Entrevista a Dominga Sotomayor, directora de «MAR». El encuentro tuvo lugar el lunes 11 de mayo de 2015, en el Café Bar El Colectivo de Barcelona.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Dominga Sotomayor, por su tiempo, sabiduría y generosidad, a Manuela Martelli, cineasta, que nos acompañaba, y tuvo la delicadeza de retratar el encuentro, y al equipo del Cine Zumzeig de Barcelona, con su director Esteban Bernatas al frente, por su grandísimo trabajo y ofrecernos la presencia de los directores presentando sus películas, y por su combativa y resistente programación que nos descubre un cine reflexivo y a contracorriente.
Encuentro con el productor Marin Karmitz en el marco del ciclo dedicado a la figura del cineasta Alain Resnais. El evento tuvo lugar el miércoles 27 de mayo de 2015, en la Filmoteca de Cataluña.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Marin Karmitz por su tiempo, sabiduría y su maravillosa carrera cinematográfica, y al equipo de la Filmoteca, con su director Esteve Riambau al frente, por acogerme y tratarme con afectuosa amabilidad.
En la película de Fellini Y la nave va, un grupo de amigos, familiares y amantes, se embarcaban con los restos mortales de una diva de la ópera para rendirle tributo en su último adiós. Ahora, el homenajeado es un actor, Saverio Crispo (trasunto de los Mastroianni, Delon, Belmondo, Trintignant…) que falleció hace una década, y su pueblo, situado en la región de Puglia, ha preparado una fiesta donde le dedicará una plaza y una proyección, por ese motivo se reúnen sus mujeres: dos de sus ex, y cuatro de sus cinco hijas. Cristina Comencini (Roma, 1956), que comenzó su carrera como guionista junto a su padre a principios de los 80, Luigi Comencini (1916-2007, uno de los padres de la commedia all’italiana, con más de 40 títulos en su filmografía, entre los cuales destacan éxitos del calibre de Pan, amor y fantasía -1953-, Todos a casa -1960- o Sembrando ilusiones -1972-, producida por Dino de Laurentiis, que contó con un reparto estelar, Alberto Sordi, Bette Davis, Joseph Cotten y Silvana Mangano). Ahora, la Comencini se enfrenta a una película de mujeres, muy coral y deudora del talento paterno, una comedia con el estilo de las de antes, en el que reúne en una villa italiana a la familia disfuncional y heterodoxa del artista fallecido, que ejemplifica a la perfección la vida díscola del actor, de ahí el título original Latin lover.
Por un lado tenemos la anfitriona, Rita (Virna Lisi), la que se presenta como la esposa oficial, y una hija, Susanna, presidenta de la fundación del actor, organizadora del evento y que mantiene en secreto a su novio de los ojos de su familia, luego, está el paréntesis francés, donde el intérprete tuvo un affaire de un par de años con una actriz, del que no queda rastro, pero si una hija, Stephanie (Valeria Bruni Tedeschi), que ha heredado la promiscuidad paterna, con tres hijos de tres parejas diferentes, después llegó España, y ahí conoció a Ramona (Marisa Paredes), que si se presenta, la acompaña su hija Segunda (Candela Peña), aunque sea la tercera hija, ésta viene con dos hijos y un marido (Jordi Mollà), don juan de tres al cuarto que pondrá sus ojos en Solveig, la cuarta hija, sueca, de la época en que el actor trabajó allí, y de la etapa americana, hay una hija, Shelley, pero no aparece en el homenaje. También, pululan un crítico admirador del divo, un paparazzi que sueña con arrancar algún secreto no desvelado, y por último, Pedro del Río (Lluís Homar), doble del actor en su etapa del spaguetti western en España. Presentados los contrincantes de esta comedia que se mueve por muchos tonos y ambientes, desde la tragicomedia, el vodevil, donde pasa de todo, revelaciones de secretos ocultos, risas por las situaciones disparatadas que van sucediendo, puertas que se abren y cierran, personajes surgidos del pasado que algunas no quieren volver a ver, alguna lágrima por el tiempo pasado, y sobre todo, muchísimo amor por el ausente.
Comencini con un buen plantel de intérpretes, unos comediantes en estado de gracia, que mueven a sus personajes la mar de bien, la directora los pelea, los hace reír, llorar, los discute entre sí, y también, les saca sus miedos y anhelos, porque en el fondo, aunque apenas se conozcan, son una familia, todos pertenecen al mismo hombre, al actor estrella, aclamado por todo el mundo, pero que fuera de los focos, sólo fue alguien que amó de verdad a cada una de las mujeres que conoció, aunque fuera sólo por un tiempo. La cineasta romana se destapa ofreciéndonos un lúcido e interesante tributo a aquel cine europea que asombró a todo el mundo a partir de los años cuarenta hasta finales de los setenta como el cine italiano de comedia, que hacía su padre y sus coetáneos, al cine filosófico y existencial de Bergman, al cine de la Nouvelle Vague en Francia, al spaguetti que se hizo en España, y también un guiño al cine de Hollywood. Una manera de hacer cine ya extinguida y desaparecida que sólo forma parte de los recuerdos, de la memoria, de lo que en cierta medida nos habla la película, somos lo que vivimos y también, como nos recuerdan.
Presentación del libro «Apocalipsi UUUUUUUAAAAAAA», de Jaume C. Pons Alorda (Diario de rodaje de la película Història de la meva mort, de Albert Serra), presentado por el escritor Vicenç Villatoro, el director Albert Serra, el poeta Vicenç Altaió, y Joan Sala, editor del libro. El encuentro tuvo lugar el miércoles 15 de abril de 2015, en el auditori del CCCB de Barcelona.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Jaume C. Pons Alorda, por su tiempo y generosidad, a Anna Ibáñez, del CCCB, por su recibimiento, amabilidad y acogida, y a la Editorial Comanegra, por apostar por el libro y publicarlo. A todos ellos, Gracias por organizar este encuentro tan especial.
“Este film abre una brecha, por la que todo el cine debe pasar bajo pena de muerte”
“Con la aparición de Viaggio in Italia, todas las películas han envejecido diez años”
Jacques Rivette
Viaggio in Italia, estrenada en nuestro país con el título Te querré siempre, nace a partir de la experiencia frustrada de Rossellini de no por finalizar la película Dov’è la libertà?. Situación que lo llevó a un nuevo proyecto, rodar una novela de la escritora francesa Colette llamada Duo, a la que ya había adaptado un relato en el cortometraje L’invidia. La historia se centraba en un matrimonio a la deriva porque el hombre no podía responder a las necesidades sexuales y emocionales de su mujer, muy parecido a la propia realidad de su matrimonio con Ingrid Bergman, que estaban en medio de una gran crisis. Contrató a George Sanders (actor criado en Hollywood, pero de origen ruso) e Ingrid Bergman (tercer largometraje juntos de los cinco que hicieron en total) para encarnar a la pareja protagonista. Se instalaron a principios de febrero de 1953 en Nápoles, pero fue cuando Rossellini se enteró que los derechos de la novela ya habían sido vendidos. Entonces se encontró con un equipo dispuesto rodar pero sin guión. Así empezó la aventura, ponerse a rodar una película sin una situación dramática previa.
La película arranca con Alexander y Katherine Joyce, un matrimonio inglés de viaje en automóvil de Londres a Nápoles, se dirigen a la ciudad para vender una villa que han recibido por herencia. Alejados de su realidad e introducidos en un paisaje exterior, sin nada que hacer, pronto florecen las distensiones e incomunicación de la pareja, mientras él se aburre soberanamente y se escapa a la vecina Capri para conseguir sin éxito una aventura amorosa. Ella se refugia visitando la ciudad y sus museos, observando las figuras hieráticas –bustos o conjuntos marmóreos- , que la enfrentan a su doloroso presente desde el pasado más antiguo, también visita las catacumbas, con la compañía de una amiga, pero la observación de los muertos la conduce a verse a sí misma y la realidad sin vida y monótona que la rodea, luego se traslada a visitar la erupción de los volcanes y demás ruinas, sintiéndose completamente identificada emocionalmente con lo que observa. La vuelta del marido y la visita de las ruinas de Pompeya, donde contemplan los cuerpos abrazados de una pareja calcinada durante la destrucción de la ciudad por la erupción del Vesubio, será ese encuentro con ese pasado y el lugar donde estallará la crisis matrimonial y los llevará a decidir separarse.
Rossellini lleva en Viaggio in Italia sus postulados cinematográficos hasta sus últimas consecuencias (que ya había investigado en sus anteriores obras como Roma, ciudad abierta, Paisà, Alemania año cero o Stromboli), con la incesante búsqueda de la realidad como forma cinematográfica, fundamental en su cine, conceptos que los críticos del momento los bautizaron como la modernidad cinematográfica, temas como la ausencia del guión, el documento (la realidad exterior) totalmente mezclada y fundida con la parte de ficción (la realidad interior), a modo de espejo transformador del interior de los personajes, un manejo brillante de los vacíos o tiempos muertos, donde la inacción prevalece en la mise en scène, un ritmo cadente y pausado donde la imagen lo es todo, donde la búsqueda de la película reside en las emociones de los personajes, una trama que construyen los espectadores que se convierten en partes esenciales para el desarrollo del film, y sobre todo, la construcción de la película se edifica a través de la relación entre lo narrado y lo mostrado. Conceptos que Rossellini encontraba a través de la búsqueda de la improvisación, de la interacción de los personajes con el entorno elegido, donde la película ni no tiene un inicio ni un fin, sino un desarrollo para explicar lo que no vemos a través de lo que se nos sugiere.
Cine mayúsculo, realizado desde la más absoluta convicción de un magnífico creador que se enfrentaba a cada película, desde la búsqueda incesante de nuevas formas y maneras de representación cinematográfica que, le ayudasen a seguir investigando conceptos complejos y extremadamente difíciles, que van desde la filosofía y otros estudios de la condición humana, donde el cineasta italiano reflexiona sobre la soledad, la angustia, y la incomunicación de la pareja. Un film capital en la historia del cine que provocó e inspiró a otros grandes cineastas que llegaron después como Antonioni, Godard, Rivette, Rohmer, Wenders… y muchos más.
Presentación del ciclo dedicado a la figura del director Jírî Menzel. El encuentro tuvo lugar el martes 10 de marzo de 2015, en la cafetería de la Filmoteca de Cataluña.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Jírî Menzel por su tiempo, sabiduría y su maravillosa carrera cinematográfica, a Sandra Ejarque, de Vasaver, por su paciencia y generosidad, y a Pilar García, de la Filmoteca, por acogerme y tratarme con amabilidad.
Entrevista a Sergi Pérez, director de «El camí més llarg per tornar a casa». El encuentro tuvo lugar el miércoles 27 de mayo de 2015, en la Plaza Gutenberg, en el Campus UPF, de Barcelona.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Sergi Pérez, por su tiempo y generosidad, a Eva Herrero (autora de la instantánea que ilustra esta publicación) de MadAvenue, por su paciencia y amabilidad.
Nos encontramos en el interior de un piso, vemos a un hombre en la treintena, de espaldas y tendido en la cama. La cámara avanza suavemente hacia él. En ese instante, se gira lentamente y llama a Elvis. Se levanta con dificultad y se mueve por la vivienda llamando a su perro. Finalmente, lo encuentra y el animal permanece inmóvil, no atiende, parece muerto. Corriendo llama al veterinario, y sale a la calle con el perro en brazos. Busca un automóvil, pero no lo encuentra. Coge su móvil y habla con alguien que le indica la ubicación del coche de una mujer. El hombre empieza a llorar y aparece el título de la película.
Con este prólogo de 10 minutos intensos arranca la película, una cinta dirigida por el debutante Sergi Pérez (Terrassa, 1976), financiada mediante crowdfunding, a través del esfuerzo titánico de muchas personas. Un brutal descenso a los infiernos que se introduce en el alma de un hombre moribundo, una alma perdida, que no reacciona, que se siente roto por el dolor, que se desplaza como un sonámbulo, sin rumbo ni destino, alguien que ha sido golpeado, pero es incapaz de levantarse. Lo vemos moverse por una ciudad que de repente se ha convertido en ajena, que no reconoce, ni ésta lo reconoce a él, que se tropieza con amigos y familiares de los que acaba huyendo, personas que le recuerdan quién es, pero él no quiere saberlo, quiere huir, escapar de todos, y sobre todo, de sí mismo, aferrándose a lo que ya no está, a lo que se fue, a esa ausencia que lo mata y lo ha dejado sin vida. El perro lo saca a la calle, Joel, que es así como se llama este hombre, quiere deshacerse del animal, pero parece que no le va a resultar tan sencillo, el perro era de ella, de la que no está.
Pérez acota su película en una sola jornada, 24 horas donde asistimos como testigos al derrumbe emocional de un ser que se ha convertido en un fantasma, la cámara lo sigue incesantemente, está encima de él, podemos escrutar sus emociones, escuchar el latido de su corazón herido, de esa falta de aliento. Los largos planos secuencia, intercalados con breves acercamientos, a través de un zoom que se acerca hacía ese rostro desencajado de Joel. Un camino tortuoso y solitario que relata su huida, su viaje a ningún lugar, sus no acciones no atienden a nada en concreto, se mueve por inercia, como si fuese otro el que lo hace, su guía se ha perdido, va a la deriva, ya no escucha, no entiende, pide desesperadamente las llaves de su casa, que ha olvidado en su domicilio, pero sus conocidos no le pueden ayudar, reclaman su presencia, le piden que reaccione, que no se evada. Un beso que no viene a cuento, un polvo frustrado con una desconocida, curar al perro, volver a la oficina donde trabaja y violentarse con una compañera, y finalmente, enfrentarse a él mismo, porque nunca hay escapatoria, siempre uno tiene que volver a sí mismo, a mirarse en su interior, aprender a aceptarse, y aceptar las dificultades y los palos del entorno.
Un contundente y brutal viaje a las entrañas del alma, a las emociones más viscerales que nacen desde lo más profundo, contado con una belleza que abruma, apoyándose en una sinceridad y honestidad que traspasa, no se juzga, se mantiene un punto de vista de observación. Un cine vivo, parido a tumba abierta, sin concesiones, en esta bellísima fábula contemporánea que a ratos parece un western, en otros, una cinta de terror del este a lo Polanski (recuerden Repulsión o El quimérico inquilino), con ciertas reminiscencias a Yo (Rafa Cortés, 2007). Con un protagonista Borja Espinosa, que compone un personaje torturado donde su penetrante y perdida mirada, su presencia física y su voz grave, juegan un papel fundamental en la naturaleza de la trama. Una cinta contada desde la astucia y la intensidad de hacer cine desde las fronteras y los pliegues desde lo más profundo y complejo de la condición humana.
Entrevista a Ignacio Vilar, director de “A esmorga». El encuentro tuvo lugar el Martes 5 de mayo en Barcelona, en el vestíbulo de los Cines Girona.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ignacio Vilar, por su tiempo y generosidad, a Sonia Uría, de Suria Comunicación, por su generosidad y paciencia, a Laura Fernández, de Vía Láctea Filmes (Productora de la película), por su simpatía y amabilidad, y a la Editorial Galaxia, por apostar por el libro y reeditarlo en castellano.
Entrevista a Ángel Santos, director de «Las altas presiones». El encuentro tuvo lugar el miércoles 29 de abril de 2015, en el hall del Teatro CCCB de Barcelona, dentro del marco del Festival Internacional de Cine de Autor de Barcelona.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ángel Santos, por su tiempo y generosidad, a Sonia Uría y Alex Tovar (autor de la instantánea que ilustra esta publicación) de Suria Comunicación, por su paciencia, generosidad y amabilidad.