Colossal, de Nacho Vigalondo

LOS MONSTRUOS QUE NOS AMENAZAN.

El cineasta Nacho Vigalondo (Cabezón de la sal, 1977) irrumpió en el año 2005 con 7:35 de la mañana, una pieza de 8 minutos que mezclaba con acierto el thriller de psicópatas con el musical, en un trabajo que le valió una nominación a los Oscar. Y esa mezcla de géneros en apariencia antagónicos y difíciles de casar, se han convertido en sus señas de identidad en su cine. En su debut, en el 2007, con Los cronocrímenes, suerte de ciencia ficción, con viajes en el tiempo y mundos paralelos incluidos, introducía en el relato lo romántico, en el que el amor se convertía en un estimulo emocionante para sus personajes. En su segundo largo, Extraterrestre (2011), lo romántico, pues se centraba en una pareja que no se conocía, pero amanecían en la misma cama, y se enfrentaban a una invasión extraterrestre, los alienígenas aparecían en su cine de forma doméstica, vistos desde la televisión, invisibles y amenazantes, en una situación localizada en pocos espacios y cinco personajes, y finalmente, Open Windows (2014), donde las nuevas tecnologías y lo romántico, se fundían en un viaje psicodélico entre el mundo virtual que se apoderaba de una realidad cambiante y perturbadora.

Ahora, nos presenta Colossal, en la que Vigalondo sigue mezclando géneros, y lo hace desde la cotidianidad, desde lo doméstico, en el que unos personajes, más perdidos que nunca, se ven enfrentados a algo que los traspasa y sobre todo, no saben qué hacer, y menos cómo reaccionar. La cinta se centra en Gloria (estupenda Anne Hathaway) de vida estancada, sin trabajo y sin futuro, a la que acaba de abandonar su novio, y ella, para renacer de sus cenizas, vuelve a su hogar, lejos de New York. Allí, en el lugar que la vio crecer, se reencuentra con una casa vacía, sin trabajo y con un compañero de colegio, Oscar (Jason Sudeikis, magnífico antagonista) que le dará trabajo y apoyo emocional. Lo que aparentemente se decanta por la historia romántica con hechuras de cine independiente, con vidas perdidas y ambientes de pueblo, de la mano de Vigalondo dará una vuelta de tuerca, en un ejercicio de funambulista sin red, en una película que conectará mundos en las antípodas, como son las películas indies de tipo social con aires de romanticismo, en el que la estructura parece ajustarse a lo tradicional, con las películas de monstruos Kaiju japonesas, donde una amenaza estratosférica resurge del pasado para destrozar a todo bicho viviente.

El director cántabro casa de manera sencilla y potente estos elementos de difícil comunión, y lo hace de forma contundente, a través de la televisión y las redes sociales, primero, como ocurría en Extraterrestre (con la que tiene bastantes puntos de enlace) para luego entrar en la acción, porque esos ataques del monstruo en la lejana Seúl, acaban teniendo repercusión en las vidas de Gloria y Oscar. Las largas noches de borrachera con amigos acaban siendo el quid de la cuestión de esta cinta de tensión psicológica in crescendo, donde Vigalondo rompe las barreras de los géneros, como tanto le gusta hacer en su cine, para adentrarse en el interior de sus criaturas, en ese subconsciente que nos atrapa de forma vertiginosa y saca lo mejor o peor de cada uno, todo aquello que guardamos y nos duele, aquello que no queremos que los demás no vean en nosotros, y que al fin y al cabo, nos define como personas, y nos hace enfrentarnos a nuestros miedos y monstruos interiores. La película de Vigalondo más ambiciosa, tanto a nivel de producción como de planteamientos artísticos, con días de rodaje en Toronto y Seúl, se mueve a ritmo de crucero, en la que sus personajes no se paran a pensar, donde no cejan de actuar y moverse, sumergiéndose en un mundo cada vez más profundo y oscuro.

Gloria, su protagonista, que volvía a sus orígenes para reencontrarse a sí misma y encauzar su vida, tendrá su oportunidad de reconducir su existencia, haciendo algo necesario, y no sólo para salvarse a ella, sino para salvar a la humanidad, quizás esta gran misión a la que se ve condenada es de órdago, Gloria sabrá sacar su energía y fuerza femeninas para imponerse en un mundo enteramente masculino (aunque las mujeres en el cine de Vigalondo se tenían su espacio importante, es aquí, como novedad en sus películas,  donde adquieren dimensiones francamente importantes y protagonistas absolutas). Nos encontramos ante una película sumamente interesante, novedosa y peculiar, de gran factura técnica, realizada con nervio y fuerza, llevándonos a un tour de force entre dos almas perdidas, destrozadas y débiles, en un momento de tránsito o estancamiento personal, pero que tendrán su oportunidad de demostrar de que son capaces, y sacar todo aquello que los destroza y mata, después de eso sí, una noche larga bebiendo y contando batallitas vividas por ahí, de la infancia y no tanto.

Lo tuyo y tú, de Hong Sangsoo

AHORA SÍ, AHORA NO.

“El amor lo es todo. Sin él nada existe”

En una de las secuencias iníciales de la película, observamos a una mujer joven sola sentada en un bar tomando cerveza, se le acerca un joven y cree reconocerla, ella no, él joven insiste e intenta relacionar algunos lugares que hayan podido frecuentar, pero la joven no recuerda. En un instante, la joven le explica que puede tratarse de su hermana gemela y que a menudo la confunden con ella. El joven se queda extrañado. La película número 19 de Hong Sangsoo (Seúl, Corea del Sur, 1960) podría sintetizarse a través de esta secuencia, en la que el cineasta coreano nos está sumergiendo en las claves por donde pivotará su relato, donde conoceremos o no, a una joven que no sabremos quién es realmente, alguien al que confundiremos constantemente su identidad, porque unas veces creeremos que es quién dice ser y otras, no, y ahí andaremos, aunque la película de Hong Sangsoo es mucho más que eso, un film de factura bellísimo, de imágenes que seducen por su capacidad de transmisión de la futilidad de la vida y las emociones que nos acechan, en la que nos habla de la fragilidad del amor, o de los devaneos sentimentales de una pareja que discute una noche, porque a Youngsoo, un amigo le ha comentado que ha visto a su novia, Minjung, flirteando con otro en el Golden Bear, el bar-epicentro de las “conquistas de Minjung”, una situación que no habremos visto, la conoceremos por un testimonio, y entonces nos preguntamos si realmente ha ocurrido, si simplemente Hong Sangsoo introduce este elemento real o no, para construir una película que tanto la forma como en el fondo, están contaminadas por la verdad o la mentira, lo que sucede o lo que no, y cómo esas circunstancias afectan a los personajes en sus decisiones.

El cineasta coreano ya había experimentado las endebles fronteras de la identidad en su anterior película Ahora sí, antes no (2015) en la que nos explicaba cómo se habría dado una historia de amor si se hubiera dado en otras circunstancias, y aún hay más, en En otro país (2012) protagonizada por Isabelle Huppert, desdoblaba a la actriz francesa en tres situaciones distintas. Formas distintas de afrontar quiénes somos y como nos ven los demás, que la emparentan con lugares comunes de Ese oscuro objeto del deseo, en la que el genio de Buñuel desdoblaba el personaje femenino en dos mujeres protagonizadas por dos actrices diferentes, en un juego macabro e irónico, en el que jugaba con el placer sexual y la frustración del rechazo. Hong Sangsoo ha construido un estilo muy definido en sus 20 títulos (en 21 años de carrera) que conforman una filmografía personalísima, en la que encontramos rasgos abundantes y significativos que con sólo una mirada a uno de sus encuadres nos basta para reconocerlo. Una forma de edificar relatos que viene ya dada desde los títulos de sus filmes, como el que nos ocupa, Lo tuyo y tú, en la que nos viene decir algo así como no nos fiemos mucho en lo que nos cuentan o veamos, porque los dos pueden mentir  o no, siempre nos acechará la duda y nunca lo llegaremos a saber con exactitud.

El cineasta surcoreano nos sitúa en ciudades de provincias, en las que la vida va y viene, sin más, donde observamos a unos personajes, en su mayoría artistas (pintores, directores de cine, guionistas, escritores…) como hacen la compra, beben cerveza en bares (como los personajes de Kaurismaki) y sobre todo, dialogan entre ellos, hablan muchísimo, filmados a través de tomas largas fijas que vienen precedidas de planos generales en la que nos muestra una parte del exterior mientras suena una melodía leit motiv que nos acompañará a lo largo del metraje. Un estilo naturalista, muy cercano, que lo acerca a directores como Rivette y Rohmer, maestros en el arte de la observación del alma humana y sobre todo, de las confusiones e incertidumbres de los sentimientos, que nos conducen a donde no queremos y nos sitúan en lugares que nos cuesta reconocer, y que nos atrapan llevándonos a lugares oscuros de nuestro interior que nosotros mismos no reconocemos. Hong Sangsoo se erige como uno de los cineastas más observadores de las relaciones humanas, un magistral seductor de las palabras, dotado de una mirada llena de honestidad, construyendo una película delicada y sensible, de apariencia ligera, pero de contenido enigmático, profundo y poético, en la que nos adentramos en los laberinticos caminos de los sentimientos, en el que deberemos enfrentarnos a lo que sentimos, aunque eso nos cueste reconocer que somos esclavos de unas emociones que creíamos que no nos sucederían, pobrecitos de nosotros, cuanto creemos saber y que poco sabemos, ya no sólo de los demás, sino de nosotros mismos.

