Muchos hijos, un mono y un castillo, de Gustavo Salmerón

JULITA SALMERÓN, UNA SERVIDORA.

“Todas las madres tienen una película”

Paco León

Había una vez una joven que se llamaba Julita y quería ser monja, aunque las circunstancias de la vida la llevaron por otros derroteros, y extremadamente diferentes, porque conoció a un joven apuesto con el que se casó y llevaron a cabo uno de sus tres deseos: tener hijos y tuvieron 6, cuatro varones y dos hembras. Luego, más adelante, se hizo realidad su siguiente deseo, tener un mono, que tuvo que devolver porque se volvió muy agresivo,  y finalmente,  gracias a una herencia familiar que los convirtió en ricos, Julita llevó a cabo su último deseo y en principio el más irrealizable, tener un castillo, un castillo de los de verdad como los de los cuentos, con grandes salones, pasillos interminables, infinidad de alcobas, y sobre todo, todas las paredes llenas de grandes retratos, armaduras de bronce, y demás objetos. Julita es la madre de Gustavo Salmerón (Madrid, 1970) intérprete que lleva más de dos décadas trabajando para directores de prestigio como Medem, Camus, Villaronga o Gutiérrez Aragón, entre otros, que ya había dirigido Desaliñada (2001) cortometraje que se alzó con el premio Goya e innumerables premios internacionales.

Después de aquella experiencia, un día filmando la matanza de un cerdo junto a su familia le vino la idea de filmar a su madre, por su peculiar desparpajo, alegría, y sus ideas filosóficas, sin ningún tipo de complejos y pudor, y demostrando una vis cómica desbordante y contagiosa. Y así, ha hecho desde el año 2002, capturando a su madre en una película en formato 4:3 y filmada en varios soportes como mini-DV, IPHONE 6 y Super 8, donde recoge la visión humana e íntima de su madre y los suyos, a través de fotografías antiguas, videos domésticos de cuando eran pequeños, y las experiencias disparatadas, caóticas y delirantes de una familia muy peculiar. Salmerón se apoya en la búsqueda de unas vertebras de su bisabuela que la familia ha guardado durante más de tres décadas, para mediante este macguffin relatar a su madre, sus hermanos, sus nueras y nietos, y a él mismo, en el laberíntico indescifrable que se ha convertido la casa de sus padres, ya que su madre tiene la manía de guardarlo todo, ya que como explica, los objetos son su vida. Mientras seguimos a los hermanos buscando el “preciado” tesoro, escuchamos a su madre con sus ocurrencias, su naturalidad y una vis cómica interminable que recuerda a aquellos cómicos del cine mudo, haciendo gala de su inagotable verborrea y opinando sobre la película, su casa, sus hijos, su marido, el mono y el castillo, que debido a la crisis y las deudas tienen que dejarlo y vaciarlo por completo, tarea que les llevará a situaciones divertidas y kafkianas.

Salmerón ha construido una película sencilla y honesta, que viaja de forma desestructurada al pasado y al presente, creando un inmenso puzle de imágenes, objetos y recuerdos, que nos descubre a su madre y su familia, su propia memoria, que forman un conjunto que no deja indiferente, en el que todos dicen la suya, y en el que la figura de la madre, al igual que Rafaela Aparicio en Mamá cumple cien años, o la “Mamma” italiana, gira en torno a todos ellos, y se erige como figura matriarcal y todo se envuelve según su criterio y manera de ser, en una mezcla de vida, muerte y filosofía, donde todo se desenvuelve como si estuviésemos en una película de Berlanga, donde todos se mueven en busca de algo, en este caso de unas vertebras, aunque finalmente no acabaran de sentirse del todo bien, aunque sigan juntos o no, y por el camino les pasará de todo, tanto bueno como malo, experiencias que son tratadas desde la comicidad y el esperpento, porque la vida y los deseos de Julita Salmerón no son nada corrientes y de andar por casa, todo lo contrario, ilusiones de toda una vida de una señora octogenaria que rodeada de los suyos, lleva a cabo sus ideas, aunque parezcan estrambóticas, raras y extravagantes, aunque con la ayuda de los suyos, todo parece más fácil, o incluso más llevadero.

Una comedia maravillosa y emocionante, y llena de energía, donde Salmerón, que hace su puesta de largo, realiza un documento íntimo y doméstico de su madre y su familia, pero que acompañado de esa naturalidad, y la presencia de Julita Salmerón, con ese carácter tan transparente y su inmensa vis cómica hacen el resto, convirtiendo la película en un extraordinario retrato y documento sobre las madres de toda la vida, aquellas que pasaron la guerra, el franquismo, y siguieron en pie, con firmeza y valentía, a pesar de todos los problemas y conflictos personales que tuvieron que pasar, convirtiéndolas en unas mujeres de armas tomar, de gran carácter y reinas de su casa, porque al fin y al cabo, la casa de los Salmerón es el hogar que ha construido Julita con sus objetos, sus recuerdos, sus alegrías o tristezas, las cenizas de sus padres, la habitación de las muñecas y sus 125 vestidos, o las vertebras de su bisabuela que seguro siguen ocultas en algún rincón de esa casa llena de objetos y trastos, de todo tipo y valor, llena de hijos e infinidad de cosas que nunca podremos saber y sobre todo, encontrar para descubrir otro aspecto de Julita Salmerón, con esa gracia y salero que destila durante toda la película, sin importarle la cámara, mostrándose como es, explicándonos sus pensamientos, ideas, su experiencia vital, la vejez, y su peculiar entorno, tanto humano como todos esos objetos que son también ella.

 

Entrevista a Leire Apellaniz

Entrevista a Leire Apellaniz, directora de «El último verano». El encuentro tuvo lugar el martes 2 de mayo de 2017, en el domicilio de unos amigos, en el marco del D’A Film Festival de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Leire Apellaniz,  por su tiempo, generosidad y cariño, a Aritz Moreno de Sr. & Sra., y a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su amabilidad, paciencia, atención, generosidad y cariño.

Entrevista a Tomasz Wasilewski

Entrevista a Tomasz Wasilewski, director de «Estados Unidos del amor». El encuentro tuvo lugar el miércoles 28 de junio de 2017 en el hall de los Cinemes Girona en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Tomasz Wasilewski,  por su tiempo, generosidad y cariño, a Lorea Elso de Golem Distribución, por su amabilidad, paciencia, atención, generosidad y cariño, y a Toni de Cinemes Girona, por su amabilidad y cariño.

Estados Unidos del Amor, de Tomasz Wasilewski

LAS MUJERES Y SUS SOLEDADES.

Ágata es una mujer atractiva que trabaja en sus labores y vive con su marido y su hija en una aparente felicidad, o al menos eso es lo que parece frente a los demás, aunque ella se siente sola y vacía, y no sabe el motivo, porque su marido la quiere y tiene sus comodidades. Se siente fuertemente atraída por el sacerdote del barrio, aunque sabe de antemano que es un deseo oculto que no podrá materializarse. En cambio, Iza trabaja como directora de la escuela, vive sola y mantiene una relación secreta con el padre viudo de una de sus alumnas, pero tampoco, al igual que Ágata, se siente bien, su relación está estancada y ya no le satisface, aunque se siente atrapada en un amor destructivo. Su hermana, Marzena, profesora de baile que fue miss, y ahora desea ser actriz, también vive sola, alejada de su marido que emigró por trabajo a Alemania Occidental. Su vida sentimental navega entre la frustración y el dolor, igual que sus amigas, navegan sin rumbo y sin alma. Y la última de esta terna es Renata, que se acaba de jubilar como profesora de ruso, enclaustrada en su apartamento, intenta encontrar su espacio y establece una especie de relación de amistad con Marzena, aunque poco satisfactoria, sus vidas van por caminos demasiados opuestos.

