Nuevos horizontes, de Mohammadreza Eyni y Sara Khaki

SOY SARA SHAHVERDI. 

“Es imposible imaginar una mujer de los tiempos modernos que, como principio básico de individualidad, no aspire a la libertad”. 

Clara Campoamor

Hace un lustro, y también distribuida por DocsBarcelona, bajo la iniciativa de El Documental del Mes, vimos Querida Sara (2021), de Patricia Franquesa, que recogía la vida y lucha política de Sara Bahai, la primera mujer taxista de Afganistán, amén de una activista por los derechos y la libertad de las mujeres afganas. Las circunstancias han decidido que otra Sara, esta vez Sara Shahverdi sea la protagonista de Nuevos horizontes (en el original, Cutting Throug Rocks), dirigida por la pareja iraní Mohammadreza Eyni y Sara Khaki, que retrata la vida y la lucha política de una mujer iraní que vive en una remota aldea del noroeste del país, y lo hacen desde la más absoluta sencillez y naturalidad, donde repasan el presente convulso al que se enfrenta diariamente una mujer que rompe las reglas en un país patriarcal que usa a las mujeres y no les concede la más mínima libertad. No obstante, estamos ante un dúo de cineastas comprometidos con las causas invisibles que protagonizan muchas personas que intentan mejorar las vidas de los oprimidos. 

La película repasa la peculiar y diferente existencia de Sara Shaverdi, con un pasado donde su padre le enseñó a conducir, a ser independiente y sobre todo, a no amilanarse ante nadie ni ante cualquier conflicto a los que se enfrentará. En el revelador prólogo al que vemos a la citada mujer siendo la decidida y valiente de nueve hermanos que lidia ante los hombres-hermanos que anteponen su poder frente a las otras hermanas, situación que Sara no permitirá y batalla contra las injusticias que quieren aprovecharse sus hermanos varones. Después vemos a una mujer que vive sola, una mujer que fue comadrona, que estuvo casada, que conduce automóviles y motocicletas, y que se presenta como concejal de su aldea, donde es la más votada y entra en un consejo donde se convierte en la primera concejala en una institución donde hay cuatro hombres y ella. La cámara se sitúa junto a ella y dentro de ella, y somos testigos de sus realidades como política: la mejoría del abastecimiento de agua, la construcción de plazas y la oposición a las formas fraudulentas de los otros hombres políticos. Amén de su profundo activismo a favor de los derechos de las esposas, y la ayuda a niñas para que no terminen casadas tan jóvenes y conozcan otras posibilidades de vida. 

Una mujer que, debido a su profunda convicción política como eje vertebrador para mejorar la vida de los aldeanos y sobre todo, la de las mujeres que son pisoteadas, se verá envuelta en profundas críticas y una oposición feroz que la quiere arrinconar inventado supuestas actitudes y enfermedades varias. Ante todo eso, Sara sigue en su camino, en su lucha, no dejándose amedrentar por los machistas y poderosos de turno. La cinematografía la firma el propio Mohammadreza Eyni construyendo una película-diario-travesía en continuo movimiento siguiendo a una mujer de aquí para allá, con una actitud a fuerza de bombas, mostrando una entereza fuera de lo común, con continuas muestras de protesta y rechazo por parte de los hombres que ven su poder limitado y totalmente cuestionado. La excelente música que firma Karim Sebastian Elias, con más de 90 títulos en su extensa filmografía, como los de Faruk y El espía honesto, que hemos visto por estos lares, ayuda a seguir con sensibilidad y fuerza la vida de alguien que lucha por un mundo mejor, por una aldea mejor, y por unas mujeres que sepan quiénes son y cómo conseguirlo. El montaje que firman el dúo de directores, condensa con maestría y energía sus 95 minutos que dejan bien claro que retratando a Sara están en el lado de la vida, sin edulcorantes ni nada que se le parezca. 

