Diarios de Kandahar, de Louie Palu y Devin Gallagher

poster_castLA GUERRA EN PRIMERA PERSONA.

«23 de septiembre de 2010. Otro día en Kandahar. Ahora debo concentrarme. Piensa en el encuadre. Piensa en cada lado del rectángulo. Concéntrate en el en encuadre. Mantén la calma bajo el fuego. concentra tu emnte. reconoce el peligro… y trabaja. Todo pasa tan rápido… Debo controlar la mente. Relájate y haz la foto. No debo dejarme dominar por la situación. Debo controlar lo que hay dentro de mi recuadro. Mirar más allá de lo literal. Mantén la calma. Piensa en el rectángulo. Debo buscar la inspiración. Serenidad bajo el fuego. Que no te supere la velocidad de la situación. Repite. Rectángulo, composición. Vuelve a lo básico.

Louie Palu

La Guerra Civil espanyola fue la primera contienda bélica que conoció todo el mundo a través de todos los profesionales que vinieron a cubir todo lo que allí sucedió. Los Robert Capa, Gerda Taro y David Seymur, entre muchos otros, agarraron sus equipos fotógraficos y dispararon para capturar todo el horror que sus ojos vieron. Desde esa guerra y las siguientes que llegaron, la guerra, como la conocíamos, a través del arte, quedo relegada a un segundo termino, ahora, las guerras iban a ser conocidas y presentades al mundo en primera persona, a través de la mirada de un profesional que la vivia en su cotidianidad, mostrándonos los detalles y la íntimidad del horror.

While under fire Afghan soldiers move a comrade to safety after he was hit by shrapnel from rocket fire in a fire fight during an operation in the Makuan area in Zhari District, Kandahar Province, Afghanistan. From the documentary film Kandahar Journals. www.kandaharjournals.com photo Louie Palu/ZUMA Press ©

Louie Palu (Toronto, Cánada, 1968) reconocido fotógrafo con más de un cuarto de siglo de experiencia en temas políticos y sociales, estuvo trabajando en Kandahar (Afganistán) durante cuatro años, los que van desde el 2006 al 2010, disparando su cámara y documentando todos los desastres de una guerra fraticiada que arrancó con el ataque a las torres gemelas de Nueva York en septiembre del 2011, y la estimable ayuda del experimentado documentalista Devin Gallagher construyen un trabajo desde la íntimidad y el relaismo de la cotidianidad de la guerra, filmando a un grupo de soldados aliados destinados en Kandahar, punto estratégico del país y epicentro de la guerra contra los talibanes. Palu, en su primera incursión como director, provisto de una videocámara, y con la idea de capturar las imágenes que se quedan fuera de la fotografía, sigue a los soldados, como uno más, descansando después de días exhaustos de caminatas, esquivando los disparios de los enemigos, inspeccionando las casas de los habitantes, hablando con ellos, y filmando, de manera amateur y directa todo lo que allí acontece.

Still photography for documentary film Kandahar Journals. Medics treating wounded Afghan civilians in a frontline trauma room in Zhari District, Kandahar, Afghanistan. From the documentary film Kandahar Journals. www.kandaharjournals.com (Credit Image: © Louie Palu) For use in film reviews to do with Kandahar Journals only.

Paul y Gallagher muestran la guerra con sus contrastes, la nula visibilidad del enemigo (que parece un ente invisible, como si no existiese, sólo escuchamos sus disparos y lo que el suboficial canadiense nos cuenta), los desastres que sufren los afganos, y el continuo conflicto entre el poderoso y el débil. El documento, muy alejado de la idea sobre la guerra de los medios occidentales, más interesados en el espectáculo y hacer creer a los espectadores que el enemigo es muy poderoso y hay que combatir con las armes más sofisticadas para exterminarlo, toda esa superficialidad queda suprimidad en la película. Nos muestra la guerra como es, sin trampa ni cartón, con toda su crudeza y su sin razón, y sobre todo, el negocio canalla y deshumanizado en que se ha convertido, una excusa para eliminar a esos “témidos terroristas Internacionales” que sirve a los paises ricos a augmentar su riqueza con el negocio vil de las armas.

A wounded soldier in a medevac helicopter after a night raid, Zhari District, Kandahar, Afghanistan. 2010 20 X 24 inch pigment print. Photo © Louie Palu FOR EXHIBITION REVIEWS ONLY. NO OTHER EDITORIAL USE PERMITTED. www.louiepalu.com

Palu no sólo muestra las imágenes, sino que también reflexiona sobre ellas y su trabajo, generando un discurso contradictorio, porque empujado a dar visibilidad para que el mundo sepa que sucede, a su vez, tropieza con el nulo desinterés y desinformación por parte de los estadounidenses y el mundo occidental por conocer la verdad, una triste realidad que parece ser que a nadie le importa. Palu y Gallagher huyen del maniqueismo, de la idea de Buenos y malos, que por otra parte, sería un punto flaco a su propuesta. Los cineastas se muestran críticos con las políticas Internacionales de sus paises, y su documento muestra todo el bullició bélico que se respira en Kandahar, los soldados de diferentes paises que deambulan en busca y captura del enemigo, los afganos inmersos en un conflicto que mata algunos y dificulta la vida a otros, escarbando cada distrito y rincón de la ciudad, incluso, se introduce en el hospital de campaña, donde se atiende a los heridos de los continuos ataques y atentados suicidas que se producen. Una cotidianidad sangrante y malvada, difícil de olvidar, para un profesional como Palu que lleva tantas guerras encima.

Entrevista a Felipe Lage

Entrevista a Felipe Lage, productor de «Mimosas». El encuentro tuvo lugar el domingo 20 de noviembre de 2016 en el Teatre CCCB durante el marco de la XXIII l’Alternativa. Festival de Cinema Independent de  Barcelona.

Quiero expresar mi agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Felipe Lage, por su generosidad, sabiduría y tiempo, a Cristina Riera, Tess Renaudo, Marc Vaillo y a todo el quipo de L’Alternativa, por su trabajo, dedicación, resistencia y cariño, a Marta Suriol y Maria Gracia de La Costa Comunicació, por su trabajo, amabilidad, paciencia y cariño, y a todas las entidades que hacen posible la existencia de L’alternativa.

Mimosas, de Oliver Laxe

mimosas-cartelLA ETERNIDAD NOS ESPERA.

“Si tú lo haces bien, yo lo haré mejor”

Una caravana de hombres a lomos de caballos y mulas atraviesan las escarpadas y áridas montañas del Atlas marroquí para llevar a cabo la última voluntad de un patriarca cheikh que quiere morir junto a los suyos en Sijilmasa. Entre ellos, viajan Ahmed y Saïd, dos buscavidas esperando su oportunidad, pero, el anciano muere antes, y deciden a hacerse cargo del transporte, tras previo pago, aunque desconocen el camino, aunque contarán con la aparición de Shakib. La segunda película de Oliver Laxe (París, 1982) mantiene el espíritu de libertad creativa de su anterior obra, Todos vós sodes capitáns (2010), en la que a través de un híbrido entre ficción y documental, el propio cineasta filmaba su experiencia como responsable de un taller de cine con niños desheredados en Tánger.  En Mimosas, Laxe (nacido en París de padres inmigrantes gallegos, que estudió cine en Barcelona, vivió en Londres un período y establecido en Marruecos durante la última década) nos traslada a un mundo mágico, de leyenda, de mito, que sólo existe en el cine, en un viaje maravilloso y brutal sobre la fe, sobre alguien, Ahmed, que la ha perdido, que representa al hombre moderno, escéptico y envuelto en sus deseos y objetivos, sin importarle su alrededor.

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El cineasta gallego enmarca su película en un aura de misticismo y aventura que evoca a otros elementos, aunque sin llegar a pertenecer a ninguno de ellos,  como la obra de aventuras con espíritu clásico, al estilo de los Ford o Hawks, con ese aire mítico de las grandes travesías infinitas por el desierto, o las obras crepusculares de Peckinpack, Hellman, o Los tres entierros de Melquíades Estrada, de Tommy Lee Jones, donde sus protagonistas, desterrados de la sociedad civilizada, deambulan por un mundo salvaje ajeno, en el que de alguna forma acaban materializándose con su paisaje, o los retratos de personajes en continua incertidumbre espiritual como Nazarín, de Buñuel, los franciscanos de Francisco, juglar de Dios, de Rossellini, el pintor de Andrei Rublev de Tarkovski, el párroco de Diario de un cura rural, de Bresson, entre otras. Laxe desestructura su relato en tres posiciones del islam: ruku (inclinación), quiyam (erguida) y sajdah (prosternación), que definen también los tres tiempos que transitan por su historia: la actualidad, ubicado en la ciudad, con automóviles y hombres en busca de empleo, en el que conoceremos al personaje de Shakib (pura bondad, el que mantiene la fe, aunque con sus dudas), un segundo tiempo, situado en las montañas del Atlas (en el que parece un tiempo lejano, perdido en los ancestros, donde nos encontraremos con Ahmed (el hombre sin fe, el escéptico, el errante que ha perdido su alma y sólo vela por sus intereses) y un tercer tiempo, sin tiempo, un universo espiritual, en el que sólo el alma se manifiesta, lo más profundo de nosotros, un mundo en el que Shakib parece pertenecer, que traspasa de un lugar a otro, este hombre convertido en ángel, en un ser de otro mundo.

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Laxe impone un ritmo reposado y místico a su aventura, sus personajes se mueven entre caminos difíciles, descansan entre arroyos o el calor de una fogata nocturna, se miran entre ellos, discuten sus diferencias, en un tiempo indefinido, un tiempo detenido, sin anclaje, en un paisaje, de complejo tránsito y naturaleza tenebrosa, que acaba convirtiéndose en uno más, que adopta launa imagen protectora ante sus circunstanciales moradores, siguiendo sus caminares pesados, y envueltos en polvo y frío (como nos diría Aldecoa) con la única compañía de su sombra que los acoge sin dejarles ir, siempre a su vera, acariciándolos o torturándolos según se precie. Unos personajes perdidos en su interior, en continúa batalla con su espíritu, que deberán confiar en los otros para poder seguir caminando hacia su destino, aunque todavía desconozcan cual será. Una película que ahonda en un cine de colores, de formas e imagen, con la bellísima y pausada luz, entre velada y de sombras, de Mauro Herce (que ya se doctoró en la naturaleza ancestral de Arraianos o el blanco y negro rasgado de O quinto evanxeo de Gaspar Hauser), un montaje ágil y sereno de Cristóbal Fernández (una filmografía con títulos tan interesantes como el perdido, La jungla interior o Aita) y el sonido envolvente y físico de Amanda Villavieja (habitual de Guerín o Isaki Lacuesta e Isa Campo) y la magnífica aportación en el guión de Santiago Fillol (coautor del interesantísimo trabajo sobre la impostura Ich Bin Enric Marco).

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Laxe es un cineasta muy personal y particular en el actual panorama cinematográfico, que construye un cine fascinante e hipnotizador, que se mueve entre las sombras del alma y los designios del espíritu, a partir de infinidad de referencias culturales, políticas y religiosas de orígenes múltiples, de diversas identidades y raíces, para abordar un universo en continua transformación espiritual, en el que conviven los hombres con fe y sin fe, en el que se mueven la tradición y la modernidad, en el que todo es posible, en el que se evoca el misterio, lo inefable, el espíritu de cada uno de nosotros, de los demás y todo aquello que nos rodea, que tiene la inspiración sufí como guía para relatarnos este retrato sobre los hombres y sus circunstancias, sobre cómo vencer la pérdida a través de lo que somos y entendernos, y vivir con eso, con nuestras batallas interiores y descubrirnos y saber quiénes somos y hacia donde nos dirigimos, aunque desconozcamos el camino que debemos seguir.

Entrevista a Susana Casares

Entrevista a Susana Casares, directora de «La invitación». El encuentro tuvo lugar el martes 27 de diciembre de 2016 en el Parc de la Ciutadella en  Barcelona.

Quiero expresar mi agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Susana Casares, por su generosidad, sabiduría y tiempo, a Gemma Vidal de Avalon, por su trabajo, paciencia y amabilidad, y al turista francés, que tuvo el detalle de tomar la fotografía que encabeza esta publicación.

Train to Busan, de Yeon Sang-ho

train-to-busan-34333-g3APOCALIPSIS A BORDO.

El clásico zombie La legión de los hombres sin alma, de argumento similar a El gabinete del Doctor Caligari, ya profundizaba en los efectos desastrosos producidos por la mente humana sobre los individuos, convertidos en indefensas ratas de laboratorio y expuestos a experimentar los resultados de experimentos terroríficos. Una década más tarde, en Yo anduve con un zombie, magistral aproximación al género a través de la magia negra y el vudú, ya dejaba constancia los efectos irreversibles en la conciencia de las almas. A finales de los 60, el género experimenta una revitalización formidable con La noche de los muertos vivientes, filmada con un irrisorio presupuesto planteaba los resultados desastrosos de unas radiaciones de un satélite convirtiendo a los seres en hordas asesinas a la caza de carne fresca, además de convertirse en una metáfora de la segregación racial en EE.UU. y la guerra de Vietnam, diez años más tarde, nuevamente George A. Romero, volvía al género pero esta vez criticando el capitalismo feroz trasladando a sus muertos vivientes a un centro comercial. A principios del siglo XXI, vuelve el género a primera línea con 28 días después y su secuela filmada un lustro más tarde, 28 semanas después, introduciendo una variedad interesante, los zombies ya no se mueven torpemente y lentamente, ahora son rápidos y ágiles, y más destructivos si cabe. Cabe mencionar Rec y Planet Terror, de la misma década, como aproximaciones interesantes de la vertiente zombie.

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Ahora nos llega Train to Busan, dotando al género de un nuevo aire, porque no hay historias demasiado vistas, sino falta de ingenio, de la mano de Yeaon Sang-ho (Seúl, Corea del Sur, 1978) que viene de realizar tres films de animación adulta, The King of pigs (2011), The fake (2013) y Seoul Nation (2016), esta última especie de precuela de la película que nos atañe. El cineasta surcoreano, en su primera película de imagen real, sigue con sus mismas directrices, en las que plantea películas que mediante el thriller social, rastrea la sociedad de su país, la jerarquización en la que se ha convertido, en la que ricos y pobres viven alejados y sin mezclarse, provocando así unos niveles de desigualdad exasperantes y conflictivos. La premisa argumental es bien sencilla, una serie de pasajeros suben al tren de alta velocidad en Seúl con destino a Busan, un viaje de 453 quilómetros en la que en último momento se subirá un pasajero con síntomas muy sospechosos. La película se cuenta a través de Seok-woo, un treintañero gestor de fondos divorciado, más preocupado por sus negocios que el cariño de su hija Su-an, que acompaña porque la niña quiere visitar a su madre para celebrar su cumpleaños. Cuando estalla el conflicto, iremos conociendo las actitudes de cada uno de los pasajeros, el propio Seok-woo, reacio a cooperar inicialmente, se convencerá que la única manera de salir con vida del tren será a través de la ayuda de los demás. Sang-ho se sirve de los zombies como metáfora (una de las características del buen cine de género) para criticar el modelo de sociedad de su país, las hordas de zombies provocan que las clases desaparezcan en el tren, y tantos unos como otros, los de buena cuenta corriente como los de no, tengan que mezclarse y sobrevivir mediante la ayuda que se prestan unos a otros, pero el cineasta surcoreano no lanza un discurso maniqueo en absoluto, unos entienden el problema de cooperación al instante, otros tardan más, e incluso alguno no lo entiende, y hasta el último instante, sigue anteponiendo su voluntad sin importarle el destino de los demás.

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La película tiene un ritmo endiablado y es pura adrenalina, cada nueva parada del tren en las distintas estaciones, se convierte en una nueva muestra del ingenio del cineasta, en la que nos somete a un ejercicio de suspense admirable en el que somos presos de una admirable puesta en escena, en la que juega con la tensión del espectador, con unos personajes expuestos a los ataques de los sanguinarios zombies, utilizando todos los recursos cinematográficos a su alcance, convirtiendo cada secuencia en una fantástica mezcla de tensión, nervios, persecuciones… en el que los personajes viven el drama y el horror por su vida y las que le rodean. Sang-ho nos lleva por este viaje alucinado que no parece tener fin, en que a cada momento el drama, lo social y lo fantástico se mueven al unísono, en el que asistimos a una descripción no sólo de la fisicidad de la película y cada personajes, sino del carácter y la actitud de cada uno de ellos, que Sang-hoo utiliza para describir los aspectos más oscuros de la sociedad de su país.

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Otro punto a destacar es la sutil utilización de los fx de la película, en la que se mezcla imagen digital (sin abusar, no como en otras películas, que su uso es endemoniado, creando un aspecto demasiado falso a lo que se cuenta) con trucajes y maquetas de la vieja escuela, creando una atmósfera asfixiante y terrorífica que le va ni que pintada a la película. Sang-ho vuelve a demostrar su talento para el cine profundo y de factura y ritmo endiablado, siguiéndola estela de otros realizadores coetáneos como Park Chan-wook, Kim Ki-duk, Bong Joon-ho o Na Hong-jin, cineastas que han encontrado en el thriller el vehículo perfecto para explorar las miserias de su país. Sang-ho ha realizado una película de terror, pero sin olvidar su vertiente humana, sobre la capacidad de los individuos de no sólo mirarse hacia dentro, sino también, mirar hacia el otro, al que tienen al lado, construyendo un mensaje de solidaridad en esos tiempos de sociedades mercantilizadas, en las que se prima el individualismo en perjuicio del cooperativismo y lo humano.

