El Colapso, de Jérémy Bernard, Guillaume Desjardins y Bastien Ughetto

CUANDO TODO SE ACABE.

“Nadie quiere ofreceros nada que pueda correr el riesgo de no gustaros. Así se mata la innovación, la originalidad, la creatividad, la rebelión. Todo el resto es una consecuencia de lo anterior. Nuestras existencias clonadas… Nuestro sonámbulo embobamiento… El aislamiento de las personas… La fealdad universal anestesiada… No, no se trata de una reunión cualquiera. Es el fin del mundo en marcha. No se puede obedecer y transformar el mundo al mismo tiempo. Un día, en las escuelas se estudiará de qué modo la democracia se autodestruyó”

Frédéric Beigbeder

Acabada la Segunda Guerra Mundial empezó otra guerra, la Guerra Fría, una guerra no declarada oficialmente que mantenían la URSS contra EE.UU. por el dominio del orden social, económico y político. Cualquier país en guerra era motivo de disputa entre las dos grandes potencias, la carrera espacial o la guerra nuclear. Toda esa locura apocalíptica fue retratada por el cine en películas como El enigma de otro mundo (1951), Ultimátum a la tierra (1951), La guerra de los mundos (1953), La humanidad en peligro (1954), La invasión de los ladrones de cuerpos (1956), películas que no solo retratan un período paranoico, sino que a día de hoy, estas películas siguen describiéndonos como especie humana y dan buena cuenta de nuestro comportamiento ante el horror del fin.

En la actualidad, hay corrientes y pensamientos alternativos a nuestra forma de sociedad, un consumo devorador que está acabando con todos los recuerdos habidos y por haber de nuestro planeta. La colapsología es uno de esos movimientos que prevé el colapso de nuestra sociedad debido a la conjunción de diversos factores medioambientales, sanitarios, energéticos, políticos y económicos. Jérémy Bernard, Guillaume Desjardins y Bastien Ughetto son tres amigos que se conocieron estudiando en la Escuela Internacional de Cine y TV de París (EICAR) y crearon Les Parasites, un colectivo de guerrilla, compromiso y militante que, hacen cortos y películas que han tenido un éxito arrollador en Francia a través de su canal de Youtube. Su primer trabajo televisivo es El Colpaso, una serie de 8 episodios de unos 20 minutos de duración cada uno, donde retratan a través de ocho espacios diferentes: un supermercado, una gasolinera, un aeródromo, una aldea, una central térmica, una residencia de ancianos, una isla y un plató de televisión.

Ocho lugares muy diferentes entre sí, ocho instantes, que retratan ocho situaciones en tiempo real, y a través de enérgicos e intensos planos secuencias, en la que el fuera de campo funciona de manera extraordinaria, porque asistimos a secuencias muy corales donde la acción se desarrolla en varios puntos a la vez y con graves consecuencias, si exceptuamos un episodio que nos pone en la situación de una mujer sola en un barco, todas las demás intervienen varios personajes, y en todas ellas escenifican las situaciones que se vivirían si la económica colapsase y todo se derrumbará en cuestión de días. Cada episodio nos habla de las consecuencias de ese desplome social, económico y político marcando el tiempo, en que van aumentando los días en esa situación de apocalipsis. Cada segmento está desarrollado en un in crescendo a nivel humano, a partir de una situación social y humana que va derivando en una tensión psicológica de órdago, donde el comportamiento humano actúa de modo salvaje y violento, en una idea de “sálvese quien pueda”, donde salen a relucir los instintos más oscuros de la condición humana.

Cada episodio está protagonizado por diferentes intérpretes, algunos se les cita o vuelven a salir más adelante en otras situaciones que se van encontrando, un plantel que vive situaciones límite, en las que deberán luchar por sus vidas, y luchar por el alimento, el combustible o los suyos, un gran reparto que encabeza Lubna Azabal, Philippe Rebbot, Audrey Fleurot, Samir Guesmi, Thibaut de Montalembert, Bellamine Abdelmalek, Michaël Abiteboul y Marie Bouvet, entre otros. Los tres creadores y directores han logrado un relato de una fuerza dramática y humana sobrecogedora y extraordinaria, donde cuentan situaciones febriles, angustiosas y terribles, donde el tiempo va a contrarreloj, un tiempo que se agota, que va contra ellos, contra esa idea de seguir manteniendo lo que ya está derrotado y arrasado, donde emergen personas, pocas, que se niegan a la evidencia y resisten como pueden, aunque sea sus últimos días, donde como no podía ser de otra manera, hasta en el fin del mundo, hay clases y los privilegiados siguen teniendo los mejores recursos y posibilidades de subsistir.

