Entrevista a Gabriel Azorín, director de la película «Anoche conquisté Tebas», en el marco del D’A Film Festival, en la imperdible sección de «Un impulso colectivo», en su habitación del Hotel Catalonia Ramblas en Barcelona, el lunes 23 de marzo de 2026.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Gabriel Azorín, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Henar Ortega de Contarlo Comunicación, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“Si los hechos no encajan en la teoría, cambie los hechos”.
Albert Einstein
Mucho se habla de la importancia de escuchar al otro, no para contestarle, sino para algo mucho más esencial, para poder entenderlo y sobre todo, para comunicarse. El trabajo de Mathieu Vasseur se basa principalmente en la escucha, escuchar los diálogos y sonidos que graban las cajas negras de los aviones después de producirse un accidente. No es una tarea fácil, es una actividad que requiere muchísima concentración, escuchar con detenimiento cualquier sonido, y aún más, después de este arduo proceso, sacar conclusiones y elaborar un detalladísimo informe que esclarecerá las causas que han llevado al avión a accidentarse. Vasseur trabaja para la agencia BEA, el organismo que se encarga de la seguridad de la aviación civil. Pero, en este mundo oculto y de difícil acceso como la aeronáutica, hay muchos intereses, demasiados intereses económicos que torpedean el trabajo de la BEA y la finísima línea que separa la dignidad de la corrupción es muy delgada, en muchas ocasiones, transparente.
El cuarto trabajo de Yann Gozlan (Aubervilliers, París, 1977), del que habíamos la interesante El hombre perfecto (2015), también con el protagonismo de Pierre Niney, en la piel de un impostor, de alguien que se hace pasar como escritor con el trabajo de otro. El director francés escribe un guion junto a Simon Moutaïrou (con el que ya hizo Burn Out), y Nicolas Bouret-Leurad, envolviéndonos en un fascinante y oscurísimo thriller de investigación, que protagoniza un tipo joven, brillante y obstinado en conocer la verdad de los hechos que llevó al vuelo de Dubái-París a estrellarse contra los Alpes. Toda la investigación parece llevar a un atentado terrorista, pero Vasseur encuentra anomalías y sospechas muy fuertes, además, la desaparición repentina de su jefe, aún alimenta las dudas. La película se centra en Vasseur, en su investigación, en su soledad, y sobre todo, en su inquebrantable obstinación que le llevará a cruzar todas las líneas habidas y por haber en su afán de saber la verdad. En frente, tiene a su esposa, Noémie, que trabaja para una empresa nacional que da los certificados de seguridad a los aviones, a la que se enfrentará irremediablemente, que está a un paso de marcharse a la gran empresa de fabricación de aviones, dueña de avión siniestrado. También, está Renaud, el cerebrito de la empresa de seguridad de aviación civil, y aún hay más, el jefazo de Vasseur, Monsieur Rénier, bregado en mil batallas que no se fía de la intuición y las pesquisas de su subordinado.
Un formidable trabajo técnico en el que destaca la absorbente y fría cinematografía de Pierre Cottereau, y el estupendo y ágil montaje de Valentin Féron, que ayuda a que sus dos hora y diez pasen de forma vertiginosa, llena de tensión y nos ate a la butaca sin poder perdernos un ápice de lo que pasa en la pantalla. Mathieu Vasseur nos recuerda mucho a Will Kane, el sheriff que interpretaba Gary Cooper en la inolvidable Solo ante el peligro (1952), de Fred Zinnemann, y a Harry Caul, el investigador que escuchaba conversaciones ajenas en la magnífica La conversación (1974), de F. F. Coppola. Dos tipos, al igual que Vasseur, metidos en un fregao de mil pares de demonios, que necesitarán toda la ayuda posible, su inteligencia y muchas dosis de fortuna, para salir aireados del entuerto que se han metido, y porque hay mucha pasta de por medio, y gente que no quiere que las cosas cambien, gentes que quieren seguir ganando cantidades ingentes de dinero a costa de unas cuantas vidas.
Ya hemos hablado de la presencia de Pierre Niney en la piel del joven investigador enfrentado a todos y a él mismo, un actor brillantísimo que da fuerza y vulnerabilidad a un personaje lleno de miedos e inseguridades, pero capaz de todo a pesar de todos y todo, le acompañan una estupenda Lou de Laàge en la piel de Noémie, una mujer demasiado ambiciosa que se olvidará de lo que vale la pena, Sébastien Pouderoux es Renaud, uno de esos tipos que ha conseguido fama y dinero con su negocio, pero quizás a costa de cruzar límites morales que nunca debió traspasar, y finalmente, el gran André Dussollier, que interpreta a Philippe Rénier, uno de esos responsables que confía, pero necesita seguridad. Gozlan ha construido una película llena de tensión, miedo y oscuridad, donde se destaparán actividades muy oscuras que hacen y deshacen en pos de acumular ganancias, aunque siempre hay tipos con voluntad férrea como Mathieu Vasseur, que no miran para otro lado, que no se callan, que siguen en la pelea, aunque sea a costa de quedarse solos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“El arte de la conversación es el arte de escuchar y de ser escuchado”
William Hazlitt
Durante la presentación de La academia de las musas (2015) su director, José Luis Guerín, la definió: Cómo hija de la crisis. Una película completamente pegada a la realidad y su contexto social, económico y cultural. La cinta de Guerín, al igual que otras muchas producciones, alejadas del amparo industrial, son obras consecuencias de la coyuntura social surgida a raíz de la devastadora crisis económica de 2008 que todavía continúa. “El otro cine” o “Cine Low Cost” son solo algunos de los términos que ha recibido esta forma de hacer cine. Un cine hecho en los márgenes, con presupuestos reducidos, a modo de cooperativas, recurriendo al micromecenazgo u otras vías de financiación local, para levantar proyectos que por su idiosincrasia y planteamientos se desvían de lo comercial. Asamblea, opera prima de Álex Montoya (Valencia, 1973) sería una de estas películas, una cinta que, además, se centra en una asamblea, reflejo de aquellas que surgieron de forma importante durante el 15M, reuniones grupales donde se hablan de los conflictos desde varias puntos de vista, y sobre todo, e deben tomar decisiones, decisiones que sigan promoviendo la lucha social y avanzando en la protesta.
Te quiero, El punto ciego, Marina, Maquillaje, Como conocí a tu padre o Lucas, entre otros, son algunos de los trabajos por los que Montoya ha cosechado innumerables premios en festivales naciones e internaciones. Películas cortas donde abunda la comedia, al igual que en Asamblea, que tiene su punto de partida en la obra teatral La gent, escrita por Juli Disla y Jaume Pérez, también guionistas de la adaptación, se centran en un grupo de personas que se han citado en un restaurant cerrado para una asamblea donde la orden del día ha dispuesto tres puntos, en la que deberán acordar la propuesta de Texto Definitivo referente al Concierto, desconocemos lo del Concierto, tampoco nos lo explicarán, ni mucho menos el litigio que los tiene allí convocados, solo que están en ese lugar, en la última reunión del verano para hablar de la propuesta y votar, nada más. Tenemos a dos representantes que llevan el orden de la convocatoria, y otros se sientan frente a ellos a escuchar y dialogar. Además, se añade un conflicto personal entre los dos representantes, y encima, uno de ellos, tiene que lidiar con una hija rebelde que encuentra en el restaurant de improviso.
La película aborda la necesidad del diálogo y la escucha como única fuente de entendimiento con el otro, compartir testimonios, ideas, pensamientos, exponer argumentos, cuestionar las razones del otro, y sobre todo, llegar a puntos en común y tomar decisiones grupales, la necesidad de ir todas a una. Los temas se plantean desde la disputa y la confrontación entre todos los participantes, los diferentes puntos de vista chocan entre ellos y aparecen diálogos, incluso discusiones y disconformidades, o las distintas formas de protesta, planteándose la dificultad de llevar un orden asambleario, y sobre todo, de seguir el plan propuesto, la desviación de ideas, más a la deriva personal que del asunto en cuestión, sin olvidarnos, de la innecesaria burocracia que a veces se mantiene en estas formas de asociación y protesta, donde existen demasiados vocales, representantes y expertos en la organización que ralentizan la lucha y avivan el enmarañamiento de las cuestiones, en la que el centro de la película se basa en la tremenda dificultad de llegar a acuerdos, en un tiempo donde el unir esfuerzos es tan necesario para crear un foco de fuerza, situación muy bien resumida en la película, en la voz de una de las representantes que exclama a hurtadillas: Es difícil, pero sigue siendo la mejor manera”.
La película es ágil, necesaria y valiente, batiéndose en único escenario, pero bien planteada con un montaje íntimo y lleno de nervio, pero sin espavientos, con naturalidad y conjuntando, exponiendo todos los conflictos que se van generando de forma enérgica y magnífica, conduciéndonos por todos los estados físicos y emocionales de los participantes durante la asamblea, siendo testigos in situ de la maraña de opiniones e ideas que convergen, situándonos en esa montaña rusa de emociones y desacuerdos constantes. Un buen reparto coral que maneja con claridad y perseverancia unos personajes distantes y diferentes que deben unir fuerzas, escucharse y entenderse por el bien común que les une, con unos excelentes Francesc Garrido y Cristina Plazas, los representantes y los que llevan la reunión, convirtiéndose en una especie de tour de force extraordinario y eficaz, lleno de matices y miradas, donde uno, Garrido, quiere aprobar la propuesta, mientras Plazas, no lo tiene tan claro y así lo hace saber a los demás.
Y el resto del conjunto encabezados por la naturalidad de Greta Fernández como hija de Garrido, con ese aire rebelde peor con carácter que irá demostrando, Nacho Fresneda, con ese aire chulesco y expeditivo, y el resto de integrantes como Sergi Caballero, más pendiente del móvil que otra cosa, Jordi Aguilar, con un secreto que desvelará, Lorena López, asintiendo y contando una experiencia durante una manifestación, Marta Belenguer, que dialoga como excusa para no perder su posición, María Juan, más escuchadora que otra cosa, Irene Anula (que ya había trabajado anteriormente en más de una ocasión con Montoya en sus cortos) reivindicativa y activa, Juna Mandli y Jorge Silvestre, que se ayudan y protestan al alimón, y finalmente, Abdelatif Hwidar, que parece ausente pero tendrá su minuto de gloria. Una película inteligente y audaz, con el aroma propio del mejor cine independiente estadounidense o el cine europeo más social y reivindicativo, donde la palabra adquiere todo el protagonismo, donde la palabra se convierte en alianza y lucha según la postura, una película de ahora, de nuestro tiempo, donde el diálogo y aunar esfuerzos y posiciones se hace más evidente y necesario que nunca. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA