Comportarse como adultos, de Costa-Gavras

CINCO MESES Y 12 DÍAS.

“La política es la economía, la economía es la tragedia”.

Sin ningún género de dudas, el cineasta Costa-Gavras (Loutra-Iraias, Grecia, 1933) ha construido su cinematografía a la sazón de los acontecimientos políticos de su tiempo, convirtiéndose en un analista y cronista preciso y detallista de toda la complejidad política que ha asaltado el siglo XX. Cine comprometido, cine político, cine de resistencia, entre las que destacan, en una filmografía que abarca la veintena de títulos, Z (1969) en la que se detuvo en el alzamiento de los coroneles griegos, en La confesión (1970) indagó sobre las purgas estalinistas en Checoslovaquia, en Estado de sitio (1973) se adentró en la dictadura uruguaya como reflejo a la represión iberoamericana, en Missing (1982) se sumergía en los desaparecidos de la dictadura de Chile, en El sendero de la traición (1988) se adentraba en el Klu Klux Klan en EE.UU., en La caja de música (1989) nos hablaba de los nazis ocultos en los Estados Unidos y cómo se los ajusticiaba. En el nuevo siglo ha indagado en Amén (2002) en las relaciones de la iglesia con los nazis, en la inmigración ilegal a Europa en Edén al oeste (2009) y su inquieta mirada a la crisis europea y los temas laborales desde puntos de vista diferentes desde Arcadia (2005) las argucias criminales de un candidato a un puesto de trabajo, y en El capital (2012) el arribismo de un genio de las finanzas.

En Comportarse como adultos, el cineasta griego-francés centra su mirada en un período muy cercano y crucial para el devenir de la crisis económica de la Unión Europea, como es el caso griego, profundizando en los cinco meses y doce días que Yanis Varoufakis fue ministro de economía griego y sus múltiples reuniones para negociar la terrible e ingesta deuda acumulada de los gobiernos griegos anteriores con el beneplácito de los bancos alemanes y franceses con el fin de engordar de forma abusiva sus arcas. La película recoge esos acontecimientos desde el 27 de enero de 2015 hasta el 6 de julio de 2015, cuando el ministro dimitió después del “Sí” del referéndum del pueblo griego que rechazaba someterse al Eurogrupo. Costa Gavras adapta el libro “Adults in the room : My Battle with Europe’s Deep Establishment” del propio Varoufakis en el recoge toda su experiencia como ministro y sus relaciones con el Eurogrupo y la Troika ( en el que tres organismos como la Comisión europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional) en nombre de los ministros de finanzas del Eurogrupo defienden los intereses partidistas de la Unión, o lo que es lo mismo, defienden la economía de los bancos alemanes y franceses.

El cineasta griego-francés, a modo de road movie o gira, claustrofóbica y catastrófica, como si se tratase de una película de terror,  sigue incesante el devenir de Varoufakis, desde el incondicional apoyo de Alexis Tsipras, su primer ministro, con la victoria en las elecciones de Syriza, en la que el pueblo griego apoyaba al partido de izquierdas para salir de la tremenda crisis económica, y luego, la soledad y el aislamiento que el Eurogrupo sometió a Grecia con unas condiciones inhumanas que aún acrecentaban la crisis y llevaba al pueblo a una situación de crisis humanitaria. Como en la guerra de David y Goliat, Varouvakis ve como todas sus propuestas para devolver la deuda chocan contra el muro infranqueable de los señores de negro con traje que solo utilizan a Europa para hacer crecer sus economías a costa de los gobiernos más desfavorecidos. Costa-Gavras no construye una película partidista, no hay buenos ni malos, sino consecuencias y hombres que actúan según sus convicciones personales y europeas, sino que relata unos hechos verídicos, profundamente documentados y analizados, para conseguir un relato lleno de múltiples capas y compleja, en la que un hombre se sentirá solo en el momento que más necesita estar apoyado. La película abre en canal las argucias y la dictadura económica que impone Alemania, con el impertérrito y recto Wolfgang Schäuble, ministro económico alemán, así como Francia, y los tipos de la Troika, una panda de seres sin escrúpulos que obedecen los intereses bancarios sin considerar las necesidades humanas y mucho menos las necesidades de cada país y sus deudas contraídas.

El ascenso y la caída de Varoufakis, o podríamos decir a su renuncia a seguir siendo ministro griego, viéndose traicionado por su primer ministro sometiéndose a las exigencias terroríficas del Eurogrupo, y dejando a su pueblo a merced de los intereses europeos y no de su pueblo. Gavras vuelve a profundizar con brillantez y cercanía en las entrañas del poder, del mecanismo inhumano instalado en los gobiernos, y en el fracaso de Europa como organismo de pueblos unidos, mostrándolo como un mero organismo económico donde unos pocos dictan las normas del club y pobre de aquel que no llegue a las cuotas exigidas, porque resultarán implacables con él, degollándolo y dejándolo en la ruina, tanto moral como física, quizás Varoufakis sea de los pocos políticos que todavía quedaban, teniendo muy claro que el pueblo no podía someterse a los designios del orden económico mundial, olvidándose de las verdaderas necesidades humanas de la gente. La película se convierte en un análisis feroz y brutal sobre el funcionamiento de Europa, sobre toda su mentira.

