Vida en sombras, de Llorenç Llobet-Gràcia

'Vida en sombras'El 13 de febrero es una fecha especial en mi vida. Ese mismo día, pero de 1895, los Hermanos Lumière patentaron el invento del cinematógrafo. Por este motivo he querido homenajear al cine recuperando la crítica que escribí sobre Vida en sombras (1948), de Llorenç Llobet-Gràcia para Cineclub Sabadell, el Jueves 11 de noviembre de 2010.

“Quien ama el cine, ama la vida”

François Truffaut

 Esta cita del genial director francés, que junto a un nutrido grupo de colegas, revolucionó este invento llamado cine, a finales de los cincuenta y lo dotó de un nuevo lenguaje que cambiaría para siempre los conceptos cinematográficos, podría atribuirse a Llorenç Llobet-Gràcia, un cineasta que amó el cine y la vida, y ya desde su adolescencia comenzó a hacer películas en el campo amateur hasta que por fin pudo dar el gran salto al terreno profesional y se metió en la aventura y desventura que significó su “opera prima” Vida en sombras,  un proyecto que empezó con recortes al guión por parte de la censura que, tras realizar algunos cambios, fue aceptado y pudo empezar el rodaje. A medio rodaje el productor se quedó sin dinero y Llobet-Gràcia, que no quería que su película quedase en vía muerta, se empeñó hasta las cejas pidiendo dinero a sus amigos para concluir lo que era la ilusión de su vida. Al terminar la película, Llobet se enfrentó a un nuevo problema: la Junta de Clasificación, no le otorgó la primera categoría y, después de luchar frenéticamente, pudo conseguir la segunda categoría, pues en un principio se le había concedido la tercera categoría. Esto significó que la película se estrenó cinco años más tarde, con más pena que gloria, por las salas cinematográficas, dónde por entonces se nutrían de un cine muy afín al régimen franquista: Alba de América, Inés de Castro, Doña María la brava o Locura de amor, de Juan de Orduña, que se convirtió en todo un acontecimiento en aquel tiempo, dónde la maldita posguerra se había instalado en un país hambriento, perseguido y donde reinaba la ley del silencio, impuesta por la hordas fascistas. En aquellas circunstancias se estrenó Vida en sombras, una película a contracorriente, atípica, diferente, extremadamente moderna y radical, antes y ahora, que ha trascendido su tiempo y que hay que reivindicar por su valía, su grandeza, y sobretodo, hay que aplaudir que exista y dar las gracias a todos aquellos que la hicieron posible y a todos los que – y me acuerdo de Ferran Alberich-  la rescataron del injusto olvido al que fue sometida y nos la mostraron a las nuevas generaciones para que pudiéramos disfrutar de tamaña obra, convertida en un clásico imperecedero de nuestro cine. Llobet-Gràcia nos muestra un relato que es un homenaje a su pasión, el cine, a los maestros que admiraba – Meliès, Chomón, Chaplin, Grifith, Murnau, entre otros- y a imaginar la vida a veinticuatro fotogramas por segundo. El héroe/antihéroe de su historia, Carlos Duran, viene al mundo en una barraca de feria dónde se hacía una sesión de cinematógrafo, la fotografía en movimiento. Desde entonces la vida de ese niño gira en torno al nuevo invento, y asistiremos al cine con Carlos y su amigo Luis, veremos Cartas animadas, del genial Meliès, La moneda rota, Carlot en la calle de la Paz, también a Eddie Polo. Luego presenciaremos como intercambia cromos para conseguir uno de Charlot. Más adelante, con una cámara Pathé Baby, rueda su primera película, con la ayuda de Luis, y así, poco a poco, el sueño infantil se va convirtiendo en una pasión adulta, que le proporciona un trabajo como operador. Nuestro protagonista se enamora y da su primer beso viendo el Romeo y Julieta, la adaptación que hizo George Cukor de la célebre obra de William Shakespeare. Aunque será su amor por el cine lo que lo llevará a una profunda depresión y un alejamiento total de su pasión, y será con el mismo cine, y más concretamente, con la genial película del maestro Alfred Hitchcock, Rebeca, la que le devuelve al ruedo cinematográfico. Estamos ante una película de estructura circular donde se hace uno de los más importantes y admirables homenajes al cine y a la pasión que despierta en los individuos. Uno de los mejores testimonios que se han hecho sobre el cine en nuestro país, a la altura de obras, como: La noche americana (La nuit americaine, 1973), de François Truffaut, dónde los cineastas dan rienda suelta a su cinefilia y nos proponen un viaje maravilloso a las entrañas del cinematógrafo. En palabras del crítico y cineasta, Esteve Riambau: Aquests elements, expressats a través d’insòlits moviments de càmera i, fins i tot, un pla seqüència de vuit minuts, fan d’aquest film una obra decididament anticipada al seu temps. Tot i les deficències tècniques pròpies d’una producció absolutament modesta, la modernitat que destil.len les seves imatges és absoluta i, a través del que Borau denomina “passió letal pel cinema”, s’anticipa a una altra pel.lícula maleïda del cinema español, com és Arrebato d’Ivan Zulueta. Vida en sombras m’angoixa i m’espanta, va dir Borau, “perquè revela la bogeria pel cinema que ens afecta a molts dels que estem presents en aquesta sala. La película está llena de hallazgos cinematográficos, el maravilloso tratamiento de la elipsis, -el encuentro de Carlos y Ana en el quiosco, se suben al tranvía, y en el siguiente plano, Carlos cuelga un retrato de la pareja posando en el campo- sólo por citar uno de ellos;  amén del espectacular plano secuencia de ocho minutos y las transiciones del relato, brillantemente resueltas, a pesar del ajustado presupuesto del que disponía la película. Film muy influido por el expresionismo alemán, en uno de los momentos vemos a Carlos escribiendo con máquina de escribir el guión de su película, mientras en la pared se proyecta la sombra de un zootropo primitivo girando. Destacar tanto el equipo técnico, habitual del director Carlos Serrano de Osma, amigo personal de Llobet-Gràcia, y el plantel artístico, encabezado por el genial Fernando Fernán Gómez, haciendo aquí su primer papel dramático, y realizando aquí uno de su mejores trabajos junto a María Dolores Pradera, su esposa por entonces, e Isabel de Pomés… Disfruten de una de las grandes películas de nuestro cine, y parafraseando a nuestro protagonista, Carlos, les dejo con una de sus citas: El veneno del cine, ese tóxico tan actual, al que no sabe uno nunca renunciar.

 

 

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