rama Burshtein

kinopoisk.ruAmor y fe

 Shira tiene 18 años y está emocionada porque va a contraer matrimonio con un joven de su misma edad. Vive en alguna ciudad de Israel, junto a su familia, que pertenece a la comunidad judío ortodoxa. Pero los planes de boda de Shira, sufrirán un inesperado giro cuando su hermana mayor fallece tras dar a luz. Ante el temor de la abuela de perder a su nieto, instigará a su hija Shira a casarse con su hasta ahora cuñado. Rama Burshtein, nacida en New York, pero de origen hebreo, que debuta en la dirección con esta historia ambientada en la actualidad y en el seno de un entorno profundamente religioso, nos presenta un relato que brota desde el corazón, lleno de intensidad, emocionante, directo, sin concesiones, alejado de cualquier tipo de manierismos. Burshtein, practicante del credo judío ortodoxo, utiliza el vehículo del cine como medio para dar voz y presentar al mundo su comunidad: su vida diaria, sus fiestas, canciones,  oraciones, las relaciones personales y familiares… Llenar el vacío, es una fábula de nuestro tiempo, que se vale de un tratamiento formal muy estilizado, los planos de equilibrada y ajustada definición, son asfixiantes y muy cercanos, combinada con una ausencia en movimientos de cámara y música extradiegética, así como, de un entramado que se desarrolla en cuatro paredes, ya que la mayoría de sus localizaciones se focalizan en interiores. Un ajustado planteamiento que deriva en una historia construida a través de nuestros sentimientos más profundos. En un mundo dominado por hombres, donde las mujeres comparten un segundo plano, emerge la figura de una mujer joven, Shira, que tiene que buscarse a sí misma y mirarse en su espejo interior para descubrir la naturaleza de sus sentimientos, para descubrir sus propias necesidades, saber que quiere, como lo quiere y con quién quiere. La responsabilidad de la tradición familiar enfrentada a las necesidades del individuo es el discurso donde se vértebra  este sincero y emotivo cuento. Destacar el magnífico trabajo de dirección de actores de Burshtein, donde la interpretación de la joven actriz Hadas Yaron, galardonada con la Copa Volpi a la mejor actriz en la Mostra de Venecia del 2012, en un registro donde la mirada y el gesto de la intérprete adquieren una fuerza mágica y llena de luz, convirtiéndola en el alma de la función y en la auténtica pieza maestra de todo el entramado emocional del relato.  Algunos espectadores encontrarán en la película rasgos y abundantes señas de Yentl (1983), de Barbra Streisand, la fábula de la joven que no le quedaba más remedio que disfrazarse de hombre para poder estudiar y desarrollarse como persona. Shira, como le sucedía a Yentl, pertenecen a esas mujeres que luchan con todas sus fuerzas a su alcance para hacer valer lo que sienten, y sobretodo, a no tener miedo por lo que sienten ante una sociedad que las discrimina y las empuja a convertirse en lo que no desean.

El lobo detrás de la puerta, de Fernando Coimbra

el_lobo_detras_de_la_puerta_30412El enemigo acecha en el interior

En el arranque de la película vemos a Sylvia acudir al colegio a recoger a su hija. La maestra le comunica que ha venido una amiga suya y se la ha llevado. En la siguiente toma nos encontramos en la comisaría, donde un policía está interrogando, primero a la maestra, luego a la madre, después a Bernardo, el padre, y por último a Rosa, la amante de Bernardo. El realizador brasileño, Fernando Coimbra ha escogido para su opera prima un mecanismo sencillo, a través de dos tiempos, el presente, en el que se lleva a cabo la investigación de la desaparición de la niña, y el pasado, que mediante flashbacks narrativos, nos irán explicando las circunstancias que han llevado a los acontecimientos hasta ese mismo instante. Suspense y thriller doméstico se dan la mano en este inmenso ejercicio, impecablemente narrado, que atrapa al espectador desde el primer instante, subyugándolo hasta su magnífico desenlace. Relato que navega entre unos individuos que necesitan de la mentira para poder subsistir, en una urbe que los consume de un modo voraz. La historia que cuenta es bien sencilla, Sylvia y Bernardo, son un matrimonio que vive en los suburbios de la turbulenta Río de Janeiro, que la rutina y los años de convivencia, les ha llevado a la inapetencia sexual, el marido encuentra sexo en la joven Rosa, pero ésta, llevada por una enfermiza obsesión por su conquista, se hace amiga de Sylvia, introduciéndose de esta forma en la vida conyugal e íntima de su amante. La cámara al hombro de Coimbra sigue obsesivamente a sus criaturas, vertebrada con primeros planos que los atrapan y ahogan, principalmente rodada en interiores, los exteriores parecen filmados de la misma forma, donde el aire se corta, el aliento se funde en el agobio y la desesperación en la que están sometidos los personajes, unos seres que no encuentran escapatoria a una cotidianidad abrupta, solitaria y aburrida. La cinta continúa la línea abierta por los  Meirelles y Padilha, que a través de potentes thrillers oscuros e intensos, están mostrando una contundente realidad social de un país, y una ciudad, y las constantes miserias que le rodean a diario. Premiada en los festivales de La Habana, Miami y San Sebastián, con el premio de Horizontes Latinos. El lobo detrás de la puerta, guarda con la magnífica Amores perros (2000), de Alejandro González Iñárritu, algunas similitudes, como podrían ser en estilo, imagen y tempo narrativo, aunque son dos cintas que divergen en tonos y sentidos diferentes. No obstante, las dos continúan la mejor tradición del nuevo cine latinoamericano que comenzó en los 60, y son una muestra más de la buena salud que manifiesta el cine que se está produciendo por aquellos lares.

Marsella, de Belén Macías

marsella 1Madres en busca de sí mismas

 Han transcurrido seis años desde la opera prima de Belén Macias, El patio de mi cárcel (2008), tiempo en que la realizadora tarraconense los ha dedicado a la televisión, en series como La señora (2009), La princesa de Éboli (2010) e Historias robadas (2012). Ahora vuelve a la pantalla grande con su segunda película, Marsella, una historia intimista y sencilla, en la que plantea un conflicto realmente complicado y difícil, dos madres, la biológica y la de acogida, luchan por el cariño de Claire, una niña de 9 años. Las madres son totalmente antagónicas, con vidas muy diferentes, por un lado, tenemos a Sara (la que la parió), de 28 años, sin pareja, de oficio panadera, con un entorno familiar paterno durísimo y un oscuro pasado enganchada a las drogas y el alcohol. En el lado opuesto, Virginia (la de acogida), es una mujer de unos cuarenta y tantos años, casada con un francés, sofisticada, elegante y con un alto nivel de vida. Macías sitúa su relato en un viaje, en una road movie, la carretera como compañía y un trayecto, el que separan las ciudades de Madrid y Marsella, un destino en el que Sara quiere que su hija conozca a su padre biológico. El conflicto aparece cuando Sara tiene que entregar una carga sospechosa que lleva en el coche y se ausenta del hotel donde se hospedan, tiempo suficiente para que la niña se asuste y avise a la que todavía llama su madre, Virginia. El viaje continúa con las tres y su peculiar combate emocional para ganarse el amor de la niña. Un relato duro, que en ocasiones sobrecoge y nos plantea una cuestión sumamente aleccionadora e interesante: ¿Madre se nace o se hace? Macías no nos contesta a la pregunta, pero si nos abre distintas puertas y ventanas para que nosotros los espectadores lleguemos a nuestras propias reflexiones. La película entretiene, está cocinada a través de miradas y gestos, llena de momentos intensos y directos, es una lección de vida y amor, una cinta de carretera, que a modo de Ulises, no importa el destino Ítaca/Marsella, sino el trayecto y las circunstancias que se van encontrando. La directora sugiere y atrapa a través de emociones y sentimientos. Nos muestra un mundo de paso, lugares sin identidad, hoteles a la orilla, camioneros atrapados y honrados, a unos seres en tránsito que pululan de un lugar a otro, intentando sobrellevar no las cargas que se intercambian, sino las que pesan y las que cuesta sacar. Interesante mezcla de película de carretera y anclajes emocionales, en la que dos actrices, María León y Goya Toledo, resultan intensas y conmovedoras en sus respectivas composiciones, que encarnan una brillante antítesis de modos de ver la vida, una perdedora que es todo corazón, y la otra, la sobre protección materna instalada en la comodidad. Dos miradas, dos maneras que Macías sabe gestionar y presentar de un modo humano, sin caer en estereotipos que podrían desmerecer el relato. Un cuento para todos y de todos, que vendría a ser  como una mirada a la inversa de la última película de Hirokazu Kore-eda, De tal padre tal hijo (2013), si allí eran dos padres que tenían que lidiar con un hijo que no era el suyo, por un error al nacer, y se planteaban la paternidad, ahora lo que se plantea es lo contrario, la maternidad y el hecho de ser madre.

