El acontecimiento, de Audrey Diwan

ANNE SE HA QUEDADO EMBARAZADA. 

“El tiempo ya no era una serie de días que llenar con clases y papeles, se había convertido en una cosa informe que iba creciendo dentro de mí”.

“El acontecimiento”, de Annie Ernaux

En la magnífica e inolvidable 4 meses, 3 semanas, 2 días (2007), de Cristian Mungiu, nos mostraban de manera realista las penurias y la represión por las que tenían que pasar las estudiantes embarazadas en la Rumania de 1987. El acontecimiento transita por los mismos lares, esta vez trasladándose a la puritana Francia de 1963. Nos encontramos con otra estudiante universitaria, Anne, de 20 años, perteneciente a la clase obrera, que descubre que está embarazada y encontrándose con la terrible tesitura de no tenerlo en un país que castiga con cárcel la interrupción voluntaria del embarazo. Segundo trabajo de la directora Audrey Diwan, después de su opera prima Mais vous étes fous (2019), en la que relataba la adicción de un padre en el seno de una familia bien avenida. En su segunda película, adapta la novela homónima y autobiográfica de Annie Ernaux, en un guion en el que vuelve a coescribir junto a Marcia Romano (una guionista que ha trabajado con cineastas tan importantes como Ozon, Emmanuel Bourdieu y Rebecca Zlotowksi, entre otros), y la colaboración de Anne Berest, que tiene en su filmografía a la directora Valérie Donzelli.

Desde sus primeras imágenes, con el aspecto de 1:37, ese formato cuadrado y asfixiante, en el que no solo encaja al personaje en su interior, sino que asistiremos a su peculiar vía crucis siempre desde su mirada, su cuerpo, y su alma, siguiéndola a todas partes, sufriendo y maldiciendo con ella, en una carrera contrarreloj, como nos irá marcando, a modo de diario, las semanas de embarazo que van cayendo como una losa en los tres meses en los que encajona la película. Aunque la atmósfera de la historia nos remite a aquellos años sesenta en Francia, la película huye de la recreación histórica al uso, porque lo que pretende y consigue es hacer un retrato de todas las mujeres que, en algún momento de sus existencias, han querido abortar y las leyes no se le permitían. La cinematografía de Laurent Tangy construye un relato angustiante y lleno de terror, en un marco de thriller psicológico, donde la tensión y el dolor van en un impresionante in crescendo, con esa cámara que sigue, amordaza y escruta a la protagonista, generando ese miedo ante el abismo que persigue continuamente a Anne.

El magnífico montaje de Géraldine Mangenet (de la que hemos visto las interesantes Porto, de Gabe Klinger, y Mi hija, mi hermana, de Thomas Bidegain), actúa como un ejercicio cortante, abrupto y frío, recurriendo a unos impresionantes planos secuencia para mostrar con toda su crudeza todos los momentos hardcore de la película. El grandísimo trabajo con la música, que firman los talentosos hermanos Evgeni y Sacha Galperine (que tienen en su trayectoria a nombres ilustres como Farhadi, Ozon, Zvyagintsev y Jan Komasa, entre otros), consiguen una banda sonora diferente, que actúa como la respiración del personaje, situándonos en un mosaico de sonidos  y silencios, que duelen y rasgan la existencia de la joven Anne, con los que sentimos con el personaje todo lo que le ocurre, porque los espectadores somos los únicos que conocemos todo el drama que vive, o mejor dicho, que sufre. El acontecimiento huye de la típica película de denuncia, no en el sentido literal de la palabra, sino que nos pone en el interior de una mujer que ve su vida acabada con un embarazo que no desea, que le rompe la vida y sobre todo, el futuro.

Anne es una mujer que hará lo imposible, poniendo su vida en serio peligro, intentando por todos los medios a su alcance de parar el embarazo. La luz de la película se irá ensombreciendo a medida que avance en su particular descenso a los infiernos, rodeado de esa mentalidad conservadora de entonces, con esos médicos que se niegan a ayudarla, esos hombres amigos que o se desentienden del problema o quieren aprovecharse de él, y esas amigas más pendientes de perder la virginidad que otra cosa, que hablan de todas sus cosas, pero obvian las más importantes, o los padres de Anne, orgullosos de su hija y ella, muerta de miedo, sin saber qué hacer, guarda silencio, por toda la vergüenza, el miedo y la falta de información. Un plantel artístico maravilloso arrancando por los intérpretes más experimentados como la inolvidable Sandrine Bonnaire (que nunca la olvidaremos por sus trabajos con Pialat y Varda), como la madre de la protagonista, tan provinciana ella, y Anne Mouglais, la femme fatale de Romanzo criminale, entre otras, en un personaje importante en la trama que mejor no desvelar.

