Entrevista a Milagros Mumenthaler

Entrevista a Milagros Mumenthaler, directora de «La idea de un algo». El encuentro tuvo lugar el lunes 10 de abril de 2017 en la Plaza Rovira del Barrio de Gràcia en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Milagros Mumenthaler,  por su tiempo, generosidad y cariño, y a Ramiro Ledo y Xan Gómez de Numax Distribución, por su amabilidad, paciencia y cariño.

La idea de un lago, de Milagros Mumenthaler

PAISAJES DE LA AUSENCIA.

Hay directores que por muchas películas que realicen, nunca dejan en la memoria de los espectadores alguna imagen que trascienda la propia película, convirtiéndose en una especie de icono que, en ese preciso instante, se asociará indiscutiblemente con el espíritu de la obra. En La idea de un lago, hay una de esas imágenes reveladoras de las que estamos hablando, en un día de sol espléndido de verano, vemos un Renault 4 verde (mítico vehículo que acompaña la infancia de muchos de nosotros) flotando en el agua del lago mientras Inés, una niña, lo observa con gesto de felicidad. El plano que funde lo fantástico con lo cotidiano en una suerte de tiempo atemporal y emocional, en el que las cosas adquieren otra naturaleza, y la memoria se vuelve nítida y cercana. El segundo largo de Milagros Mumenthaler (Córdoba, Argentina, 1977) después de su interesante debut con Abrir puertas y ventanas (2011) que nos contaba, a través de tres hermanas, sus convivencia con la abuela, la persona que las crió Una carrera que ya había generado expectación entre la cinefília especializada debido a sus cortometrajes, entre los que destaca El patio (2004), en la que dos hermanas esperaban la llamada de su madre que reside en el extranjero.

Mumenthaler nos habla de la memoria, de un tiempo perdido y lejano, y sobre todo, de la ausencia y la pérdida que se origina (elementos característicos que encontramos en su punzante y maravillosa filmografía) sus personajes evocan el pasado desde el presente, los recuerdos se amontonan y se transmutan, en un ejercicio complejo y extraño en el que sus criaturas intentan entenderse a sí mismas, y el tiempo actual que les rodea, a partir de esos espejos rotos ambivalentes de su memoria. La cineasta argentina toma como punto de partida Pozo de aire, de Guadalupe Gaona (libro de fotografías y poemas donde la autora construye una obra autobiográfica a partir de la desaparición de su padre en marzo de 1976 durante la dictadura cívico-militar de Argentina) para edificar un relato centrado en  Inés y sus recuerdos, en distintos tiempos, desde la actualidad donde la joven se encuentra en un estado emocional complicado, en el que está en avazando estado de gestación, y además, se acaba de separar del padre de su hijo, y para colmo de males, mantiene un relación tensa con su madre debido al tema del padre ausente, y está enfrascada en un trabajo memorístico con textos y fotografías sobre la desaparición de su padre y cómo esa ausencia ha definido su vida.

Mumenthaler nos hace viajar en el tiempo, en el que Inés de niña recuerda sus veraneos en Villa La Angustura junto al lago, en una maravillosa y portentosa elipsis (en la que a partir de una fotografía, único testigo de la memoria paterna, en la que vemos a su padre apoyado en el mencionado R4, en un instante, el padre y el automóvil desaparecen de la imagen, como borrados, el plano toma movimiento, en el que entrará una ráfaga de viento, para luego, en el mismo plano, situarnos en el pasado con Inés). Inés construye su memoria a partir de sus recuerdos, los pocos que compartió con su padre, en el que también hay pactos de sangre con su hermano, baños en el lago o juegos infantiles en el bosque nocturno con linternas (otra de las imágenes del filme). Un progenitor que ahora se ha convertido en un espectro incómodo que tensa la relación con su madre, porque no sólo se trata de un desaparecido, sino de alguien que remueve cosas del pasado que quizás es mejor dejarlas estar. Mumenthaler no sólo hace una cinta sobre la memoria histórica de un país sacudido por una dictadura atroz, sino que coloca su atención en la memoria personal e íntima de una generación que no vivió la dictadura, pero que necesita saber y concoer, alguien que siente su pasado como un álbum al que no sólo le faltan fotografías, sino que algunas se encuentran rotas y borrosas, como si ese tiempo no hubiera existido o la memoria quisiera borrarlo porque es incómodo y molesta, un cine que lo relaciona directamente con la mirada de Carlos Saura y su etapa setentera junto a Azcona en películas como La prima Angélica o Cría cuervos. .