Omar, de Hany Abu-Assad

1010863_fr_omar_1378206363758Amor a pesar de la barbarie

Hany Abu-Assad, palestino de nacimiento pero holandés de adopción, lleva desde los años 90 produciendo y dirigiendo películas con un alto contenido político, y situadas en el difícil conflicto que mantienen palestinos e israelís desde principios del siglo XX. Su saltó a la fama mundial se produjo con Paradise now (2005),  brillante e intenso retrato del último día en la vida de dos suicidas palestinos. La película obtuvo un gran reconocimiento internacional que vino acompañado de una nominación a los Oscar, el Globo de Oro y sendos premios en la Berlinale. Ahora, vuelve a mostrarnos otro retrato ambientado en los territorios ocupados de la franja de Cisjordania, un lugar situado entre dos mundos, el que separa el muro que divide una tierra marcada por la sangre y la tragedia. Siguiendo la línea que vertebra buena parte de su filmografía, la trama se centra en la figura de Omar, un joven palestino de oficio panadero, que salta el muro de la vergüenza cada vez que visita a  su novia, Nadia, con la mantiene una relación secreta. La joven,  hermana de Tarek, que con Amjad, -que también ama a Nadia-, y el propio Omar, a parte de ser amigos desde la infancia, pertenecen a un grupo de resistencia, que realizan actividades armadas clandestinas contra el ejército israelí. En uno de los ataques asesinan a un soldado judío, hecho que provocará la detención y encarcelamiento de Omar. La cámara de Abu Assad sigue sin descanso a unas criaturas que viven bajo la amenaza constante del yugo terrorífico del estado de Israel. El realizador palestino filma con pulso firme, conoce los mecanismos cinematográficos a la perfección y sabe dotar a cada situación de la intensidad dramática que requiere en ese momento. Tragedia de tintes shakesperianos en el que la mirada de Abu-Assad nos confina en situaciones complejas en que nos mira de frente y nos cuestiona elementos humanos como son la amistad, la traición, la venganza, la lealtad, la lucha armada como única vía a la ocupación… Remitiéndonos a un cine político de primera magnitud con nombres como los de Bertolucci, Costa-Gavras, Petri y otros tantos que se interesaron por los conflictos políticos que asolaron buena parte de la segunda mitad del siglo XX. Magnífica película con una impecable composición Adam Bakri, que interpreta al desdichado Omar, dotándole de una mirada y una fuerza que llegan a sobrecoger. El filme se alzó con el Premio del Jurado en el Festival de Cannes, y fue nominada a los Oscar. El realizador palestino nos habla del amor como una vía posible para soportar la barbarie cotidiana en la que se ha convertido la vida de muchos palestinos que sobreviven en los territorios ocupados. Aunque la lucha constante y diaria por la supervivencia acaba minando a todos los personajes, conduciéndolos a una encrucijada donde ya nadie sabe en quién puede confiar, y sobre todo, a enfrentarse, no solamente a los demás y a su propio entorno, sino a uno mismo, que es quizás, el peor de los conflictos.

Open Windows, de Nacho Vigalondo

001-open-windows-teaser-eeuuParanoia fetichista en la red

Nick Chambers es un joven admirador de la actriz del momento, Jill Goddard, protagonista de la saga de terror más exitosas de los últimos años. Nick gana un concurso que consiste en cenar con la guapa actriz. Pero, la noche que tiene que celebrarse el encuentro, el joven, que espera en una habitación de un lujoso hotel, recibe una misteriosa llamada de alguien de la productora, que le comunica que se ha cancelado. La voz que se hace llamar Simon Chord, invita a Nick a un juego voyeurista y macabro, le propone pasar la velada observando a la actriz que se va a encontrar con su amante en una habitación de enfrente, desde su ordenador a través de Internet. La tercera película de Nacho Vigalondo, tiene un arranque prometedor, podríamos situarla en un cruce entre La ventana indiscreta (1954), de Alfred Hitchcock y El fotógrafo del pánico (1960), de Michael Powell. El joven protagonista controla todos los movimientos de la actriz, su móvil, su ordenador… absolutamente todo, o quizás, a través de todos esos dispositivos, también él está siendo controlado. Nick abre y cierra ventanas a través de su ordenador, va de un lugar a otro, sin moverse de la habitación. A modo de thriller paranoico, el realizador cántabro nos propone un viaje hacía el terror desde todas las infinitas posibilidades informáticas que la tecnología es capaz de controlar. Podría verse como una vuelta a los orígenes y temas de su opera prima, Los cronocrímenes (2007), que  ya desarrollaba de forma más  eficaz una trama donde abundaban las falsas identidades, el observador y el observado, a los espejos y sus reflejos deformantes, a las situaciones kafkianas y los ambientes malsanos y terroríficos situados en ambientes domésticos. La trama se complica cuando el perverso juego de Chord va más allá y las situaciones empiezan a descontrolarse, en las que se incorporan nuevos elementos, como unos hackers desde París y la intervención de la policía, añadiendo más testosterona kamikaze a la que ya había. En ese instante, la acción deriva en un perverso juego del gato y el ratón, a ver quién caza a quién, y sobretodo, en una película de acción trepidante, con persecuciones incluidas, siempre desde el punto de vista de una pantalla de ordenador y la ventana que se está observando en ese instante. Vigalondo sabe manejar a los espectadores, llevarlos de un lugar a otro, levantarlos de la butaca e introducirlos en la compleja madeja argumental de su obra. Aunque si bien técnicamente la película está muy lograda y supone todo un desafío su producción, argumentalmente, sólo se sostiene la primera mitad, la segunda y sobretodo, la parte final, los abundantes giros de la trama y los efectistas golpes, algunos del todo inverosímiles, deslucen enormemente el conjunto de la película. Protagonizado por Elijah Wood (convertido en icono de thrillers españoles, ya que está es su tercera colaboración, después de las películas con Alex de la Iglesia –Los crímenes de Oxford (2008), y Eugenio Mira –Grand piano (2013). Y por la sugerente y sexy, Sasha Grey, auténtico objeto de deseo de la película. Una propuesta interesante a medias, aunque resulta gratificante su novedosa apuesta en la aplicación de las nuevas tecnologías en el campo del cine.