I Am Not Your Negro, de Raoul Peck

EL ACTIVISTA INDOMABLE.

“La ignorancia, aliada con el poder, es el enemigo más feroz que la justicia puede tener”

James Baldwin

La mirada incisiva y compleja de Chris Marker (1921-2012) uno de los cineastas más grandes, o quizás el más grande, en abordar los problemas políticos, sociales y culturales de la sociedad, a través de fascinantes ensayos fílmicos donde se cuestiona la validez de las imágenes, su función y las consecuencias que provocan, se convierte en la figura guiadora de buena parte del cine de Raoul Peck (Puerto Princípe, Haití, 1953) un realizador de raza negra que ha explorado de forma crítica todos los problemas raciales, tanto de su país como de naciones donde el problema negro persiste, con títulos como Lumumba, la muerte de un profeta (1990), documento sobre la figura del líder independentista y primer ministro del Congo independiente, que tuvo su película de ficción en 1990, en Siempre en abril (2005) investigaba el genocidio de Ruanda, y en Moloch tropical (2009) y en Murder in Pacot (2014) se centraba en los conflictos raciales de Haití, entre otros.

En I Am Not Your Negro, estructura su película a través de tres vías que confluyen en solo una: primero, tenemos la figura de James Baldwin (1924-1987) activista negro, intelectual y homosexual, que se posicionó abiertamente, a través de un discurso crítico, reflexivo e inteligente, en el que explica los orígenes del problema racial de EE.UU., sus consecuencias en la sociedad y caminos para solucionar un problema complejo que afecta al conjunto de todos los ciudadanos del país. Después, las distintas reflexiones escritas por Baldwin en un libro nunca publicado, Remember This House, un ensayo que analiza la segregación racial desde múltiples puntos de vista, a través de tres de los activistas negros más influyentes, amigos de Baldwin, que fueron brutalmente asesinados: Medgar Evers, en junio del 63, Malcolm X, en febrero del 65, y Martin Luther King Jr., en abril del 68. Peck, a través de la voz del actor Samuel L. Jackson que va leyendo las partes y fragmentos que escribió Baldwin, y finalmente, pueden ver la luz. Y para terminar, las imágenes de archivo (en un trabajo concienzudo de found footage) en el que Peck nos muestra imágenes que abarcan más de medio siglo de la historia racial de EE.UU., desde películas de los años 30 hasta las últimas movilizaciones producidas en el país, tanto imágenes documentales (de manifestaciones, enfrentamientos de negros con la policía, humillaciones de blancos contra negros, etc…) como extraídas de televisión (en el que vemos a Baldwin explicando sus reflexiones y debatiendo junto a otros…) y cortes de películas de Hollywood, donde se trata el problema racial, de un modo partidista, en el que el negro siempre tiene las de perder.

Peck construye un brutal y magnífico ensayo fílmico, siguiendo la mirada ya mencionada de Marker, a las que podríamos añadir las de Kluge o Godard, en las que analiza de forma precisa y crítica la naturaleza de las imágenes, y los diferentes contextos en las que fueron creadas y cómo han servido para crear una imaginario en el público, unas imágenes que nunca son inocentes, con la firme intención de posicionar a los espectadores en el lado del hombre blanco como ciudadano de primera en EE.UU., dejando fuera a todos aquellos de diferente raza. Las palabras de Baldwin resuenan profundamente en nuestras conciencias, consiguiendo analizar todos los problemas raciales desde aquellos años 60 hasta nuestros días, unos conflictos que perduran en la sociedad, unas reflexiones que asustan debido a su vigencia absoluta, en la que Baldwin construye un discurso que abarca todas las cuestiones dejando sin replica a todos aquellos que intentan rebatirle. Peck, no sólo cuestiona los problemas raciales que siguen viviendo en la actualidad, sino que reivindica la figura de un hombre de oratoria fascinante, un humanista indomable, un activista que siguió manteniéndose en pie a pesar del país que le tocó vivir, de pertenecer a una raza machacada, ignorada e invisible.