La realizadora argentina construye un relato no convencional, en el que la película se convierte en un rompecabezas que sacude las raíces de la memoria, en el que cada pieza conecta con otra en una narrativa construida a través de las emociones y los sentimientos, en el que lo físico deja espacio para confrontarnos con ese paisaje vacío que la memoria intenta construir con los elementos frágiles que tiene a su alrededor y sobre todo, en su interior. Unas imágenes deslumbrantes, sencillas y muy conmovedoras, cocidas desde la honestidad, sin caer en ningún momento en lo maniqueo, sino todo lo contrario, cimentando un relato sobre la ausencia y la memoria personal, en el que asistimos a momentos deslumbrantes, en el que la mise en scene se construye a través del espacio vacío, ese paisaje desolado, al que le falta alguien, una sombra indefinida que ya no está, se esfumó, convirtiéndose en una memoria rota, en pedazos, en que la película lo evoca desde lo íntimo, a través de las edades de Inés, erigiéndose en un ejercicio fascinante y a la vez, doloroso, sobre la identidad y la memoria íntima de cada uno de nosotros, y todo aquello que somos y sobre todo, todo lo que hemos perdido o dejado por el camino.

Entrevista a Eugenio Canevari

Entrevista a Eugenio Canevari, director de «Paula». El encuentro tuvo lugar el miércoles 16 de noviembre de 2016 en el Teatre CCCB durante el marco de la XXIII l’Alternativa. Festival de Cinema Independent de  Barcelona.

Quiero expresar mi agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Eugenio Canevari, por su generosidad, sabiduría y tiempo, a Cristina Riera, Tess Renaudo, Marc Vaillo y a todo el quipo de L’Alternativa, por su trabajo, dedicación, resistencia y cariño, y a Marta Suriol y Maria Gracia de La Costa Comunicació, por su trabajo, amabilidad, paciencia y cariño, y a todas las entidades que hacen posible la existencia de L’alternativa.

Juana a los 12, de Martín Shanly

Juana_a_los_12-273733189-largeLA HUIDA INTERIOR.

Juana tiene 12 años y estudia en un colegio inglés exclusivo del norte de Buenos Aires. La niña se muestra indiferente a las clases y las materias. La madre, preocupada e instada por los profesores, decide llevarla a especialistas con el objetivo que encuentren a que se debe esa indiferencia en el centro educativo. El debutante Martín Shanly (Buenos Aires, Argentina, 1988) se pone tras las cámaras, después de haber interpretado algunos papeles, construyendo un relato sencillo en apariencia, filmado desde la honestidad y formalmente audaz, utilizando 4K con aspecto de 16mm (un formato parecido al empleado por Lisandro Alonso en Jauja). Shanly vuelve al colegio donde fue de niño, a los lugares que recuerda de su infancia, para filmar a su hermana Rosario y a su madre. Un retrato de una niña en plena pubertad, en ese estado de transición, un tiempo de incertidumbre, un tiempo de cambios donde dejará de ser una niña para convertirse en adulta. Juana se siente perdida, no encaja en ese mundo, no atiende en clase, explica que se interesa, pero no es verdad, sólo quiere integrarse en el grupo de niñas de su clase, ser una más, pertenecer al grupo, aunque sus intentos no obtienen el deseo esperado.

Frente a ella, tiene el colegio inglés, que en vez de tenderle una mano, se la corta, un espacio en el que todos visten el mismo uniforme, comparten el mismo escenario donde tienen que demostrar constantemente su validez, ser mejor que el otro, competir constantemente y no quedarse atrás. Juana ya no sigue el ritmo, ha generado su propio mundo, una isla emocional, vive preocupada en otras cosas, temas que considera más importantes que escuchar a unos profesores anquilosados, sólo pendientes de seguir una pedagogía caduca y detenida en el pasado. Juana no encuentra apoyo en su entorno familiar, su madre, no tiene tiempo de escucharla, y se muestra demasiado racional, la lleva a expertos que la estudien a fondo para descubrir esa apatía que le ha invadido. Shanly observa con su cámara, no se inmiscuye ni tampoco toma partido, retrata ese mundo encerrado en sí mismo, alejado de la realidad, una realidad que no es admitida, que pertenece a ese otro mundo que existe afuera, pero que se ha vuelto invisible para la enseñanza de otro tiempo, un método viejuno que continúa imponiendo a sus alumnos de familias ricas que pagan religiosamente cada mes.