Una serie que recoge el aroma de interesantes y profundos thrillers de las últimas décadas como 28 días después, Hijos de los hombres o Snowpiercer, ente otras, que al igual que hace El colapso, reivindica que aunque llegase el fin del mundo, la especie humana se comportaría como ha sido educada, unos, se agruparían, y otros, la mayoría, actuaría como un animal salvaje y violento. La serie se mueve dentro de un marco de entretener, pero dentro de una mirada crítica hacia nuestro alrededor, lanzando muchos mensajes para reflexionar y meditar sobre el mundo en que vivimos, donde nos lleva toda esta locura existencial hacia ninguna parte y alejándonos de nuestra idiosincrasia por querer almacenar posesiones materiales y sobre todo, por seguir trabajando por una economía devastadora y finita. Los tres cineastas saben situarnos en el fondo de la cuestión, la actitud humana de supervivencia, y la idea de que en situaciones de peligro o miedo, el humano siempre actúa de forma egoísta, competitivo y cruel, un reflejo de la sociedad actual en la que vivimos, una sociedad que quizás ya ha colapsado en un nivel humano y empático, y funcionamos como máquinas robotizadas que obedecemos nuestras existencias creyéndonos que las dirigen nuestras voluntades. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Ana y el apocalipsis, de John McPhail

CANTAR AL FIN DEL MUNDO.

Lo primero que llama la atención de Ana y el apocalipsis, es su propuesta, por su desvergüenza y disparate, en apariencia, porque si nos lanzamos a la aventura de descubrirla, nos encontramos con una película realmente interesante y muy divertida, en la que mezclan diversos géneros, peor lo hacen dándoles la vuelta, y sobre todo, atizándolos con fuerza, destrozando tantas costuras se encuentran por el camino, y desempolvando esos estilos cinematográficos que algunos siguen anquilosados en propuestas de antaño, como si el público fuese el mismo que hace medio siglo. La película nace de Zombie Musical, un corto muy galardonado dirigido por Ryan McHenry, que hace labores de guionista junto a Alan McDonald, en un film dirigido por John McPhail, que aquí realiza su segundo largo después de Where do we go from here? (2015) una comedia romántica producida entre amigos y muy pocos medios. El director natural de Glasgow (Escocia) se lanza a una película que en su primera mitad nos sumerge en una comedia adolescente de instituto, donde nos presentan los diversos conflictos de Ana, una chica que sueña con escapar de su “Little Haven” de siempre y explorar nuevos mundos, razones que no contempla un padre demasiado protector, y su entorno, John, su mejor amigo y secretamente enamorado de ella, Steph, que se siente un patito feo, por su forma y pensamiento, Nick, el ex de Ana, que no tiene nada claros sus sentimientos, y finalmente, el Sr. Savage, el ogro de turno y próximo director del instituto.

Mientras nos van contando los pormenores de unos y otros, nos van amenizando con canciones y bailes, en los que sacuden con fuerza a la Navidad, como comedero propicio para vender solidaridad a fuerza de tarjeta de crédito, a las comedias “teenagers”, made in EE.UU., a artistillas de pacotilla envueltos en el aura del merchandising feroz y capitalista, que nos venden hasta en la sopa, y a esos musicales tan “Disneys”, donde todo gira en torno a un romanticismo de pacotilla y descaradamente simplista y bobo, y a tantos estereotipos e ínfulas de ese cine Hollywoodiense que tristemente invade el mundo y produce tantos millones y admiradores por doquier. Nada y nadie se libra de la crítica y la sacudida a base canciones y bailes que se mofan e imitan ciertos géneros de baile de estas películas. McPhail se ríe de todo ello y de tantas películas absurdas y superficiales, dejando claro que sus canciones y números musicales nos informarán sobre sus personajes, su entorno, sus relaciones, y todavía tendrán tiempo para disparar a todo quisqui, y sobre todo, al cine Hollywood.

En la segunda mitad, el director escocés nos mete en faena, los zombies empiezan a aparecer, y la película se convierte en una de terror serie z, completamente desatado y delirante, donde hay tiempo para el drama, la comedia, y el musical, en el que en todo momento se genera ese ambiente festivo y disparatado, como la secuencia que abre este segundo segmento, cuando Ana y John bailan y cantan totalmente despreocupados, cuando a su alrededor se ha desatado el caos y el fin del mundo, con zombies asesinando y alimentándose de sus víctimas. El conflicto es sencillo y nada engorroso, unos personajes han quedado aislados unos de otros, y la película consiste en el ansiado encuentro, ya que unos se encuentran encerrados por miedo y castigo del Sr. Savage sin poder salir a la calle. La cinta se mueve en esos parámetros, llevándonos en volandas por distintas situaciones, con ese sentido cómico y crítico, porque como es sabido, las buenas películas de zombies, esconden una dura reflexión sobre la condición humana y sus hábitos en la sociedad.

