La mujer de la montaña, de Benedikt Erlingsson

MUJER EN GUERRA.

“Pero luego Jonathan dijo que había ciertas cosas que tendrías que hacer, aun siendo difíciles o peligrosas. -¿Y eso por qué? – pregunté sorprendido. -Porque en caso de no hacerlo no serías realmente persona, solo un pedazo de mierda”

(Un diálogo entre hermanos del libro The Brothers Lionheart de Astrid Lindgren)

La película se abre de forma sorprendente y enigmática, en el que Halla, la protagonista,  está en mitad de la montaña, sin más nadie que ella. Se trata de una mujer de unos 50 años lanza con su arco una flecha que arrastra un cable que acaba tirando a tierra una torre de alta tensión. Después de este sabotaje al tendido eléctrico, el pueblo queda sin corriente, y ella, se escabulle campo a través a una velocidad infernal, recibiendo la ayuda de un granjero al que se declara como primos lejanos. Halla, logra llegar al pueblo, cambiarse de ropa y llegar con prontitud a su trabajo como profesora de canto. Quizás, creeremos que hemos sido testigos de un hecho sin más en la vida cotidiana de Halla, pero no es así, la mujer ha emprendido una lucha sin cuartel contra la industria local del aluminio, saboteando e interrumpiendo su marcha normal, resistiendo contra las emisiones perjudiciales para la naturaleza, tamaña empresa y determinación  que recibe la ayuda de un amigo vinculado al gobierno, un estado muy a favor del funcionamiento de este tipo de empresas, que a sabiendas que contaminan y sean un peligro para el medio ambiente y sus habitantes.

Si en su debut en el largometraje, Benedikt Erlingsson (Islandia, 1969) nos sumergía en una tragicomedia sobre la relación de los caballos y los hombres en De caballos y hombres. Cinco años después, vuelve a construir una tragicomedia con tintes ecologistas sobre la peripecia de una mujer resistente, una mujer valiente, y sobre todo, una mujer que lucha contra las empresas que provocan el cambio climático, y lo hace abordando el drama y la comedia, con sentido muy crítico a todos estos cambios tan trascendentales para nuestras vidas, pero sin caer en ningún momento en el discurso ecologista bienintencionado ni tampoco en un falso sentimentalismo. El cineasta islandés nos acerca a la vida de Halla, una mujer independiente, fuerte y liberal, que se ha lanzado con determinación y a por todas en una empresa difícil, sí, pero no imposible, llena de dificultades y grandes obstáculos, también, pero con la fe de la voluntad inquebrantable que puede y quiere hacerlo.

Si bien la película dedica parte de sus 100 minutos de metraje a las operaciones de sabotaje y acoso y derribo de Halla contra la empresa malhechora y capitalista, también, dedica tiempo para conocerla a ella y a su entorno, a parte de su trabajo, como la ilusión de convertirse en madre adoptando una niña de Ucrania, sin olvidarse de la relación con Ása, su hermana gemela convertida en una devota espiritual del hinduismo. La película que se mueve entre el drama ecologista, la comedia negra y esperpéntica, y la realidad social, nos muestra una mujer firme y decidida, una especie de versión femenina de David que lucha a muerte contra Goliat/Empresa, una Agustina de Aragón en armas contra el invasor francés, escenificado en la empresa alidada contra el gobierno que vende verde y naturaleza y en el fondo contamina y mata. Erlingsson acompaña a Halla de un trío de músicos compuesto por acordeón, tuba y percusión, así como de un coro ucraniano, procedencia de la niña que quiere adoptar, que resumen y fortalecen el estado interior de la protagonista, unos músicos invisibles para el resto de los personajes, pero visibles para nosotros, una especie de ángeles de la guarda musicales, no olvidemos que ella es profesora de canto, que la sigue vaya donde vaya y donde nos reencontraremos con ellos a lo largo de todo su viaje, tanto físico como emocional.

