Regresa El Cepa, de Víctor Matellano

CUARENTA AÑOS DESPUÉS.

“La libertad de expresión es decir aquello que la gente no quiere oír”.

George Orwell

En un instante de la película, el abogado Joaquín Ruiz Jiménez Aguilar, qué representó a la directora Pilar Miró durante el proceso, menciona una frase significativa: “El nuestro es un país con poquitos derechos”, haciendo hincapié a aquellos convulsos años setenta que España atravesó como un cuchillo afilado, observando que han cambiado las cosas, por supuesto, pero no como deberían haberlo hecho, quedándose a medias en la libertad de expresión y en otros menesteres. El director Víctor Matellano, incansable autor tanto en la dirección teatral como en la escritura de libros relacionados con el cine, debutó en el largometraje con Zarpazos! Un viaje por el Spanish Horror (2014) documental que registraba con cineastas de ahora y de antes el fantástico español, luego en películas fantásticas como Vampyres (2015) donde construía un film-homenaje de Las hijas de Drácula, de José Ramón Larranz (1974) y en Parada en el infierno (2017) una del oeste con muchos ecos al Spaghetti Western.

Ahora, vuelve a centrarse en el cine, y más concretamente en El crimen de Cuenca, de Pilar Miró, rodada en 1979, y su posterior calvario, cuando el Ejército y la Guardia Civil denunciaron la película por sus secuencias de las torturas, y la película fue secuestrada y pasó por un tremendo vía crucis hasta su estreno casi dos años después en agosto de 1981, proceso que cambió la ley del código militar para que sociedad militar y civil no fuesen cogidas de la mano y no volvieran a suceder hechos tan lamentables por los que pasó la película. La acción arranca en la actualidad con el actor Guillermo Montesinos regresando a Osa de la vega, en Cuenca, donde cuarenta años atrás se había filmado la película, haciendo alusión al momento de la película cuando “El Cepa”, su personaje, volvía al pueblo, cuando todos creían que había sido asesinado, el famoso “Caso Grimaldos” ocurrido en la zona en 1913, cuando dos campesinos fueron detenidos, salvajemente torturados y encarcelados por un crimen que nunca se cometió.

También, vemos algunas imágenes de la película, de archivo sobre el caso real y el proceso que sufrió la película, y sobre todo, escuchamos a los protagonistas de la historia, intérpretes de la película, como Héctor Alterio, José Manuel Cervino, Mercedes Sampietro, entre otros, técnicos como los guionistas Juan Antonio Porto o Lola Salvador,  Marisol Carnicero, jefa de producción, o Hans Burmann, camarógrafo, políticos que vivieron la época de primera mano como José Bono, responsables de instituciones que vivieron el caso, especialistas sobre el proceso de la película como Diego Galán o Fernando Lara, el citado abogado de Pilar Miró, vecinos que participaron como figurantes en la película, descendientes de los personajes reales, y la visión femenina actual de aquellos hechos con testimonios de Mabel Lozano, Marta Ingelmo o Gozie Blanco, incluso alguna entrevista a Pilar Miró. La película explica con agilidad y veracidad todos los hechos que ocurrieron con la película, su secuestro, el estreno en el Festival de Berlín, el apoyo recibido, el intento de golpe de estado del 23-F, cuando Pilar Miró y algunos miembros de la película, ocupaban las miradas inquisitorias de los militares sublevados, y demás acontecimientos que vivió en primera persona una película que denunciaba unas torturadas verificadas más de sesenta años atrás, aunque muchos autoridades militares vieron una relación significativa con aquellas que ocurrían en aquella España todavía franquista que caminaba a pasos lentísimos hacia la libertad.

Matellano nos envuelve en un thriller sincero y honesto, imprimiendo ritmo y verdad a todo lo que se cuenta, aportando con documentación todo el contexto político y social en la que se vio inmersa la película, indagando en la soledad y el calvario personal que vivió Pilar Miró, que dirigía su segunda película y tuvo que vivir un proceso injusto, malvado y propio de un país que todavía tenía caliente el cadáver del dictador, un país que todavía mantenía las estructuras de la dictadura y sobre todo, un país con miedo, inseguro y dormido, que a cada paso que se daba se escuchaban ruidos de sables e inquietaba a los poderes franquistas todavía en el poder. Un documento excepcional para entender de los lodos de dónde venimos, las personas y los acontecimientos históricos que tuvieron que sobrevivir tantos y tantos, aquellos que se quedaron en el camino, y los momentos actuales, donde la libertad de expresión vuelve a sufrir y vuelve a encaminarse a unas estructuras demasiado conservadoras y caciquescas. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

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