Omar, de Hany Abu-Assad

1010863_fr_omar_1378206363758Amor a pesar de la barbarie

Hany Abu-Assad, palestino de nacimiento pero holandés de adopción, lleva desde los años 90 produciendo y dirigiendo películas con un alto contenido político, y situadas en el difícil conflicto que mantienen palestinos e israelís desde principios del siglo XX. Su saltó a la fama mundial se produjo con Paradise now (2005),  brillante e intenso retrato del último día en la vida de dos suicidas palestinos. La película obtuvo un gran reconocimiento internacional que vino acompañado de una nominación a los Oscar, el Globo de Oro y sendos premios en la Berlinale. Ahora, vuelve a mostrarnos otro retrato ambientado en los territorios ocupados de la franja de Cisjordania, un lugar situado entre dos mundos, el que separa el muro que divide una tierra marcada por la sangre y la tragedia. Siguiendo la línea que vertebra buena parte de su filmografía, la trama se centra en la figura de Omar, un joven palestino de oficio panadero, que salta el muro de la vergüenza cada vez que visita a  su novia, Nadia, con la mantiene una relación secreta. La joven,  hermana de Tarek, que con Amjad, -que también ama a Nadia-, y el propio Omar, a parte de ser amigos desde la infancia, pertenecen a un grupo de resistencia, que realizan actividades armadas clandestinas contra el ejército israelí. En uno de los ataques asesinan a un soldado judío, hecho que provocará la detención y encarcelamiento de Omar. La cámara de Abu Assad sigue sin descanso a unas criaturas que viven bajo la amenaza constante del yugo terrorífico del estado de Israel. El realizador palestino filma con pulso firme, conoce los mecanismos cinematográficos a la perfección y sabe dotar a cada situación de la intensidad dramática que requiere en ese momento. Tragedia de tintes shakesperianos en el que la mirada de Abu-Assad nos confina en situaciones complejas en que nos mira de frente y nos cuestiona elementos humanos como son la amistad, la traición, la venganza, la lealtad, la lucha armada como única vía a la ocupación… Remitiéndonos a un cine político de primera magnitud con nombres como los de Bertolucci, Costa-Gavras, Petri y otros tantos que se interesaron por los conflictos políticos que asolaron buena parte de la segunda mitad del siglo XX. Magnífica película con una impecable composición Adam Bakri, que interpreta al desdichado Omar, dotándole de una mirada y una fuerza que llegan a sobrecoger. El filme se alzó con el Premio del Jurado en el Festival de Cannes, y fue nominada a los Oscar. El realizador palestino nos habla del amor como una vía posible para soportar la barbarie cotidiana en la que se ha convertido la vida de muchos palestinos que sobreviven en los territorios ocupados. Aunque la lucha constante y diaria por la supervivencia acaba minando a todos los personajes, conduciéndolos a una encrucijada donde ya nadie sabe en quién puede confiar, y sobre todo, a enfrentarse, no solamente a los demás y a su propio entorno, sino a uno mismo, que es quizás, el peor de los conflictos.

Open Windows, de Nacho Vigalondo

001-open-windows-teaser-eeuuParanoia fetichista en la red

Nick Chambers es un joven admirador de la actriz del momento, Jill Goddard, protagonista de la saga de terror más exitosas de los últimos años. Nick gana un concurso que consiste en cenar con la guapa actriz. Pero, la noche que tiene que celebrarse el encuentro, el joven, que espera en una habitación de un lujoso hotel, recibe una misteriosa llamada de alguien de la productora, que le comunica que se ha cancelado. La voz que se hace llamar Simon Chord, invita a Nick a un juego voyeurista y macabro, le propone pasar la velada observando a la actriz que se va a encontrar con su amante en una habitación de enfrente, desde su ordenador a través de Internet. La tercera película de Nacho Vigalondo, tiene un arranque prometedor, podríamos situarla en un cruce entre La ventana indiscreta (1954), de Alfred Hitchcock y El fotógrafo del pánico (1960), de Michael Powell. El joven protagonista controla todos los movimientos de la actriz, su móvil, su ordenador… absolutamente todo, o quizás, a través de todos esos dispositivos, también él está siendo controlado. Nick abre y cierra ventanas a través de su ordenador, va de un lugar a otro, sin moverse de la habitación. A modo de thriller paranoico, el realizador cántabro nos propone un viaje hacía el terror desde todas las infinitas posibilidades informáticas que la tecnología es capaz de controlar. Podría verse como una vuelta a los orígenes y temas de su opera prima, Los cronocrímenes (2007), que  ya desarrollaba de forma más  eficaz una trama donde abundaban las falsas identidades, el observador y el observado, a los espejos y sus reflejos deformantes, a las situaciones kafkianas y los ambientes malsanos y terroríficos situados en ambientes domésticos. La trama se complica cuando el perverso juego de Chord va más allá y las situaciones empiezan a descontrolarse, en las que se incorporan nuevos elementos, como unos hackers desde París y la intervención de la policía, añadiendo más testosterona kamikaze a la que ya había. En ese instante, la acción deriva en un perverso juego del gato y el ratón, a ver quién caza a quién, y sobretodo, en una película de acción trepidante, con persecuciones incluidas, siempre desde el punto de vista de una pantalla de ordenador y la ventana que se está observando en ese instante. Vigalondo sabe manejar a los espectadores, llevarlos de un lugar a otro, levantarlos de la butaca e introducirlos en la compleja madeja argumental de su obra. Aunque si bien técnicamente la película está muy lograda y supone todo un desafío su producción, argumentalmente, sólo se sostiene la primera mitad, la segunda y sobretodo, la parte final, los abundantes giros de la trama y los efectistas golpes, algunos del todo inverosímiles, deslucen enormemente el conjunto de la película. Protagonizado por Elijah Wood (convertido en icono de thrillers españoles, ya que está es su tercera colaboración, después de las películas con Alex de la Iglesia –Los crímenes de Oxford (2008), y Eugenio Mira –Grand piano (2013). Y por la sugerente y sexy, Sasha Grey, auténtico objeto de deseo de la película. Una propuesta interesante a medias, aunque resulta gratificante su novedosa apuesta en la aplicación de las nuevas tecnologías en el campo del cine.

Foxfire, de Laurent Cantet

foxfireRebeldía ante el sistema

Hace 6 años, Laurent Cantet deslumbró al mundo cinematográfico con  La clase, un retrato sincero y emotivo que reflejaba de manera brillante y eficaz los problemas que un profesor de literatura se enfrentaba a diario con sus alumnos en el transcurso de un año escolar en un instituto de la Francia laica y republicana. La película cosechó excelentes críticas y se alzó con la Palma de Oro del Festival de Cannes. Ahora, apoyado nuevamente en las dificultades que se enfrentan los adolescentes, presenta un relato ambientado en 1953, en una pequeña ciudad obrera estadounidense, sobre un grupo de chicas que se rebela contra el machismo y la servidumbre imperante que las someten los hombres. Lo que empieza como unos actos de protesta más cercanos a una aventura, derivará en un grupo femenino que aboga por la cooperativa, rechazando cualquier mercantilismo y propiedad capitalista. Su medio para ganarse la vida lo encontrará en desvalijar a los hombres maduros que previamente han seducido mediante sus dotes femeninas – como hacia el grupo de jóvenes de La carnaza (1995), de Bertrand Tavernier -. Lo que en un principio es un grupo homogéneo en el que todas van a una y creen a pies juntillas en la causa organizada y frente común, degenerará en las habituales tensiones y conflictos normales que se van originando debido a las dificultades domésticas y personales en las que se van encontrando. Cantet es un cineasta interesado en los temas sociales que afectan a los ciudadanos en su vida diaria y cómo estos,  les impiden realizarse como personas en la sociedad actual. Es la primera vez que sitúa una de sus historias fuera de la actualidad, y rueda en otro idioma (inglés), aunque sigue fiel a su estilo, continúa retratando individuos que protestan y se rebelan contra lo establecido y proponen nuevas fórmulas para combatir un sistema capitalista cegado por los números y no por las personas. El realizador francés propone un cine humanista, un cine que reflexione firmemente  sobre los problemas de las sociedades modernas, y que además no sea un mero vehículo de entretenimiento, un cine que profundice sobre los temas observándolos de manera inteligente y madura. Cantet vuelve a inspirarse en una novela, como ya hiciera en La clase, en esta ocasión dirige su mirada hacía el texto Puro fuego,  de Joyce Carol Oates – ya llevado al cine en 1996 con el título de Jóvenes incomprendidas, con Angelina Jolie -. El protagonismo del relato se reserva a Legs y Maddy, figuras gérmenes y líderes del grupo, para centrarse en el verdadero sentido de la amistad, el paso a la madurez, la lucha que deriva en violencia, y de unos ideales basados en la libertad y en el colectivo, en contraposición  con el American Way of Life, que había llevado a la sociedad a un ensimismamiento por lo material. Estructurada a través de un prólogo y epílogo, donde el personaje de Maddy, ya adulta e  instalada en el convencionalismo de los años 60, nos cuenta a modo de recuerdo y en off, aquella aventura que vivió en su adolescencia.  Relato naturalista, modesto y sincero, su principal virtud se basa en desentrañar ciertos valores, que desgraciadamente andan muy caducos en la sociedad actual. Podríamos ver la película como una forma de homenaje a las ideas que llenaron de  ilusión y esperanzas a una generación que soñó con un futuro mejor – el personaje del viejo socialista sería ilustrativo – pero que finalmente no llegaron a reflejarse en la sociedad, y el tiempo las fue olvidando.

El sueño de Ellis, de James Gray

360675-affiche-usa-the-immigrant-620x0-1Amargura en el Nuevo Mundo

En 1917, Charles Chaplin dirigió The immigrant, un cortometraje de 25 minutos, protagonizado por el mítico Charlot, donde se relataba las dificultades en las que se veían envueltos los inmigrantes que viajaban hacía una nueva vida en EE.UU. Al llegar a la isla de Ellis, fente a Nueva York, Charlot era acusado injustamente de robar. Casi un siglo después, James Gray retoma el título del genio y nos presenta una historia que arranca de la misma forma. Ahora, las que arriban son dos hermanas polacas, Magda, que se queda seis meses retenida a causa de su tuberculosis, la otra, y Ewa, que al igual que le sucedía a la criatura de Chaplin, es acusada injustamente, en esta ocasión, el delito radica en la moral relajada durante la travesía. Pero, un golpe del destino o de la fatalidad, según se mire, en el momento que va a ser deportada, aparece Bruno, un malhechor y proxeneta con influencias en la policía, que la sacará del apuro y la obligará a prostituirse para liberar a su hermana enferma. Gray fabrica un producto que bebe de las fuentes clásicas, de los independientes hollywoodienses y de la generación de los 70. Una obra que en apariencia parece una película muda, aunque podría mirarse como una eficaz y fiel reconstrucción de las dificultades en las que se encontraban los inmigrantes que querían empezar una nueva vida en el nuevo mundo a principios del siglo pasado. La película tiene una textura marca de la casa,  sigue fiel a ese  cine rabioso, contenido e inteligente que nos tiene acostumbrados el realizador estadounidense. No obstante, guarda enormes paralelismos con su anterior obra, Two lovers (2008), en los que Leonard (Joaquin Phoenix), con graves problemas emocionales, se debatía entre dos amores, el del tradicional que le ofrecía, Sandra, o el de la aventura que le proponía la vecina Michelle. Ahora, Ewa, el alma de la función, se debate entre dos hombres, aunque en circunstancias diferentes, por un lado, está  Bruno, que la ama en secreto, y hará todo lo posible para retenerla, y más cuando aparece Orlando, una mago buscavidas y primo de Bruno, que es la antítesis del anterior, y en cambio, le ofrece una nueva vida a la desdichada Ewa. Un obra a contracorriente y maravillosa, exquisitamente fotografiada, extrayendo esa luz mortecina que acompaña a toda la película, en la que no faltan los toques de thriller que sazonan la dramaturgia de Gray, los personajes ambiguos y en deriva emocional, que transitan por lugares oscuros y lúgubres, y que se ahogan en circunstancias amargas que las únicas vías de salida que encuentran los abocan a un destino fatalista. Todo el relato de Gray se sostiene a través de la mirada de Ewa, una Marion Cotillard – que nos recuerda a las heroínas del mudo como Lilian Gish, Claro Bow o Janet Gaynor -, en un registro diferente al que nos tiene acostumbrados, componiendo un personaje de apariencia frágil,  pero que esconde una mujer fuerte y dispuesta a sobrevivir a pesar de las dificultades en las que se ve sometida, a su lado, un Phoenix, magnífico en su rol de malvado y amargado personaje, y el tercer vértice, Jeremy Renner, que aporta el contrapunto positivo abriendo un nuevo camino a la protagonista. Un relato de apariencias, de espejos deformantes que reflejan unas vidas de personajes solitarios que caminan sin rumbo fijo. Una obra de madurez que nos devuelve el mejor cine de la mano de uno de los nombres más importantes de su generación, que están renovando y de qué manera el panorama cinematográfico estadounidense con los Alexander Payne, Wes Anderson, Paul Thomas Anderson, Sofia Coppola…

De caballos y hombres, de Benedikt Erlingsson

historias_de_caballos_y_hombresLa lucha contra los elementos

Una fría y soleada mañana en algún lugar de Islandia. Un hombre de mediana edad sale a pasear con su nuevo caballo, una hermosa yegua blanca, los dos lucen esplendorosamente frente a la atenta mirada de sus vecinos que los felicitan a su paso. De repente, un ejemplar macho negro divisa a la yegua y sale corriendo tras ella hasta conseguir montarla ante la estupefacción y asombro del jinete, y los demás atónitos espectadores. De esta forma, arranca De caballos y hombres,  opera prima de Benedikt Erlingsson, es una tragicomedia coral, irreverente y transgresora con grandes dosis de humor negro, a la que no le faltan algunos golpes secos de extrema violencia. Una aventura cotidiana sobre la relación que se establece entre los hombres islandeses y sus caballos. Caballos fuertes, duros, bajos y bellísimos que son parte fundamental en la vida diaria de estas personas encerradas en su pequeña y humilde comunidad alejada del mundanal ruido. Tomando la línea episódica  de películas como Nashville (1975) y Vidas cruzadas (1993), ambas de Robert Altman, el realizador islandés nos presenta una cinta donde varias historias independientes entre sí se van entrelazando a lo largo del relato, en las que hay cabida para todo tipo de géneros y puntos de vista. Todas tienen en común, eso sí, un tono parecido, una manera de acercarse a la cotidianidad bajo un prisma alegre y triste, humano y salvaje, real y ficticio, en el que las situaciones y circunstancias que se ven inmersos los personajes que transitan por el relato son duras pruebas para seguir hacia delante y sobretodo, un proceso de conocimiento personal en el que cada día forma parte de una aventura constante, para seguir luchando contra los elementos que se van interponiendo en nuestro camino de vivir. El tratamiento formal de Erlingsson basado en planos cortos y tomas largas, donde el objetivo radica en la imagen, en que la película se cuente a través de su propio mecanismo, y evitar el recurso del diálogo. Una muestra más del acierto compositivo del realizador islandés que deja que su obra se alimente de ella misma y se acerque al espectador de manera sencilla, convirtiendo su obra en una crónica de una forma de vivir y sentir de unas personas que viven y trabajan con caballos. Otro de los elementos a destacar es la dirección de actores, unos personajes que se mueven eficazmente confundiéndose con un paisaje en la que la ausencia de árboles es notable. Unas criaturas que se aman y odian, y también,  forman esta comunidad que batalla a diario soportando las duras condiciones climatológicas con entusiasmo y tristeza, según la circunstancia en la que se tropiecen. Ligera y divertida, en algunos momentos, y durísima e intensa, en otros, esta fábula rural y campestre, fue galardonada con el premio a la Mejor Película en la Sección Nuevos Directores del Festival de San Sebastián del año pasado,  gustará a quienes les apasionen conocer nuevas culturas y formas de vida.

Se fa saber, de Zoraida Roselló

se-fa-saberÉrase una vez… en lo poble

La debutante Zoraida Roselló con la compañía de su cámara, se instaló durante el período de un mes en la pequeña localidad de Santa Bárbara (Comarca del Montsià), en las tierras del Ebro, un pueblo donde anidaban raíces de su infancia, con el objetivo de documentar la vida de sus habitantes más longevos.  La joven directora  recurre a un tono humano, cercano y caricaturesco para describirnos a sus gentes, explorar sus costumbres y mostrarnos la cotidianidad de su tiempo: el que vivieron, y el que están viviendo. Planteada a través de una jornada, arranca con un amanecer y se despide con el crepúsculo. La mirada de Roselló observa y participa en lo que cuenta, dialoga con las personas que filma, la proximidad que emplea para mostrarnos este pequeño mundo es naturalista, diríamos casi espontánea. La película está estructurada a través de dos dispositivos: por un lado, la memoria de sus habitantes, donde dan habida cuenta del modo de vida antiguo,  las costumbres y tradiciones que desarrollaban su vida diaria, cómo trabajaban la tierra, que herramientas empleaban, el escaso tiempo para la diversión… Y por otro lado, la actualidad, cómo aquellas gentes, ya retiradas, viven ahora: el trabajo en el campo, la estrategia que utilizan para cazar con la ayuda de un perro, los comidas de hermandad seguidos por bailes con música en directo,  las comidas que preparan, las visitas a la peluquería, las canciones que cantan, los ensayos de la función de teatro, la misa, los paseos… Roselló radiografía este grupo humano y reivindica el tipo de vida rural, describiéndolo de manera minuciosa, interesándose por los cambios que ha sufrido esta manera de vivir, y el escenario que los acoge, un pueblo que como tantos otros, ha recibido inmigración y nuevas formas de vida. Unos cambios descritos de forma natural, tomando la palabra como medio para el diálogo tranquilo y sosegado, sin abandonar el tono alegre que caracteriza todo el relato. Película con grandes dosis de alegría y felicidad, el sentido del humor que desprenden las personas retratadas convierten a la cinta en un ejemplo positivo y muy acertado de que la edad no es obstáculo para seguir disfrutando de la vida. Se fa saber  nos remite al género costumbrista tan arraigado a la tradición cultural de nuestro país, reflejada en las películas de la primera etapa de Berlanga, Bienvenido Mr. Marshall (1953), y Calabuch (1956), así como, a la comedia italiana que hizo furor a finales de los cuarenta y principios de los cincuenta, comedias costumbristas que nos acercaban de forma natural y divertida a una manera de vivir y sentir. Una realización cuidada, Roselló es fotógrafa de oficio, y una estructura bien definida hacen de este cuento sobre lo cotidiano una de las propuestas más agradables, frescas e íntimas sobre el retrato de la vida en los pueblos en la actualidad, y cómo son sus gentes y su modo de vida. Mención especial tiene el personaje/alma de la película, Gloria Espuny, que según cuenta la realizadora, descubrió durante el rodaje que se trataba de una tía abuela. Un personaje con una vitalidad envidiable y un desbordante sentido del humor. Su presencia destaca frente al resto, convirtiéndose en el hilo conductor de la historia aportando las situaciones más divertidas y surrealistas de la función. Una fábula de nuestro tiempo que se define como un retrato sincero, humano y emotivo fabricado desde una intimidad que nos atrapa desde el primer instante.

Sólo los amantes sobreviven, de Jim Jarmusch

only_lovers_left_alive_ver5Almas románticas en desolación

El arranque del onceavo título de la carrera de Jim Jarmusch (el cineasta outsider por excelencia) nos propone un viaje hacia lo romántico, en un escenario desolado y fantasmagórico, en un tiempo inexistente en el que dos almas separadas físicamente, pero totalmente unidas en lo emocional, siguen amándose por los siglos de los siglos. Un retrato sincero y extraño protagonizado por dos vampiros que deviene una enriquecedora metáfora de la sociedad actual. Una sociedad en estado agónico poblada por no habitantes que sobreviven como pueden en esta vorágine inhumana. La primera incursión en lo fantástico del realizador estadounidense, es un cruce eficaz y muy interesante entre varios temas desarrollados a lo largo de su carrera. No faltan sus personajes en suspenso, individuos perdidos y desorientados que transitan por los márgenes de la ley, la contracultura que rompió moldes y asentó las bases de la literatura americana del siglo XX, gracias a autores como Kerouac,  Borroughs, Ginsberg… , un lenguaje personal que nace de la fusión de los clásicos, los nuevos cines europeos y los independientes de Hollywood, la música, que en su dramaturgia adquiere un significado de suma importancia deviniendo un elemento totalmente indispensable, el carácter circular de su obra, que atrapa a sus criaturas guiándolas hacia un destino inevitable y desolador. Los dos no muertos enamorados, Eve y Adam, que protagonizan el relato – personajes inspirados en Los diarios de Adán y Eva, de Mark Twain -, viven alejados, ella, en la Tánger, vitalista  y oscura, – refugio de los intelectuales expatriados como Bowles- y él, músico underground, en el Detroit, fantasmal y decrépito, dos escenarios que funcionan como contrapunto deformantes, creando una atmósfera fascinante plagada de sombras y  luces apagadas. Unas criaturas que ya no asesinan para conseguir su sangre sino que la obtienen clandestinamente, y denominan zombies a los no vampiros. El encuentro de los amantes se ve truncado con la aparición de Ava, hermana pequeña de Eve, que debido a su juventud y transgresiones los aleja de ellos. Los intérpretes, entre los que destaca la presencia andrógina de la siempre enigmática, Tilda Swinton, y un magnífico Tom Hiddleston, gran paternaire  a su altura, que parece un cruce entre Kurt Cobain y Lord Byron, muy próximo  a la figura del Conde Orlok de Nosferatu (1922), y la fascinante aparición de John Hurt, dando vida a un Christopher Marlowe, anciano y cansado, que sigue reivindicando su obra frente a Shakespeare. Un relato de género, que no estaría muy alejado del espíritu de El cielo sobre Berlín (1983), de Wenders. Un cuento de terror moderno que bebe de un sinfín de fuentes, construido desde la fascinación por el cinematógrafo de uno de los creadores más singulares y personales del siglo XXI.

Entrevista a Carlos Marques-Marcet

Entrevista a Carlos Marques-Marcet, director de “10.000 KM». El encuentro tuvo lugar el Viernes 9 de mayo en Barcelona, en la terraza del Bar Terra en la Plaça de la Virreina en el barrio de Gràcia.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Carlos Marques-Marcet, por su tiempo y sabiduría, a Cecilia Calvo de Avalon,  por su generosidad y paciencia, y a David del Fresno, autor de la imagen, el sonido y el montaje, por su generosidad y complicidad.

 

Hermosa juventud, de Jaime Rosales

287838Bello y doloroso retrato actual

El universo cinematográfico de Jaime Rosales está compuesto de 5 títulos, todos ellos, independientes entre sí, pero parecidos en su dramaturgia. Sus películas están situadas en un entorno familiar complejo, que nos remite a nuestra incapacidad para comunicarnos, y en todas ellas, irrumpe de forma imprevista y brutal la violencia en la vida cotidiana. Cada una de sus obras son saltos al vacío formales que,  a través de los diferentes formatos audiovisuales existentes, exploran nuevas formas de lenguaje cinematográfico: la polivisión en La soledad (2007), el teleobjetivo en Tiro en la cabeza (2008), y los planos descabezados en Sueño y silencio (2012). En Hermosa y juventud, nos cuenta el día a día de Natalia y Carlos, una joven pareja de veinteañeros enamorados y sin recursos. Todo su frágil universo se viene abajo cuando Natalia se queda embarazada, después de tener a su hija, Julia, sobreviven en un tiempo, el de aquí y ahora, donde no hay trabajo y la cotidianidad se vuelve extremadamente difícil. Es la cinta más realista de Rosales, hay un discurso cargado de naturalismo social, la cámara esta vez se ha acercado más a los personajes, les ha concedido protagonismo, a través de sus palabras y gestos, pero sin juzgarlos, manteniéndose a la debida distancia, seguimos sus diálogos de cerca, como si nos los susurrasen, como si estuviéramos ahí. La cámara de Rosales sigue minuciosamente las situaciones en las que se ven sometidas sus criaturas, una juventud española perdida, desorientada, casi fantasmagórica, que se mueve, pero no vive. El paro, el aborto, la difícil convivencia con los padres, la emigración en busca de oportunidades como única salida. Una juventud que recurre al porno amateur para ganarse unos euros que les niega una sociedad injusta abocada al fracaso y la desesperanza por falta de recursos para sus ciudadanos. En su camino de experimentación con la imagen, Rosales mezcla el 16 mm (80% del metraje), con las imágenes realizadas por los mismos intérpretes: las fotografías con smartphones, los mensajes de whatsapps y las llamadas por skype, las cuales componen unas magníficas elipsis temporales que dotan al discurso de la película de un naturalismo radical. Mención aparte tiene el trabajo actoral, que a pesar de tratarse de intérpretes profesionales en su mayoría, construyen unos personajes que parecen extraídos de la propia realidad. Entre los que destaca, por encima de todos, la bellísima composición de Ingrid García-Jonsson, heroína a su pesar de su existencia, que aparte de su belleza, esconde en su aspecto frágil, una resistencia titánica que le ayuda a tirar siempre hacia delante a pesar de todo y todos. Rosales ha fabricado una fábula social que habla de nosotros y del entorno urbano que nos movemos diariamente, un brillante documento de nuestro tiempo, de nuestras miserias, esperanzas e ilusiones.

Todos están muertos, de Beatriz Sanchis

Poster 700x1000 AFLos fantasmas del pasado

Nos encontramos en el Madrid de 1996. Lupe, una treintañera de aspecto frágil, vive, o podríamos decir, se desplaza como si fuese un zombie por las cuatro paredes de su casa, su terrible agorafobia le impide salir al exterior. Junto a ella, conviven su madre, Paquita, una mexicana devota y fiel a su clan familiar, que cuida de Pancho, hijo de Lupe, que odia a su madre. Ante semejante situación, Paquita decide, con la ayuda de una amiga, invocar el alma de Diego, hijo fallecido en 1981 para que ayude a Lupe a salir de su letargo emocional. La aparición de Diego en el entorno familiar abrirá la caja de pandora de los fantasmas del pasado, las heridas que siguen abiertas y piden a gritos ser cerradas para seguir caminando hacía delante. La debutante Betatriz Sanchis, cortometrajista de éxito, sitúa su película en el pasado, los conflictos interiores que nos dificultan nuestra vida, acercándonos a un personaje a la deriva, a una mujer que en el pasado formó un grupo de pop llamado Groenlandia junto a Diego y tuvieron un gran éxito, y en la actualidad vive atormentada por la muerte trágica de su hermano en un accidente de tráfico. Melodrama familiar con tintes fantásticos, en que la fotografía apagada, desdibujada y cercana de Alvaro Gutiérrez actúa como una proyección de la mirada de Lupe, que se debate en su tristeza y en la imposibilidad que tiene para enterrar sus fantasmas y afrontar de nuevo la vida a pesar de la ausencia del ser querido. Fábula urbana plagada de múltiples referencias musicales, el nombre del grupo Groenlandia remite a un tema musical de gran éxito en los 80 del grupo Zombies, vemos imágenes del grupo actuando en TVE en el programa La edad de oro», cantando su éxito «Corazón automático», (espacio que se mantuvo en antena de 1983 hasta 1985, que presentado por Palomo Chamorro dió buena cuenta de toda aquella efervescencia musical que se apoderó del país), así como la historia del hermano muerto, Diego, tiene grandes similitudes con la vida de Eduardo Benavente, líder del grupo Alaska y los Pegamoides, primero, y Paralísis Permanente después, que murió a los 20 años en un accidente de tráfico. Existe cierto desequilibrio entre su ajustado formalismo y la manera de expresar su vertiente emocional, en el que la labor interpretativa de Elena Anaya (el fantasma de la película), destaca por encima de las demás. Del resto de los otros intérpretes, algunos cumplen con su tarea, pero otros parecen no encontrar su sitio en la acción del relato. Sanchis se esfuerza en realizar una película sobria y contenida que vaya creciendo a nivel emocional, en cierta manera lo acaba consiguiendo, pero no transmite toda la profundidad que debería. Un filme estimable de apariencia dulce pero de entramado complejo que, en el último Festival de Málaga se alzó con los premios a la mejor actriz para Elena Anaya,  y los galardones del Jurado, banda sonora y jurado joven. Una historia susurrada que cuenta más de nosotros mismos de lo que en una primera mirada podríamos esperar, porque como es bien sabido, los fantasmas que más miedo provocan son los que nacen en nuestro interior.