Blue Rai, de Pedro B. Abreu

DESAMOR, MENTIRAS Y CINTAS VHS.

Rai es un tipo enamorado, y como todos los enamorados ven su realidad, no la realidad, y esa percepción de los hechos, tan singular que tienen los embrujados por las no razones del corazón, acaban llevándolos por caminos no esperados y llenos de incertidumbres. Rai está enamorado y le va a pedir a su chica que se case con él. Pero, el día que decide dar el paso, su chica ha desaparecido sin dar ninguna explicación. Entonces, imbuido por la desesperación de localizar a su chica que se llama Lola, y mal aconsejado por los designios del amor, se acabará arrastrando en una pesadilla de sentimientos, mentiras y demás, con el único fin de llamar la atención de Lola y que regrese a él. El director Pedro B. Abreu (Valencia, 1983) después de diplomarse en dirección en la ESCAC, y desarrollar una carrera en el campo del cortometraje, publicidad y videoclip, se abre al mundo del largo con una película sencilla y producida con muy pocos recursos, localizando toda la acción en único espacio, ese videoclub, sí, lo han oído bien, todavía queda alguno en pie, un videoclub que alquila pelis de vhs, regentado por Rai, el enamorado, y sus dos compañeros de curro y colegas, Rubén, algo así como un enterao que to lo sabe y Estella, cómplice de Rai.

Las circunstancias provocarán que además acaben pululando por el videoclub todo tipo de variopintos personajes, una señora mayor clienta habitual y algo tocacojones, un chaval makineta abducido por las redes sociales, una novia a la fuga y el cuñao que la acompaña. Todos personajes variopintos y extraños situados en un mismo lugar y mismo instante, todos allí por Rai y sus desesperada llamada al amor ausente, al amor amado, a Lola que no aparece ni nadie sabe dónde está, cómo cantaban los Pegamoides: Horror en el hipermercado, horror en el ultramarinos, mi novio ha desaparecido y nadie sabe cómo ha sido… La película arranca con gracia e imaginativa (esos letreros coloridos que aparecen en pantalla dándonos información) en el que la aventura de Rai nos atrae y atrapa, aunque cuando la película cambia de rumbo, y la comedia divertida y desenfadada va dejando paso a una especie de thriller en el que todas las piezas encajan con la misma armonía, en el que unas historias parecen más atractivas que las otras, aunque ese tono de tragicomedia se eleva de manera sustancial con las apariciones de los youtubers (entre los que encontramos algunos de los máximos exponentes del humor actual como los Venga Monjas o los Burnin Percebes, entre otros).

Estamos ante una primera película honesta que construye un retrato sobre los jóvenes de ahora, con sus manías y sus torpezas en las relaciones personales, y no menos en el amor, con sus romanticismos de pacotilla heredados de cierto cine que embadurna de manera superficial conceptos equivocados del amor, y ante lo que supone para ciertas personas adecuarse en la vida real a ese montón de realidades ficticias que en la vida real, la de las hostias que duelen, y de qué manera, las cosas funcionan de otra manera diferente, y lo romántico tiene sus propias leyes. Abreu, junto a su guionista Carlos Franco, han recogido inspiraciones de muchos lugares y estilos, desde el cine ochentero carne de videoclub (como así lo demuestra el cartel del filme) el cine independiente americano,  casi doméstico hecho con cuatro duros como In the Soup, Clerks, entre otras, sin olvidarnos los thrillers setenteros con un único escenario, o comedias inteligentes y profundas como Alta Fidelidad, donde como no podía ser de otra manera, la relación estrechísima con las redes sociales de todo tipo, desde Facebook, Instagram, Youtube y demás plataformas que explican muy bien como nos relacionamos en la actualidad y los aciertos y problemas que conlleva la masificación de escaparatismo de la propia vida lanzada a millones de extraños de todo el mundo.

Un reparto conformado en su mayoría de intérpretes desconocidos, entre los que destacan su protagonista, Santi Bayón, bien acompañado por Cristian Valencia, Betsy Túrnez, Pep Ambròs, Josep Seguí (en un rol antipático pero humano) la breve presencia de la siempre fantástica Vicky Luengo como la Lola desparecida, y la naturalidad de la sorprendente Mireia Guilella, uno de los grandes aciertos del elenco, que destila naturalidad y cercanía, donde dan vida a unos personajes muy de ahora, unas personas de nuestro día a día. Blue Rai es una película divertida y trágica, emocionalmente hablando, pero también desigual, con momentos de comedia alocada y verborragia, con momentos francamente sensacionales, en los que el humor cínico y negro aparece de manera natural, aunque hay otros momentos, donde la película se pierde un poco, queriendo introducir elementos que hacen perder ese ritmo endiablado y frenético que le va como anillo al dedo a esta aventura romántica, también inmadura, de alguien que el miedo lo lleva a desafiar no sólo sus sentimientos, sino también, los de su ser amado, y esto es lo dramático de su peculiar odisea emocional.