Foxfire, de Laurent Cantet

foxfireRebeldía ante el sistema

Hace 6 años, Laurent Cantet deslumbró al mundo cinematográfico con  La clase, un retrato sincero y emotivo que reflejaba de manera brillante y eficaz los problemas que un profesor de literatura se enfrentaba a diario con sus alumnos en el transcurso de un año escolar en un instituto de la Francia laica y republicana. La película cosechó excelentes críticas y se alzó con la Palma de Oro del Festival de Cannes. Ahora, apoyado nuevamente en las dificultades que se enfrentan los adolescentes, presenta un relato ambientado en 1953, en una pequeña ciudad obrera estadounidense, sobre un grupo de chicas que se rebela contra el machismo y la servidumbre imperante que las someten los hombres. Lo que empieza como unos actos de protesta más cercanos a una aventura, derivará en un grupo femenino que aboga por la cooperativa, rechazando cualquier mercantilismo y propiedad capitalista. Su medio para ganarse la vida lo encontrará en desvalijar a los hombres maduros que previamente han seducido mediante sus dotes femeninas – como hacia el grupo de jóvenes de La carnaza (1995), de Bertrand Tavernier -. Lo que en un principio es un grupo homogéneo en el que todas van a una y creen a pies juntillas en la causa organizada y frente común, degenerará en las habituales tensiones y conflictos normales que se van originando debido a las dificultades domésticas y personales en las que se van encontrando. Cantet es un cineasta interesado en los temas sociales que afectan a los ciudadanos en su vida diaria y cómo estos,  les impiden realizarse como personas en la sociedad actual. Es la primera vez que sitúa una de sus historias fuera de la actualidad, y rueda en otro idioma (inglés), aunque sigue fiel a su estilo, continúa retratando individuos que protestan y se rebelan contra lo establecido y proponen nuevas fórmulas para combatir un sistema capitalista cegado por los números y no por las personas. El realizador francés propone un cine humanista, un cine que reflexione firmemente  sobre los problemas de las sociedades modernas, y que además no sea un mero vehículo de entretenimiento, un cine que profundice sobre los temas observándolos de manera inteligente y madura. Cantet vuelve a inspirarse en una novela, como ya hiciera en La clase, en esta ocasión dirige su mirada hacía el texto Puro fuego,  de Joyce Carol Oates – ya llevado al cine en 1996 con el título de Jóvenes incomprendidas, con Angelina Jolie -. El protagonismo del relato se reserva a Legs y Maddy, figuras gérmenes y líderes del grupo, para centrarse en el verdadero sentido de la amistad, el paso a la madurez, la lucha que deriva en violencia, y de unos ideales basados en la libertad y en el colectivo, en contraposición  con el American Way of Life, que había llevado a la sociedad a un ensimismamiento por lo material. Estructurada a través de un prólogo y epílogo, donde el personaje de Maddy, ya adulta e  instalada en el convencionalismo de los años 60, nos cuenta a modo de recuerdo y en off, aquella aventura que vivió en su adolescencia.  Relato naturalista, modesto y sincero, su principal virtud se basa en desentrañar ciertos valores, que desgraciadamente andan muy caducos en la sociedad actual. Podríamos ver la película como una forma de homenaje a las ideas que llenaron de  ilusión y esperanzas a una generación que soñó con un futuro mejor – el personaje del viejo socialista sería ilustrativo – pero que finalmente no llegaron a reflejarse en la sociedad, y el tiempo las fue olvidando.