La detallista y natural formato que tiene la película es obra de la gran cinematografía de Yorgos Arvanitis (especialista en la materia con más del centenar de títulos con nombres tan importantes como Angelopoulos, Schlöndorff, Wiseman, Dardenne, Ferreri o Bellochio, entre muchos otros) o la música de un grande como Alexandre Desplat, bien interpretada por actores griegos desconocidos para el gran público, peor convincentes y profundos como Christos Loulis como Varoufakis, Alexandros Bourdoumis como Tsipras, o un viejo conocido Ulrich Turkur dando vida al implacable Wolfgang Schäuble.  Costa-Gavras vuelve a deleitarnos a construir una película grandísima sobre la política, los gobiernos y el desbarajuste instalado en la economía mundial, y sobre todo, nos hace una profundísima reflexión, como es habitual en su cine, de los alejadísimos que están los gobernantes de las necesidades de la gente, triste pero real, y sin visos de cambio. La película impone un ritmo endiablado y frenético, de idas y venidas, de reuniones y (des) encuentros entre Varoufakis con el Eurogrupo, entre viajes de avión, coches oficiales, edificios de alto standing y más y más diálogos, discusiones y bla, bla y bla para llegar a ningún lugar, a ese mismo punto del principio, donde tú obedeces, traicionando a tu pueblo, y sobre todo, sigues bailando al son inhumano que marca Europa, o esos tipejos que utilizan Europa para seguir recaudando “Money”. Una tristeza. Una tragedia. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Welcome to New York, de Abel Ferrara

Cartel Welcome to New YorkLa lujuria del poder

El 14 de Mayo de 2011, Dominique Strauss-Kahn, director del FMI era detenido en el aeropuerto de Nueva York, acusado de agresión sexual e intento de violación a una empleada negra en la suite del Sofitel New York Hotel. Welcome to New York, de Abel Ferrara toma como punto de partida este affaire para construirnos un ejercicio que, como se nos anuncia en el texto que precede a la película, juega a representarnos lo que fue, apropiándose de unos hechos que ocurrieron en la realidad y que no llegaron a ser esclarecidos del todo durante el proceso judicial que se levó a cabo. Estructurado en tres partes bien diferenciadas: durante el primer tercio, asistimos a una bacanal de sexo y lujuria, rodada como si fuese una soft porno, luego, nos presentan el ataque sexual de Devereaux (sosias de Strauss-Kahn) a la camarera y la posterior detención y encarcelamiento, aquí Ferrara, echa mano de la forma cinematográfica de Haneke, para mostrar toda la frialdad y contundencia del aislamiento en el que se ve sometido el magnate. En el último tramo, la película vuelve a cambiar el tono cuando aparece en la función Simone, la mujer de Devereaux, en la que las discusiones, tensiones y reproches del matrimonio inundan la pantalla, unas secuencias filmadas de forma realista y cruda en los interiores del domicilio donde tuvo su arresto el acusado. Ferrara interesado en personajes en estado de degradación que se mueven por ambientes malsanos y mugrientos que son seguidos por su cámara de forma fría escarbando en sus miserias y miedos: la yonqui de Ángel de venganza (Ms. 45. 1981), el policía de Teniente corrupto (Bad lieutenant, 1992), los vampiros de The addiction (1995), los gánsteres de El funeral (the funeral, 1996). En Welcome to New York cambia de escenario, pero no de personajes a la deriva emocional. El cineasta neoyorquino dibuja a Devereaux como un depravado sexual (magnífico el registro de Depardieu), que muestra sin ningún tipo de tapujos su inmensa anatomía, que parece una morsa marina en continúo celo. Un hombre enfrentado a sus miserias y debilidades, un individuo podrido de dinero que se muestra incapaz de mantener su lívido en paz, que tiene una nefasta relación con su hija, y su mujer, que veía en él al futuro presidente de la República Francesa.  Una Simone, protagonizada por Jacqueline Bisset, (maravilloso contrapunto de Depardieu), una esposa que fabrica un personaje sofisticado que se siente incapaz de controlar a su marido, y a la vez, sus ansías de poder le ciegan para enfrentarse a una realidad alejada de sus delirios de grandeza. Ferrara continúa mostrándonos la parte oscura del alma humana, en un mundo dominado por el dinero y por los más bajos instintos. Nos coloca delante de un espejo deformado que nos devuelve el reflejo de una sociedad llena de suciedad y mugre que se mira demasiado a sí misma.