 

La invitación, de Susana Casares

cwfkcgew8aa1wrwDIBUJANDO SUEÑOS.

La película se abre de forma contundente y reveladora, con una imagen filmada desde la distancia, pero que nos acerca al drama interior en el que está inmersa su protagonista, vemos a una niña sentada en una de las mesas del comedor de un colegio, ha empezado a comerse un flan, en ese momento, unas niñas que apreciamos de soslayo se levantan de la mesa y la dejan sola, e inmediatamente, las manos de una limpiadora le arrebatan el postre. Silvia cariacontecida mira a su alrededor, sin encontrar ninguna mirada cómplice, el murmullo continúa. Susana Casares (Barcelona, 1979) estudió Bellas Artes en la Universidad de Barcelona, especializándose en Arte y Vídeo, de ahí pasó, con la ayuda de una beca de estudios de “La Caixa”, a formarse en EE.UU., siguiendo el mismo camino que otros jóvenes talentos como Carlos Marques-Marcet o Clara Roquet, en la prestigiosa Universidad de UCLA, donde ahora imparte clases como docente. Su trayectoria fílmica arranca en 2005 con el corto documental Dies extraños, al que siguieron tres trabajos más, en el 2011 realiza en EE.UU. y en 16 mm, la ficción Lily, en la que explica las preocupaciones de una niña de 11 años en mitad de los cambios propios de la pubertad, le sigue Tryouts (2013), también en EE.UU., describe los sentimientos contradictorios de Nayla, una adolescente de padres musulmanes que quiere ser animadora.

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En La invitación (producida a raíz de la Semana de Cine de Medina del Campo) vuelve a plantearnos un relato íntimo y cercano, donde su heroína se siente atrapada en una situación compleja, un conflicto que investiga tanto su parte interna como social, en la que la familia continúa teniendo mucho protagonismo, como elemento fronterizo en el que surgen y desembocan todos los problemas. Conoceremos a Silvia, una niña de 9 años que se siente desplazada por sus amigas ya que no puede invitarlas a casa, y éstas le recriminan que hace mucho tiempo de la última vez. Casares nos cuenta su relato de forma tranquila, sin prisas, capturando de forma realista y natural, en sólo 14 minutos, describiéndonos las consecuencias de la crisis, de perderlo todo, de empezar de cero, y de cómo los problemas económicos afectan a los más pequeños, como las formas de aislamiento social se suceden desgraciadamente entre los más inocentes. Casares nos habla en primer a persona, siguiendo pacientemente el drama de su joven heroína, una niña destronada de la vida que tenía, un ser indefenso que tiene que batallar, a pesar de su corta edad, con los problemas familiares, y conseguir ser aceptada por sus amigas sin perder su pequeño reino. La enigmática y envolvente luz de Javier Aguirre (responsable de las magníficas Loreak y Amama) nos devuelve a los cuentos de toda la vida, aquellos que a través de una forma aparentemente sencilla, exploraban de forma crítica los conflictos sociales, económicos, políticos y culturales del entorno en el que se movían unos personajes que a pesar de las desgracias de la existencia, seguían en pie, reclamando su lugar en el mundo, y soñando con una vida mejor.

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Casares ha construido una película sobre la triste realidad de muchas familias, sin hablarnos directamente de la crisis y sus penosas cifras, se ha detenido en su vertiente humana, y en los más pequeños, y lo ha hecho de una forma clara y honesta, profundizando en los pequeños detalles, en esos tan cotidianos que no se aprecian desde fuera pero que nos condicionan nuestras vidas, planteándonos una forma estilizada en la que sus planos y encuadres nos recuerdan constantemente en la situación que vive su joven protagonista: los barrotes de las escaleras que la dividen de sus amigas, la caminata y el autobús como símbolos de vivir en las afueras (en donde van a parar los desahuciados y los excluidos), ese cielo estrellado que sólo nos cuentan y que no vemos, la caravana ambulante (como aquellos cómicos que deambulaban por los pueblos) como símbolo de la falta de raíces y en lo que se ha convertido sus vidas, y finalmente, la ubicación de la caravana, en el jardín de esa casa, fuera y amparada en la oscuridad de la noche, como si fuesen unos clandestinos, de ese lugar que alguna vez por un tiempo les perteneció o eso creyeron sentir.