Los espectadores ávidos de historias sobre luchas y protestas encontrarán en Nuevos horizontes una película realmente emocionante en ese sentido, porque no habla de una persona cualquiera, sino de alguien que se ha visto en infinidad de tesituras para vivir como ella quería a pesar de la oposición y la crítica de su propia familia, la ala masculina. Una mujer que cree en la vida y los derechos como vía para desarrollarse y ser la persona que desea, con su trabajo, sus deseos, sus ilusiones y su peculiar forma de vivir que debe reafirmarse en su cometido diariamente, frente a un patriarcado que ve amenazado su status frente a la vida tan diferente de Sara. Un retrato emocionante que no habla de buenos y malos, sino de libertades y restricciones, de una mujer sin miedo y unos hombres muertos de miedo, porque no quieren que las mujeres tengan sus derechos y privilegios. La pareja de directores Mohammadreza Eyni y Sara Khavi han construido una película desde la verdad, desde ese espacio donde la vida, la dignidad y la humanidad toman partido cueste lo que cueste y tengan que enfrentarse a quién sea. Es evidente que estamos ante una obra sensible, profunda y reivindicativa, pero que reflexiona y no va heroínas ni gestas, sino de cotidianidad, naturalidad y esperanza ante un mundo menos injusto y más humano. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Cómo entrenar a tu dragón 3, de Dean DeBlois

HIPO Y FURIA NOCTURNA.

“Esto es Isla Mema. Está a 12 días al norte de desesperación y unos grados al sur de me muero de frío. Está situada de lleno en el meridiano de la desgracia. Mi aldea, en una palabra recia, lleva aquí 7 generaciones, pero todos los edificios son nuevos. Tenemos pesca, caza y unas preciosas puestas de sol, lo único malo son los bichos. Veréis, la mayoría de los sitios tienen ratones o mosquitos, nosotros tenemos dragones. La mayoría de la gente se iría, nosotros no, somos vikingos, somos un pelín cabezotas. Yo me llamo Hipo, menudo nombrecito verdad, pues los hay peores. Los padres creen que un nombre horrible ahuyenta a los gnomos y a los trolls, como si nuestro encantador carácter vikingo no fuera bastante”.

El año 2010 vio la luz la película Cómo entrenar a tu dragón, dirigida por Dean DeBlois (Brockville, Canadá, 1970) y Chris Sanders (Colorado Springs, EE.UU., 1962) dos consumados especialistas en el cine de animación de los últimos años con diversos trabajos en Walt Disney  y Dreamworks Animation,  que venían de dirigir Lilo & Stitch (2002) antecedente cercano en su argumento, que después tuvo continuaciones en forma de serie televisiva. En aquella, también contaban el encuentro entre un humano y un animal, y su relación, entre lo diferente y lo extraño, en ese caso, se trataba de una niña hawaiana solitaria y un alienígena nacido de un experimento secreto.

En Cómo entrenar a tu dragón, DeBlois y Sanders, y la compañía en la producción de Bradford Lewis y Bonnie Arnold (autores de grandes títulos como Ratatouille, Antz o Toy Story, entre otros) y basada en los libros de Cressida Cowell, nos contaban la cotidianidad de una isla remota al norte llamada Isla Mema, donde vikingos y dragones luchaban desde tiempos remotos, y nos presentaban a Hipo, un chaval de 15 años, diferente, solitario y con ideas propias al resto, una especie de “bicho raro” en la aldea, el cual, hijo de Stoico, el jefe de la aldea, soñaba con cazar dragones, pero su padre, por su condición, se lo prohibía y lo relegaba a la fragua para construir armas. Aunque, Hipo, de fuerte carácter y personalidad, desobedecía a su progenitor y se lanzaba al ataque, y casualidades del destino, capturaba un “Furia nocturna”, al que llama cariñosamente “desdentao”, el dragón más invencible y más fiero para los vikingos, además, con la peculiaridad que nadie, jamás, lo ha llegado a ver, convertido en una especie de leyenda. En esas, Hipo lo captura y nace entre los dos una increíble amistad, llegando a ser un gran equipo en el que tanto Hipo como Furia Nocturna muestran su alma, todo aquello que los acerca y sobre todo, se convierten en inseparables, consiguiendo Hipo cabalgar a lomos del dragón, cosa inaudita para los vikingos. Hipo conseguía, después de muchos avatares y disputas, convencer a su padre y al resto del carácter desconocido de los dragones y convertirlos no en el enemigo, sino en todo lo contrario.

En la segunda entrega, aparecida en el 2014, con DeBlois dirigiendo en solitario, y Sanders en tareas de producción, nos mostraban una realidad bien diferente a la primera entrega, porque  vikingos y dragones convivían en armonía, en la más absoluta cotidianidad, con sus más y sus menos, convertidos los dragones en una especie de mascotas domésticas, aunque también esa convivencia volvía a ser amenazada, y aparecía un nuevo enemigo,  los temibles tramperos, en la figura de un vikingo renegado, que se dedican a cazar dragones para su beneficio y poder y sujetarlos a su antojo. Hipo, con 20 años de edad, Furia Nocturna, Astrid, su amada, y el resto de la aldea, luchaban contra ellos para así mantener a los dragones libres. La película nos mostraba el encuentro de Hipo y su madre Walka, a la que había visto por última vez cuando era sólo un bebé. La madre, al igual de Hipo, cree en la conservación de la naturaleza y sobre todo, la preservación de los dragones, y luchan, con uñas y dientes con ese fin.

En esta tercera entrega y cierre de la trilogía, DeBlois vuelve a dirigir en solitario y nos muestra a un Hipo ya adulto y jefe de la aldea, enamorado de Astrid y con Isla Mema viviendo en consonancia entre vikingos y dragones, aunque los rescates continuos de dragones está llevando a la masificación en la isla. En sus vidas, volverá a aparecer una nueva amenaza, Crimmel, un experto trampero que ha creado un imperio del terror hacia los dragones, que tiene en su poder un ejemplar idéntico a Furia Nocturna, pero hembra y de color blanco, animal que hará las delicias de “desdentao”, y al que llamarán «Furia Diurna». DeBlois y Sanders han construido un magnífico filme de aventuras, donde también hay comicidad, de factura impecable y gran realismo y lleno de detalles precisos, donde abundan las sombras y los reflejos de luces, que comenzó como un retrato sobre lo iniciático para derivar en un retrato sobre la transición en convertirse en adulto y todas las responsabilidades que eso conlleva, que nos habla de amistad, de compañerismo, de mirar al otro y empatizar con lo diferente, extraño y raro, de respetar, y sobre todo, de la pérdida, de todos esos adioses que hay que experimentar en la vida, ya sean la pierna que pierde Hipo en la primera entrega, el padre muerto en la segunda, o todo aquello que tendrá que decir adiós en la última entrega.

DeBlois cuentan una emocionantísima aventura humanista, donde asistimos a luces y sombras, donde pasamos del drama a la comedia, y donde los personajes se muestran transparentes, con sus dudas, defectos y aciertos. Un grandísimo retrato contado de forma brillante y emocionante, siguiendo la peripecia de Hipo, Furia Nocturna y todos los demás, con ese aire entre lo fantástico y lo real que ya tienen las películas del Studio Ghibli, o buena parte del cine de Pixar, historias de aventuras fantásticas, donde la acción y las secuencias espectaculares se mezclan con el alma de los personajes, de alguien como Hipo, que al igual que su madre, cree en un mundo diferente, un mundo donde no haya guerras, donde vivan en armonía todas las especies, y en el que la naturaleza rija las vidas de todos los seres que la habitan. Hipo se convierte en un resistente contra lo establecido, un agitador de la paz y la vida, un líder contra las injusticias y la maldad del mundo, alguien capaz de liderar a todos los demás, alguien que cree en sí mismo, y también, sabe aceptar sus debilidades y defectos, y sabe, que aunque duela, la vida y los dragones tienen su propio mundo, su propio destino como el de él y los suyos. DeBlois cierra con magnificencia su trilogía de Hipo, Furia Nocturna y el resto de personajes, con ese maravilloso epílogo, que además de emocionar, encuentra en gestos, miradas y detalles todo aquello que quiere explicar.