Entrevista a Carol Rodríguez Colás

Entrevista a Carol Rodríguez Colás, directora de la película “Chavalas”, en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el miércoles 1 de septiembre de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Carol Rodríguez Colás, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Marta Figueras, productora de la película, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.

Entrevista a Elisabet Casanovas

Entrevista a Elisabet Casanovas, actriz de la película “Chavalas”, de Carol Rodríguez Colas, en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el miércoles 1 de septiembre de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Elisabet Casanovas, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Eva Herrero y Marina Cisa de Madavenue, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.

Entrevista a Marina Rodríguez Colás

Entrevista a Marina Rodríguez Colás, guionista de la película “Chavalas”, de Carol Rodríguez Colas, en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el miércoles 1 de septiembre de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Marina Rodríguez Colás, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Marta Figueras, productora de la película, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.

Chavalas, de Carol Rodríguez Colás

CHICAS DE BARRIO.

“Pero el miedo a cometer errores puede convertirse en sí mismo en un gran error, uno que te impide vivir, porque la vida es arriesgada y cualquier otra cosa ya es una pérdida”

Rebecca Solnit

Erase una vez una joven llamada Marta. Una joven que salió de su barrio de Cornellà para convertirse en fotógrafa. Pero la vida a veces es una cosa y tus deseos otra, y después de muchas idas y venidas por el mundo, se queda sin trabajo y más sola que la una, así que, muy a su pesar, vuelve al barrio donde creció, a casa de sus padres y a relacionarse con las amigas de toda la vida. Allí, se reencontrará con las amigas con las que creció: Bea, que tiene un trabajo que le gusta y se ha quedado a vivir en el barrio en el piso de los abuelos, Desi, la buscavidas, que trabaja en el bar de Soraya. Los edificios altísimos, los bares de barrio donde se reúne una parroquia variopinta amante del fútbol y los pájaros, el mercadillo de los sábados, las plazoletas llenas de niños a la pelota y niñas a la goma. Marta vuelve a ese entorno y a esa cotidianidad de barrios obreros y vidas de comunidad.

La opera prima de Carol Rodríguez Colás, de barrio y de Cornellà (Barcelona), nació del piloto de una serie que ahora se convierte en largometraje, con el magnífico y humanista guion de su hermana Marina, que ha estado en muchos de los cortometrajes de Carol. Un relato lleno de verdad, de autenticidad, de naturalidad y empaque emocional, su sencillez y cotidianidad es su mejor arma, y cuatro actrices jóvenes que conectan a las mil maravillas, dotando a sus personajes de fuerza, sensibilidad y sinceridad. Porque la película de Rodríguez Colás se centra en lo que sabe, sin apabullar ni adornar nada, sino buscando esa humildad y potencia que tiene su contexto y la relación de las amigas de siempre, capturando toda la realidad que allí se impone, con sus calles, sus edificios, sus tiendas de toda la vida que todavía resisten como esa tienda de fotos, con esas celebraciones en el bar de siempre, y esas largas conversaciones comiendo pipas y bebiendo en el banco que las ha visto crecer.

Todo tiene carácter y verdad, no hay estridencias argumentales ni nada que se le parezca, ni sobre todo, virguerías formales, todo se acopla a la relación intima y profunda de sus personajes, desde el punto de vista de Marta, la que se iba a comer el mundo, y vuelve a casa con el rabo entre las piernas, angustiada y sintiéndose fracasada. Pero, voila’, en el barrio que tanto quería dejar atrás, encontrará todo aquello que iba buscando sin saberlo, encontrará un comienzo, otra forma de sentir, vivir y relacionarse. La naturalidad y cercanía de la cinematografía de Juan Carlos Lausín, con mucha experiencia en series de televisión, capturando ese tono de documento bien avenido con la ficción de la película, encajando a la perfección, el rítmico y potente tono que le da el montaje que firma Pablo Barce, debutante en el largometraje después de muchos trabajos en el campo del cortometraje, y la música que nos acoge y nos va relatando, desde el que observa dejando espacio para mirar, que han compuesto Francesc Gener (habitual en el cine de Laura Mañà), y la debutante Claudia Torrente.

Mención aparte tiene el inmenso, cautivador y absorbente trabajo de las cuatro maravillosas actrices encabezadas por la perdida y alejada Marta, protagonizada por una arrolladora Vicky Luengo, con sus ínfulas e insolencia, siguiendo con una magnífica Elisabet Casanovas, el empaque emocional y liberador de Carolina Yuste, y finalmente, la sorpresa de pura energía de Ángela Cervantes, y luego, otros intérpretes que dan profundidad a la historia como Cristina Plazas y Mario Zorrilla como padres de Vicky, José Mota como el dueño de la tienda de fotos, y una Ana Fernández, como artista insoportable y modernísima ella. Con el aroma que desprendía una película como Barrio (1998), de Fernando León de Aranoa, y la mirada de Girlhood (2014), de Céline Sciamma, emparentadas con Chavalas  en muchos aspectos, porque tanto una como la otra quieren mostrar una realidad dentro de muchas, donde hay chicas y chicas que viven en un lugar con pocas oportunidades, pero donde también se puede estar con los de toda la vida, perdiéndose entre sus calles, soñando con otra realidad, y sobre todo, creciendo entre risas, llantos y demás circunstancias.

Rodríguez Colás ha dado en el clavo con su propuesta, que tiene partes muy relacionadas con ella, ya que en sus estudios de cine escogió la especialización de fotoperiodismo, como su protagonista, una mujer que anda como Crusoe, naufragando por la vida, sintiendo su fracaso, aunque en su vuelta a casa y al barrio, se dará cuenta que la vida no es un continuo éxito o fracaso, sino que hay muchas cosas, más sencillas, más personales, más profundas y más auténticas, que todo se puede revitalizar y mirar desde otro lado, sin tanta tensión y más humana. Vicky anda buscando su vida, y su fotografía, esa tan cercana que le cuesta ver, que quizás es otro obstáculo que se ha inventado para no hacer frente a otras realidades que cree que no van con ella. Un personaje que tiene mucho que quitarse de encima, para aligerar carga y sobre todo, sentirse cómoda con lo que es y de dónde viene, mirar su barrio y sentirse bien consigo misma. Un barrio que la película le quita sambenito de marginación y le da un nuevo brío diferente, un lugar donde quizás puedes encontrar muchas cosas que creías que no eran importantes como personas como tú, que viven tranquilamente, con sus trabajos, sus clases de Tai Chi, sus colegas de siempre, sus rollos de siempre y las cervezas en el mismo puto lugar de siempre. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Bruna Cusí, Macià Florit y Elisabet Casanovas

Entrevista a Bruna Cusí, Macià Florit y Elisabet Casanovas, intérpretes de la película “Ardara”, de Raimon Fransoy y Xavier Puig, en el Soho House en Barcelona, el lunes 18 de noviembre de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Bruna Cusí, Macià Florit y Elisabet Casanovas, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Ana Sánchez de Trafalgar Comunicació, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Entrevista a Raimon Fransoy y Xavier Puig

Entrevista a Raimon Fransoy y Xavier Puig, directores de la película “Ardara”, en el Soho House en Barcelona, el lunes 18 de noviembre de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Raimon Fransoy y Xavier Puig, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Ana Sánchez de Trafalgar Comunicació, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Ardara, de Raimon Fransoy y Xavier Puig

EL ÚLTIMO VERANO.

“Contar historias es justamente esto: encontrar la conexión que logra reunir a los seres humanos más allá del tiempo y el espacio“.

Lorenzo Silva

Primero fue Macià. Un joven de Menorca que se desplazó hasta Ardara, un pequeño pueblo de la costa noroeste de Irlanda, que seguía los pasos que veinte años atrás hicieron sus padres, empapándose del lugar, conociendo a sus habitantes y filmando los espacios que antes habían conocido sus progenitores. Por otro lado, Bruna y María, actrices hastiadas de tanto casting inútil y sin sentido, escaparon a Ardara, para sentirse libres, lejos del mundanal ruido y sobre todo, reiniciarse de todos y todo. Los tres jóvenes se encontraron en Ardara, se conocieron y filmaron los lugares buscados de Macià. Un día desaparecieron sin dejar rastro. Nadie conoce sus destinos, solo que estuvieron allí, eran agradables  andaban de aquí para allá capturando el tiempo, el espacio y aquello que no vemos pero siempre está delante nuestro. Raimon Fransoy y Xavier Puig son los responsables de Ardara, su primera aventura en la ficción, antes habían hecho mucho camino en el mundo de la música firmando videoclips, programas de televisión y documentales sobre artistas como Adrià Puntí, jazz o el Festival Altaveu.

Los directores catalanes, a través de una campaña de micromecenazgo arrancaron una película rodada entre Ardara, Barcelona y Menorca, que narra la crónica de un viaje a través de muchas miradas, en un retrato múltiple donde habitan varios narradores y diferentes formas de narración, tanto oral, los habitantes de Ardara que trataron a los tres jóvenes, como fílmica, con tantas horas de grabación encontradas cerca del lugar donde se supone que desparecieron, y otros testimonios como Elisabet, la novia de Macià. Fransoy y Puig sumergen a los espectadores en un viaje físico y emocional hacia lo desconocido, hacia aquello invisible y oculto, con ecos del cine de Antonioni y Wes Anderson, moviéndonos hacia un universo que tiene mucho de imaginación y fábula, de cómo contamos nuestras vidas y reconstruimos los recuerdos, la construcción de nuestra propia identidad y la representación de aquello que vemos, como nos definimos constantemente entre aquello que sentimos, aquello que decimos a los demás y todo lo que callamos, que no compartimos, la multiplicidad de nuestras emociones y nuestras identidades en continua transformación.

Fransoy y Puig que también firman el montaje y se reparten el guión y la cinematografía, nos embarcan en un viaje contado de forma pausada, sin prisas, capturando toda su laberíntica estructura y forma cinematográficas, en el marco de un enigma, situándonos en una especie de limbo donde el tiempo parece haber enterrado todo lo sucedido, siguiendo las huellas y el rastro de los jóvenes, explorando con naturalidad e ingenio las diferentes texturas de la película, desde el cine de terror más puro y tenebroso, donde aparecen unas horas de filmación de unos desconocidos que han desparecido, el thriller de investigación, en la que los propios directores graban testimonios de aquellos habitantes de Ardara que conocieron a los desparecidos en forma de fake, y la propia cotidianidad de los tres jóvenes, interpretando a unos personajes a partir de sus vidas reales, explorando sus filmaciones, los espacios que visitan y a ellos mismos, en forma de autoficción constante, la vida que experimentan y su exploración que encuentran en los paisajes nebulosos y atrayentes de Ardara, un lugar místico y mítico, donde se acaba Europa en esos acantilados que nos recuerdan a amores románticos o aventureros perdidos.

Imágenes grabadas que desvelan y revelan cosas y secretos de los jóvenes o no, enigmas ocultos que guardan esas imágenes o no, contado de forma magnífica a través de la capacidad visual de los directores para mostrarnos un entorno cotidiano convertido en un espacio de misterio, donde habitan unos fantasmas extranjeros que quizás nunca pasaron por ese lugar o sí. La sensibilidad y naturalidad de la que hacen gala la terna de protagonistas encabezados por Bruna Cusí, primer largometraje que rodaba, antes del boom de Incerta glòria y Estiu 1993, María García Vera, vista en Los campos magnéticos, de Lluís de Sola, cómplice de la aventura Ardara, y Macià Florit, también en labores de dirección. Y la presencia de una Elisabet Casanovas acogedora y enigmática. Y la delicada y absorbente música de Ricky Falkner donde también escuchamos las voces de Núria Graham o Maria Coma.

Y qué decir de la extraordinaria aportación de los habitantes de Ardara que se interpretan a sí mismos a partir de la ficción que nos cuenta la película,  introduciéndonos esa mirada autóctona de aquellos testigos de la presencia de los tres jóvenes desaparecidos, destacando el testimonio de Don Bryne, una especie de oráculo, de alguien que siempre ve más allá, más allá del espacio físico, de aquello que se muestra invisible, oculto a nuestras miradas y razonamiento, más emocional y espiritual, y sus interesantes reflexiones sobre nuestra forma de mirar, de contar y recordar, sobre la ficción de las realidades o simplemente el hecho que marca la película, detrás de cada historia hay miles de historias que se empeñan en contarnos lo ocurrido, siempre a través de ellos mismos, quizás la única verdad es que la verdad no existe y nos empeñamos en racionalizar aquello que no entendemos, que se escapa al entendimiento, aquello que solo vive en el mundo de los sueños o en otros unviersos, verdades ajenas a todos y todo. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA


<p><a href=”https://vimeo.com/118426252″>Ardara | teaser | VOSC</a> from <a href=”https://vimeo.com/elsabeth”>elsabeth</a&gt; on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>