Los protagonistas jóvenes, todos estudiantes, tan felices ellos y ellas, con ganas de bailar rock y beber coca-colas, y deseosos de echar unos cuantos polvos con el chico o la chica más guapos o guapas de la pista, alejados del drama de Anne y alejados de todos los dramas en los que pueden verse inmersos. Tenemos a Kacey Mottet Klein como Jean, un amigo fiel, pero también, con esa mentalidad tan machista y sus dos amigas del alma, como Louise Orry-Diquéro en Brigitte, la rubia que lo sabe todo del sexo y todavía no lo ha hecho, o eso dice ella, al igual que la callada Luàna Bajrami que hace de Hélène. Para el personaje protagonista, nos encontramos con la grandísima presencia y composición de Anamaria Vartolomei, que muchos recordamos por ser una de las jóvenes alumnas de Manual de la buena esposa, y en Cambio de reinas. Su Anne es un persona complejo, una joven que lleva la terrible desgracia de su embarazo en silencio, en su camino tortuoso enfrentándose a una realidad dramática para ella, donde todo se pone en su contra, donde todo se vuelve una quimera, pero demostrando su resistencia, su coraje y su valor.

El acontecimiento es una película apabullante y brutal, donde brilla su implacable honestidad, su transparencia. No quiere ser una película de buenos y malos, sino retratar un período de aquella Francia que se enorgullecía de libertad y otras cosas, pero que en realidad nada de eso se materializaba, y las jóvenes con deseos de experimentar, porque la película habla de la confrontación entre el deseo y la realidad, entre descubrir el sexo y luego, enfrentarse a un embarazo no deseado y las barreras habidas y por haber que significaba abortar y enfrentarse a la cárcel, un sin sentido y una liberación, esta vez sí, para todas las mujeres que llegó en 1975, con la ley “Loi Veil”, que despenalizaba el aborto en Francia, así que hasta entonces cuantas Anne se vieron sometidas a semejante drama en sus vidas, y cuántas se ven en la misma tesitura en tantos países que todavía son perseguidas. Cuanto camino queda por recorrer y sobre todo, cuanto camino queda para que seamos humanos de verdad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

La peor persona del mundo, de Joachim Trier

TODAS LAS VIDAS, TODOS LOS AMORES.

“Siento que los peligros, la soledad y un futuro incierto no son males abrumadores mientras el cuerpo esté sano y las facultades en uso, y sobre todo, mientras la libertad nos preste sus alas y la esperanza nos guíe con su estrella”

Charlotte Brontë

Primero fueron Erik y Phillip, dos jóvenes amigos y aspirantes a escritores, con destinos dispares entre el éxito y el fracaso. Los dos protagonistas de Reprise (2006). Anders era el foco de atención en Oslo, 31 de agosto (2011), un joven en un centro de desintoxicación vive una jornada en la que se arrepiente de sus actos pasados y las oportunidades desaprovechadas con la esperanza de comenzar de nuevo. Y ahora, nos llega Julie, la protagonista de La peor persona del mundo, una joven indecisa, vital, guiada por sus sentimientos y emociones del momento, como deja claro su excelente y conciso prólogo, en el que la vemos cambiando constantemente de carrera, sin decidirse por ninguna. Julie es una mujer actual, a punto de entrar en la treintena, en esa parte de la vida en la que aparentemente y socialmente esta uno presionado para ser “normal” y aceptado por todos, o sea, tener un trabajo, una hipoteca y una pareja, y quizás, hijos. Julie no tiene nada de eso, y lo que es más, tampoco tiene nada claro que quiera hacer nada de eso.

La protagonista vive, duda, se equivoca, se enamora o no, emprendiendo relaciones íntimas, las empieza y deshace y se va recomponiendo como puede, sin pensar en el porvenir, un futuro que se le antoja como una tumba o algo peor. Tercera entrega de la trilogía de Oslo del cineasta Joachim Trier (Copenhague, Dinamarca, 1974), en la que vuelve a poner la atención en la juventud como en sus antecesoras ya citadas. Un elemento el de la juventud que ya estaba en El amor es más fuerte que las bombas (2015), su primera y hasta la fecha última experiencia en el mercado anglosajón, y en Thelma (2017), sobre la llegada a la universidad, a la edad adulta, al amor de una joven, con la atmósfera propia del género de terror y el thriller psicológico. Trier que siempre trabaja con el guionista noruego Eskil Vogt, y director, del que hemos podido ver Blind (2014), enmarca sus relatos con la omnipresencia de la enigmática y fría Oslo, ciudad-testigo y profundizando en esa etapa de la vida en la que ya somos conscientes de cada una de nuestras decisiones y opciones que nos ofrece la vida, ya sea trabajo, vivienda, y amor.

La parte técnica abrumadoramente plástica, cautivadora y llena de matices, marca de la casa en la filmografía del director afincado en Noruega, desde las potentísimas y fascinantes imágenes del cinematógrafo Kasper Tuxen, que debuta con Trier, y del que conocíamos sus trabajos en las recientes Jinetes de la justica y Entre la razón y la locura, posicionándonos ya no en el cuerpo y el rostro de la protagonista, sino en su forma de mirar y sentir, caminando junto a ella, o más bien, caminando dentro de ella, situando a la protagonista, como sucede en su cine, en el centro de todo, en el centro de su universo. Olivier Bugge Coutté en la edición, un cómplice que ha estado en toda la filmografía del director danés, condensando de manera brillante y dosificando la información de manera ejemplar, donde el tiempo se estira y se maneja de forma emocional, voluble y física. El músico Ola Flottum, otro colaborador fiel, del que hemos escuchado la composición de Fuerza mayor, de Ruben Östlund, que teje unas melodías que nos atrapan desde el primer minuto, creando esos espacios entre imaginarios, corpóreos y abstractos, dentro de una extrema cotidianidad por la que se mueven los personajes.

El fantástico guion estructurado a través de un prólogo y epílogo y en medio doce capítulos, elegidos al azar y elegantemente desestructurados, nos van encerrando en una atmósfera de apariencia ligera, pero sumergiéndonos en los conflictos y avatares vitales más profundos e intensos. Todo parece estar contado desde la perspectiva de una sofisticada comedia romántica, y su contrario, con sus rupturas necesarias, donde todo se torna de otro color y textura, y donde había romanticismo, ahora hay oscuridad y las cosas huelen con otro aroma, en que la historia se va a los problemas más propios de la existencia y todo lo que le envuelve. Julie vive sin importarle el mañana, se enamora y se desenamora, o quizás, nunca ha estado enamorada, porque es un personaje vitalista, emocional y pasional, todo lo experimenta de forma intensísima, como si el mañana no existiera, lanzándose sin red a todos sus abismos, no queriendo decidir su futuro, dejando pasar la vida o simplemente, no saber qué camino tomar por miedo a equivocarse o arrepentirse. Julie no es un personaje construido para caer bien o mal, sino para observarlo, sentir como ama o no, compartir su fragilidad y vulnerabilidad, acompañarlo a ver qué decide y vuelve a desdecirse, con esa duda permanente, en que la película hace una oda a la duda, a la incertidumbre de la vida, y sobre todo, a posponer las decisiones importantes, a mirarnos de otros ángulos, más humanos y cercanos, más de carne y hueso, alejándonos de tanta apariencia y felicidad impostada de los tiempos actuales. Mirar desde el otro lado, desde los que se equivocan, y dan marcha atrás, desde los que nada tienen claro, de los que se pierden y se encuentran cuando pueden.

La magnífica Renate Reinsve, que ya tenía un papel en Oslo, 31 de agosto, se mete en la piel de Julie, componiendo un personaje inolvidable, que se le acaba queriendo, porque es ante todo un ser humano como nosotros, llena de dudas, que toma buenas y malas decisiones a la vez, que debe aprender a soltar lastre de una familia que pasa bastante de ella, que debe amar como si no fuera un mañana, que debe decir no cuando cree que todo ha terminado, sino cuando ha dejado de querer aunque todavía siente que quiere, que no tiene porque entender todo lo que hace o dejar de hacer, que debe disfrutar de la vida, de cómo quiere vivir su vida a pesar de los otros, y sobre todo, debe no sentirse mal cuando hierra y decide volver o no a enamorarse otra vez o quizás querer de verdad a la persona que abandonó años atrás. Le acompañan el siempre comprometido y visceral Anders Danielsen Lie, protagonista de Reprise y Oslo, 31 de agosto, aquí en el rol de Aksel, un exitoso dibujante de novela gráfica, mucho más mayor que Julie, de la que está enamorado, pero con sus grandes diferencias, que no logra entender a Julie y le agobia esa indecisión constante de la joven. Herbert Nordrum, habitual en el teatro noruego, interpreta a Eivind, un tipo encantador del que Julie también se enamora o simplemente emprende una relación sentimental.

Trier ha hecho una película excelente y emocionantísima, que tiene su sentido en todo esa experiencia vital de un personaje que amamos y reivindicamos, guiados por ese deambular por la vida de Julie, que va de aquí para allá, huyendo de los problemas y dejando relaciones como quemando etapas, personas que no olvidamos porque por mucho que nos alejemos todavía siguen en nuestro corazón. Una película que nos envuelve en cada uno de sus planos, en cada una de sus situaciones, donde hace hincapié en las relaciones actuales, en cómo nos enamoramos o creemos enamorarnos, en esa incertidumbre vital, en ese desasosiego que nos ensombrece en nuestra cotidianidad, en vivir a pesar de todo y todos, y sobre todo, al derecho a equivocarnos, volver atrás y no sentirnos juzgados, a sentir la vida de verdad, olvidándonos de tanos prejuicios y presiones sociales, que no sirven para nada, solo para sentirnos infelices y alejados de nosotros mismos, porque aunque queramos o no, la vida no se detiene por nadie, simplemente continúa y no hay nada escrito, cada día escribimos nuestra vida y todo lo que vivimos o creemos vivir. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Pablo Puyol

Entrevista a Pablo Puyol, actor de la película «La mancha negra», de Enrique García, en el Soho House en Barcelona, el miércoles 23 de febrero de 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pablo Puyol, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Rubén Codeseira de Comunicación-Cine, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Virginia Demorata

Entrevista a Virginia Demorata, actriz de la película «La mancha negra», de Enrique García, en el Soho House en Barcelona, el miércoles 23 de febrero de 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Virginia Demorata, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Rubén Codeseira de Comunicación-Cine, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Un héroe, de Asghar Farhadi

LA FRAGILIDAD HUMANA.  

“Lo más horrible de este mundo es que todos tienen sus razones”

Jean Renoir

Después de la aventura española con Todos lo saben (2018), un reflexivo ejercicio sobre la mentira en la familia. El talento de Asghar Farhadi (Khomeini Shahr, Irán, 1972), vuelve a su país de origen, pero deja la bulliciosa y frenética Teherán para viajar hasta Shiraz, situada en el centro-sur del país. En ese lugar conoceremos a Rahim, un treintañero que sale de la cárcel con un permiso de dos días, con la intención de conseguir unos cheques que convenzan a su antiguo avalista y ex cuñado Bahram, que lo denunció por no pagar y fue encarcelado. Aunque la cosa parece resuelta, la cosa se irá complicando y mucho para los intereses del protagonista, y más, cuando su novia Farkhondeh, le dice que ha encontrado un bolso con lingotes de oro. Su primera intención es venderlas, pero el bajo precio les insta a devolverlo, cosa que lo convertirá en un héroe, en alguien ejemplar, pero todo se volverá en su contra, porque la gente empezará a sospechar de él y de sus verdaderas intenciones, y su vida será un infierno y todos se pondrán en su contra.