Lifespolier, de Marc Angelet y Alejo Levis. Sala Flyhard

DOS VIDAS Y UN DESTINO.

Mientras la sala permanece a oscuras, una voz en off nos sitúa en el contexto de la obra. Nos encontramos en un futuro no muy lejano, en el que un científico, por medio de una serie de experimentos en física cuántica, ha logrado descifrar el destino que les espera a cualquier ser humano a siete años vista, estas averiguaciones las puedo consultar cualquiera pidiéndolo en su muro de facebook. Lentamente, la luz tenue ( que nos acompañará toda la obra) se va iluminando y deja espacio a la parte delantera de un automóvil sufriendo un accidente, mientras traspasa un muro de hormigón (que recuerda a la escultura del artista contemporáneo Wolf Vostell construïda en Malpartida). Estamos en mitad de la noche, en algún lugar de cualquier tramo de carretera secundaria perdida. Del interior del coche, dos chicas jóvenes se mueven a cámara lenta debido al impacto. Un hombre, vestido de gabardina y portando un maletín, las saca del vehículo. La iluminación se abre y las mujeres, todavía en estado de shock, se ayudan una a la otra y comienzan a hablar. Las mujeres se acaban de conocer, una parece conocer el destino que les depara, la otra, no quiere saberlo o sí.

Este es el arranque, espectacular y enigmático, de la obra Lifespolier, que se representa estos días en la Sala Flyhard, un pequeño teatro de Sants, que se ha convertido en un referente de la escena contemporánea de Barcelona, ofreciendo montajes de autores emergentes con miradas inquietas al mundo que les rodea, entre la fascinación y la complejidad de todo aquello que penetra en las emociones que nos recorren el organismo. La peculiaridad de la sala con sólo 40 espectadores, convierte el espacio en el que obra e intérpretes se mueven casi entre nosotros, y no solamente invitándonos a ser uno más del montaje, sino a vivirlo como si nosotros fuesemos la pieza más importante de aquello que se nos está mostrando. Marc Angelet y Alejo Levis, autores y directores de la obra, indagan de forma sencilla y compleja a la vez, en un texto que camina entre el thriller psicológico, la ciencia ficción, el drama romántico, y ciertos toques de humor, en una sugerente mezcla de estilos que desnudan la mirada de los espectadores, en un viaje que nos habla sobre nuestras vidas, sobre nuestro destino, sobre quiénes somos y sobre todo, hacía donde vamos.

Las mujeres en cuestión (espléndidas Vicky Luengo y Bruna Cusí) tienen miedo de lo que dejan, la primera, una vida con su pareja y deseos de futuro, la otra, una vida vacía como artista de medio pelo que no acaba de arrancar. Pero ahí están, o así el destino lo ha querido, de iniciar algo nuevo, su historia de amor, abandonando sus vidas anteriores, y empezando una nueva existencia,  juntas y enamoradas. Pero, algo ha ocurrido, han atropellado a alguien, que en cierto momento de la obra hará su presencia (carismático Sergio Matamala), y todo se complica. La obra acoge la paradoja del experimento de “El gato de Schrödinger”, en el que en una caja sellada con un gato, y mediante un fuente radiactiva, que provocava el vertimiento de un veneno, y asumiendo las leyes de la mecànica cuántica, existía la posibilidad de que el gato después de un tiempo pudiera estar vivo y muerto al mismo tiempo. Y así nos presentan la situación compleja y perturbadora que define la obra, un montaje que se mueve en dos realidades, dos destinos posibles, dos vidas por empezar, dos cambios de rumbo en juego, y tres personajes en liza, un inquietante y fascinante juego de espejos, de engañar al destino o no.

La obra se nutre de un magnífico juego de iluminación, para crear ese espacio metafísico y extraño que sacude toda la obra, en el que hay destellos de luces, oscuridades incómodas y silencios extraños, para provocar un atmósfera terrorífica y ambigua en el que el mundo onírico se adueña del montaje, acompañados de una banda sonora de raíces electrónicas y divergente que analiza y contribuye a crear ese espacio cotidiano y a la vez extraño en el que se ven sumidos los protagonistas. Una obra de grandísima dirección, de ritmo enérgico y de gran potencia que cambia de registro en el que los actores van cambiando de piel y estados de ánimo. Una obra que parece un capítulo extraido de The Twilight zone (títulada “La dimensió desconeguda” cuando fue emitida por TV3) mítica serie emitida en su formato original allás por el 1959-1964, en el que a través de la cotidianidad, encerraban a sus personajes en mundos extraños, onirícos y terroríficos en el que sus emociones y pesadillas asumían sus juevos perversos y alucinantes. Angelet y Levis han construido una obra de altos vuelos, que destaca por sus cambios de registro y un trío de intérpretes fantásticos que no sólo dan enjundia a sus personajes, sino que los hacen cercanos e íntimos, dotándoles de complejidad y sobre todo, humanidad, de que acaban por no saber quiénes son y menos hacia donde van, porque como nos explica la obra, no se puede huir de tu destino, y todo lo que hagas para no encontrarle con el, aún lo provocas más.

 


<p><a href=”https://vimeo.com/220114280″>Teaser #LifeSpoiler</a> from <a href=”https://vimeo.com/flyhard”>FLYHARD TV</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Born, de Claudio Zulian

homeEl fin de una época

Nos encontramos en Barcelona, en el desaparecido barrio del Bornet, a principios del S. XVIII, en el que seremos testigos de la intrahistoria, de las vidas y circunstancias de tres personajes envueltos en un marco histórico muy significativo: Bonaventura Alberini, calderero que debido a sus deudas de juego se ve tristemente desahuciado, su hermana Mariana, joven viuda desheredada por su difunto esposo que tiene que entregar a su hijo y ponerse a ganarse el pan en una taberna, y finalmente, Vicenç, un comerciante burgués codicioso y sin escrúpulos que se verá involucrado de manera siniestra en la vida de los hermanos. Después de  su primer trabajo, A través del Carmel (2009), -documento rodado en plano secuencia donde radiografiaba la vida cotidiana del barrio a través de sus habitantes y lugares-, Claudio Zulian se enfrenta a una reconstrucción histórica, marcada por una forma rigurosa y muy estilizada, que atrapa y sumerge al espectador en un relato sobre desahucios, bajas pasiones, vilezas y demás situaciones donde los humanos se aprovechan de la desgracia ajena de manera cruel y despiadada. Una mirada sincera y honesta que nos remite directamente a un presente en que las cosas parecen que han cambiado para seguir igual. Un guión férreamente construido y muy bien aprovechado, basado en hechos reales (libremente inspirado en el libro La ciutat del Born, del historiador Albert García Puche), que sitúa su arranque en los albores de 1700, a través de tres segmentos o capítulos dedicados a cada uno de los tres personajes en cuestión, que culminará 14 años después con la Guerra de Sucesión, en la que combaten las tropas de Felipe V (Borbón) que defienden Barcelona contra el asedio del ejército de Carlos III (Casa de Austria). Zulian maneja el tiempo de manera brillante, adaptando cada secuencia a la historia que se nos está contando, cumpliendo de manera eficaz el ritmo y la acción que se pide en cada situación, donde los planos fijos de larga duración, el fuera de campo, el tratamiento del sonido -escuchamos un continuo bullicio callejero-, los extensos diálogos y la ausencia de música -sólo recurre a la diegética- sazonan un conjunto que se apoya en una delicada mirada hacía los detalles más íntimos que esclarecen los deseos y frustraciones de unos individuos asfixiados y sin futuro. Un proceso heredado de los grandes cineastas, en el que la acción es una mera excusa para conocer a unos personajes que se debaten entre su complejidad emocional y existencial. La estructura de las películas que filmó para televisión Rossellini fucionarían como el espejo donde mirarse, así como en la inacción de las películas de Bresson, sin olvidarnos de Barry Lindon (1975), donde Kubrick narraba de manera excelsa la figura de un trepa odioso que sería un pariente cercano del personaje de Vicenç. Una película que funciona de manera obsesiva en su forma y fondo, donde una no existe ni funciona sin la otra. El tridente de actores -Marc Martínez, Vicky Luengo y Josep Julien, sin dejar de lado, la maravillosa presencia de Mercè Arànega como alcahueta y señora entregada a la buena vida y sus placeres-, se mezcla y funde con el paisaje urbano y emocional que desgrana todo el relato, una ciudad en crisis, mugrienta, sucia, moribunda y brutal, donde la vida se hace muy dura y en la que a veces la única escapatoria es venderse al mejor postor, aunque sea a riesgo de perder la dignidad y la identidad.  Mención aparte tiene la luz de la película, firmada por el excelente cinematógrafo Jimmy Gimferrer -como reivindicaban el desparecido Néstor Almendros o Vittorio Storaro, y otros, en identificar de esa manera su figura en las películas que trabajaban-. Una luz tenue, naturalista y velada, (en la que su fuente de inspiración podríamos encontrarla en el trabajo de John Alcott para Barry Lindon), que ilustra a través de los contrastes de luz y sombras, los elementos que recorren magníficamente toda la película emocionando y sobrecogiendo en algunos momentos. Una luz donde Gimferrer está creando cimientos y abriendo nuevas vías a la hora de afrontar el reto de reconstruir una época histórica concreta. Un camino que ya empezó en Història de la meva mort (2013), de Albert Serra, continúo con Stella Cadente (2014), de Lluís Miñarro, y ahora hace lo mismo con Born. No puedo acabar esta crítica sin hacer referencia al plano final de la película, un maravilloso cierre para un relato que de manera sencilla y  exquisita propone un viaje hacía un momento histórico que, ante lo que pudiera parecer, sigue latiendo con fuerza en cada uno de nosotros.