Entrevista a Laura García Pérez, directora de la película «Sóc filla de ma mare», en el marco de L’Alternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona, en el hall del CCCB en Barcelona, el miércoles 15 de noviembre de 2023.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Laura García Pérez, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y al equipo de comunicación del festival, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Nora El Hourch, directora de la película «HLM Pussy», en el marco del D’A Film Festival, en el Hotel Pulitzer en Barcelona, el lunes 8 de abril de 2024.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Nora El Hourch, por su amistad, tiempo, sabiduría, generosidad, a Philipp Engel, por su gran labor como intérprete, y a Beatriz Cebas de Flamingo Comunicación, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“En la noche oscura, sobre la piedra negra, una hormiga negra. Dios la ve”.
Proverbio árabe.
La directora franco-marroquí Nora El Hourch (Angers, Francia, 1988), realizó su primer trabajo, Quelques secondes (2015), una película corta sobre cinco chicas de la periferia parisina que nació para exorcizar la violación que sufrió a los 20 años. A partir del mismo espíritu y de la actitud contestataria de aquella, nace su ópera prima HLM Pussy, que viene de la definición de “Habitation à Loyer Modéré” (Habitaciones vivienda subvencionada para personas con pocos recursos), y la palabra “Coño”. Conocemos a tres jóvenes de la periferia parisina: Amina, de padre marroquí y madre francesa, Djeneba, de padres africanos y Zineb, de padres marroquíes. Son de orígenes diferentes pero comparten una gran amistad, confidencias, intimidad y un carácter que las diferencia de los demás y sobre todo, son una piña en todo y ante todos. Aunque, la cosa se pondrá seria cuando Zineb es acosada por Zakaria, un buen amigo de su familia, y las otras dos lo graban y Amina, lo sube a las redes sociales, a una cuenta de Instagram que se llama “HLM Pussy”, y se convierte en viral y una ventana para denunciar el acoso que sufren muchas mujeres a lo largo y ancho del planeta.
La mise en scène resulta de la película resulta una decisión capital para trasladarnos a ese mundo de la juventud de redes, de agitación constante y continuo movimiento, a través de un cámara que se mueve con y entre ellas, siendo una más de las tres amigas, explorando su intimidad, sus miedos e ilusiones ante un entorno hostil y con pocas esperanzas, en un detallista y sensible trabajo de cinematografía de Maxence Lemmonier, así como el exquisito y concienzudo trabajo de montaje de Quentin Jourde D’Arzac, en el que abundan los planos secuencias, y los primerísimos planos en el que se detallan cada aspecto de sus personajes, en un ambiente muy doméstico y cercano. La música, capital en el seno de estas tres jóvenes, que firma Clément Tery, ayuda a conocer con más profundidad las pulsiones personales y sociales de tres chicas que viven e intentan salir adelante en una atmósfera donde el acoso está a la orden del día, como deja claro la excelente secuencia que abre la película, que nos recuerda a la que abría la estupenda Pulp Fiction (1994), de Tarantino, en la que se define el entorno de la película y el de las protagonistas, y esa alianza de ayuda y amistad que tienen entre ellas.
Un guion muy potente, de aquí y ahora y cualquier tiempo, porque habla de personajes que no se lamen sus heridas y se levantan contra la injusticia y la violencia, aunque lo hagan torpemente y con miedo. Podríamos decir que el guion que firma la propia directora, tiene dos partes bien diferenciadas. En la primera, conocemos a las protagonistas, sus diferentes caracteres e idiosincrasia, así como sus entornos, sus familias y colegio, tanto a un nivel humano como social. En la segunda, el citado video subido a redes, les lleva a recibir amenazas del sujeto en cuestión y eso, las distancia y las sitúa en el miedo y la desconfianza entre ellas, y es ahí donde la película nos remueve muchísimo más, porque nos empuja a tomar partido y sobre todo, a cuestionarnos nuestras ideas, prejuicios y demás aspectos morales, además que la historia coge un vuelo impresionante, demostrando la inteligencia y la capacidad de El Hourch para romper las normas preestablecidas y llevarnos hacia terrenos donde todo se coloca patas arriba, donde el cine se destapa como una forma de denuncia, de mirar de frente los problemas que están ahí a diario, y cómo enfrentarlos y gestionarlos, que nunca es nada fácil.
Aunque donde la película ha acertado de pleno es en su magnífica elección de sus tres protagonistas, porque no sólo actúan con veracidad y naturalidad, sino que transmiten todos sus miedos, valentías y contradicciones de un modo que nos atrapa y nos conmueve, sin trampas ni cartón, con cercanía y humanidad, amén de ser dos de ellas debutantes, y la otra, con poca experiencia. Tenemos a Léah Aubert en el papel de Amina, la francesa-marroquí de un ambiente de clase media, entre dos mundos, aunque ella se siente de sus amigas y de ese entorno de periferia, después está Médina Diarra como Djeneba, de padres africanos, que vive con su tío, con su canal de instagram en el que vende zapatillas deportivas de marca, la fashion del grupo con su colección de pelucas, y finalmente, Zineb que hace Salma Takaline, la marroquí que sufre el acoso de su amigo, la más frágil del grupo y quizás, la que más necesita el apoyo de las otras. El reparto se complementa con la presencia del acosador que hace Oscar Al Hafine, y los adultos y padres de Amina, Bérénice Bejo, una actriz de sobrada capacidad para creernos cualquiera de sus roles, y Mounir Margoum, el padre marroquí que no quiere que su hija sufra tanto como él cuando quiso convertirse en un médico respetado siendo de fuera.
Tiene HLM Pussy el aroma que tenían El odio (1995), de Matthieu Kassovitz, en su radiografía de la otra Francia, la invisible y sometida, y en su lucha por salir del agujero de la periferia, y de Bande de Filles (2014), de Céline Sciamma, donde Mariemme y las demás chicas no estarían muy lejos de las protagonistas de la película de Nora El Hourch, porque además de ser mujeres, son racializadas, y viven en uno de esos barrios de la otra Francia, la inmigrante, la de hijos de inmigrantes, la que no se ve en las noticias por cosas positivas, sino aquellas relacionadas con violencia y demás. Tanto las películas mencionadas como HLM Pussy quieren mostrar las múltiples caras de estos lugares, viéndolos desde un prisma más humano, menos estereotipado, donde también hay mujeres que se alzan ante la injusticia y el acoso diario, que tienen herramientas para decir NO, aunque a veces, se crucen ciertos límites que pueden poner en peligro cosas tan bonitas como la amistad, como la verdadera amistad, que en este mundo, son tan importantes y cruciales para ir todas a una y rebelarse ante la violencia y el miedo que quieren imponer algunos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Carlota Bujosa, directora de la película «Bubota», en el marco de L’Alternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona, en el hall del Teatre CCCB en Barcelona, el domingo 17 de noviembre de 2019.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Carlota Bujosa, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Júlia Talarn de La Costa Comunicació, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.
“Se empieza a comprender en nuestros días que la localización exacta es uno de los primeros elementos de la realidad. Los personajes que hablan o actúan no son los únicos que graban en el espíritu del espectador la fiel huella de los hechos, el lugar donde tal catástrofe ha sucedido se convierte en un testigo terrible e inseparable”
Víctor Hugo
Si hay alguna figura cinematográfica en la podríamos apoyarnos para entender la idiosincrasia y materia del lenguaje y la forma cinematográfica esa nos ería otra que Jean-Luc Godard (París, 1930) es un meta cinematógrafo en el mejor sentido de la expresión. Un hombre de cine que respira y se alimenta de cine, que lleva más de seis décadas, desde sus primeras críticas en las páginas del Cahiers du cinema, sus primeros trabajos y su debut en el cine con À bout du souffle (1960) construyendo películas, explorando y sumergiéndose en las entrañas de la narrativa y las formas cinematográficas, en una constante aventura anímica de incesante búsqueda para desentrañar las profundidades y cimientos del elemento cinematográfico y todo aquello que lo envuelve. Aunque la carrera de Godard, igual que la de otros directores convertidos en productores independientes, sufrirá un vuelco drástico a mediados de los ochenta con la aparición de las televisiones privadas. Un nuevo elemento que, asfixiará el mercado del cine, y provocará la desaparición de muchas de estas productoras que producían con la ayuda de la televisión pública.
Godard que había sido contratado en 1986 para dirigir una película para la televisión basada en la novela “The soft centre”, de J. H. Chase, en una serie de 37 episodios (basados en la “Serie Negra”, muy populares en Francia, algunos de ellos adaptados por Godard en los años 60). Aunque Godard , aparte de algunas frases de la película que rescatan la novela de Chase, su película se centra en otro ambiente, crítico con los nuevos tiempos del audiovisual, en la cotidianidad de una de sus productoras independientes (el rodaje se llevó a cabo en la del propio Godard) y durante las audiciones, porque ahora, con la falta de financiación para hacer películas, su director, Gaspard Bazin (en clara alusión a André Bazin, fundador de la revista Cahiers y mentor cinematográfico de los cineastas de la Nouvelle Vague) se dedica a los casting. El productor, Jean Almereyda (nombre verdadero del cineasta Jean Vigo) interpretado por Jean-Pierre Mocky, un cineasta del cine popular que, no encuentra dinero para hacer películas, y además maneja dinero sucio, tiene una novia que quiere ser actriz llamada Eurydice, con ese rostro que recuerda a las viejas actrices (como aquella amada de Orfeo que, en el infierno, el diablo le dijo a Orfeo que no moriría si este al pasar delante de ella, no la mirase). Aunque en la película es a la inversa, Euridyce no puede volverse por orden de su amado).
Godard plantea su película en tres actos-audiciones, en el primero, asistimos a un casting, en el que varios intérpretes recitan una frase frente a cámara, en el segundo acto, nos encontramos en una cafetería de noche, donde se realizará otro casting, del director junto a dos jóvenes, y finalmente, en el último acto, un tercer casting, donde Eurydice pasa varias pruebas ante la supervisión de Bazin. Godard nos habla con su habitual sentido del humor, y múltiples referencias a la música, la literatura, la poesía, al cine que ama y a la cultura popular (descontextualizando de sus orígenes, introduciéndolos en contextos ajenos y dotándolos de nuevas ideas, elemento esencial del cine godardiano) de ese cine de antaño, desde el cine mudo de Chaplin, La gran ilusión, de Renoir, Jour de fête, de Tati, La aventura, de Antonioni, entre muchas otras referencias. Un canto funerario a ese viejo cine producido en los márgenes de la industria, ese cine que hizo grande al cine, el que ahora, debido a las teles privadas, tiene que decir adiós, dejar de ser, ya que las estructuras del mercado han cambiado para siempre.
Encontramos al director y productor totalmente chiflados y decadentes, despojados de su vida, igual que dos fantasmas que vagan sin rumbo en un paisaje de sombras y oscuridad, con sus últimos suspiros creativos, víctimas de un sistema devastador, que no mira hacia atrás, hacia el cine de antaño, como mencionan a lo largo de la película, en el que la memoria ha desaparecido, el arte del cine desaparecido en pos a los balances económicos y la rentabilidad de las películas convertidas en meros productos industriales destinados al gran público. Godard nos habla del cine y del espíritu que tantos años lo ha caracterizado a través del video (que tiene su aparición en la película, como un cineasta perdido, que no encuentra su sitio, y al que París le repugna, en el que recuerda a las viejas estrellas del cine y se lamenta, como amargamente menciona el productor, en que Polanski filmará una película de un montón de millones, cuando él con esa cantidad podría producir diez filmes).
Una película que nos habla de la construcción del cine (como ese mágico momento en que el director le pasa unas cuartillas con frases inconexas a la actriz, y le dice que tiene que le ha dado las olas y ella debe construir el océano, mientras escuchamos esas mismas frases recitadas a cámara por las personas que han acudido a la audición) aunque el director franco-suizo no hace una película nostálgica y triste, sino que su mirada es poética, y también demoledora, contra un sistema que carece de memoria y talento, construyendo una interesantísima reflexión sobre el cine, las gentes anónimas que trabajan en él, y sobre todo, en la esencia misma del cine que, aunque el mercado cambié las estructuras económicas, alguien en algún lugar estará dispuesto a mirar atrás y recordar a los viejos maestros, y de ellos aprender y construir su cine, porque como explicaba el propio Antonioni en 1982 en la película Room 666, de Wenders, cuando decía que el futuro del cine se encontraba en el vídeo, y Godard en un todavía vídeo primerizo, consigue una profunda reflexión sobre el cine y su materia humana (como el contable y la secretaria, que parecen salidos de una película de Tati) en una película sobre sus sombras y su oscuridad, como dice ese director que es torpe, neurótico e impaciente (magníficamente interpretado por Jean- Pierre Léaud que, recuerda a ese otro director que interpretaba en El último tango en París) en una película que homenajea al cine de antaño, de ahora y del futuro, porque aunque sea elaborado en otros medios (como la evolución de la filmografía de Godard instalada en el vídeo digital) el cine seguirá perviviendo en la memoria de los espectadores.