Suro, de Mikel Gurrea

HELENA E IVÁN Y EL BOSQUE.

“Las fronteras no son el este o el oeste, el norte o el sur, sino allí donde el hombre y la mujer se enfrenten a un hecho”.

Henry David Thoreau

Erase una vez a Helena y David, un par de arquitectos y enamorados, que deciden dejar la locura de la ciudad y comenzar un proyecto de vida en la casa de la tía del pueblo de ella que está en desuso. En los primeros instantes, la armonía entre ellos y el nuevo lugar parecen ir de la mano. Pero, en cuanto empieza la temporada del corcho, donde una colla pela el corcho de los alcornoques durante el verano, empiezan a surgir entre ellos conflictos y tensiones que virarán su entorno, su amor y sus vidas. De Mikel Gurrea (San Sebastián, 1985), conocíamos su trabajo en varios cortometrajes y su labor como docente en el proyecto de Cinema en Curs. Con Suro, construye una sólida opera prima, llena de espacios ocultos y muchos subterfugios, donde prima el estudio psicológico de los dos personajes principales, y los cambiantes y certeros puntos de vista durante el relato, amén de una elaboradísima disertación con la frontera en toda su amplísima definición, ya sea física y emocional, donde el conflicto no solo acentúa los problemas internos de la pareja, sino que los sitúa en ese lugar de no lugar donde nunca sabemos qué hacer, o simplemente donde mirar.

La historia nos sitúa en ese entorno natural y agradable que parece al inicio de la película, en la comarca de l’Alt Empordà, porque siempre lo conoceremos desde la posición de la pareja recién llegada, donde todo significa un descubrimiento, y sobre todo, un sueño y una nueva vida para ellos, ajenos a todo lo que les espera, para luego más tarde, en una trama in crescendo, se van adentrando en su realidad y su complejidad, en  terrenos y situaciones más complejas, en el que el verano abrasador, la difícil tramuntana que sopla, y la amenaza constante del fuego, convierten el lugar y los personajes que lo habitan, en un campo de minas, en un espacio donde todo se tensiona y se generan conflictos a doquier. No estamos ante una película que sea un reflejo de la extracción del corcho, porque esa actividad funciona como espejo para introducir las grietas de esta pareja urbanita, que no son conscientes en las dificultades que se estaban metiendo en ese entorno rural que,  a simple vista, parecía otra cosa.

El primer largometraje de Gurrea brilla en su parte relato con un implacable guion que escriben el el propio director y el argentino Francisco Kosterlitz, que ya demostró su valía en la película El silencio del cazador (2019), de Martín Desalvo, con la que guarda algún parentesco en el tratamiento psicológico de los personajes y el entorno rural, y tampoco se queda atrás en su cálida y ennegrecida luz a medida que avanza la trama y los problemas, firmada por Julián Elizalde, del que hemos visto grandes trabajos con Meritxell Colell, Elena Trapé y la más reciente La maternal, de Pilar Palomero, la excelente música de Clara Aguilar, que dota de ese elemento crucial para una historia en el que casi todo pasa en el interior de los personajes. El estupendo trabajo de sonido de Leo Dolgan en el directo y Xanti Salvador en la mezcla, para crear toda esa atmósfera densa y dura que se va generando en esa casa, en ese lugar y en esa pareja. El magnífico trabajo de montaje de Ariadna Ribas, que pocas presentaciones hacen falta, en otro ejercicio de concisión, de miradas y gestos cortantes y en dura batalla consigo mismas y con el entorno, en un metraje que se va casi a las dos horas.

Otra de las grandes ideas de la película es su mezcla entre actores profesionales y actores naturales, donde encontramos a la pareja Helena e Iván, intérpretes con experiencia como Vicky Luengo, en la piel de Helena, una mujer que no se arruga ante nada, con más vida que Iván, alguien que deberá enfrentarse a todo aquello que soñaba con su vida en el pueblo, y que en la realidad ha sufrido sus más que variaciones que la han sacudido su interior, y Pol López, que interpreta a Iván, un tipo que le ocurre lo mismo que a Helena, porque no es consciente de las consecuencias de sus acciones y sobre todo, en el lugar en el que está, tan complejo y ajeno a él y a su forma de ver las cosas. Tenemos a Karim, ese chaval marroquí sin papeles que trabaja como pelador, que hace el joven debutante Ilyass El Ouahdani, que se convierte en la piedra de distensión entre la joven pareja por una serie de acciones que se van planteando. Y luego, la colla de peladores, con sus hachas rompiendo la tranquilidad y la paz de un bosque que luego veremos que no es tal. Suro se enmarca en ese cine de lo rural, de la frontera entre aquellos que lo habitan y aquellos otros que vienen de la ciudad, con sus ideas, sus formas de hacer y sobre todo, de mirar, una idea que veíamos en cintas tan extraordinarias como Defensa (1972), de John Boorman, y en Furtivos (1975), de José Luis Borau, donde el bosque y lo rural dictaba sus reglas, sus hipocresías, sus códigos sociales y sobre todo, el espacio que a cada uno le tocaba.

Nos alegramos enormemente por este extraordinario debut de Mikel Gurrea, no solo por todo lo que plantea, sino también por sumergirnos en un cuento moral y psicológico, como los que hacían Carlos Saura y Víctor Erice en los setenta, donde agarraban con fuerza e intensidad a los espectadores y los sacudían con sus entramados estudios de la condición humana, tan frágil, tan vulnerable y tan estúpida, y a veces, tan cruel, que se divide entre los que sí y los que no, y al que se rebela, lo ajusticia sin contemplaciones, en una ley entre aquello que la mayoría considera justo, y solo unos pocos consideran injusto, donde los personajes se mueven entre arenas movedizas, ya no solo en esos entornos tan asfixiantes y hostiles, sino en sus interiores, tan cambiantes, tan contradictorios y tan complejos, en ese de deambular por las emociones, por todo nuestro código moral que, en muchas ocasiones, se desbarata y nos cuestiona todo, porque en el fondo todos y cada uno de nosotros, se mueve en líneas muy finas entre el lo que llamamos bien y mal, y casi siempre sabemos muy poco y lo aplicamos peor. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Óscar Aibar

Entrevista a Óscar Aibar, director de la película «El sustituto», en el Hotel Seventy en Barcelona, el lunes 25 de octubre de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Óscar Aibar, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Núria Terrón y Elio Seguí de Ellas Comunicación, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Ricardo Gómez

Entrevista a Ricardo Gómez, actor de la película «El sustituto», de Óscar Aibar, en el Hotel Seventy en Barcelona, el lunes 25 de octubre de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ricardo Gómez, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Núria Terrón y Elio Seguí de Ellas Comunicación, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Pere Ponce

Entrevista a Pere Ponce, actor de la película «El sustituto», de Óscar Aibar, en el Hotel Seventy en Barcelona, el lunes 25 de octubre de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pere Ponce, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Núria Terrón y Elio Seguí de Ellas Comunicación, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Vicky Luengo

Entrevista a Vicky Luengo, actriz de la película «El sustituto», de Óscar Aibar, en el Hotel Seventy en Barcelona, el lunes 25 de octubre de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Vicky Luengo, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Núria Terrón y Elio Seguí de Ellas Comunicación, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

El sustituto, de Óscar Aibar

LA SOLEDAD DEL PERDEDOR.

“Un héroe lo es en todos sentidos y maneras, y ante todo, en el corazón y en el alma”.

Thomas Carlyle

Erase una vez un tipo llamado Andrés Expósito, alguien de infancia dura, un poli curtido en los barrios obreros llenos de quinquis de finales de los setenta. Alguien que deja Madrid buscando el aire y la tranquilidad de la costa levantina, más concretamente el de Denia (Alicante), junto a su mujer e hija pequeña, que aquejada de una enfermedad, necesita respirar mejor. Estamos en la primavera-verano de 1982, con los juicios del 23-F, y el Mundial de Fútbol que se celebra en España para aparentar al mundo una modernidad falsa, que escondía otra realidad más siniestra y violenta. En un lugar tranquilo, aparentemente, Andrés se encontrará con un pasado terrible que las autoridades ocultan y sobre todo, lo protegen. El séptimo trabajo de Óscar Aibar, Barcelona, 1967), sigue la línea de algunas de sus películas, recordamos Atolladero (1995), su opera prima, donde en un pequeño pueblo de una Texas pos atómica, el joven ayudante del sheriff, interpretado por Pere Ponce, hacía lo imposible por largarse ante la oposición del cacique de turno, y El bosc (2012), a partir de un cuento de Albert Sánchez Piñol, un interesante cruce entre la retaguardia de la Guerra Civil Española en un pequeño pueblo del bajo Aragón, y otros mundos fantásticos.

No es la primera vez que el cine de Aibar se cuece a partir de un hecho histórico real, en su segunda película Platillos volantes (20014) recogía unos extraños sucesos ocurridos en la Terrassa de 1972, en los que dos amigos creían haber recibido una llamada de los extraterrestres. En el cine del director barcelonés siempre encontramos un denominador común, sus protagonistas son tipos a contracorriente, individuos que se desplazan de lo normativo para hacer la guerra por su cuenta, gentes solitarias, de pocos amigos o ninguno, héroes cotidianos e invisibles, que intentan romper esa paz impuesta y hacer su propia guerra, aunque para ellos deban pagar un precio demasiado alto. Andrés Expósito es un tipo así. Alguien que empieza a investigar una muerte, la del compañero que sustituye, a escondidas, solo con la única ayuda de Colombo, un cincuentón amargado, enfermo y vilipendiado en la comisaría, que guarda un secreto que compartirá con Andrés. La investigación lo llevará a conocer a Eva, una joven doctora demasiado ambiciosa, y le enfrentará a la oposición de Barea, su corrupto y franquista jefe.

Aibar, con el guion que firma junto a María Luisa Calderón, rescata un suceso histórico y totalmente oculto, la de un grupo de nazis que descansan escondidos en la paradisíaca Denia, disfrazados de respetados alemanes y promotores inmobiliarios, y viviendo a cuerpo de rey, donde nos llevarán las pesquisas de Andrés con la ayuda del decadente Colombo. La película goza de una grandísima factura técnica, el arte de Uxua Castelló (que ha trabajado en películas de Coixet, Querejeta y Ballús, entre otras), el sonido de Eduardo Esquida, que ya estuvo en El gran Vázquez (2010), donde Aibar registraba la vida y milagros del famoso dibujante de cómics, la excelente composición musical del francés Manuel Roland, el ágil, exquisito y extraordinario montaje de una grande como Teresa Font, que se encargó del de Fanny Pelopaja (1984), y de Luna caliente (2019), ambas de Aranda, con las que dialoga muy estrechamente El sustituto, y la brutal, imaginativa y solidez de la cinematografía de Álex de Pablo (habitual en el cine de Sorogoyen), y el brutal trabajo de caracterización de Pepe Quetglas, toda una institución en el cine español en el que lleva medio siglo trabajando.

Qué decir del magnífico elenco de la película, encabezado por un asombroso Ricardo Gómez, con ese bigote y esa planta poderosísima, que este mismo año ha interpretado a Moi, un tipo depresivo en la interesante Mia y Moi, y luego, este Andrés, un personaje diez años más mayor que él, que con esa imagen nos recuerda al Poncela de Las aventuras de Pepe Carvalho, y el Raúl Arévalo de La isla mínima, todo un reto que el actor madrileño supera con creces, dotando a su personaje de credibilidad, fuerza y vulnerabilidad. A su lado, una interesante Vicky Luengo en la piel de Eva, la doctora que ayudará a Andrés, y también velará por sus intereses, una femme fatale en toda regla que no estaría muy lejos de la  Phyllis Dietrichson de Perdición, en otra buena composición de la joven actriz. Colombo, el poli cansado, enfermo y agujereado, al que da vida un inmenso Pere Ponce, que aparece en cinco de la siete películas dirigidas por Aibar, en un personaje caramelo, en las antípodas de aquel joven de Atolladero, quizás el futuro de aquel que no logró salir del pueblo, que parece sacado de las películas de Peckinpah, tipos de vueltas de todo, perdedores de siempre, vaciados de vida, llenos de alcohol, y metidos en mil y historias y ninguna beneficiosa. Y luego, toda esa retahíla de secundarios, que ayudan a que el conjunto desprenda naturalidad, composición y cercanía como ese jefe que hace Joaquín Climent, más en el bar que en la comisaría, nostálgicos del antiguo régimen, o el joven fascista de Fuerza nueva que hace Pol López, un actor tremendo, esa putita que hace la extraordinaria Marta Poveda, y los nazis, el actor belga Frank Feys, que lleva muchos años trabajando en el cine español, hace de Klaus, un respetable hombre de negocios y un miserable oculto, y el veterano Hans-Peter Deppe da vida al nazi doctor muerte, ahora un tranquilo anciano en su retiro dorado.

Aibar hace su mejor película, porque tiene tensión, una violencia seca, como esa espectacular secuencia de persecución que recuerda a las mejores cintas del género policiaco, con una atmósfera acojonante, llena de matices y detalles cuidados al máximo, donde cada objeto tiene su presencia y su porqué, como esa navaja que recuerda a aquella otra que aparecía en Leo (2000), de José Luis Borau. El sustituto tiene una trama creíble y reposada, y unos personajes muy cercanos, que a veces se salen con la suya, y otras, pierden de forma abrupta, y en el centro Andrés que recuerda tanto a la soledad de Will Kane de Solo ante el peligro, y al Terry Malloy de La ley del silencio, con el mejor aroma del noir que tanto elevó la genialidad de Melville, y el thriller político e íntimo que se hacía en el cine estadounidense de los setenta con los Lumet, Schlesinger, Boorman, etc…, con unas imágenes sucias, que rompen el alma y desencadenan el abismo, con las películas Marathon Man, Odessa y Tras el cristal en el horizonte, sumergiéndonos en un lugar tranquilo donde nunca pasa nada, porque el mal en persona, representado en esos nazis ancianos que se han escondido muy bien, ayudados por las autoridades de la nueva democracia española que tanto se parece al franquismo, que los mismos gobernantes decían que ya formaba parte del pasado. Una sinrazón pero en fin, ahí seguimos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Carol Rodríguez Colás

Entrevista a Carol Rodríguez Colás, directora de la película «Chavalas», en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el miércoles 1 de septiembre de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Carol Rodríguez Colás, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Marta Figueras, productora de la película, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.

Entrevista a Marina Rodríguez Colás

Entrevista a Marina Rodríguez Colás, guionista de la película «Chavalas», de Carol Rodríguez Colas, en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el miércoles 1 de septiembre de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Marina Rodríguez Colás, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Marta Figueras, productora de la película, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.

Chavalas, de Carol Rodríguez Colás

CHICAS DE BARRIO.

“Pero el miedo a cometer errores puede convertirse en sí mismo en un gran error, uno que te impide vivir, porque la vida es arriesgada y cualquier otra cosa ya es una pérdida”

Rebecca Solnit

Erase una vez una joven llamada Marta. Una joven que salió de su barrio de Cornellà para convertirse en fotógrafa. Pero la vida a veces es una cosa y tus deseos otra, y después de muchas idas y venidas por el mundo, se queda sin trabajo y más sola que la una, así que, muy a su pesar, vuelve al barrio donde creció, a casa de sus padres y a relacionarse con las amigas de toda la vida. Allí, se reencontrará con las amigas con las que creció: Bea, que tiene un trabajo que le gusta y se ha quedado a vivir en el barrio en el piso de los abuelos, Desi, la buscavidas, que trabaja en el bar de Soraya. Los edificios altísimos, los bares de barrio donde se reúne una parroquia variopinta amante del fútbol y los pájaros, el mercadillo de los sábados, las plazoletas llenas de niños a la pelota y niñas a la goma. Marta vuelve a ese entorno y a esa cotidianidad de barrios obreros y vidas de comunidad.

La opera prima de Carol Rodríguez Colás, de barrio y de Cornellà (Barcelona), nació del piloto de una serie que ahora se convierte en largometraje, con el magnífico y humanista guion de su hermana Marina, que ha estado en muchos de los cortometrajes de Carol. Un relato lleno de verdad, de autenticidad, de naturalidad y empaque emocional, su sencillez y cotidianidad es su mejor arma, y cuatro actrices jóvenes que conectan a las mil maravillas, dotando a sus personajes de fuerza, sensibilidad y sinceridad. Porque la película de Rodríguez Colás se centra en lo que sabe, sin apabullar ni adornar nada, sino buscando esa humildad y potencia que tiene su contexto y la relación de las amigas de siempre, capturando toda la realidad que allí se impone, con sus calles, sus edificios, sus tiendas de toda la vida que todavía resisten como esa tienda de fotos, con esas celebraciones en el bar de siempre, y esas largas conversaciones comiendo pipas y bebiendo en el banco que las ha visto crecer.

Todo tiene carácter y verdad, no hay estridencias argumentales ni nada que se le parezca, ni sobre todo, virguerías formales, todo se acopla a la relación intima y profunda de sus personajes, desde el punto de vista de Marta, la que se iba a comer el mundo, y vuelve a casa con el rabo entre las piernas, angustiada y sintiéndose fracasada. Pero, voila’, en el barrio que tanto quería dejar atrás, encontrará todo aquello que iba buscando sin saberlo, encontrará un comienzo, otra forma de sentir, vivir y relacionarse. La naturalidad y cercanía de la cinematografía de Juan Carlos Lausín, con mucha experiencia en series de televisión, capturando ese tono de documento bien avenido con la ficción de la película, encajando a la perfección, el rítmico y potente tono que le da el montaje que firma Pablo Barce, debutante en el largometraje después de muchos trabajos en el campo del cortometraje, y la música que nos acoge y nos va relatando, desde el que observa dejando espacio para mirar, que han compuesto Francesc Gener (habitual en el cine de Laura Mañà), y la debutante Claudia Torrente.

Mención aparte tiene el inmenso, cautivador y absorbente trabajo de las cuatro maravillosas actrices encabezadas por la perdida y alejada Marta, protagonizada por una arrolladora Vicky Luengo, con sus ínfulas e insolencia, siguiendo con una magnífica Elisabet Casanovas, el empaque emocional y liberador de Carolina Yuste, y finalmente, la sorpresa de pura energía de Ángela Cervantes, y luego, otros intérpretes que dan profundidad a la historia como Cristina Plazas y Mario Zorrilla como padres de Vicky, José Mota como el dueño de la tienda de fotos, y una Ana Fernández, como artista insoportable y modernísima ella. Con el aroma que desprendía una película como Barrio (1998), de Fernando León de Aranoa, y la mirada de Girlhood (2014), de Céline Sciamma, emparentadas con Chavalas  en muchos aspectos, porque tanto una como la otra quieren mostrar una realidad dentro de muchas, donde hay chicas y chicas que viven en un lugar con pocas oportunidades, pero donde también se puede estar con los de toda la vida, perdiéndose entre sus calles, soñando con otra realidad, y sobre todo, creciendo entre risas, llantos y demás circunstancias.

Rodríguez Colás ha dado en el clavo con su propuesta, que tiene partes muy relacionadas con ella, ya que en sus estudios de cine escogió la especialización de fotoperiodismo, como su protagonista, una mujer que anda como Crusoe, naufragando por la vida, sintiendo su fracaso, aunque en su vuelta a casa y al barrio, se dará cuenta que la vida no es un continuo éxito o fracaso, sino que hay muchas cosas, más sencillas, más personales, más profundas y más auténticas, que todo se puede revitalizar y mirar desde otro lado, sin tanta tensión y más humana. Vicky anda buscando su vida, y su fotografía, esa tan cercana que le cuesta ver, que quizás es otro obstáculo que se ha inventado para no hacer frente a otras realidades que cree que no van con ella. Un personaje que tiene mucho que quitarse de encima, para aligerar carga y sobre todo, sentirse cómoda con lo que es y de dónde viene, mirar su barrio y sentirse bien consigo misma. Un barrio que la película le quita sambenito de marginación y le da un nuevo brío diferente, un lugar donde quizás puedes encontrar muchas cosas que creías que no eran importantes como personas como tú, que viven tranquilamente, con sus trabajos, sus clases de Tai Chi, sus colegas de siempre, sus rollos de siempre y las cervezas en el mismo puto lugar de siempre. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Blue Rai, de Pedro B. Abreu

DESAMOR, MENTIRAS Y CINTAS VHS.

Rai es un tipo enamorado, y como todos los enamorados ven su realidad, no la realidad, y esa percepción de los hechos, tan singular que tienen los embrujados por las no razones del corazón, acaban llevándolos por caminos no esperados y llenos de incertidumbres. Rai está enamorado y le va a pedir a su chica que se case con él. Pero, el día que decide dar el paso, su chica ha desaparecido sin dar ninguna explicación. Entonces, imbuido por la desesperación de localizar a su chica que se llama Lola, y mal aconsejado por los designios del amor, se acabará arrastrando en una pesadilla de sentimientos, mentiras y demás, con el único fin de llamar la atención de Lola y que regrese a él. El director Pedro B. Abreu (Valencia, 1983) después de diplomarse en dirección en la ESCAC, y desarrollar una carrera en el campo del cortometraje, publicidad y videoclip, se abre al mundo del largo con una película sencilla y producida con muy pocos recursos, localizando toda la acción en único espacio, ese videoclub, sí, lo han oído bien, todavía queda alguno en pie, un videoclub que alquila pelis de vhs, regentado por Rai, el enamorado, y sus dos compañeros de curro y colegas, Rubén, algo así como un enterao que to lo sabe y Estella, cómplice de Rai.

Las circunstancias provocarán que además acaben pululando por el videoclub todo tipo de variopintos personajes, una señora mayor clienta habitual y algo tocacojones, un chaval makineta abducido por las redes sociales, una novia a la fuga y el cuñao que la acompaña. Todos personajes variopintos y extraños situados en un mismo lugar y mismo instante, todos allí por Rai y sus desesperada llamada al amor ausente, al amor amado, a Lola que no aparece ni nadie sabe dónde está, cómo cantaban los Pegamoides: Horror en el hipermercado, horror en el ultramarinos, mi novio ha desaparecido y nadie sabe cómo ha sido… La película arranca con gracia e imaginativa (esos letreros coloridos que aparecen en pantalla dándonos información) en el que la aventura de Rai nos atrae y atrapa, aunque cuando la película cambia de rumbo, y la comedia divertida y desenfadada va dejando paso a una especie de thriller en el que todas las piezas encajan con la misma armonía, en el que unas historias parecen más atractivas que las otras, aunque ese tono de tragicomedia se eleva de manera sustancial con las apariciones de los youtubers (entre los que encontramos algunos de los máximos exponentes del humor actual como los Venga Monjas o los Burnin Percebes, entre otros).

Estamos ante una primera película honesta que construye un retrato sobre los jóvenes de ahora, con sus manías y sus torpezas en las relaciones personales, y no menos en el amor, con sus romanticismos de pacotilla heredados de cierto cine que embadurna de manera superficial conceptos equivocados del amor, y ante lo que supone para ciertas personas adecuarse en la vida real a ese montón de realidades ficticias que en la vida real, la de las hostias que duelen, y de qué manera, las cosas funcionan de otra manera diferente, y lo romántico tiene sus propias leyes. Abreu, junto a su guionista Carlos Franco, han recogido inspiraciones de muchos lugares y estilos, desde el cine ochentero carne de videoclub (como así lo demuestra el cartel del filme) el cine independiente americano,  casi doméstico hecho con cuatro duros como In the Soup, Clerks, entre otras, sin olvidarnos los thrillers setenteros con un único escenario, o comedias inteligentes y profundas como Alta Fidelidad, donde como no podía ser de otra manera, la relación estrechísima con las redes sociales de todo tipo, desde Facebook, Instagram, Youtube y demás plataformas que explican muy bien como nos relacionamos en la actualidad y los aciertos y problemas que conlleva la masificación de escaparatismo de la propia vida lanzada a millones de extraños de todo el mundo.

Un reparto conformado en su mayoría de intérpretes desconocidos, entre los que destacan su protagonista, Santi Bayón, bien acompañado por Cristian Valencia, Betsy Túrnez, Pep Ambròs, Josep Seguí (en un rol antipático pero humano) la breve presencia de la siempre fantástica Vicky Luengo como la Lola desparecida, y la naturalidad de la sorprendente Mireia Guilella, uno de los grandes aciertos del elenco, que destila naturalidad y cercanía, donde dan vida a unos personajes muy de ahora, unas personas de nuestro día a día. Blue Rai es una película divertida y trágica, emocionalmente hablando, pero también desigual, con momentos de comedia alocada y verborragia, con momentos francamente sensacionales, en los que el humor cínico y negro aparece de manera natural, aunque hay otros momentos, donde la película se pierde un poco, queriendo introducir elementos que hacen perder ese ritmo endiablado y frenético que le va como anillo al dedo a esta aventura romántica, también inmadura, de alguien que el miedo lo lleva a desafiar no sólo sus sentimientos, sino también, los de su ser amado, y esto es lo dramático de su peculiar odisea emocional.