Juana los 12El joven realizador argentino profundiza en el retrato psicológico de los cambios en las puertas de la adolescencia a través de una mirada inquieta y observadora. Su cámara inmóvil, observa y escruta la mirada de Juana, la luz etérea e indefinida que sigue a la niña por su deambular parsimonioso, dificultoso y ajeno por un mundo que sigue unas normas, y no permite que nadie se las salte, no comprende, y además rechaza impecablemente a todo aquel que no sigue lo establecido. Retrato sutil y demoledor sobre cierta educación que no permite a las personas realizarse de un modo humano y sobretodo, rechaza un modelo basado en las inquietudes personales de los individuos. Shanly se toma su tiempo en cada encuadre, en cada instante de su película, la desarrolla acariciando cada detalle, se muestra paciente en dar forma a la construcción de su relato, y cómo se manifiestan las relaciones personales en un entorno tan adverso y sumamente parapetado en conceptos cerrados y extremadamente conservadores. Una película que en su retrato de esa adolescencia perdida e indiferente a las normas de la sociedad y del mundo de los adultos, no andaría muy alejada de propuestas como Los rubios, de Albertina Carri o La niña santa, de Lucrecia Martel. Un cine vivo e interesado en las partes invisibles del relato, en el que se atrapa al espectador desde la incertidumbre e inquietudes de unos personajes que apenas hablan, que casi todo lo explican de forma no verbal, apoyados en sus miradas y gestos. Un film breve, apenas 75 minutos de metraje, y mínimo, se vale de pocos elementos y personajes, para contarnos una historia sumamente compleja y sincera, que nace desde lo más profundo del alma, en la que además se reserva un pequeño homenaje a Los 400 golpes, de Truffaut, una de las obras cumbres del cine, que retrató de forma magistral a esos niños que huyen de un mundo hostil a través de sus anhelos más profundos.

Entrevista a Juan Schnitman

Entrevista a Juan Schnitman, director de «El incendio». El encuentro tuvo lugar el lunes 27 de abril de 2015, en el hall del Teatro CCCB de Barcelona, dentro del marco del Festival Internacional de Cine de Autor de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Juan Schnitman, por su tiempo y generosidad, al equipo del Festival Internacional de Cine de Autor de Barcelona, por su paciencia y amabilidad, y a Oscar Fernández Orengo, magnífico fotógrafo, autor de la imagen que ilustra la publicación.

Camino a la escuela, de Pascal Plisson

Camino-a-la-escuela-CartelLA ÉPICA DE LO COTIDIANO

En el arranque de ¿Dónde está la casa de mi amigo? (1987), de Abbas Kiarostami, un maestro se dirigía a sus alumnos explicándoles las dificultades en las que se encontraban para asistir al colegio, durante el desarrollo de la película, éramos testigos de los obstáculos y conflictos en los que se veía inmerso Ahmed para devolver el cuaderno a su compañero Mohamed. La enorme distancia que separa a los dos amigos dificultaba la tarea de encontrarlo. En la distancia y los problemas en los que se encuentran unos niños en llegar al colegio desde sus casas ubicadas en zonas rurales y remotas se desarrolla la película de Pascal Plisson, documentalista francés con dilatada experiencia en trabajos en el continente africano, se encontró en uno de sus rodajes, en el Lago Salado de Magadi (Kenia), a un escolar que le explicó que llevaba dos horas de camino para llegar a la escuela. Ese encuentro le llevó a localizar a tres niños más y a contar sus historias. La película empieza en  Kenia, en una familia de la tribu de los Sumburu, que se dedican al ganado y la agricultura, allí conocemos a Jackson, de 11 años, que junto a su hermana Salomé, de 6, caminan y corren durante dos horas para alcanzar los 15 km que separa el colegio de su casa. Luego, el relato se traslada hasta un rincón de Los Andes, en la Patagonia (Argentina), en una familia de pastores,  allí nos presentan a Carlitos, de 11 años, que junto a su hermana menor Micaela, recorren a caballo durante hora y media los 18 km que ahí hasta el colegio. La tercera zona geográfica de la cinta se sitúa en Marruecos, en una remota aldea del valle de Imlil, en las montañas del Atlas, en una familia bereber (zona que en invierno tienen temperaturas de 20º bajo cero) allí nos encontramos con Zahira, de 12 años, que junto a dos amigas, recorren los 22 km en 4 horas que hay desde su aldea hasta la escuela-internado donde pasa toda la semana. Finalmente, la película nos lleva hasta Kuruthamaankadu (Índia), en un pueblo de pescadores al sur en las orillas del Golfo de Bengala, donde conoceremos a Samuel, de 13 años, nacido prematuro y con una discapacidad que le impide caminar, que recorre junto a sus dos hermanos pequeños que, arrastran su silla de ruedas, durante una hora para alcanzar la escuela que está a 4 km de su casa. Cuatro niños separados por miles de km, pero todos ellos con algo en común, la ilusión de ir al colegio, a pesar de todas las dificultades, obstáculos y conflictos que viven diariamente para conseguir su sueño. Ellos son los primeros de su familia que acuden a la escuela, son conocedores de la importancia de este hecho. Su alegría, perseverancia y espíritu que desprenden es contagioso y enérgico. Plisson ha contado sus historias y ha penetrado en sus vidas de manera sencilla y honesta. Mirándolos con emoción pero desde un punto de vista humano. Una película humanista y pedagógica, que contiene una bella lección de honestidad abogando por unos valores perdidos en el mundo capitalizado e inhumano en el que nos movemos. Una película que nos habla de presente y futuro, de un tiempo que a pesar de todos los males que ocurren, siempre hay una luz para la esperanza, una grieta por la cual se puede construir un mundo más humano, o simplemente humano. Bellísimo y enorme documento sobre la extraordinaria capacidad de unos niños para ir al colegio. Niños de origen muy humilde, que viven en zonas rurales y aisladas del mundanal ruido, pero con su propósito y espíritus inquebrantables llegarán hasta donde se propongan, con la ilusión de aprender y llegar a ser buenas personas.