El cineasta iraní es un explorador de la condición humana, de sus virtudes y sobre todo, de sus contradicciones. Sitúa a sus personajes siempre en situaciones morales donde los conflictos los desnudan emocionalmente y los empujan a enfrentarse a sus miedos más ocultos. Como ocurre en la literatura kafkiana, en el cine de Farhadi nada es lo que parece, y sus individuos actúan siguiendo sus instintos y condenados a sus razones, que los llevan a enfrentarse a situaciones muy dolorosas y que los superan, obligándolos a tomar decisiones de los que intentan huir por todos los medios. Son personas llenos de dudas, moviéndose como pollos sin cabeza, que no saben ni hacen lo que quieren, abrumados por los demás, por su entorno demoledor. Rahim cree hacer lo correcto, cree que su gesto ayudará a conseguir una buena recompensa y así salir de la cárcel, no contempla las consecuencias adversas con las que deberá lidiar. El realizador iraní toca el tema de las redes sociales, un espacio donde opinar con acritud, cebándose con aquel o aquella, un escaparate donde todos somos aves de rapiña y ejecutores de nuestra verdad.

Un lugar importante para todos los involucrados, donde se premio o castiga al protagonista, donde cada acto y gesto tiene consecuencias terribles. La película se mueve al son del movimiento del protagonista, que va de aquí para allá, sin descanso, intentando por todos los medios no volver a prisión, en que la cámara del cinematógrafo de Ali Ghazi, escruta y observa detenidamente cada mirada, cada gesto y cada espacio. El magnífico y conciso montaje de Haydeh Safiyari, que trabaja con Farhadi desde A propósito de Elly (2009), que resuelve con astucia los 127 minutos de la laberíntica trama. Farhadi construye desde el guion una trama apoyada en los diálogos, se habla mucho en la película, y la acumulación de los hechos, aplastando la resistencia del protagonista, envolviéndolo en una masa de duda y rumores, donde cada persona o conjunto de personas pone en cuestión su relato y toda su necesidad, como la asociación que le ayuda a recolectar el dinero, o ese tipejo de la moral, que describe la ley iraní, donde todo está supeditado al orden moral y religioso, una moralidad ancestral, donde el honor lo es todo, y donde se castiga de manera aplastante cualquier error, como le sucede a Rahim.

La película huye de la relamida historia de buenos y malos, nunca en esa trampa infantil, sino que Farhadi compone una radiografía del pueblo iraní – que podría ser cualquier reflexión sobre la forma de hacer de muchas personas en la actualidad, independiente del lugar en el que vivan -, en el que todos se mueven por su razones y todos defienden lo suyo, anteponiendo su verdad y su prestigio, y nunca llegamos a saber quién miente y quién no, porque todos los individuos que pululan por la historia dicen la suya, explican sus motivos y razones, y todos pueden estar en  su verdad, y quizás, muy alejados de la verdad, que nunca se nos detalla o se nos explica, porque a Farhadi no le interesa, le parece más interesante reflexionar sobre cómo nos comportamos y sobre todo, como nos dejamos manipular por todo aquello que leemos y escuchamos que nos alimenta del exterior, a partir de fuentes poco fiables y opiniones a la ligera, una información que, al fin y al cabo, usamos para hacernos nuestros pensamientos y llegar a nuestras ideas.

Como no podía ser de otra manera, el conjunto de intérpretes que componen unos personajes complejos, naturales y muy imperfectos, resultan de una brillantez extraordinaria y humanidad conmovedora, como sucede en todas las obras del director iraní. Encabeza el extenso reparto coral un extraordinario Amir Jadidi que se mete en la piel de un desdichado Rahim, un tipo con mala suerte, alguien que no está muy lejos de esos antihéroes del cine clásico hollywoodiense, que también retrató el cine de Frank Capra, esos tipos que hagan lo que hagan siempre saldrán trasquilados, o por ellos mismos o por la impecable multitud. Le acompañan Sahar Goldoust como Farkonden, la pareja de Rahim, que intenta ayudarle, que está junto a él, a pesar de la oposición de su hermano, a pesar de todos y contra el mundo, Mohsen Tanabandeh es Bahram, el “malo” de la película, pero con sus razones y su oposición, que la película describe en silencio, con pocos diálogos. Saleh Karimi como Siavash, el hijo pequeño de Rahim, que intenta estar con su padre y echarle una mano, al igual que la adolescente hija de Bahram, que hace Sarina Farhadi, hija del director, representando esa infancia que mira el mundo de los adultos y protegen como saben y pueden. Farhadi ha vuelto a construir una película excelente, como lo eran Nader y Simin, una separación (2011), y El vigilante (2016), en que Un héroe entra de lleno convirtiéndose en uno de sus endiablados cuentos morales, con la clara referencia al “Tema del traidor y le héroe”, que también profundizo Borges, dejando invisible esa línea que separa uno del otro, según la perspectiva de los involucrados. Una lección de cine potentísimo y lleno matices y detalles, donde todos los personajes acaban moviéndose según se parecer, no como manda lo establecido, y errando en sus decisiones, mostrando su vulnerabilidad y la fragilidad de sus ideas, de sus mundos y sus circunstancias. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Enrique García

Entrevista a Enrique García, director de la película «La mancha negra», en el Soho House en Barcelona, el miércoles 23 de febrero de 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Enrique García, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Rubén Codeseira de Comunicación-Cine, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Dylan Moreno

Entrevista a Dylan Moreno, productor de la película «La mancha negra», de Enrique García, en el Soho House en Barcelona, el miércoles 23 de febrero de 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Dylan Moreno, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Rubén Codeseira de Comunicación-Cine, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Hive (Colmena), de Blerta Basholli

UNA MUJER VALIENTE.

“Me gustan las personas que tienen que luchar por obtener algo, los que teniéndolo todo en contra salen adelante. Esta es la gente que me fascina. La gente fuerte”

Isabel Allende

El conflicto de Kosovo (1998-1999), en que la etnia albanesa se opuso a la etnia serbia y el gobierno serbio ocasionando la desaparición de 13000 personas. En el pueblo de Krushe e Madhe, en el municipio de Rahovec en el oeste de Kosovo, la cifra de desaparecidos dejó 140 viudas y más de 500 niños sin padre. La película se centra en una de esas mujeres viudas, en Fahrije Hoti, y en su experiencia real. Tenemos a una mujer que cuida de su suegro y de sus dos niños todavía en edad escolar, trabaja en la pequeña colmena de su marido desaparecido y acude a encontrar a su esposo cuando las autoridades encuentran alguna fosa común. Pero, la economía doméstica se resiente, el dinero no llega y están pasando por penurias, al igual que las otras viudas. Fharije, con todo en contra, decide sacarse el carnet de conducir y abrir un negocio de verduras en escabeche junto con las otras mujeres. Encontrará la resistencia machista del pueblo, hombres acostumbrados a trabajar y que las mujeres se queden al cuidado del hogar, los niños y los ancianos.

La directora debutante en el largometraje Blerta Basholli (Pristina, Kosovo, 1983), encontró en la historia real de Fahrije Hoti la inspiración para construir no solo una película sobre un grupo mujeres que rompen con las barreras e imposiciones patriarcales para ser ellas mismas, sino que nos habla de la valentía y la fuerza de unas mujeres sumidas en el dolor, sobreviviendo a una pérdida irreparable, y continuando hacia adelante a pesar de todo. La directora kosovar sitúa su película en la mirada de la protagonista, el eje en el que gira toda la historia, presentándonos a una mujer que debe hacer frente a una realidad y reinventarse, con la ayuda de las demás, para hacer frente a su situación de miseria, y la cineasta lo hace desde la honestidad y la autenticidad, sin edulcoramientos ni sensiblerías, sino acercándose a sus personajes desde la sinceridad y sobre todo, desde la mirada del que quiere mostrar sin embellecer ni sobre todo, huyendo de esas historias relamidas de la dichosa superación y demás, aquí todo tiene verdad, todo tiene intimidad, y la protagonista se enfrenta a sus miedos, sus dudas y la inmensa hostilidad de los hombres de su pueblo, pero no se amilanará a pesar del miedo y la soledad.