En esta, el apocalipsis despierta la parte oscura de algunos de los habitantes de la pequeña localidad, como el Sr. Savage, miserable profesor que trata a sus alumnos como enemigos e inferiores, y otros alumnos que menos precian el peligro real que les acecha, y así, algunos otros, superar miedos o aceptar sus sentimientos,  donde tendrán que aceptar al otro, el compañerismo y la cooperación para salir con vida de semejante entuerto. Un reparto ajustado y sobrio, lleno de brío y fuerza, encabezados por Ella Hunt dando vida a la anti heroína Ana, bien acompañada por Mlacolm Cumming, Sarah Swire y Ben Wiggins, sin olvidar al pérfido Sr. Savage o al padre de Ana, entre otros, para dar vida a este grupo heterogéneo de habitantes que se verán enfrentados entre sí, en algunas ocasiones, y en otras, a ellos mismos, o a especímenes inesperados o esperados, en este enjambre donde la blanca y pura Navidad se ha convertido en zona de zombies, de muertos vivientes, de papa Noel sangrientos y asesinos, donde las luces y el colorido típico de la fiesta, se torna oscuro, demente y sangriento, quizás su verdadero rostro, ese que las grandes compañías utilizan para generar compras y compras porque todo vale para ser mejor persona, y si gastas, aún más.

Bugarach, de Ventura Durall, Sergi Cameron, Salvador Sunyer

La humanidad en peligroBUGARACH_POSTER

El destino ha querido que Bugarach (un pequeño pueblo ubicado al sur de Francia), sea, según los medios de todo el mundo, el único lugar que se salvará del Apocalipsis el 21 de diciembre de 2012, día pronosticado por los mayas como la fecha que tendrá lugar el fin del mundo. Ante semejante acontecimiento, los tres realizadores Ventura Durall, -también en funciones de co-productor, y autor de interesantes documentales como El perdón (2009) Els anys salvatges (2013), Sergi Cameron y Salvador Sunyer viajan hacía ese lugar y durante un año observan la zona y a sus gentes que, el azar los ha convertido en el centro de la tierra, y por tanto, en el centro de la noticia. La película arranca 6 meses antes de la “fatídica fecha” y se prolonga hasta el día después del supuesto Apocalipsis. Seguimos de forma desestructurada, la vida de cinco personajes pintorescos del lugar: el alcalde, que observa como la tranquilidad  de su pueblo se ve completamente alterada, y preocupado por la más que posible “invasión” que sufrirán, avisa a las autoridades para prevenir los problemas que se producirán. Slide, un niño mago que ve la oportunidad de darse a conocer ante la avalancha de público que se avecina. Uraine, un milenarista que vive a las afueras en su casa de piedra y rodeado de su mundo esotérico, se prepara para salvarse emprendiendo un viaje hacía otro mundo, momento que tendrá lugar durante el día del fin del mundo. Mirko, un niño obsesionado con las armas que se entrena concienzudamente con el objetivo de proteger al pueblo ante los posibles peligros que están a punto de llegar. Y, finalmente, Monsieur Pouce, un estudioso y experto de la zona que cree haber localizado el cuerpo de cristo en el corazón de la montaña. La cámara sigue con respeto y humildad las andanzas, preparativos, conversaciones y discursos de estos personajes, mostrándolos ante el objetivo de forma que todas las posiciones sean entendidas y argumentadas. Los cineastas los miran sin juzgarlos, estas personas expresan lo que sienten ante la amenaza, afloran sus miedos, dudas, complejidades de una manera fluida y realista. Un grupo heterogéneo y peculiar que podrían representar la situación de una sociedad, acuciada por la crisis económica,  caldo de cultivo donde han brotado diversas maneras de enfrentarse a lo que parece inevitable, sacando a la luz el verdadero rostro y lo que esconden todas estas ideas, una ausencia de valores humanos y espirituales que derivan en dogmas que adquieren una importancia extrema en esos tiempos de crisis. A medida que se aproxima el día D, van llegando turistas, grupos espirituales, hippies, curiosos, militares, policías, y una marabunta de periodistas que hipnotizados por la actualidad imperante, se mueven como alimañas en busca de carnaza fresca en forma de la noticia o la imagen que les haga vender diarios, programas, etc… Una visión superficialidad del periodismo,  abocado al espectáculo y la moda del momento, (como sucedía en El gran carnaval -1951-, dirigida por Wilder, donde retrataba un periodismo sensacionalista y cómo las masas acudían a la llamada de forma irracional). Los 200 habitantes del pueblo, payeses y cazadores en su mayoría, acostumbrados a una vida rural, tranquila y humilde, se sienten amenazados e invadidos por todos los recién llegados, a este circo del apocalipsis, que ven en la montaña, que ejerce de protectora del valle, en el que se sitúa el pueblo, como el lugar elegido, por historia y tradición sagrada, en el que se abrirá la puerta de la salvación hacía el otro mundo, -resulta cómica la apreciación que hace el párroco del pueblo-, que actúa como magistral metáfora de un mundo capitalista en descomposición camino del abismo que, encuentra en creencias, mitos y leyendas su tabla  de salvación para encontrar sentido a unas vidas vacías y a la deriva, perdidas en su materialismo y superficialidad. La película se mueve entre diversos géneros que van desde la comedia existencialista, el drama metafísico, resonancias con el cine de misterio, y la ciencia-ficción clásica de serie B que maravilló por los 50 y 60, elementos que hacen de Bugarach, una fábula narrativamente bien contada de gran intensidad que emociona y a la vez aterra.