El camí més llarg per tornar a casa, de Sergi Pérez

ECMLPTAC-Poster-SevillARRASTRANDO EL DOLOR

Nos encontramos en el interior de un piso, vemos a un hombre en la treintena, de espaldas y tendido en la cama. La cámara avanza suavemente hacia él. En ese instante, se gira lentamente y llama a Elvis. Se levanta con dificultad y se mueve por la vivienda llamando a su perro. Finalmente, lo encuentra y el animal permanece inmóvil, no atiende, parece muerto. Corriendo llama al veterinario, y sale a la calle con el perro en brazos. Busca un automóvil, pero no lo encuentra. Coge su móvil y habla con alguien que le indica la ubicación del coche de una mujer. El hombre empieza a llorar y aparece el título de la película.

Con este prólogo de 10 minutos intensos arranca la película, una cinta dirigida por el debutante Sergi Pérez (Terrassa, 1976), financiada mediante crowdfunding, a través del esfuerzo titánico de muchas personas. Un brutal descenso a los infiernos que se introduce en el alma de un hombre moribundo, una alma perdida, que no reacciona, que se siente roto por el dolor, que se desplaza como un sonámbulo, sin rumbo ni destino, alguien que ha sido golpeado, pero es incapaz de levantarse. Lo vemos moverse por una ciudad que de repente se ha convertido en ajena, que no reconoce, ni ésta lo reconoce a él, que se tropieza con amigos y familiares de los que acaba huyendo, personas que le recuerdan quién es, pero él no quiere saberlo, quiere huir, escapar de todos, y sobre todo, de sí mismo, aferrándose a lo que ya no está, a lo que se fue, a esa ausencia que lo mata y lo ha dejado sin vida. El perro lo saca a la calle, Joel, que es así como se llama este hombre, quiere deshacerse del animal, pero parece que no le va a resultar tan sencillo, el perro era de ella, de la que no está.

Pérez acota su película en una sola jornada, 24 horas donde asistimos como testigos al derrumbe emocional de un ser que se ha convertido en un fantasma, la cámara lo sigue incesantemente, está encima de él, podemos escrutar sus emociones, escuchar el latido de su corazón herido, de esa falta de aliento. Los largos planos secuencia, intercalados con breves acercamientos, a través de un zoom que se acerca hacía ese rostro desencajado de Joel.  Un camino tortuoso y solitario que relata su huida, su viaje a ningún lugar, sus no acciones no atienden a nada en concreto, se mueve por inercia, como si fuese otro el que lo hace, su guía se ha perdido, va a la deriva, ya no escucha, no entiende, pide desesperadamente las llaves de su casa, que ha olvidado en su domicilio, pero sus conocidos no le pueden ayudar, reclaman su presencia, le piden que reaccione, que no se evada. Un beso que no viene a cuento, un polvo frustrado con una desconocida, curar al perro, volver a la oficina donde trabaja y violentarse con una compañera, y finalmente, enfrentarse a él mismo, porque nunca hay escapatoria, siempre uno tiene que volver a sí mismo, a mirarse en su interior, aprender a aceptarse, y aceptar las dificultades y los palos del entorno.

Un contundente y brutal viaje a las entrañas del alma, a las emociones más viscerales que nacen desde lo más profundo, contado con una belleza que abruma, apoyándose en una sinceridad y honestidad que traspasa, no se juzga, se mantiene un punto de vista de observación. Un cine vivo, parido a tumba abierta, sin concesiones, en esta bellísima fábula contemporánea que a ratos parece un western, en otros, una cinta de terror del este a lo Polanski (recuerden Repulsión o El quimérico inquilino), con ciertas reminiscencias a Yo (Rafa Cortés, 2007). Con un protagonista Borja Espinosa, que compone un personaje torturado donde su penetrante y perdida mirada,  su presencia física y su voz grave, juegan un papel fundamental en la naturaleza de la trama. Una cinta contada desde la astucia y la intensidad de hacer cine desde las fronteras y los pliegues desde lo más profundo y complejo de la condición humana.

Entrevista a Ángel Santos

Entrevista a Ángel Santos, director de «Las altas presiones». El encuentro tuvo lugar el miércoles 29 de abril de 2015, en el hall del Teatro CCCB de Barcelona, dentro del marco del Festival Internacional de Cine de Autor de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ángel Santos, por su tiempo y generosidad, a Sonia Uría y Alex Tovar (autor de la instantánea que ilustra esta publicación) de Suria Comunicación, por su paciencia, generosidad y amabilidad.

Loreak (Flores), de Jon Garaño y Jose Mari Goenaga

Loreak_Flores-Goneaga-San_Sebastián-CartelMujeres ante el duelo

Cada temporada, entre la multitud de eventos cinematográficos, brotan algunas películas de características y objetivos humildes que, gracias al beneplácito de la crítica y el público de los innumerables festivales por los que se pasa, se convierte en una de las sorpresas del año, conocidas en el argot cinéfilo como sleeper. Loreak (flores en vasco), forma parte de ese grupo de películas. Filmada en el País Vasco y hablada en euskera, (primera película rodada íntegramente en ese idioma que ha participado en la Sección oficial del Festival de San Sebastián) nos cuenta de forma sencilla, íntima y sensible el relato entrecruzado de tres mujeres que deben afrontar la pérdida de alguien, y las relaciones que se establecen entre ellas, con el testigo de los hermosos ramos de flores que actúan como eje de la trama. Segunda película de los directores, Jon Garaño y Jose Mari Goenaga, después de 80 egunean (En 80 días, 2010), que retrataba también de modo íntimo y sensible, una emotiva historia sobre el reencuentro de dos antiguas amigas de la adolescencia y el amor no declarado surgía entre ellas. Ahora, siguiendo la misma línea, vuelven a sorprender con Loreak, bellísimo retrato sobre los sentimientos ocultos y las palabras que se guardan, que no se dicen, en una historia contada a través de varios puntos de vista, donde tres mujeres, se ven envueltas en una hermoso cuento sobre la cotidianidad, de cómo afrontamos la pérdida y el dolor. La historia es sincera y sobria, arranca con Ane, una mujer al borde de la menopausia, que vive un matrimonio infeliz, donde la distancia y la incomunicación se han instalado en el hogar que comparte con su marido. Su vida da un vuelco inesperado, cuando cada jueves, a la misma hora, recibe un ramo de flores anónimo, pero ese detalle sin remitente, le despertará sentimientos frustrados y la alegría se apodera de ella. Por diversas circunstancias, que no desvelaré, acaba tejiendo una amistad con Tere, una señora que le cuesta aceptar la muerte y que además, tiene un nefasta relación con su nuera, Lourdes, que también conocerá a Ane, envolviendo a las tres mujeres en una película que viaja por diversos géneros, desde el drama íntimo hasta el misterio, todo envuelto en un tratamiento formal donde la atmósfera se fusiona con unos personajes invadidos por el tedio de una sociedad que aniquila emociones. La fotografía de Javier Aguirre, que vuelve a colaborar con los directores, atrapa de manera sutil, a través de planos generales y cortos, encerrando a los personajes en lugares abiertos que parecen cerrados, en viviendas de tonos oscuros y ásperos, en días nublados y lluviosos. La suave y delicada música de Pascal Gaigne envuelve esta cinta, atrapando al espectador desde lo más íntimo, apoderándose de nosotros, despertando nuestros sentimientos más ocultos, secretos y profundos.

 

La desaparición de Eleanor Rigby, de Ned Benson

disappearance_of_eleanor_rigby_xxlgEl amor a prueba de golpes

El origen de la película del debutante Ned Benson, consistía en un díptico formado por dos largometrajes independientes titulados: Él y Ella, en los que se contaba los dos puntos de vista de una pareja después de una ruptura. Las dos cintas llegaron a estrenarse durante el Festival de Toronto, aunque a sus responsables parece que  no les debió agradar el resultado que obtuvieron, porque tanto como el director y la productora,  Cassandra Kulukundis, decidieron hacer una sola película, después de pasar por un laborioso y complejo montaje, que presentaron en el Festival de Cannes, en la sección Una cierta Mirada.  Marcada dentro de un estilo independiente, la cinta muestra las circunstancias y posterior ruptura que llevan a una pareja enamorada y sólida, en apariencia, Eleanor Rigby y Conor Ludlow, a separarse y cómo los dos sobrellevan la situación. Benson apoyándose en una fotografía cálida y envolvente, muestra a dos seres asfixiados por las terribles circunstancias que les ha tocado vivir, y cómo no pueden a hacer frente a su amor. El relato transcurre en el área metropolitana de Nueva York, en sus calles se desarrolla la mayor parte del metraje, una urbe caótica, lluviosa, y fría, así como también en la casa familiar de Eleanor, donde vuelve la joven después de la separación, un ser que se mueve y respira por inercia, que le han partido en dos y le han robado las ganas de seguir viviendo. Por el otro lado, Conor, vuelve al hogar paterno, la difícil convivencia junto a su progenitor, junto a las deudas e insostenibilidad de su restaurante, hacen que su desamor sea aún más si cabe más doloroso. El cineasta norteamericano, cuenta con delicadeza y gusto visual su historia, se detiene en las relaciones personales y las circunstancias que se van originando con respeto y honestidad, es una historia de personas, no de tramas. Quizás la película resultante del proyecto original anda algo inconexa y desdibujada, se echan en falta algunas secuencias que explicarían con más detalle algunas situaciones. No obstante, el buen hacer de Benson en la dirección de actores, y la elección de estos, encabezados por la belleza y la mirada de una exultante, Jessica Chastain, a la que da réplica, un interesante James McAvoy, arropados por unos secundarios de auténtico lujo, Isabelle Huppert y William Hurt, como los progenitores de Eleanor, comedidos en sus composiciones, basando sus interpretaciones en el silencio y el gesto, Viola Davis, la profesora universitaria y divorciada que alimenta su soledad con cinismo y simpatía, y Ciarán Hinds, el padre de Conor, hastiado y separado de su tercera esposa. Una película cargada de dolor, de emociones, de ilusiones perdidas, y de frustración ante la pérdida, de cómo nos enfrentamos y sobrellevamos las dificultades de la vida, de los golpes emocionales que nos tocan en suerte o desgracia. De cómo el amor y nuestras circunstancias personales se ven golpeadas y machacadas, y cómo reaccionamos ante esto, si tiramos la toalla, y emprendemos una nueva vida, huyendo de nosotros mismos, o por el contrario,  nos enfrentamos al dolor y seguimos luchando por lo que sentimos, aunque nos resulte una tarea sumamente difícil, dolorosa y complicada.