Todo se cuenta a partir de dos elementos muy visibles. La intimidad del hogar con los conflictos entre la madre y su hija, que es una adolescente, y su suegro, anclado en el pasado y en la memoria de su hijo, que lo ha detenido, y luego, lo social, en que las mujeres se enfrentarán a ese machismo ancestral, que las obliga a ser sumisas a pesar de su dolor y su pobreza, donde la colmena actúa como riquísima metáfora de todo lo que está sucediendo en el pueblo. Basholli no construye una película superficial y moralista, donde hay buenos y malos, ni tampoco hay una mensaje aleccionador, no hay nada de eso, solo un relato sencillo y cercanísimo, donde se explica una realidad dura y difícil, sin medias tintas, una realidad dolorosa y a pesar de todo, las mujeres se mueven para salir adelante cuando tienen todo y todos en contra. La película se cimenta en las miradas y gestos de las protagonistas, más que en los diálogos, porque es una película de acción, en el mejor término de la palabra, donde la actividad y la valentía de estas mujeres se traduce en su negocio, en el que somos testigos de todos los pasos de creación, funcionamiento e ilusión.

Una cinta de estas características donde se habla de personajes y sus conflictos, personas de carne y hueso, necesitaba un actriz tan portentosa, especial y humana como Yillka Gashi, auténtica revelación de Hive (Colmena), convirtiéndose en la punta de lanza del relato, con esas miradas que encogen el alma, con ese coraje y esa fuerza irrompible, toda una referencia para todos, una persona que a pesar de todo y todos creyó en sí misma y se atrevió a hacerlo venciendo dos miedos: sobrevivir a un marido desaparecido y a una comunidad machista y hostil. Sin olvidar el resto de mujeres como las impresionantes Çun Lajçi, Aurita Agushi y Kumrije Hoxha, entre otras, que acompañan con credibilidad y sinceridad a la protagonista. La opera prima de Blerta Basholli es un cuento sobre mujeres para todos los públicos, porque es una película potentísima, llena de grandes ideas y sobre todo, es una maravillosa fábula humanista como las que hacían Renoir, Rossellini, Kiarostami y demás, de las que permanecen en la memoria, de las que no se olvidan, de las que consiguen vencer al tiempo y a sus circunstancias, porque habla de seres humanos y sus formas de encarar la vida, el dolor, la tristeza y todo aquello que nos paraliza. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

La mancha negra, de Enrique García

DOÑA MATILDE CISNEROS HA MUERTO.

“Porque tú crees que el tiempo cura y que las paredes tapan, y no es verdad, no es verdad”.

“Bodas de sangre”, de Federico García Lorca

Estamos en 1971, en Aljarria, uno de esos pueblos del interior de Andalucía, perdidos de la mano de Dios. Son los años duros de los setenta con los últimos coletazos del franquismo. Tiempos de incertidumbre, de rencores y de odios a punto de explotar después de años de silencio. Unos odios y rencores instalados en la familia de los Cisneros. La matriarca Doña Matilde acaba de morir. Con ella se va un tiempo de odio, de silencios y sobre todo, un tiempo que advierte un porvenir difícil. Al mismo tiempo, el único varón de la familia, Eugenio, viene de vuelta al pueblo después de más de quince años, acompañada de su mujer Emilia. Parece que las cosas le han ido bien, o al menos eso parece. En Aljarria, se encontrará con sus tres hermanas, Modesta, la servicial, la callada y la sumisa, Manuela, la independiente, la señalada y la de carácter, y finalmente, Mercedes, que perdió la cabeza y ahora se ha convertido en un muerto.

El recién llegado se enfrentará a Doña Julia, una arpía que, compinchada con Don Andrés, el cura, ya que traman arrebatarles todo el dinero a la familia, y sin olvidarnos, del hermano de Doña Julia, el Juaneque, un pobre infeliz y retrasado que quería con locura a la finada. La llegada del antiguo habitante del pueblo, no solo desatará las envidias y demás entre los lugareños, sino que generará el mayor de los cimas en casa de los Cisneros. De Enrique García (Málaga, 1971), conocíamos su trabajo en el cortometraje, y sus tres largometrajes, 321 días en Michigan (2014), Manic Tales (206), en la que dirige uno de los segmentos, y Resort Paraíso (2016). Un cine que ha buceado por el thriller, el terror y el drama, tres géneros que se dan la mano en su cuarto trabajo La mancha negra, coescrita con su guionista habitual Isa Sánchez (de la que hemos visto hace poco Alegría, de Violeta Salama), en una película carpetovetónica, centrada en una sola jornada, en un velatorio y entierro de armas tomar, donde los Cisneros pondrán sus cartas sobre la mesa, donde muerta la madre, ya nada podrá detener tantos años de odio y maldad.

La excelente cinematografía de José Antonio Crespillo, que ya estaba en Manic Tales y Resort Paraíso, conjuga con habilidad la luz asfixiante que recorre todo el metraje, con esos primeros planos y encuadres cerrados bien compuestos, para generar esa fragmentación que existe entre los cuartos hermanos, con un brillante manejo del tempo en el montaje de Ana Álvarez-Ossorio (que es habitual en los trabajos de Paco León), y la cortante música de Jesús Calderón, una eminencia en el mundo del corto, que sabe atraparnos desde el primer minuto. Nos encontramos ante una película donde el universo lorquiano juega un papel fundamental, con esas mujeres enlutadas, esas miradas que echan fuego y esa violencia soterrada a punto de explotar. El imaginario de Delibes, y sus santos inocentes, con ese caciquismo que representa el cura del lugar, y esa Mercedes, que no está muy lejos de la “niña chica”, y esa España negra con la violencia extrema de se palpa en cada rincón de “La familia de Pascual Duarte”, de Cela, o el fatalismo que recorre el mundo de Aldecoa y Benet. En el cine, amén de las adaptaciones de los autores ya citados, bebe mucho de La caza, de Saura y Furtivos, de Borau, donde existen esos pueblos llenos de amargura y miseria, donde la violencia es el pan de cada día.

Tenemos lo más intrínseco de nuestra forma de vivir y sentir, bien fusionado con el thriller estadounidense de los setenta que marcó una época con los Peckinpah, Boorman y Frankenheimer, entre muchos otros, unos policíacos sucios, llenos de vidas autodestructivas, muy violentas, fatalistas y amargas, donde nunca hay esperanza, solo disparar y rendirse a la violencia. Y claro, un relato que juega mucho a todo lo que nos e dice, a todo lo que se oculta, y a todo lo que quema por dentro, tenía que componer un reparto muy coral y digno de unos personajes complejos, derrotados y amargados. Un grupo de intérpretes, entre los que hay compañeros de viaje del director, entre los que destacan las presencias de Natalia Roig, Virginia Demorata y Noemí Ruíz, como las tres hermanas Cisneros, junto a un gran Pablo Puyol como el hermano, Virginia Muñoz como Emilia, Cuca Escribano, fea y malvada como Doña Julia, Ignacio Nacho, que conocemos como director de El intercambio (2017), dando vida a Juaneque, toda una gran sorpresa, Aníbal Soto como el boticario, Juanma Lara como el cura, con ese corpachón y su vozarrón, y las presencias más breves de María Alfonso Rosso como la que se muere, Sebastián Haro y Joaquín Núñez.

Dylan Moreno que ya coprodujo Manic Tales y El intercambio, vuelve a producir una película de Enrique García. La mancha negra no esconde su modestia, pero tampoco hace alarde de ella, porque sabe el relato que tiene entre manos, seco, duro y violento, y lo va contando poco a poco, sin prisas pero sin pausa, en un in crescendo que hiela el alma,  dosificando con acierto la información, al modo del western, de cuando alguien volvía a un pueblo y nunca sabíamos cómo éste lo iba a recibir, generando esta tensión, ese calor que ahoga y vuelve más violenta a las personas, enhebrando don decisión todas las relaciones, todas las miradas y gestos. García ha conseguido una película muy honesta, bien equilibrada y compuesta, en el que la forma y el fondo casan con astucia y fuerza, porque cuenta lo que conoce y lo hace con lo que tiene, sin entrar en terrenos pantanosos. García ha construido una película con hechuras, con un ritmo pausado que coge velocidad en su último cuarto, donde todo explota, donde cada personaje reclama su sitio y sobre todo, su pasado, un pasado que saldrá a la superficie, y nada ni nadie podrá detenerlo y lo cambiará todo, porque cada uno de los individuos en cuestión ya está cansado de estar callado, una metáfora que define mucho el sentir de aquel país de tantos de dictadura, terror y silencio. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Neus Ballús

Entrevista a Neus Ballús, directora de la película «Seis días corrientes», en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el martes 30 de noviembre de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Neus Ballús, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Katia Casariego de Filmax, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA