Mandy, de Panos Cosmatos

EL INFIERNO ENTRE NOSOTROS.

“Cuando muera. Enterradme hondo. Colocad dos altavoces a mis pies. Ponedme unos cascos en la cabeza. Y rocanroleadme. Cuando esté muerto.”

Mandy y Red son un matrimonio que vive en mitad de un bosque y alejado de todos. Ella, de aspecto frágil y sensible, trabaja en una gasolinera, peor su pasión es la ilustración. Él, de aspecto rudo y fuerte, contrasta con el de su esposa, y trabaja de leñador. Los dos se quieren y dentro de su vida anodina, son todo lo felices que pueden. Aunque, un día, esta tranquilidad y armonía se rompe bruscamente, cuando Mandy se cruza con Jeremiah, un iluminado que se cree un enviado de Dios, y su desquiciada familia de seguidores, a los que con la ayuda de un trío de motoristas invocados del mismísimo infierno, raptarán a Mandy y Red. Después de su debut en Beyond the Black Rainbow (2010) en la que nos hablaba de una estudiante perturbada que era raptada por un diabólico doctor, Panos Cosmatos (Roma, Italia, 1974) vuelve con una película dividida en dos partes bien diferenciadas. En la primera, asistimos a la vida sencilla y cotidiana de Mandy y Red, y el amor romántico que se tienen el uno al otro, donde asistimos a momentos tiernos y sensibles, muy alejados del cine de terror al uso, donde a las primeras de cambio, la trama se desliza por los momentos duros y golpes de efectos.

Cosmatos construye en este primer bloque una fábula romántica, casi fantástica, jugando con esos encuadres llenos de texturas y coloridos, más propios de las leyendas o los cuentos de hadas. Será en el segundo bloque cuando la película cambie completamente, y se torne más oscura y perturbadora, cuando Red busca venganza, y se lanza a una pesadilla sanguinaria para acabar con aquellos que le han robado lo que más quería. Aquí, Cosmatos se enfunda el traje del terror y toma referencias como La matanza de Texas, Las colinas tienen ojos, y otras de Wes Craven, el universo de John Carpenter, o ejercicios que mezclan terror, thriller y ciencia-ficción al estilo de La fortaleza, de Michael Mann, para contarnos la aventura justiciera de Red (un inconmensurable Nicolas Cage, que parece haber vuelto a la senda de sobrias interpretaciones como había hecho en Joe, de David Gordon Green, un personaje que podría recordarnos a Red, con el que mantiene muchos aspectos en común) bien acompañado por Andrea Riseborough haciendo de Mandy, la criatura frágil y sensible, que fantasea con las novelas de misterio para soportar su lúgubre y anodina existencia.

Cosmatos hace uso de toda esa ingeniería visual del propio director, ya desde la ambientación de la película, anclada en el año 1983, una fecha nada casual, porque casi todos los referentes de la cinta andan por esos años, o su inquietante atmósfera, donde predominan esos cielos estrellados que destellan infinidad de cromas y colores, o los espacios naturales del bosque y la casa que habitan sus protagonistas, envuelta en el silencio perturbador del bosque y esa niebla que los oculta, o qué decir del armamento que porta Red, con esa especie de hacha, más propia de los personajes de cómic legendarios, forjada por él mismo, como símbolo de su venganza y el amor que se sentía por Mandy. Sin olvidarnos de los antagónicos, empezando por ese trío de motoristas de riguroso negro, a los que nunca veremos el rostro, criaturas de las profundidades, muy de ese cine setentero thriller de seres vengativos y errantes.

Mención aparte tiene ese iluminado asesino de Jeremiah, demente seguidor de Dios, pero más cerca de Satán y sus paranoias sanguinarias y su familia, que parece recordar a Manson y los suyos, con esa especie de iglesia subterránea, donde hace y deshace todas sus desquiciadas extravagancias, y esos que le siguen, donde abundan las mutilaciones físicas, y sobre todo, las enfermedades mentales, seres malvados, como esa concubina mayor que lo sigue sin rechistar, o la joven doncella que seguirá el mismo camino que la otra. Cosmatos opta por un ritmo pausado y romántico del primer bloque, para cambiar del todo en el segundo bloque, donde el ritmo se vuelve esquizofrénico, al ritmo del personaje de Cage, y su viaje sangriento y paranoico en busca de venganza y muerte, echando mano de lo kitsch, el cómic, videoclip, o gore, con esas cabezas reventadas y esos cuerpos despedazados. Una película entretenida y potente visualmente, con la estupenda score de Jóhan Jóhannsson, que ayuda a crear esa atmósfera oscura, inquietante y fantástica que baña toda la trama, que no se mete en camisas de once varas, sino que hará las delicias de los amantes del género, y no sólo de ellos, sino de otros espectadores que quieran adentrarse en un cine de terror de ahora, pero que no olvida sus referentes, pero no a través de un ejercicio de mera copia, sino creando su propio universo personal y creativo.

Experimento Stuka, de Pepe Andreu y Rafa Molés

REESCRIBIR LA HISTORIA.

“Matar a una persona no es fácil. Mira por dónde pasea. El sitio donde vive. Entra en su casa. Escucha su historia, sus pesares. Observa su rostro de cerca e intenta hacerlo. Intenta desgarrar su carne. Intenta vaciarla el alma. Pero, ahora, aléjate. Diluye su figura, borra su biografía. Redúcela a una nada insignificante y entonces sí, ahora sí. ¿Cuántos interruptores hay que desconectar del cerebro para matar a alguien? La falta de memoria descompone los cuerpos. El olvido. No saber, no preguntar. ¿Quién recuerda a los muertos cuando se acepta que la muerte es la única regla del juego? ¿Cuánta ignorancia hace falta para matar y seguir matando?”.

La mañana del sábado 21 de mayo de 1938, en la provincia de Castellón, en la región del Alto Maestrazgo, y más concretamente en el pueblo de Albocàsser, un pequeño pueblo dedicado a los olivos, donde la guerra civil todavía no había llegado y la cotidianidad era la tónica predominante, se levantó fuertemente golpeado cuando unos aviones de guerra, los Junkers 87ª, llamados “Stuka”, del cuerpo de élite de la aviación nazi “Legión Cóndor”,  sobrevolaron su cielo y arrojaron tres bombas pesadas en mitad del pueblo. Esta misma operación continuó en Albocàsser, y en los pueblos de Ares del Maestrat, Benassal y Vilar de Canes, pueblos ubicados en un radio de 30 kilómetros. Diez días de bombardeos que se saldaron con 38 muertos. El franquismo silenció este hecho, y en los pueblos siempre creyeron que había sido un ataque de la aviación republicana.

El tiempo pasó, el franquismo acabó, y un grupo de personas de Benassal, con la ayuda de Óscar Vives se hicieron preguntas, preguntas sobre lo ocurrido, porque no creían la versión oficial, y empezaron una ardua búsqueda que les llevó a archivos militares españoles y hasta Friburgo, donde el archivo del ejército alemán les descubrió la verdad, una verdad triste y amarga en el que explicaban que sus pequeños pueblos fueron un campo de pruebas para los nuevos aviones de guerra. El ilicitano Pepe Andreu y el castellonense Rafa Molés, que ya habían codirigido un par de documentales en que exploraban el mundo del baile desde perspectivas diferentes, en Five days to change (2014) en el que unos chicos y chicas de un colegio se preparan para bailar por primera vez, y en Sara Baras. Todas las voces (2016) donde siguen de manera íntima y personal a la extraordinaria bailaora.

Ahora, giran 180 grados y se adentran en un terrero completamente diferente, el de la memoria histórica, para documentar el trabajo memorístico y de investigación de un grupo de buscadores de la verdad, un grupo de personas que se hacen preguntas, que quieren conocer la verdad ocultada y silenciada. A través de ellos, de su búsqueda, de material de archivo, y de aquellos que siendo niños fueron testigos de aquel brutal ataque, nos sumergirán en una película que habla del recuerdo, del dolor, y sobre todo, de rendir homenaje a todos aquellos que perecieron ante la barbarie fascista. Andreu y Molés colocan su cámara en este tiempo y aquel, en todos los testimonios que vivieron aquello, en los de ahora, en todos los que buscan la verdad, no para remover las heridas, sino para cerrarlas, para que los muertos descansen en paz, en un documento excepcional y necesario para dar luz y verdad a todos aquellos sucesos que el franquismo silenció y contó sus mentiras. La película filma muchos testimonios y trabajos de investigación, que nos llevan a los pueblos damnificados, y a aquellos lugares donde se almacena la información que destapará la verdad y hará justicia a todos, los ausentes y los presentes, y reescribirá la historia de todos esos sucesos ocurridos en los pueblos, para que las victimas descansen en paz y sus descendientes conozcan la verdad que no conocían.

Los cineastas valencianos nos envuelven sensibilidad y sobriedad en aquellos años de la guerra, en aquellas personas que vivieron aquel tiempo, en un ejercicio valiente y extraordinario sobre la memoria, destapando un suceso que tuvo un alcance parecido al bombardeo de Guernica, pero uno es de sobra conocido, y el otro, se quedó en los abismos del olvido. Los cineastas utilizan todos los medios expresivos a su alcance para introducirnos en cada detalle y documento, como los terribles testimonios de las gentes que presenciaron las pequeñas historias de dolor y muerte que sus vecinos, amigos o familiares tuvieron que soportar, rescatando todos esos testimonios que reescriben la historia dando voz a aquellos que nunca la tuvieron, como los muñequitos que escenifican la vulnerabilidad de todos frente a la guerra, construyendo de manera sencilla y brutal ese aspecto de la barbarie cuando no existen imágenes, como realizó Rithy Panh en La imagen perdida, para documentar los campos de trabajo de Camboya. Un documento brutal y sencillo que nos sumerge en el tiempo de la memoria para dar luz a un suceso horrible que padecieron unos habitantes de cuatro pequeños pueblos de Castellón, a los que la película documenta toda su historia, y recoge a todos aquellos que conocieron el suceso, dándoles una nueva vida y sobre todo, la verdad que desconocían.


<p><a href=»https://vimeo.com/263318828″>’Experimento Stuka’ Tr&aacute;iler Oficial</a> from <a href=»https://vimeo.com/user13537382″>SUICAfilms</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>

Presentación L’ALTERNATIVA 2018

Presentación de L’ALTERNATIVA 25 Festival de Cinema Independent de Barcelona, con la presencia de Cristina Riera y Tess Renaudo (Directoras del Festival) Judit Carrera (Directora CCCB) y Francisco Vargas (Responsable de la Área de Audiovisuales del ICEC) en el CCCB en Barcelona, el miércoles 7 de noviembre de 2018.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Cristina Riera, Tess Renaudo, Judit Carrera y Francisco Vargas, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño,  y a Anna Fernández de La Costa Comunicació, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Entrevista a Julio Medem

Entrevista a Julio Medem, director de la película «El árbol de la sangre». El encuentro tuvo lugar el martes 30 de octubre de 2018 en el Cine Phenomena en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Julio Medem, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Ainhoa Pernaute y Sandra Ejarque de Vasaver, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

Encuentro con Katharina Kubrick

Encuentro con Katharina Kubrick, actriz e hija del cineasta Stanley Kubrick, con motivo de la presentación del ciclo al célebre cineasta que le dedica la Filmoteca, junto a Octavi Martí. El encuentro tuvo lugar el miércoles 24 de octubre de 2018 en la Filmoteca de Cataluña en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Katharina Kubrick, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño,  y a Jordi Martínez de Comunicación de la Filmoteca, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Entrevista a Álvaro Cervantes

Entrevista a Álvaro Cervantes, actor de la película «El árbol de la sangre», de Julio Medem. El encuentro tuvo lugar el martes 30 de octubre de 2018 en el Cine Phenomena en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Álvaro Cervantes, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Ainhoa Pernaute y Sandra Ejarque de Vasaver, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

Entrevista a Maria Molins

Entrevista a Maria Molins, actriz de la película «El árbol de la sangre», de Julio Medem. El encuentro tuvo lugar el martes 30 de octubre de 2018 en el Cine Phenomena en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Maria Molins, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Ainhoa Pernaute y Sandra Ejarque de Vasaver, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

Entrevista a Carlos Vermut

Entrevista a Carlos Vermut, director de la película «Quién te cantará». El encuentro tuvo lugar el martes 23 de octubre de 2018 en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Carlos Vermut, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Nadia López y Ainhoa Pernaute de Caramel Films, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

El árbol de la sangre, de Julio Medem

VERDADES SECRETAS.

En cada una de sus películas Julio Medem (San Sebastián, 1958) nos propone un viaje al subconsciente, hacia más allá de la realidad más cercana, donde la naturaleza y sus animales se funden con el alma de los personajes, en donde abundan los amores difíciles, pasionales y dolorosos, nos invita a una introspección de nuestros sentidos más profundos, a un universo paralelo, donde realidad y sueño se mezclan creando un mundo diferente, sensorial y extraño, un espacio por el que transitamos donde las cosas se ven y sienten de otra manera, ya no son igual, han cambiado, donde los personajes se mueven de manera diferente, donde todo lo que les rodea asume una nueva condición, más cercana a lo mágico, lo diferente y sobre todo, donde se manejan sensaciones y emociones nacidas de lo más profundo de nuestra alma. Un cine pegado a la realidad, a una realidad soñada, ilusoria, imaginativa, terrenal, donde lo mágico penetra en los personajes como arma contra la desesperanza, los miedos y desilusiones de la existencia. En su extraordinario debut Vacas (1992) nos proponía una historia de saga familiar y (des) amores con la primera guerra carlista de fondo, en su siguiente película La ardilla roja (1993) una joven amnésica pasaba sus vacaciones con un músico en crisis en un entorno natural y mágico, en Tierra (1996) Ángel, que se considera mitad hombre y mitad ángel, entra en conflicto en una zona donde habitan dos mujeres complementarias y diferentes, en Los amantes del Círculo Polar, nos retrataba la historia de amor de idas y venidas de una pareja desde su infancia, en Lucía y el sexo (2000) una joven huía de un desamor refugiándose en una isla con la idea de disfrutar del sexo y olvidar.

Después vendría La pelota vasca. La piel contra la piedra (2003) un documental que se desviaba de su universo en el que a través de una serie de testimonios se hablaba en profundidad del conflicto vasco. Cuatro años después presentaba Caótica Ana, una película que le devolvía a su mundo, en el que retrataba a una joven estudiante de arte mantenía una relación tortuosa con una joven. Película que le supuso una profunda crisis creativa que le llevó a emprender proyectos de otra mirada, en la que dirigió Habitación en Roma (2010) donde filmaba por primera vez en inglés, y de manera sencilla una historia de amor efímera de dos mujeres desconocidas, y en el 2015 con Ma ma, aunque había algunos rasgos significativos de su universo, la película andaba por otros lares para hablarnos de la enfermedad terminal de una mujer y la relación con los suyos.

Medem ha vuelto a su mundo, a sus lugares conocidos, y a esa mirada terrenal, pasional y onírica que abunda en su cine, un cine con personalidad propia, abundante en la creación de imágenes poderosas y cautivadoras, en el que los personajes viven realidades complicadas y muy de la tierra. con El árbol de la sangre, vuelve el mejor Medem, hablándonos de una fábula en el que intervienen 14 personajes que se relacionaran a lo largo de 25 años. Arranca la película con los más jóvenes, Rebeca y Marc, enamorados y deseos de conocer las relaciones oscuras y verdades no contadas de su historia y la de sus pasados,  con la firme intención de escribir esa historia,  en un enclave significativo para lo que quieren contarnos, un caserío en la Sierra de Urkiola, en el sur de Bizkaia, y frente a ese árbol que sustenta todas las ramas y raíces de esta historia que empezó 25 años atrás un verano en la Costa Brava y finalizará en otro verano. Medem habla de dos tiempos, el presente, más pausado, más cercano a esa naturaleza del norte, donde la pasión de la juventud se apodera del cuento, donde uno y otro, reescriben la historia de sus familias, que también es la suya propia, con abundantes elipsis, cambios de narrador, con momentos reales y otros imaginados.

En el segundo tiempo, vemos el relato de esas experiencias que nos cuentan Rebeca y Marc, con sus idas y venidas, sus saltos en el tiempo, donde una familia que viene de Rusia, ya que fueron niños de la guerra, se erige como la base de todo, donde dos hermanos serán los artífices de muchas de las historias que nos cuentan, dos palos diferentes, dos toros enfrentados, la racionalidad de Víctor con la furia de Olmo, y las mujeres de sus vidas, unas más importantes y otras, menos o nada, como La Maca, una antigua cantante punk aquejada de esquizofrénica y su hija, la Rebeca que nos cuenta su existencia, o Núria Bellmunt, desde donde arrancan las raíces del árbol, o el inicio de la historia y su encuentro con Olmo, y madre de Marc, o la escritora Amaia Zugaza y su matrimonio con Olmo (personaje que vertebra todo el relato y esa fuerza pasional que arrebata a todas las mujeres de la película) y los respectivos padres, abuelos reales o no, de Rebeca, que ilustran el compendio de personajes, historias y esas verdades secretas de las que nos habla Medem e irán saliendo a la luz a medida que Rebeca y Marc las vayan descubriendo, porque la verdad será desenterrada para dar luz y también, oscuridad, porque hay cosas que difíciles de digerir y necesitan fuerzas para enfrentarse a ellas.

Medem vuelve a la luz de Kiko de la Rica, esa imagen bella y onírica, y llena de naturalidad, que ya tenía Lucía y el sexo, donde realidad y sueño se fundían de manera extraordinaria, y el excelente montaje de Elena Ruiz, con esos dos tiempos con diferentes cambios de ritmo, como la realización y edición de las dos bodas, producidas en diferentes tiempos, lugares y sensaciones. Y no menos acordarnos de la excelente partitura de Lucas Vidal, que consigue sumergirnos en ese universo onírico, apabullante de sensaciones, donde todo lo imaginable tiene su espacio y cobra realidad. Un plantel de intérpretes en estado de gracia arrancando por la naturalidad y la pasión que destilan la pareja protagonista, unos increíbles Úrsula Corberó y Álvaro Cervantes, bien acompañados por Joaquín Furriel, que ofrece un aspecto varonil y visceral, con la sobriedad de Daniel Grao, o la dulzura de Patricia López Arnaiz, y la calidez de Maria Molins, y la delicadeza de Najwa NImri, en un personaje complejo, y los veteranos Emilio Gutiérrez Caba, Luisa Gavasa, Ángela Molina y José María Pou.

Medem ha construido un relato familiar de gran calibre, donde huye de aspavientos emocionales para constarnos una tragedia familiar, donde sus personajes son románticos en mayor o menor medida, porque todos se mueven por instintos y esa sangre que les bulle tan fuerte, donde conoceremos sus verdades, mentiras, deseos, (des) ilusiones y sus pasiones salvajes, en un retrato lleno de múltiples capas narrativas que van de un lado a otro sin descanso, donde cada descubrimiento nos devuelve a más dudas, reflexiones y miedos, donde todo empieza y acaba a cada instante, en el que los personajes, víctimas de su amor infinito, descontrolado y brutal, se convierten en presas de su destino, un destino demoledor, un destino que viene de un pasado oscuro y lleno de incógnitas, un pasado que será revelador para los protagonistas más jóvenes, los que escriben y cuentan su historia, desconociendo esa verdad tan grande que seguramente los acercará a su propia vida de forma muy distinta y más íntima.

Entrevista a Eva Llorach

Entrevista a Eva Llorach, actriz de «Quién te cantará», de Carlos Vermut. El encuentro tuvo lugar el martes 23 de octubre de 2018 en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Eva Llorach, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Nadia López y Ainhoa Pernaute de Caramel Films, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.