Betibú, de Miguel Cohan

betibu-poster-finalPeriodistas y poder

La segunda película del Miguel Cohan, transita por los mismos derroteros que su opera prima, Sin retorno (2010), si en aquella, un atropello destapa una trama donde la corrupción estaba a la orden del día, en esta ocasión, un asesinato, que la policía despacha como robo violento, también nos lleva hacía lugares donde es mejor no entrar, ni tampoco preguntar. La acción arranca en “La maravillosa”, una urbanización lujosa, a las afueras de Buenos Aires, en la que aparece degollado un  exitoso empresario, que fue absuelto de la acusación de asesinato de su esposa. El diario de mayor tirada, “El Tribuno”, se pone manos a la obra con el caso, que tiene todos los números de convertirse en el de mayor repercusión nacional. Para ello, Rinaldi, el jefe, rescata los servicios de su ex amante, Nurit Iscar  -Betibú, apodo que le pusieron en honor a “Betty Boop”, famoso dibujo animado de los años 30, icono de la liberalización sexual-, novelista policíaca en crisis, y periodista retirada, que junto a Brena, veterano e idealista reportero, y Mariano, el joven académico recién llegado. Los tres compañeros, disfrazados de Marlowe, llevarán a cabo una investigación compleja, que les conducirá a desenterrar unos hechos que los sumerge en un pozo oscuro del pasado, y lidiar con unos poderosos que impedirán con todas sus armas que el caso salga a la luz. Basada en la novela homónima de Claudia Piñero, escritora que ya fue adaptada en La viuda de los jueves (2009), dirigida por Marcelo Piñeyro, -autor con el que Cohan colaboró como ayudante de dirección en 4 títulos-. Una intriga conspiratoria audaz, que sigue las reglas básicas de este tipo de películas, -que tan buenas cifras cosecharon en los 60 y 70 -, donde las cosas no son lo que parecen, y algunos personajes juegan a la ambigüedad. La fotografía elegante de Rodrigo Pulpeiro, -que ha trabajado para Puenzo, Aristarain…-, actúa de manera inteligente aportando los matices necesarios para crear esa atmósfera suave y agobiante que recorre todo el engranaje del film. Un ejercicio noir, con sabor a clásico, que nace como consecuencia del enorme éxito -Oscar incluido- que tuvo El secreto de sus ojos (2009), de Juan José Campanella, la fascinante intriga protagonizada por Ricardo Darín y Soledad Villamil. Punta de iceberg para un tipo de películas, nacidas entre Argentina y España, que sin llegar a los niveles de excelencia de la famosa predecesora, son producciones dignas,  de género policíaco, apoyadas en buenos guiones, -desarrollados algunos de manera desigual, pero efectivos-, presentadas con un diseño de calidad, y secundados por un buen puñado de excelentes intérpretes argentinos, Mercedes Morán, Daniel Fanego, Leonardo Sbaraglia…