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Un montaje ágil y de corte limpio obra de Cristina Laguna (colaborada de El niño o Ilusión) y el arte de Montse Sanz (habitual de Julio Medem) contribuyen a crear esa atmósfera entre realidad y sueño, una vida de pesadilla, de la que aparentemente continuar significa perder tantas cosas por las que se ha luchado, que parecían inamovibles, pero que ya no lo son. La mirada de Casares, apoyándose en el rostro angelical y trista de su joven heroína, magnificamente interpretada por la niña Patricia Arbués, que recuerda a la Ana de El espíritu de la colmena y Cría cuervos…, envuelve su película corta en este viaje a las entrañas de estos desheredados, a su peculiar descenso a los infiernos, a su cotidianidad, de esta niña y su familia, que como si fuesen náufragos ala driva, en ese espacio de transición de lo que fueron y ya no es, en ese tiempo de incertidumbre e inseguridad, de no saber que ocurrirá, con lo que eran, de continuar agarrados a una vida que ya no les pertenece, a una vida que intentan esconder o borrar, aunque quizás las ilusiones de su hija, y el querer ser una misma y seguir hacia delante,  se anteponen a esos secretos difíciles de ocultar.

Entrevista a Eugenio Canevari

Entrevista a Eugenio Canevari, director de «Paula». El encuentro tuvo lugar el miércoles 16 de noviembre de 2016 en el Teatre CCCB durante el marco de la XXIII l’Alternativa. Festival de Cinema Independent de  Barcelona.

Quiero expresar mi agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Eugenio Canevari, por su generosidad, sabiduría y tiempo, a Cristina Riera, Tess Renaudo, Marc Vaillo y a todo el quipo de L’Alternativa, por su trabajo, dedicación, resistencia y cariño, y a Marta Suriol y Maria Gracia de La Costa Comunicació, por su trabajo, amabilidad, paciencia y cariño, y a todas las entidades que hacen posible la existencia de L’alternativa.

Entrevista a Belén Funes

Entrevista a Belén Funes, directora de «Sara a la fuga». El encuentro tuvo lugar el jueves 22 de septiembre de 2016 en la sede de Miss Wasabi Films en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Belén Fundes, por su tiempo, generosidad, y cariño, a Pablo Menéndez de Marvin&Wayne Short Film Distribution, por su amabilidad, paciencia y cariño, y a Carla Sospedra (Productora de la película), por su generosidad y cariño, y tener el detalle de tomar la fotografía que ilustra esta publicación.

Sara a la fuga, de Belén Funes

sara_a_la_fuga_s-834281595-largeNADIE ME QUIERE.

La película se abre de forma sencilla y de manera esclarecedora de todo el sentimiento que recorre a la protagonista. Al atardecer, vemos a una niña saltando por una ventana y adentrarse por un camino rodeado de árboles, llega a un edificio y toca al interfono, luego entra en un bar y pregunta por su padre, no hay rastro de él, luego la vemos corriendo seguido de dos vigilantes y es atrapada. La vida de Sara es ésta, una huida constante e inútil, una huida de sí misma, de su vida o lo que queda de ella, volviendo a lo que fue su casa, pero ya no lo es, volviendo a una vida que echa de menos, pero que ya no es, no existe, ahora su vida, en ese tránsito sin fondo que asfixia y agobia no tiene lugar, no tiene un sitio, le falta un hogar, el centro de acogida en el que vive no es su casa, ella no lo ve así. Una vida errante, en la que siente una profunda soledad, que la ahoga, porque no tiene a nadie, ni a ese padre ausente, al que solo escuchamos, al que le dice que tiene muchas ganas de verla, pero que nunca llega ese momento, a tantos momentos rotos antes de empezar a vivirlos, a tantas promesas inútiles, a tantas palabras vacías, a tantos puntos suspensivos… Así es la vida de Sara, una más entre mil, pero no como las demás.

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La primera película corta de Belén Funes (Barcelona, 1984) viene después de graduarse en la ESCAC en dirección, de haber estudiado guión en la prestigiosa escuela de San Antonio de Los Baños (Cuba) y haber participado como script y departamentos de dirección en un buen puñado de películas interesantes como Tres dies amb la familia, Blog, Animals o la reciente María (y los demás), todos ellos talentos surgidos de la ESCAC. Su película está construida a través de la mirada de Sara, de su desaliento, de su manera de moverse, que se desplaza, casi por inercia, una niña adolescente que parece que nada le afecta, que parece que se ha acostumbrado a esa vida, o a esa huida en la que se convertido su existencia, no siente que sea de nada ni nadie, está cansada de todo, de lamentar una vida que tuvo y ya no tiene, de seguir hacia los lados, porque ya hace tiempo que dejó de creer en ir hacia delante, de sentir que está sola y sin nadie.

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Funes plantea una película honesta y directa, casi no nos movemos de las cuatro paredes del centro, la música que escuchamos es diegética (un par de temas bailables que escupe el ordenador) y algún tema que acompaña a Sara o la sombra de ella, un guión incisivo (coescrito con Marçal Cebrian, que también estará en su próximo proyecto) creado a partir de los vacíos y la desnudez del espacio de Sara, un lugar de tránsito, de espera, de estar sin querer estar, de querer estar en otro lugar, con la familia o aquellos que te quieren o al menos es en lo que desean o sueñan las que allí se encuentran. La luz tenue y de penumbra, esas horas de transición en las que se va el día y todavía no ha aparecido la oscuridad, con la que está dibujada la película, obra de Neus Ollé (habitual de Mar Coll) construyen una atmósfera densa, cerrada de difícil escapatoria, con la producción de Carla Sospedra (colaboradora de Isabel Coixet) en una película que necesitó la aportación desinteresada de un nutrido grupo de mecenas para finalizar el proyecto, y las interesantes aportaciones en arte de Marta Bacazo (que ha trabajo con Icíar Bollaín o Roger Gual) y la directora Nely Reguera en labores de script.

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El montaje de Bernat Aragonés (con experiencia con Coixet, que actúa como productora ejecutiva del corto, y en series) cortante y ágil contribuyen a crear esa vida sin vida, ese momento de Sara que vive en silencio la pérdida, el dolor que le produce su vida, o su no vida. Una película de 18 minutos intensos y brutales, que nos desnuda emocionalmente, sin maniqueos y sensiblerías, sino de frente, mirándonos a la cara, sin adornos ni florituras, emocionándonos sin pretenderlo, mostrando una realidad social tan cercana que duele, acercándose a ese realismo del cine neorrealista que dejó paso al cine de los sesenta que creció con Truffaut, y Pialat y sus obras sobre menores en huida, o el Free Cinema, que mostraba una realidad sobria y sin concesiones, un cine que heredan los Dardenne y cierto cine actual próximo a la realidad más cercana y dolorosa. Otro de los grandes aciertos de la película corta es la protagonista Dunia Mourad que, apenas sin palabras, construye un personaje complejo y seco, alguien roto y despedazado emocionalmente, alguien que le han prometido demasiadas cosas que no han cumplido, una niña que ya ha vivido demasiado dolor pese a su corta edad, alguien que escucha una voz, la de su padre (interpetada por Eduard Fernández)  que ya no parece real, que parece una ilusión, un espejismo, porque Sara ya no se la cree, Sara se encuentra en el difícil proceso de asumir su soledad, su huida hacia donde, hacia ese lugar donde estar mejor, un lugar que ahora ya no existe, solo en recuerdos.


<p><a href=»https://vimeo.com/147713388″>Sara a la Fuga (Trailer)</a> from <a href=»https://vimeo.com/user7312231″>belen funes</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>

Encuentro con Elvira Navarro

Encuentro con la escritora Elvira Navarro, con motivo de la presentación de su novela «Los últimos días de Adelaida García Morales», conversando con la escritora Llucia Ramis. Presentación del acto Xavier de la Librería Nollegiu. El evento tuvo lugar el sábado 1 de octubre 2016, en la librería Nollegiu de  Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Elvira Navarro, por su tiempo, conocimiento, y cariño, a Llucia Ramis, por su generosidad, conocimiento y talento, a Irene Giménez de Comunicación de Penguin Random House Grupo Editorial, por su amabilidad y paciencia, y a Xavier de la Librería Nollegiu, por su trabajo, amabilidad y cariño.