El director islandés vuelve a contar con una de sus actrices de su debut Halldóra Geirharósdóttir, aquí convertida en la alma mater del relato, convincente, fabulosa, divertida, angustiada y valiente como ninguna, logra sumergirnos en su viaje vital contra los malvados de la tierra, en una mujer heroica y sensible, en una narración absorbente y magnífica con un ritmo fantástico. Erlingsson ha construido una película que aborda el cambio climático desde lo más íntimo, explorando los temas candentes más cotidianos, aquellos que se desarrollan a escasos metros de la puerta de tu casa, y los muestra y los combate con la mirada y acciones de Halla, alguien que ha preferido tomar partido y activarse que quedarse viendo como todo cambia sin remedio, manteniendo una actitud valiente y fuerte, exponiendo su vida y su trabajo en pos de ayudar a la madre tierra, ayudándola a seguir resistiendo a pesar de tantos ataques gubernamentales y privados, manteniendo una actitud libre, agradecida y enérgica contra todos los enemigos. Una película que gustará muchísimo a todos aquellos que les gustan las buenas historias, esas que están contadas desde lo más profundo, que nos acercan a los males de nuestro tiempo y nuestro planeta, desde una perspectiva diferente, desde el interior de nosotros, de todo aquello que podamos hacer, no sólo por nuestro alrededor, esa naturaleza que ayuda a nuestras vidas, sino también por nosotros, para sentirnos más cercanos a nosotros mismos, a nuestros sueños e ilusiones, a todo aquello que anida en nuestro interior, a aquello que anhelamos, a todo lo que comporta nuestro ser, nuestra vida, nuestra libertad y nuestra forma de relacionarnos con nuestro entorno y los demás.

De caballos y hombres, de Benedikt Erlingsson

historias_de_caballos_y_hombresLa lucha contra los elementos

Una fría y soleada mañana en algún lugar de Islandia. Un hombre de mediana edad sale a pasear con su nuevo caballo, una hermosa yegua blanca, los dos lucen esplendorosamente frente a la atenta mirada de sus vecinos que los felicitan a su paso. De repente, un ejemplar macho negro divisa a la yegua y sale corriendo tras ella hasta conseguir montarla ante la estupefacción y asombro del jinete, y los demás atónitos espectadores. De esta forma, arranca De caballos y hombres,  opera prima de Benedikt Erlingsson, es una tragicomedia coral, irreverente y transgresora con grandes dosis de humor negro, a la que no le faltan algunos golpes secos de extrema violencia. Una aventura cotidiana sobre la relación que se establece entre los hombres islandeses y sus caballos. Caballos fuertes, duros, bajos y bellísimos que son parte fundamental en la vida diaria de estas personas encerradas en su pequeña y humilde comunidad alejada del mundanal ruido. Tomando la línea episódica  de películas como Nashville (1975) y Vidas cruzadas (1993), ambas de Robert Altman, el realizador islandés nos presenta una cinta donde varias historias independientes entre sí se van entrelazando a lo largo del relato, en las que hay cabida para todo tipo de géneros y puntos de vista. Todas tienen en común, eso sí, un tono parecido, una manera de acercarse a la cotidianidad bajo un prisma alegre y triste, humano y salvaje, real y ficticio, en el que las situaciones y circunstancias que se ven inmersos los personajes que transitan por el relato son duras pruebas para seguir hacia delante y sobretodo, un proceso de conocimiento personal en el que cada día forma parte de una aventura constante, para seguir luchando contra los elementos que se van interponiendo en nuestro camino de vivir. El tratamiento formal de Erlingsson basado en planos cortos y tomas largas, donde el objetivo radica en la imagen, en que la película se cuente a través de su propio mecanismo, y evitar el recurso del diálogo. Una muestra más del acierto compositivo del realizador islandés que deja que su obra se alimente de ella misma y se acerque al espectador de manera sencilla, convirtiendo su obra en una crónica de una forma de vivir y sentir de unas personas que viven y trabajan con caballos. Otro de los elementos a destacar es la dirección de actores, unos personajes que se mueven eficazmente confundiéndose con un paisaje en la que la ausencia de árboles es notable. Unas criaturas que se aman y odian, y también,  forman esta comunidad que batalla a diario soportando las duras condiciones climatológicas con entusiasmo y tristeza, según la circunstancia en la que se tropiecen. Ligera y divertida, en algunos momentos, y durísima e intensa, en otros, esta fábula rural y campestre, fue galardonada con el premio a la Mejor Película en la Sección Nuevos Directores del Festival de San Sebastián del año pasado,  gustará a quienes les apasionen conocer nuevas culturas y formas de vida.