Encuentro con Marisa Paredes

Encuentro con la actriz Marisa Paredes, con motivo del acto de homenaje por el Goya de Honor 2018, junto a Isona Passola (Presidenta de l’Acadèmia del Cinema Català) y Judith Colell (vocal de la Junta de la Academia del Cine Español). El encuentro tuvo lugar el jueves 13 de septiembre de 2018 en el Soho House en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Marisa Paredes, Isona Passola y Judith Colell, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Ana Sánchez y Tariq Porter de Trafalgar Comunicació, por su tiempo, generosidad, paciencia y cariño.

Testigo de otro mundo, de Alan Stivelman

UN ENCUENTRO CERCANO.

“Nunca estarás completamente sólo, si conectas con tus orígenes”

Juan tenía 12 años cuando una mañana muy temprano su vida cambió. Juan montando su caballo, en mitad del campo, haciendo unos quehaceres que le había enviado su padre, se topó con una luz muy brillante que resultó ser una nave de origen extraterrestre, el niño se introdujo en el interior del artefacto y todo aquello que presenció aquel amanecer de 1978, le ha condicionado toda su existencia, provocándole terribles pesadillas, las burlas de propios y extraños, y su aislamiento total recluido en el campo con sus animales. Casi 40 años después, el director bonaerense Alan Stivelman, que convenció a los más escépticos con su primer trabajo, Humano (2013) donde seguía la peripecia de un joven que se lanzaba a recorrer las montañas andinas en busca de respuestas. El cineasta argentino vuelve a un relato existencial, protagonizado por un hombre sencillo y tranquilo, alguien que disfrutaba de una apacible existencia junto a su familia y enriqueciéndose de la sabiduría de su abuelo sobre el campo y su alrededor. Aunque, Stivelman se centra en los grandes enigmas de la vida, esta vez, las consecuencias nacen en un caso diferente, en las consecuencias terribles de un tipo enorme peor bonachón, un ser incomprendido, un ser aislado, alguien que se encuentra sólo y triste.

Stivelman se convierte en narrador y guía de la película, mostrándonos a Juan, su casa, su vida y trabajo, y abordando aquello que lo angustia, y para ello, nos invita a un viaje hacia lo más profundo de Juan, a sus orígenes, a través de la sabiduría ancestral de los chamanes guaraníes de Paraguay, que nos descubrirán una manera completamente diferente de afrontar el suceso Ovni, estudiando sus entrañas desde lo trascendente, de aquello que no podemos ver, de aquello intangible, de todo ese mundo que sabemos que hay pero no podemos descifrar, en la ayuda a Juan, también participará el Dr. Jacques Vallée, un astrofísico experto en el fenómeno Ovni y gran defensor en la hipótesis extraterrestre e interdimensional (que conoció a Juan cuando éste vivió su encuentro). Stivelman construye una película-terapia donde el dispositivo cinematográfico se erige como medio para ayudar a Juan, abrir su mente, a través de hipnosis, y su cuerpo, para conocer sus traumas y miedos, y batallar contra ellos, de un modo frontal y con todas las herramientas científicas y espirituales que le van ofreciendo los implicados en esta historia.

El director argentino nos habla del fenómeno Ovni como estudio científico, y todo aquello que el cine, la literatura o la sabiduría popular ha creado a través del fenómeno, pero no se queda ahí, la película se sumerge en un viaje, el de Juan, y el nuestro propio, donde descubriremos otros mundos, otros estados, y sobre todo, otras percepciones de nuestro entorno y aquello que sentimos, en una especie de viaje metafísico que abarca todo nuestro ser, aquello que nos rodea, y lo más lejano, otros seres, otras vidas y otras ideas y maneras de pensar. La película no toma partido, muestra el viaje de Juan, sus encuentros mágicos, sus emociones, temores, y demás, siendo testigos de la sanación que va experimentando, a través de  lo trascendente, encontrando a seres que lo escuchan, lo entienden y sobre todo, le ayudan a encontrar las herramientas que le ayuden a superar su trauma, a dejar de sentirse solo y a aprovechar todo aquello que vivió con su encuentro con ese otro mundo desconocido.

El cineasta argentino ha construido una película sincera y magnífica, que deja la épica y la espectacularidad tan inherente al fenómeno Ovni, para adentrarse en otro terreno, un espacio donde el humanismo es el protagonista, donde la noticia fabulosa que un niño tuvo un encuentro con extraterrestre hace 40 años, que sorprendió a tantos, pasa a convertirse en que fue de aquel niño, ahora, convertido en un gaucho en la cincuentena que vive del campo y de sus animales completamente aislado, preguntándose las causas que le han llevado a ese estado, filmándolo en su entorno, mirando a su rostro, explicándonos todo lo que sucedió después, aquello que a la actualidad no le interesa, ¿Cómo creció después de su encuentro? ¿Cómo ha vivido todos estos años? ¿Qué siente ahora mismo? ¿Cómo le afectó anímicamente aquel encuentro?

Stivelman ha creado la película preguntándose por todo eso, y mucho más, llevando a Juan a otro mundo, aquel en el que alma consigue la paz, y descubre que hay otros mundos mucho más cercano de lo que imaginamos, contándolo desde la intimidad de Juan, desde el descubrimiento de esos mundos desconocidos, y acercándose a realidades diferentes, mágicas y extrañas. Un documento sobre lo invisible, en el que se pondrán a pruebas nuestras creencias sobre lo que nos rodea y aquello más allá, aquello que no sabemos contar, lo que se escapa de nuestro entendimiento, en un viaje para no solamente respondernos algunos enigmas, sino a abrazar lo que nos produce miedo a través de lo más ancestral de nuestros antepasados.

Entrevista a María Ruido

Entrevista a la cineasta María Ruido en el marco de la 26a Mostra Internacional de Films de Dones de Barcelona. El encuentro tuvo lugar el jueves 7 de junio de 2018 en la Filmoteca de Catalunya en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a María Ruido, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, al equipo humano que hace posible la Mostra, por su cariño y generosidad, y a Teresa Pascual y Anne Pasek de Good Movies Comunicació, por su tiempo, generosidad, paciencia y cariño.

El vuelo de la paloma, de José Luis García Sánchez

TODOS AMAN A PALOMA.

«La especie humana produce ejemplares horribles y también maravillosos, lo que pasa es que estos otros casi nunca son noticia».

Rafael Azcona

La película se abre con unas imágenes aéreas de Madrid al amanecer, recorriendo las arterias principales de la ciudad, visitando los monumentos más significativos, mientras escuchamos diferentes emisoras de radio que van desgranando las noticias más significativas del día que acaba de arrancar. Cuando finalizan los títulos, nos situamos en una calle cualquiera del centro, y seguimos a uno de los personajes, un pescadero rechoncho y con bigotillo que porta un paquete, nos conduce hasta una plaza (que se convertirá en el núcleo central de la película) y un bloque de pisos, donde conoceremos a la protagonista de la función, Paloma, una maruja en toda regla, de esas mujeres que viven dos vidas, la realidad amarga cargada con cuatro hijas y un marido palillo y botarate, que no da ni golpe y vive de chanchullos junto a su hermano abogado imbécil, y la otra vida, aquella en la que sueña que alguien la rescate de esa vida y la lleve a otros lugares. También, conoceremos a otros vecinos, el fascista de turno, que es muy amigo de un idiota, metomentodo y además, enamorao de una de las hijas adolescentes de Paloma. Para redondear el marco pintoresco de la función, el suegro de Paloma, un chamarilero de los de toda la vida, comunista y amante de los pequeños placeres.

Todo este cuadro se verá interrumpido y agitado por el rodaje de una serie sobre la Guerra Civil, donde aparecerá el galán trasnochado de turno, aquel que iba para gran actor y se quedó en eso. Estamos en 1988, José Luis García Sánchez (Salamanca, 1941) acaba de hacer Pasodoble, en la que una familia quijotesca ocupan un museo propiedad del monarca, que en su juventud, según dice la abuela, tuvo un sonado idilio con ella. Una cinta que contenía todos los elementos que tanto le gustan a García Sánchez, como lo coral,  retratando a un grupo de personajes excéntricos, deudor del cine Berlanguiano, muchas de sus películas estaban escritas junto a Rafael Azcona (1926-2008) quizás el guionista más grande del cine español, en unas tramas rocambolescas y alocadas, donde cada uno hace la guerra por su cuenta, dentro de un tema central, en el que como cabrá esperar, estos personajes no saldrán bien parados,  y sus sueños e ilusiones no tardarán en dar al traste y vuelta a empezar.

García Sánchez y Azcona no sitúan en un único lugar, la plaza donde se desarrolla el rodaje, junto al piso de Paloma, que parece la casa de los líos, y la roulotte de Luis Doncel, el actor, espacios todos ellos donde las desventuras de este grupo de caraduras y mamarrachos, siempre con humor, deambularán de un sitio para otro, todos andan detrás de un objetivo que, en principio desconocen que sea común, todos aman a Paloma, todos y cada uno de ellos, a su manera, que nunca parece que sea la más adecuada para Paloma, una mujer resignada a una vida insignificante, vacía y rutinaria (como define su atuendo de arranque de la película, ese chándal rosa y el abrigo de leopardo de pega, y qué decir de su peinado, el último grito de la pelu de la esquina). La llegada del cine, en este caso una serie, donde el actor-galán de tres al cuarto (con sus postizos de todo tipo, el pelo en pecho, la dentadura, incluso sus sentimientos) es el que lleva la voz cantante, el que tampoco se resistirá a los encantos de la maruja de barrio que es Paloma.

Azcona en su peculiar forma de observar al perdedor, al tipo corriente que todo le sale mal, entre otras cosas, porque no da más de sí, y también, por culpa de esa sociedad injusta, superficial y malévola, construye una sátira para reírse de todos y de todo, atiza con fuerza y con mucha mala uva, pero con su finísimo humor, en ocasiones, negrísimo, a todo lo que se mueve, con una libertad que ha desparecido hoy en día, una libertad para hablar de todo, y con ese humor, desde el contexto político y laboral, metiendo esa huelga (haciendo referencia a la que tuvo el Psoe de González en el 88) y las constantes disputas con los horarios, la comida y demás que se producen durante esa única jornada de rodaje, la reconciliación de las dos Españas (desde el contenido de la serie que se rueda, con la entrada de los regulares en Madrid, y la disputa de los vecinos, el facha de toda la vida, y el viejo comunista) el machismo que practican casi todos los hombres, el racismo (con el caso de los trabajadores negros de la película) o la pederastia (en el personaje enchochado con la niña de Paloma) sin olvidarnos de las hostias que se dan al mundo del cine, y su farándula, y todas las criaturas que pululan por ese medio, temas que hoy en día, de estúpida corrección política para no dañar las sensibilidades falsas y aparente, que han sido vetados en el cine y en cualquier manifestación artística, donde el yugo de la censura y autocensura se ha convertido en el pan de cada día.

Y qué decir de su elenco, lleno de caras conocidas, algunas de ellas ya desaparecidas, como la alma amorosa de la película, una Ana Belén riquísima y espectacular, que anda escabulléndose de todos e intentando respirar en este enjambre de salidos y tontos de capirote, le acompañan, José Sacristán, como el marido aprovechao, pusilánime y tontín, y su escudero-hermano Miguel Rellán, como el rufián abogado defraudador y corrupto (la eterna picaresca y sanguijuela del español de toda la vida) Juan Echanove como el enamorado romanticón y advenedizo controlado por su madre (como el Gabino Diego de Belle Epoque con su madre carlista) Antonio Resines como el pederasta de turno, ese que las mata callando, con su chándal y su bigotón, baboso e impertinente, que siempre armando bronca, una especie de Sancho Panza al servicio del fascista maricón, y Juan Luis Galiardo como el actor lleno de carcoma de la función, galancito con arrugas y maquillaje sudoroso que anda tras Paloma como alma en pena (con ese grito de socorro aludiendo a Fernando Fernán Gómez) queriendo creerse que todavía alguien se acuerda de él, arrastrándose por las esquinas como un lobo en los huesos.

Finalmente, como suelen pasar en estas películas de la factoría Azcona hay una retahíla de actores de reparto que en unas pocas secuencias deslumbraban hasta el más distraído de los espectadores como Manuel Huete, que era asiduo de García Sánchez desde aquel inolvidable momento de Las truchas, con esos mágicos momentos con Luis Ciges, aquí de historiador enfadado, hablando de la cartilla militar de Hitler (que según e cuenta fue totalmente improvisado) Juan José Otegui como ese productor gentleman con pañuelo al cuello (una especie de López Vázquez en La escopeta nacional y sus secuelas) José María Cañete como el fascista de brazo en alto y de moralidad “dudosa”, y un instante podemos ver a Luis Cuenca, entre otros. Entre los productores encontramos a Víctor Manuel (que ya había producido Divinas palabras, de García Sánchez, y posteriormente hará lo mimso con Tirano Banderas) a Andrés Vicente Gómez con Lola Films (respnsable de títulos como Jamón, JamónBelle Epoque) a los grandes Fernando Arribas en la cinematografía (habitual de García Sánchez) y Pablo G. del Amo (el gran editor de la factoría Querejeta) a Manuel Gómez Pereira como ayudante de dirección, a Cesar Benítez y Andrés Santana como ayudantes de producción. Volver a ver o ver por primera vez en cine El vuelo de la paloma, no sólo nos hará pasar un grandísimo rato de comedia divertidísima, sino que nos devolverá una manera diferente de hacer cine, donde la amistad era una parte fundamental, donde el cine brotaba, donde se podía abordar cualquier tema desde el humor y la ironía, la transgresión y la libertad que proporcionaba un contexto diferente y cotidiano, donde reírse de uno mismo era esencial para soportar los sinsabores de la vida y la amargura humana.

Encuentro con Nöel Burch

Encuentro con el teórico y director dinematográfico Nöel Burch, con motivo del ciclo «Els teòrics fan cinema: Thom Andersen y Nöel Burch», que le dedica la Filmoteca de Cataluña, junto a Esteve Riambau y Octavi Martí, director y subdirector de la Filmoteca, respectivamente. El encuentro tuvo lugar el martes 17 de abril de 2018 en la Filmoteca de Cataluña en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Nöel Burch, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Jordi Martínez de Comunicación de la Filmoteca, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Entrevista a Luz Ruciello

Entrevista a Luz Ruciello, directora de la película «Un cine en concreto». El encuentro tuvo lugar el lunes 2 de abril de 2018 en su domicilio en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Luz Ruciello, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Erika Sanchez, por descubrirme la película, y por su simpatía, generosidad, paciencia y cariño.

Diálogo entre LAV DIAZ y ALBERT SERRA

Diálogo entre los cineastas Lav Diaz y Albert Serra, con motivo de la retrospectiva que le dedica la Filmoteca de Cataluña al director filipino, en la Filmoteca, junto a Esteve Riambau, director de la Filmoteca. El diálogo tuvo lugar el martes 10 de julio de 2018 en la Filmoteca de Cataluña en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Lav Diaz y Albert Serra, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Jordi Martínez de Comunicación de la Filmoteca, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Puta y amada, de Marc Ferrer

(DES) AMORES, AMIGOS Y CINE.

“Si no se puede ser hermoso hay que ser terrible, la misma pasión estética pero invertida”

Nos encontramos en un cine, unos amigos están viendo alguna película de Godard, Truffaut, Pialat o la última de Woody Allen, la siguen con atención, inmersos en un estado hipnótico por sus imágenes y sonidos, abducidos por las historias que se cuentan. Cuando acaba la película, toman algo en el bar más cercano y hablan sobre la película, que les lleva a hablar de ellos mismos, de sus (des) amores y existencia vital. Este instante, cotidiano y resistente, podría ser la secuencia habitual del cine de Marc Ferrer (Sabadell, Barcelona, 1984) que después de graduarse en Comunicación Audiovisual en la UPF, y de realizar cortos y videoclips, debutó en el largometraje con Nos parecía importante (2016) donde las vivencias autobiográficas,  la amistad y la cinefilia eran los pilares en los que se asentaba su película. Al año siguiente, vimos La maldita primavera, que, aunque continuaba hablándonos de amigos y cine, lo hacía a través de un tono diferente, en una comedia muy gamberra, muy divertida, en el que se mezclaba la Barcelona actual, mucha música pop de Papa Topo, devaneos sentimentales, extraterrestres y mucho trash.

En su tercera película, Puta y amada, Ferrer vuelve a la premisa de su opera prima, donde vuelve a hablarnos de sí mismo, de sus amigos, algunos interpretándose a sí mismo, donde se vuelve hablar de cine, de literatura, y sobre todo, de la fragilidad de los sentimientos, y la vulnerabilidad de las emociones, a través de relaciones frugales, insatisfechas, acomodadas, tristes, reconciliables o no, locuras y demás (des) amores, y lo hace desde la naturalidad y la cercanía, a partir de esa austeridad narrativa y formal que hace de la carencia de medios, una bandera para contarnos relatos frescos, divertidos y actuales, filmando esa Barcelona de día, pero sobre todo, de noche, la Barcelona canalla,  la del Cine Zumzeig, la de Freedonia, la del Raval, con su Mónica del Raval (que aquí tiene un cameo, volviendo al universo Ferrer, ya que en La maldita primavera tenía un personaje importante) aquí tenemos la presencia de Yurena marcándose la actuación de uno de sus temas disco, a la que veremos en otros momentos, también envuelta en amores inconclusos. Estaremos en otros tantos lugares, donde la ciudad, esa Puta y amada, para Ferrer y sus amigos, como epicentro y responsable inocente de sus logros o desaciertos vitales. También, hay mucha música, escuchamos canciones pop, que nos hablan del interior de los personajes, de sus sentimientos y estados de ánimo.

El director sabadellense construye sus películas de 60 minutos de metraje, un tiempo en el que no cesan de ocurrir cosas, donde el ritmo nos lleva de un sitio a otro  de forma frenética, a los (des) encuentros casuales o no, nos sitúan en situaciones cotidianas, realistas o no, donde los personajes siguen a sus amados, queriendo encontrar ese sentido a sus vidas o aprender a relajar su corazón y que no vuelva a salir perjudicado por tantos cambios. Ferrer elogia la imperfección, la fealdad, huye de lo bonito y perfecto, no juzga a sus personajes, los filma desde la naturalidad y la intimidad, en una especie de catarsis autobiográfica, en el que lo vivido en la realidad pasa a ser materia de ficción, en el que la vida y el cine se mezclan, fusionan y crean una especie de híbrido donde vida y película dialogan entre sí, creando una nueva dimensión donde la realidad y la ficción se traspasa continuamente, pero, siempre desde un sentido sencillo y honesto, sin crear ningún tipo de discurso o subrayado narrativo, la película se cuenta desde el deseo de hacer cine, de vivir el cine y de sentir el cine desde lo más mínimo, desde sus orígenes, filmando todo aquello que nos ocurre, que forma parte de nuestras vidas.

El cine de Ferrer reflexiona continuamente sobre el valor de las imágenes, sobre su construcción y su tiempo, donde la Nouvelle Vague sería el epicentro romántico cinematográfico, donde nacen sus imágenes, un lugar de referencia del que se originan estas películas, donde continuamente se  establecen diálogos entre el cine y la vida, donde no sabemos dónde acaba uno y empieza el otro, como el instante en el que Júlia entra en la cabina del proyeccionista del cine  y mira con amor ese proyector en 35 mm. Marc hace un cine libre, fresco, natural y divertido, alejado de todas esas moderneces, imperativos narrativos o formales, donde se recupera la cinefilia, el amor al cine, sus personajes van al cine, hablan de él tomando algo, como una mirada hacia lo que fue el cine, lo que ya no es, porque Ferrer elogia el cine diferente, hecho desde la emoción, en el que prevalece el contenido a la forma, aunque la forma, a pesar de resultar aparentemente sencilla e improvisada, casa perfectamente a aquello que se nos cuenta, sin entrar en ninguna virguería técnica o demás, que rompería esa naturalidad y espontaneidad que destilan las imágenes de la películas de Marc.

Marc que se reserva un personaje, el del cineasta en crisis creativa y sentimental, está acompañado en esta nueva aventura por una de sus cómplices habituales y compañeras, Júlia Betrian, con su desparpajo y cercanía, Zaida Carmona, que con su tono de voz y mirada, nos recuerda a Marta Fernández Muro, una de las actrices capital en aquella comedia madrileña de los 80 (que como hacía en La maldita primavera, donde se marcaba el temazo de “La llamada”, aquí Zaida, nos deleita con un tema de The Cranberries) Adrià Arbona y sus Papa Topo, y demás inquilinos en el universo gamberro y sensible de Ferrer, que recuerda a aquellos primeros filmes de Waters, Fassbinder, Colomo o Almodóvar, o más recientes como los films de Jonás Trueba, donde a través de amigos y la obligada austeridad de medios, nos hablaban de sus emociones, del cine que amaban y de esos amores que van y vienen, que a uno lo matan o resucitan, porque Ferrer quizás haya hecho su película más realista, más acogedora, y más tierna, donde explora tanto la felicidad como la infelicidad de él y sus amigos, de todo aquello que se siente enfrentado a la realidad dura y siniestra, donde la dificultad de interpretar nuestros sentimientos que choca con los hechos, nos confunde, nos irrita, y nos entristece, como ese maravilloso momento en el taxi con el propio Marc junto a Zaida, en el que cine y vida se transmutan creando, quizás, uno de los momentos más mágicos en el cine de Ferrer.

78/52. La escena que cambió el cine, de Alexandre O. Philippe

LA SOMBRA DE HITCHCOCK ES ALARGADA.

Todo buen aficionado al cine que se precie, conoce o ha oído hablar del director Alfred Hitchcock (1899-1980) un cineasta con más de medio siglo de  carrera, desde sus comienzos, en los años 20, en su Inglaterra natal, escribiendo guiones y filmando películas. Después en EE.UU., abriendo su carrera con Rebeca (1940) a las que continuaron películas que forman parte de la historia del cine como Sospecha, La sombra de una duda, Recuerda, Encadenados, La soga, Extraños en un tren, La ventana indiscreta o Vértigo, por citar algunas de las más representativas. En el año 1960, Hitchcock está considerado uno de los grandes del cine y se ha convertido en el mago del suspense y terror, y goza de un gran éxito debido a su última película Con la muerte en los talones, y el público goza la noche de los domingos con su serie televisiva Alfred Hitchcock presenta que se emite desde 1953. La nueva obsesión del cineasta es una novela que se llama Psycho, escrita por Robert Bloch, un escritor sensacionalista que trata de manera morbosa los crímenes de Ed Gein, un asesino en serie de Wisconsin. La negativa de Paramount de financiar la película, obliga a Don Alfred ha recurrir a sus ingresos de la serie y su equipo en la misma, para filmar la adaptación.

La película tendrá el mismo espíritu de La soga, todo sucederá en un mismo escenario, en unos decorados construidos en los estudios Paramount, y se rodará en blanco y negro, un color que sólo ha utilizado en dos ocasiones (Yo, confieso y Falso culpable) en los últimos 7 años. Aunque, Hitchcock, como viene siendo habitual, y con la ayuda del guionista Joseph Stefano, le dará un nuevo tratamiento al relato que cuenta la novela, y lo convertirá en una trama muy personal y sobria,  muy alejada de la novela, donde, entre otros aspectos, la protagonista morirá a los 40 minutos de la película, y no por el asesino que creen los espectadores, y la identidad del asesino, no se desvelará hasta el final, una nueva herramienta que se alejaba del cine de Hitchcock. La secuencia más recordada de la película será la escena de la ducha, donde Marion Crane, el personaje que interpreta Janet Leigh, morirá acuchillada por una extraña señora a la que no veremos su rostro.

Contados los antecedentes, nos centramos en la película 78/52 La escena que cambió el cine, de Alexandre O. Philippe. Un cineasta suizo con experiencia en el campo documental cinematográfico, ya que ha que hecho películas sobre el fanatismo de Star Wars y su creador en The people vs. George Lucas (2010) sobre la construcción de los mitos, centrándose en el caso del cefalópodo Paul que adivinaba los resultados del Mundial de 2010, en The Life and Times of Paul the Pychic Octopus (2012) y finalmente, la resurrección del fenómeno zombie en Doc of the Dead (2014). Ahora, se centra en otra de sus obsesiones, la escena de la ducha de Psicosis, ya desde su propio título, haciendo referencia a esos 78 planos y 52 cortes que tiene, todo un inmenso trabajo que llevó siete días de filmación (desde el 17 al 23 de diciembre de 1959) para un duración en pantalla de sólo 45 segundos. Philippe convoca en su película a varios expertos en el asunto como Walter Murch (editor de Coppola, entre otros) que además de desvelarnos que en La conversación, de Coppola, hay una secuencia que copia la escena de la ducha, nos disecciona minuciosamente la secuencia, explicando con detalle de cirujano cada uno de sus planos, sus cortes, sus puntos de vista, la música de Bernard Herrmann (habitual de Hitchock) y cada elemento desde todas las posiciones y visiones, redescubriendo para muchos nuevas herramientas de ese instante, como si lo viéramos por primera vez, dejándonos llevar por los innumerables detalles que se condensan en la secuencia.

También, escucharemos a otros cineastas como Guillermo del Toro, Peter Bogdanovich, Danny Elfman, escritores como Bret Easton Ellis, Jamie Lee Curtis (hija de Janet Leigh) que realizó una parodia de la escena, incluso Marli Renfro (chica playboy que actuó como doble de cuerpo en la escena) pasaran por delante nuestro el propio Hitchcock en material de archivo, y otros componentes de la película, así como expertos en el cine de Hitchcock, biógrafos, cineastas actuales del género de terror, y fans de Hitchock. Philippe también nos muestra algunas escenas de la película filmadas por él mismo, que copia algunos momentos de la película, que protagoniza Janet Leigh, amén de ver secuencias de la memorable película, eso sí, nunca veremos en su totalidad la famosa escena de la ducha, Philippe nos la mostrará fragmentada, como si nuestra imaginación tuviese que reconstruirla en nuestra cabeza, dejando espacio para la fábula y la inventiva, para acercarnos con intimidad a ese instante que cambió la historia del cine.

El director suizo nos descubre todos aquellos autores que se vieron influenciados por Hitchcock y la mítica escena, que supuso un antes y después en los parámetros narrativos cinematográficos, dejando una huella imborrable que llega hasta nuestros días, sesenta años después, su legión de admiradores sigue creciendo, incluso, descubriremos que el propio Scorsese también fue hechizado por la sombra del cineasta, desvelándonos que para una escena de Toro salvaje, se tuvo muy presente el asesinato de la ducha, como inagotable fuente de inspiración para tantos, y como no, para otros cineastas como De Palma y otras películas que han homenajeado o copiado el recurso de la ducha para sus películas, a nivel dramático como cómico. Philippe no sólo ha construido una película desde la fascinación al maestro, sino que nos reinventa la secuencia, mostrándola desde infinitos puntos de vista, donde la escena vuelve a reconstruirse en bucle, donde cada espectador que se acerca la (re) descubre y se queda fascinado por su maestría, modernidad y extraordinaria visión.

Presentación libro: Xcèntric Cinema. Conversaciones sobre el proceso creativo y la visión fílmica.

Presentación del libro Xcèntric. Conversaciones sobre el proceso creativo y al visión fílmica, con la presencia de Carolina López (directora de Xcèntric) Gonzalo de Lucas (director de la publicación) y Vicenç Villatoro (director del CCCB). El encuentro tuvo lugar el jueves 19 de abril de 2018 en el auditori del CCCB en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Carolina López, Gonzalo de Lucas y Vicenç Villatoro, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño,  y a Gloria Vilches (coordinadora de projectes audiovisuals CCCB) por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.