ENTRE NOSOTROS.
Dos amigos de la infancia Martín y Tomaz, emprenden un viaje hacía una localidad costera cercana durante el invierno. Allí, Martin tiene el encargo de su padre de visitar a sus parientes paternos para pedirles un documento. Filipe Matzembacher (1988) y Marcio Reolon (1984) son dos cineastas nacidos en Porto Alegre, Rio Grande do Sul, en Brasil (zona ubicada en el extremo sur de Brasil, en el que el clima es frío y la gente más reservada, muy alejada del estereotipo que tenemos de Brasil), y desde que se conocieron en la universidad, mientras estudiaban cine, trabajan juntos en una aventura común, que les ha llevado a infinidad de festivales con sus cortometrajes, trabajos en los que se han detenido en los problemes propios de sugeneración: la amistad, hacerse mayores y la sexualidad. Temas que también forman parte del núcleo narrativo de su primera película.

Un relato que filma a dos jóvenes durante 48 horas, un par de días, en los que experimentaran diversos conlictos y experiencias emocionales. Los directores han optado por desarrollar una película minimalista, sencilla y profundamente poética, en la que seguimos, a estas almas perdidas que vagan sin rumbo por la noche, apurando un cigarro, muertos de frío, sin saber muy bien qué hacer, también tienen tiempo para divertirse con amigos, y se pierden a solas en sus pensamientos y en sus cosas. Una película que explora varios niveles de narración, por un lado, tenemos a Martin, que se encuentra con el rechazo familiar, unas personas que apenas recuerda, y se muestran muy hostiles con su presencia, y lo que representa, ese padre ausente, que rehuye enfrentarse a su família, y envia a su hijo. Por el otro lado, Tomaz, que lentamente iremos descubriendo, y conoceremos los sentimientos ocultos que experimenta hacía Martin.

La cinta, de manera sutil y tranquila, registra ese último viaje de la infancia a la edad adulta, el preciso instante en que dejamos de ser niños para convertirnos en adultos, en la responsabilidad de tomar decisiones, enfrentándonos a los demás, y sobre todo, a nosotros mismos, a preguntarnos por nuestras necesidades y deseos personales, a conocernos y relacionarnos con nuestro entorno y con las personas que lo componen. La película de Matzembacher y Reolon está contada a través de los silencios y el rumor de ese mar que no deja de zumbar, y que siempre tenemos presente, pero que apenas se deja ver, que actúa, al igual que el frío que azota el pasiaje, como refeljo de los sentimientos que inundan el interior de los personajes. Los cineastas se detienen en los tiempos muertos, en esos momentos en que estamos con nosotros, sin nadie más, en esos instantes en que aprendemos a aceptarnos y a descubrir lo que sentimos realmente. A medida que avanza la película, los personajes, distantes al principio, se irán mostrando más cercanos, y mostrando lo que sienten, a medida que van surgiendo los acontecimientos, irán descubriendo que tienen más en común lo que un primer momento creían.

Una hermosa y cuidada película, contada con suma delicadeza y sensibiliadad, que oculta una hermosa historia de amor, que se erige como una obra que captura de forma brillante y elegante, los momentos íntimos de cada uno de los personajes, a través de una forma basada en la mirada de cada uno de ellos, mostrando los diferentes puntos de vista de los dos protagonistas que nos guían por esta fábula sobre el descubrimiento, el amor y el sexo, que tiene muchos elementos comunes con el cine de Robert Mulligan, y su Verano del 42, el cineasta estadounidense que también su po retratar ese tránsito que se produce cuando empezamos a darnos cuenta que las cosas no son como las veíamos hasta ahora, porque nosotros hemos cambiado y ya no las vemos como las veíamos, el continuo aprendizaje vital y descubrimiento en el que estamo sometidos constantemente, en ese afán por querermos a nosotros mismos, y querer a los demás, que nos acepten y nos entiendan, un refugio para soportar los avatares emocionales a los que nos tendremos que enfrentar durante nuestra existencia.
VIVIR OTRA VIDA.
ROSTROS ENTRE LA MULTITUD.
ENTRE DOS MUNDOS.
LA HUIDA INTERIOR.
El joven realizador argentino profundiza en el retrato psicológico de los cambios en las puertas de la adolescencia a través de una mirada inquieta y observadora. Su cámara inmóvil, observa y escruta la mirada de Juana, la luz etérea e indefinida que sigue a la niña por su deambular parsimonioso, dificultoso y ajeno por un mundo que sigue unas normas, y no permite que nadie se las salte, no comprende, y además rechaza impecablemente a todo aquel que no sigue lo establecido. Retrato sutil y demoledor sobre cierta educación que no permite a las personas realizarse de un modo humano y sobretodo, rechaza un modelo basado en las inquietudes personales de los individuos. Shanly se toma su tiempo en cada encuadre, en cada instante de su película, la desarrolla acariciando cada detalle, se muestra paciente en dar forma a la construcción de su relato, y cómo se manifiestan las relaciones personales en un entorno tan adverso y sumamente parapetado en conceptos cerrados y extremadamente conservadores. Una película que en su retrato de esa adolescencia perdida e indiferente a las normas de la sociedad y del mundo de los adultos, no andaría muy alejada de propuestas como Los rubios, de Albertina Carri o La niña santa, de Lucrecia Martel. Un cine vivo e interesado en las partes invisibles del relato, en el que se atrapa al espectador desde la incertidumbre e inquietudes de unos personajes que apenas hablan, que casi todo lo explican de forma no verbal, apoyados en sus miradas y gestos. Un film breve, apenas 75 minutos de metraje, y mínimo, se vale de pocos elementos y personajes, para contarnos una historia sumamente compleja y sincera, que nace desde lo más profundo del alma, en la que además se reserva un pequeño homenaje a Los 400 golpes, de Truffaut, una de las obras cumbres del cine, que retrató de forma magistral a esos niños que huyen de un mundo hostil a través de sus anhelos más profundos.