Cuatro mujeres, cuatro almas que se mueven por la Polonia de principios de los 90, aquella Polonia en tránsito, que dejaba la sociedad comunista y se adentraba en los albores del capitalismo, tiempos de cambio, de transición, de tiempo suspendido, como el barrio a las afueras donde viven, con bloques militares y espacios vacíos y fríos, reflejo del invierno que las azota. Un lugar gélido y demasiado cotidiano, reducido a la no vida, alineado, desesperado y doloroso, en el que los hombres trabajan en la fábrica estatal, todos haciendo lo mismo (herencia soviética) y ellas, las mujeres, casi todas, viven encerradas en sus casas, ocupadas en sus quehaceres domésticos y el cuidado de sus hijos, en los que las únicas distracciones sociales se remiten a los sermones del cura, encontrarse con las vecinas tomando café o en los ultramarinos haciendo la compra diaria, y nada más, con el aliciente, por decirlo de alguna manera, de un videoclub que despacha películas estadounidenses comerciales en VHS, posters de Whitney Houston, y así pasan los días y la vida.  La tercera película de Tomasz Wasilewski (Torun, Polonia, 1980) vuelve a construir un retrato femenino de grandes hechuras, serio, descarnado y profundo, como sus dos anteriores trabajos: W sypialni (En una habitación), filmado en 2012, centrado en el encuentro de un hombre y una mujer, y Plynacewiezowce (Rascacielos flotantes), del 2013, donde se centraba en un triángulo amoroso, historias de fuertes sentimientos y emociones complejas.

En Estados unidos del amor nos sitúan en una sociedad claustrofóbica y aislada, como si estuviese ubicada en el fin del mundo, de intimidades que no se comparten, de alegrías frías, y besos que no se dan, o polvos que se hacen por rutina, y emociones congeladas, a las que por mucho que se empeñen sus personajes no encuentran ese calor necesario que les haga más llevadera una existencia deudora de una sociedad demasiado anclada en las formas y y las apariencias, donde las emociones parecen no tener su espacio. Wasilewski filma a sus criaturas muy próximas de nosotros, pegadas a ellas, recogiendo sus miradas y alientos, las sigue a través de largos planos secuencias mientras transitan por sus no vidas, por sus ilusiones frustradas y sentimientos hambrientos que no les hacen sentir bien, mostrando una desnudez y sexualidad íntima y naturalista que contribuye a plasmar ese ambiente malsano instalado en sus acotadas y sumisas vidas, que desean una atisbo de libertad, aunque sea minúsculo.  Una película formalista y muy estilizada que contribuye a indagar en ese agobio y terror doméstico en el que se enfrentan estas heroínas domésticas que batallan como pueden con sus sentimientos, que ni ellas ni los demás logran entender. Mención especial para el trabajo de las cuatro actrices polacas Julia Kijowska, Dorota Kolack, Magdalena Cielecka y Marta Nieradkiewicz, que saben infundir el humanismo y estados de ánimo de sus personajes de soledades infinitas y vacios llenos de amargura.

La prodigiosa luz mortecina y apagada, fuertemente contrastada de Oleg Mutu, el cinematógrafo rumano colaborador de directores de prestigioso de la Nueva Ola del cine rumano como Cristi Puiu o Cristian Mungiu, realiza un trabajo soberbio, construyendo una fotografía que recuerda a la creada para Una paloma se posó en una rama a reflexionar sobre la existencia, la magistral película de Roy Andersson, en la que también nos hablaban de seres solitarios e infelices, aunque con un tono jocoso y surrealista. Wasilewski ha construido una película concisa y sobria, sin ningún alarde dramático, todo sucede como si nada, a fuego lento, remarcando los momentos y situaciones que se van generando, siguiendo la tradición formalista y narrativa de la Escuela de Lodz y los Wajda, Zanussi, Skolimowski, Munk, etc…, sumergiéndonos en los conflictos de cada mujer, en un dispositivo argumental que nos explica las cuatro historias una tras otra, aunque todas se desarrollan en el mismo espacio y en el mismo tiempo, consiguiendo esa atmósfera de fuertes emociones, pero soterradas, no explicadas ni materializadas, sólo guardadas en su interior, como una coraza que quiere romperse, enfrentado al deseo de cambio y libertad, pero en esa lucha encarnizada, parece imponerse la solitud y la angustia de que los tiempos que iban a venir, soñados y tan esperados, todavía tendrán que esperar, o simplemente, nunca llegarán a ser como los imaginamos.

Viaje, de Paz Fábrega

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“Todo es del viento y el viento es aire siempre de viaje”

Octavio Paz

Luciana y Pedro son dos jóvenes que se conocen una noche en una fiesta, después de intercambiar torpes palabras, se besan y deciden irse juntos. Esa noche no ocurre nada, pero tras deambular por ahí, Pedro tiene que marcharse al Rincón de la Vieja, un volcán en una ciudad próxima, donde tiene que hacer su tesis. El miedo de no verse más, ya que Luciana también marcha fuera, empuja a la joven a acompañarle. La nueva película de Paz Fábrega (1979, Costa Rica) nos zambulle de lleno en un relato construido a través del momento, de vivir el instante y dejarse llevar por lo que se está viviendo, sin más, sin pensar en el mañana, y en las consecuencias que traerá. La joven cineasta se plantea en sus trabajos una mirada crítica y constructiva sobre la realidad de la juventud, una edad de instantes y momentos líquidos, como definiría Bauman, un tiempo de sensaciones, de relaciones esporádicas, de disfrutar de todo lo que la vida ofrece, sin mirar más allá, en las que la mirada de Fábrega se interesa por la soledad que conlleva y ese deambular sin rumbo a la espera de una vida diferente a la convencional, pero que no termina por llegar.

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Nos subimos a este viaje acotado que se desarrolla en apenas tres jornadas, un fin de semana, a bordo de dos jóvenes que se acaban de conocer, que apenas recuerdan sus nombres, que no saben nada el uno del otro, pero que se dejan llevar por la aventura, guiados por el viento de cara, por la atracción del instante, por ese espíritu de libertad del momento, nada más. La cámara inquieta de Fábrega captura todos esos instantes, las bellísimas imágenes del volcán y sus alrededores, consumiéndonos con ellos, filmando los cuerpos de sus criaturas con una cercanía absorbente, mezclándose con el paisaje que los rodea. Los vemos jugando entre sábanas embriagados, recorriendo las vías de un tren o siguiendo los caminos salvajes de la jungla, bañándose desnudos en unas aguas, haciendo el amor en mitad de la nada, encaramados a un árbol, suspendidos, deteniendo el instante, en un intento inútil de parar el tiempo, pero dejándose llevar por sus sentidos y lo que están sintiendo en ese momento, disfrutando de la persona que tienen al lado, de ese amor incipiente, de esa pasión devoradora, sin más tiempo y lugar, y circunstancias personales, sólo eso, como si toda su vida fuese ese instante preciso. El estupendo e interesante giro del relato añade complejidad y una mirada profunda y analítica a toda la experiencia que estamos observando.

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Fábrega ha construido una película filmada en blanco y negro, que ayuda a describir y atrapar a sus personajes de forma abstracta, como si estuviésemos dentro de un sueño, de algo irreal, de una situación que se vive en otro mundo, muy física, minimalista (sólo dos personajes, el único personaje que interactúa con ellos está filmado en fuera de campo) y corporal, en la que asistimos a una aventura terrenal y soñada de dos almas libres, que rechazan las ataduras y las convenciones del tiempo moderno, que se mofan de las vidas tan encajonadas de sus conocidos, que se dejan arrastrar por lo que sienten. Una obra de guerrilla y a contracorriente, cine hecho desde la artesanía y el amor por el trabajo humilde y sencillo, que ha pateado innumerables certámenes en busca de financiación, cine cuidado al detalle, con el trabajo de Kattia González (también coproductora de la cinta) y Fernando Bolaños, una pareja protagonista viva, espontánea, que interpretan a sus personajes de manera cercana, transparente y honesta, captando esos momentos ínfimos que enriquecen las situaciones que estamos viviendo. Fábrega también en labores de guionista, codirectora de fotografía y de montaje, ha levantado una película pequeña, que nos llega de Costa Rica, una cinematografía desconocida por estos lares, pero que es capaz de producir obras de esta grandeza, en la que nos sumerge en esa vida propia de la juventud, en el que todo vale, y disfrutar del placer de cada momento, sin importar las consecuencias, es lo único que cuenta, dejarse llevar por la vida y el placer de experimentar esa libertad.


<p><a href=»https://vimeo.com/140967121″>Tr&aacute;iler VIAJE de Paz F&aacute;brega</a> from <a href=»https://vimeo.com/user22786367″>Mosaico Filmes Distribuciones</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>