Miss Kiet’s Children, de Petra Lataster-Czisch y Peter Lataster

ELOGIO A LA MAESTRA.

“Hay una solución para cada problema”

En la escuela de un pequeño pueblo de Holanda, conoceremos a Kiet Engels, una maestra al cargo de una clase de recién llegados, niños inmigrantes en su mayoría refugiados de guerra. La señorita Kiet es una maestra digna de elogio, se muestra estricta, pero comprensible, cercana pero no condescendiente, sensible pero no maternal, es un faro para estos niños, una guía para enfrentarse a lo nuevo, a un nuevo país, nuevas costumbres, una nueva escuela, otro idioma y demás. Kiet se mueve entre ellos, escuchándoles, atendiendo sus peticiones, pero imponiendo una manera ordenada y disciplinada, sin ser severa o amenazante, sino todo lo contrario, empática con sus conflictos, armada de una infinita paciencia, va tejiendo las costuras emocionales de estos niños a los que la vida les ha dado una nueva oportunidad, una nueva vida. Los directores Petra Lataster-Czisch (Dessau, Alemania, 1954) y Peter Lataster (Amsterdam, Holanda, 1955) matrimonio de cineastas, y veteranos en estas lides, ya que llevan trabajando juntos desde 1989, no sitúan en las cuatro paredes de la escuela, en la aula, donde se desarrollará el grueso del filme, algunos pasillos, siempre desde el punto de vista de la aula, el recreo, y el gimnasio, adoptando la mirada de los pequeños alumnos (como hacía Ozu en su cine, donde la cámara se situaba a la altura de la mirada de sus personajes, cuando éstos se mostraban sentados al estilo oriental) en una posición adecuada, donde miraremos la película a través de las miradas de esos niños, conociendo este universo escolar, y sobre todo, a ellos, auténticos protagonistas de la película.

La señorita Kiet se agachará o se inclinará para encontrarse a la altura de sus miradas, los atenderá en orden, y les abrirá el mundo a la enseñanza, a la maravillosa tarea de aprender, desde el amor, la comprensión y la diversión. Kiet los escuchará atentamente cuando se muestran enfadados o reacios, intentando que se abran a ella y a los demás compañeros, explicándoles con atención, tratándolos como personas, hablándoles de las ventajas del aprendizaje, a través de la actuación, de las diferentes tareas que tienen que realizar, felicitándolos con recompensas como pegatinas o diplomas cuando acaban con éxito las tareas, y por el contrario, cuando no consiguen hacer la tarea, instándolos a seguir trabajando y estudiando las causas que han motivado esa actitud ante la tarea. Cualquier conflicto que sucede en el recinto escolar, la señorita Kiet lo ataja a través del diálogo y la actividad, exponiendo los hechos con los protagonistas y los diferentes puntos de vista de los testigos, aclarando las situaciones conflictivas, y mediando para que sus alumnos asuman sus actos y acepten al otro, así como sus complejidades y deseos, reconciliándolos y obligándolos a pedir disculpas y trabajar para que no vuelvan a producirse hechos semejantes.

Los directores han construido un bellísimo y necesario documento sobre el humanismo, sobre nosotros mismos, y sobre el otro, en el que adoptan la mirada de observación, dejando que la vida cotidiana escolar se desarrolle con normalidad, colocando su cámara desde una posición cercana y como un alumno más, capturando la naturalidad y la realidad que allí acontecen, sin entrevistas ni música, escuchando los sonidos propios de los diálogos entre los jóvenes protagonistas y el sonido propio del aula. Conoceremos a Haya, Leanne, Branche, Jorj y Maksim, niños refugiados sirios, y asistiremos a todo su proceso, desde sus primeros días, sus ilusiones y deseos, su adaptación a la clase, al idioma holandés, y sus relaciones con los demás compañeros, y con la señorita Kiet, todo contado con extrema intimidad y sensibilidad, filmando con paciencia y naturalidad todo este proceso, no exento de problemas y conflictos varios, pero, a través de la habilidad y el trabajo sencillo y cercano de Kiet, integrándose en el transcurso de las clases, y despertando el interés de cada uno de ellos, y el amor a aprender, a conocer, a descubrir un mundo infinito y apasionante.

La película está hermanada en muchos puntos en común con otro grandioso relato sobre la educación como es Ser y tener, de Nicolas Philibert, en el que también nos encontrábamos en un ambiente rural, con niños de diferentes edades, aunque sin el condicionante de niños refugiados de la guerra que hablan otro idioma, pero si emparentada con los métodos de enseñanza que empleaba el maestro Geroges López, muy parecidos a los de la señorita Kiet, profesionales vitalistas y humanistas, entregados al oficio de enseñar, aprendiendo de sus alumnos, de caminar junto a sus alumnos, a través del interés por las cosas, aunque sean mínimas, aunque a simple vista no tengan importancia, pero acercándose a ellas, se descubren cosas maravillosas, a dotarles de herramientas para conocerse más a sí mismos, y a relacionarse con los demás, a aceptarse y aceptar la diferencia, al otro, que aunque sea diferente, pude estar muy cerca de ellos, a aprender del conflicto, y dejarse llevar por el maravilloso mundo del aprendizaje, de sus inquietudes, de sus intereses, y sobre todo, abrazar la vida.


<p><a href=»https://vimeo.com/267785050″>Tr&aacute;iler castellano | Miss Kiet’s Children</a> from <a href=»https://vimeo.com/user34637086″>Pack M&agrave;gic</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>

La adopción, de Daniela Féjerman

La-adopcionCOMPRAR UN NIÑO

En el 2004, Bertrand Tavernier filmó La pequeña Lola, donde relataba de forma austera y sencilla el viaje a Camboya de una joven pareja francesa que se veía sumida en una infinidad de problemas en su deambular para adoptar una niña. Ahora, también nos cuentan la historia de una joven pareja catalana Natalia y Daniel que se han trasladado a un país ex soviético, nunca nos dicen de cuál se trata, para adoptar un niño rubio. Daniela Fejerman (1964, Argentina) abandona la comedia, en la que había dirigido 3 películas, dos de ellas con Inés París, para adentrarse en una historia que parte de una experiencia propia y personal, sumergiéndonos en un terreno inhóspito y extraño, en un escenario aterrador y difícil, donde la pareja que encarnan espléndidamente Nora Navas y Francesc Garrido, pasará por distintas fases emocionales a medida que avancen en su complejo y kafkiano itinerario para conseguir su objetivo. Poco nos cuentan de su pasado, sólo que se trata de una pareja consolidada, se quieren y ella tiene un padre doctor con el que mantiene una relación tensa.

Ahora, han llegado a este lugar hostil y helado, en muchos instantes muy inquietante y peligroso, cubierto por un manto de nieve, en el que resultará complicado respirar y caminar. Lo que ha empezado como un viaje lleno de ilusión y alegría, acabará convirtiéndose en una vía crucis donde se medirán y resquebrajarán muchas cosas entre la pareja y lo que sienten, que todavía no se habían manifestado. Un viaje que arranca con la pérdida de sus maletas, que podría parecer un caso aislado, pero que la directora ya nos quiere poner en guardia, informándonos que la pareja no lo tendrá nada fácil en su objetivo. Un país diferente, que todavía respira la herencia soviética, que servirá de telón de fondo austero que resulta complicado entender, (Frejérman añade un plus interesante, con la dificultad de entenderse debido al idioma, introduciendo situaciones cómicas), donde su particular y doloroso periplo les llevará por lugares fríos y muy hostiles, desde el apartamento triste en el que se alojan, donde la calefacción va cuando quiere, la visita a orfanatos donde les mostrarán niños con problemas de salud, conocerán funcionarios que parecen militares, su contacto, una señora que actúa como enlace, unas veces parece tenderles la mano, y otras, se muestra como su enemigo, doctores que primero ayudan y luego quieren sacar tajada. Todos viven en un estado decrépito y hundido, muerto, donde la corrupción está a la orden del día, a todos les hace falta dinero, y esta joven pareja, con la excusa del niño, son unas alimañas perfectas.

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La pareja tendrá que soportar las humillaciones de la maraña burocrática que juega con ellos, reclamándoles tiempo y más dinero, una locura psicótica que en muchos momentos parece una película de terror, de esas donde la pareja parece que no se salvará. La relación de pareja se verá machacada y desgastada por los problemas a los que se enfrentan diariamente. Entonces, Frejerman que, nos había mostrado unos personajes y cómo actuaban, nos los gira, y nos encauza unos seres que se ven superados, el que parecía más fuerte, y más firme, se muestra más débil y vulnerable y viceversa. Un drama social de grandísima altura, que nos revela una cineasta seria y personal para un género que ya se había prodigado en sus guiones, (recordemos Sé quién eres, que escribió para Patricia Ferreira). Un guión de hierro escrito pro la directora junto a Alejo Flah, que navega con amplitud de detalles por estas aguas heladas y turbulentas. Otro de los grandes aciertos, aparte de la pareja protagonista, ya comentada, es la tenebrosa y fina luz de Juan Carlos Gómez, que se erige como el perfecto aroma que necesita la trama. Sin olvidarnos de la música, con esa pieza de piano de Véla Bartok, el cuarto de Beethoven que escuchamos y esa nana ucraniana que nos envuelve y da un poco de calor y esperanza a este particular y doloroso descenso a los infiernos.

Loubia Hamra, de Narimane Mari

1444392127-a7f57ade1e58aab865d544b0f7446127VIAJE A LAS ENTRAÑAS DE LA MEMORIA

La película se inicia como un documental etnográfico, donde observamos a unos niños jugando en la playa a plena luz del día, se bañan y disputan entre ellos entre risas y alboroto, imágenes que nos evocan la pintura de Sorolla, el maestro apasionado de la luz mediterránea y de capturar su esencia. Estos niños disfrutan de una gozosa libertad, han vivido en un país libre y propio, muy diferente al que vivieron sus abuelos, aquella Argelia sometida al yugo francés, el país colonizado que manaba una libertad que le era denegada y mutilada. De repente, uno de los niños, llega con una cesta con plátanos, todos cogen y los engullen, pero uno, que no ha cogido, alza su voz y se queja de las malditas alubias rojas (traducción literal del título), y salen corriendo para robar comida, chocolate y pollo son las predilecciones. Narimane Mari (Argelia, 1969), directora nacida en Argelia pero afincada en Francia, nos propone en su puesta de largo, un viaje hacía la memoria, una huida al pasado, donde empezó todo, delimitada a una jornada, que cerrará al alba nuevamente en el mar, con los bellísimos versos de Artaud. El origen del proyecto se remonta a los fastos para celebrar el quincuagésimo aniversario de la guerra por la independencia, la guerra que liberó el país, una guerra cruenta, llena de dolor y muerte, como todas, entre Francia y el frente de Liberación Nacional.

Mari reclutó a sus jóvenes protagonistas invitándoles a jugar, y es en ese sentido donde radica la naturaleza de la historia, unos niños se adentran en la profundidad de la noche, para convertirse en otros, para sumergirse en un sueño revelador, que los llevará medio siglo atrás, y los enfrentará a los fantasmas de la guerra, esos espectros que vagan sin rumbo, sin consuelo, sin destino, que todavía siguen muy presentes en la memoria de aquellos que sufrieron la colonización y la guerra que se desató. Mari ha ideado, apoyada en una imaginación desbordante, una película humanista, una obra de grandísima altura, un juego que nos enfrenta a nuestros miedos y emociones, creando una atmósfera experimental llena de simbología, que nos conduce hacía el interior de nuestra alma, en una aventura orgánica, en una alucinación hipnótica y mágica que nos lleva hacía lugares nunca visitados, y con personas jamás encontradas. Su película es un canto a la libertad, al deseo irrefrenable de soñar, de seguir soñando, a pesar de las circunstancias adversas a las que nos enfrentemos, una obra que aboga por la felicidad y la anarquía de ser niño. Mari no ancla su narrativa a ningún género, están todos y ninguno, se podría ver como un documento sobre la forma de vida de los niños argelinos contemporáneos, también como un drama social, donde convergen situaciones cotidianas de extrema dureza, y más allá, como un film de terror puro y clásico, aquellos que los niños se adentraban en el bosque de noche expuestos al acecho de los lobos e infinidad de peligros, pero no hay nada de eso, Mari ha fabricado un soberbio retrato sobre las heridas y las huellas de la guerra, sobre los ausentes, los que ya no están, los que fueron borrados y silenciados, una mirada a todos esos espectros que siguen sin descanso.

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En su primer tramo el diálogo parece ser el centro de la acción, pero a partir del segundo acto, las imágenes y la música se apoderan del relato, invitando al espectador a un juego de cuerpos en movimiento, a dibujar formas y figuras construidas en la imaginación, y a un magnífico despliegue de escenarios y paisajes que sólo existen en el interior de los que no dejan de soñar. La fuerza de la propuesta radica en unas imágenes poderosísimas de gran belleza, que mezcla de forma ingeniosa y atrevida colores vivos como el rojo, el amarillo o el azul, con los contrastes de las sombras y la oscuridad de la noche, y la música electrónica (gran protagonista de la función), creando una simbiosis poderosa y sobrecogedora, elementos que nos empujan hacía un estado más propio del alma que, de la razón (queda evidente en la asombrosa y brutal secuencia de la danza de la muerte proyectada en la pared, a modo de figuras chinas creadas por los cuerpos gravitando y alucinados en un ritual funerario invocando a las almas perdidas de la liberación, imágenes fragmentadas y deformadas que nos trasladan al Guernica de Picasso). La película abraza la poesía y el minimalismo, centrándose en lo más insignificante, en el instante de lo que está sucediendo, sin importar nada más. La cámara es participativa, acepción que señalaba Jean Rouch, donde todo forma parte, nada queda fuera, capturar la experiencia, Rouch lo llamaba el cine-trance, sus películas Les maîtres fous (1955), y Mo, un noir (1958), funcionarían como espejos reivindicadores para acercarse a esta fábula resistente e indomable, sin olvidarnos de otra referencia igual de visible, Cero en conducta, de Jean Vigo, en su forma, criterio y espíritu, y el sentido de rebelión de unos niños en contra de la institución que los maneja a su antojo, privándoles de libertad y sobre todo, de ser ellos mismos.

<p><a href=»https://vimeo.com/139361524″>TRAILER LOUBIA HAMRA (ALUBIAS ROJAS)</a> from <a href=»https://vimeo.com/user32718115″>CENTRALE ELECTRIQUE</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>

Jack, de Edward Berger

153557_jpg_image_scaler_0x600UN NIÑO SOLO Y DESAMPARADO.

Dos niños de corta edad vagan sin rumbo, en busca de su joven madre ausente, caminan cansados y hambrientos por las calles nocturnas de un verano que para ellos se ha vuelto frío y lleno de soledad. El cineasta Edward Berger (1970, Wolfsburgo, Alemania), de amplia experiencia en el medio televisivo como guionista en series de renombre, salta a la gran pantalla con una cinta que nos somete a la triste y durísima experiencia de Jack, un niño de 10 años que tiene que acarrear y cuidar de su hermano Manuel de 7 años, debido a las ausencias de una madre Sanna, de 26 años, que a pesar que quiere a sus hijos (nacidos de dos relaciones diferentes) está más preocupada de salir con sus amigos y saltar de novio a novio.

Berger cuece su película a fuego lento, el recorrido emocional va entrando de manera cadenciosa, sin alarmismos ni secuencias histriónicas, no hay nada de eso, todo parece surgir lentamente, contado de manera realista y dramática, sin caer en ningún momento en excesos innecesarios ni subrayados tremendistas. Jack (excelente el trabajo de miradas y gestos del niño actor debutante Ivo Pietzcker) se ve envuelto en una realidad triste que le cuesta comprender en un principio, pero poco a poco, entenderá que tanto él como su hermano se encuentran solos y desamparados, y tendrán que luchar diariamente para seguir hacía delante, para más inquietud y preocupación en su vida, Jack tendrá que soportar el acoso y la violencia física que le somete un compañero en el centro de acogida. Ante esta gélida realidad donde las emociones se vuelven aristas llenas de miedo, el niño asume un papel que no le corresponde y se revela ante una sociedad que no le escucha y además, le separa de su familia, o al menos de los seres a los que quiere.

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Berger firma el guión junto a Nele Mueller-Stöfen (que además actúa en el film como tutora en el centro de menores), un texto que se deja de detalles superfluos, y nos va digiriendo la información de manera sencilla y paciente, una película de pocos diálogos, anclada en el peso de las miradas, los gestos y ciertos detalles que nos van apaleando emocionalmente, nos colocan en medio de una sociedad no pensante, que se mueve a gran velocidad, y ha olvidado por completo el dolor ajeno y sobre todo, el desamparo y la falta de cariño de algunos padres hacía sus hijos, (unos progenitores mal llamados padres, porque se niegan a asumir su responsabilidad). La cinta de Berger nos remite a otros niños que también sufrieron la soledad y la ausencia de cariño como Edmund Kohler o Antoine Doinel, y otros más recientes como los hermanos de Nadie sabe (2004), de Hirokazu Koreeda, a los que su madre abandonaba a su suerte, o Cyril, el niño de 11 años de El niño de la bicicleta (2011), de Jean-Pierre y Luc Dardenne, que también huía del centro de menores, como hace Jack, para reunirse con un padre que no lo quería, y encontraba consuelo en una joven que se hacía cargo de él. Niños solos, niños sin amor, niños desamparados, y sobre todo, niños sin infancia, con un tiempo robado, de vidas quebradas emocionalmente, que vagan sin rumbo por un mundo que hace tiempo cambió de camino.

Jose nos explica la historia del cine

El pasado 7 de marzo tuve la clase más especial y emocionante de mi vida. Mis alumnos fueron unos niños de alrededor de 10 años de la Escuela Ribatallada de Sabadell. Les propuse un viaje por la historia del cine a través de la mirada de los niños. Nuestro viaje empezó con los cortometrajes de los hermanos Lumière, luego nos fuimos deteniendo y conociendo al hijo de Nanuk, El chico de Chaplin, Elsie Beckman, Huw Morgan, Bruno Ricci, Joey Starrett, Antoine Doinel, Jem y Scout Atticus, Ana e Isabel, Ahmed y Nematzadeh, los alumnos de Lefebvre hasta nuestra última parada, la mirada de Chihiro. Un viaje que nos emocionó a todos…

Os dejo el enlace del blog de la clase donde dan habida cuenta de lo sucedido y un texto de la maestra:

Ha vingut el Jose a explicar-nos la seva visió del cinema. Ens ha agradat molt el viatge que ens ha proposat, la història del cinema vista amb ulls de nen…

Moltes gràcies Jose

http://classemotos.blogspot.com.es/2014/03/el-jose-ens-explica-la-historia-del.html

David del Fresno, amigo y cómplice, me acompañó a la clase para registrar todo lo que ocurrió. Os dejo con este vídeo que ha realizado con algunas fotografías, donde se recogen algunos momentos de la experiencia vivida…

Muchas gracias David