Amar, de Esteban Crespo

MI CORAZÓN ES TUYO.

La película se inicia con una luz cegadora que nos deja entrever a un chico y una chica, con sus cabezas pegadas, mientras escuchamos, entre susurros, todo aquello que se dicen: palabras llenas de amor, de un amor fuerte, intenso, pasional, loco, todo el amor que cabe en la primera vez, en ese primer sentimiento arrebatador, en el que ya no somos nosotros, somos otro, somos ese que tenemos delante, ese que nos ha robado el alma. A continuación, la pareja practica sexo anal, introduciéndole ella un pene de plástico a él, filmado de manera naturalista, huyendo de lo explícito, pero sumergiéndonos en esa maraña de excitación, piel y sexo. Esteban Crespo (Madrid, 1971) debuta en el largo, después de una larga trayectoria en televisión realizando documentales, amén de un filmografía en el cortometraje que culminó con Aquel no era yo (2012) una pieza sobre niños soldado en África que le valió números galardones, encumbrándolo con una nominación a los Oscar. Crespo nos habla de Laura y Carlos, una pareja de jóvenes que se ama, un amor desaforado, muy intenso, en el que se demuestran su amor constantemente, viven el uno para el otro, quizás demasiado, ese amor que se vive sin medida, sin pensar en el mañana, es el aquí y el ahora, no hay nada más.

Un amor que choca con la actitud paternal (que Crespo retrata aturdida y llena de mentiras, y falsedades, unos, los de ella, y otros, los de él, regidos por las formas) ella, 17 años, todavía en el instituto, de padres separados, vive con su madre y su nueva pareja, ya no están tan unidas como lo estaban en el pueblo, ahora parecen dos desconocidas y se sienten muy alejadas. Él, de familia tradicional, ha empezado derecho, aunque quiere hacer Bellas Artes, pero anda perdido, sin muy bien qué hacer. Crespo coge a sus dos criaturas en una época de tránsito, en ese tiempo en el que dejan la infancia, el tiempo acomodadizo, y entran en otro, desconocido y lleno de incertidumbre, en el que deberán hacerse adultos, tomar sus propias decisiones y caminar por si solos, esa transición, llena de posibilidades, pero también de oscuridad, un tiempo en el que la adolescencia se vive al límite, donde la eternidad dura un suspiro, donde ir al insti, salir con los amigos, beber, fumar, o los primeros contactos sexuales definen el tiempo que vivimos, ese tiempo nuestro, donde todavía brilla el sol, donde todavía no nos hemos convertido en adultos, en las que las vidas rutinarias y vacías han llenado nuestra existencias.

Crespo nos sitúa en Valencia, en sus barrios, en sus polígonos de fiesta, en espacios urbanos cerrados, angostos, casi sin aire, como el amor intenso y brutal que viven sus protagonistas, filmándolos desde la intimidad, con la cámara encima de ellos, casi sin dejarles respirar, siguiéndolos a todas partes, descubriéndonos cada aliento que emanan, cada poro de sus pieles, cada susurro, cada gota de sudor, envolviéndonos en ese maremágnum de pasiones, de locura, con esas emociones y sentimientos desbocados, sin control, a velocidad de crucero, a tumba abierta, un viaje al vértigo del amor, cuando todavía somos inocentes, cuando todavía los intereses económicos y la sociedad no nos ha contaminado del todo, cuando todavía creemos en el amor romántico, sincero y pasional. Quizás ese amor vivido sin mesura, en el que nada ni nadie existe, los lleva a separarse, a distanciarse, a agobiarse de lo que sienten, a no entender que el amor que viven los está llevando demasiado lejos a no saben adónde, a un lugar en el que todavía nos están preparados, porque todavía les falta tiempo para vivir, tiempo para saber quiénes son, sobre todo, tiempo para amar.

Crespo disecciona su película en dos mitades, en la primera, asistimos al amor, al enamoramiento, lleno de pasión, en el que el sexo, que se vive a escondidas (sutil y concisos los planos a través del ascensor que sube y baja, metáfora de las propias pulsiones emocionales que vive la pareja) está retratado de forma natural, abriendo cada pliegue de la piel, de la sensualidad de los cuerpos en movimiento, filmado desde la sobriedad, en el que el amor y el sexo forman uno, mezclándose en una simbiosis perfecta. En la segunda mitad, Crespo nos remite al desamor, esa intensidad al límite los separa, viven sus no vidas separados, echándose de menos, intentando probar otras pieles, otros sexos, pero quizás lo que sienten es muy fuerte, muy profundo, y es en ese tiempo en el que deberán conocerse más a sí mismos y descubrir sus verdaderos sentimientos. María Pedraza (de vocación bailarina e instagramer) y Pol Monen (en pequeños papeles hasta la fecha), debutan en el protagonismo cinematográfico componiendo la maravillosa pareja protagonista (amén de las grandes aportaciones de la brillante Greta Fernández, y los adultos, con Natalia Tena y demás) una pareja llena de naturalidad, alegría, vitalidad y pasión ayuda a componer un retrato sincero y honesto sobre el (des)amor adolescente, y esa sensación indescriptible de la primera vez, de experimentar sentimientos honestos, pero también frágiles, que nos invaden y nos convierten en otros, en alguien que jamás habríamos imaginado que pudiese existir.

El viaje de las reinas, de Patricia Roda

Plantilla by Pixartprinting

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EN PIE CON EL PUÑO EN ALTO

“Nunca creí que pudiéramos transformar el mundo, pero todos los días podemos transformar las cosas”

François Giroud

La joven directora zaragozana Patricia Roda, que lleva unos cuántos años dedicados a la producción cinematográfica, trabajando junto a su hermano Germán, frente a su compañía Estación Cinema, debuta en el largo con esta historia de reivindicación, de cine militante, cine en contra de la desigualdad, un cine valiente y lleno de energía, que sacude las mentes vagas e indolentes, una película fabricada desde lo más profundo del alma que llega muy adentro, que explica historias de personas, en este caso, un grupo de mujeres, un grupo de actrices, 12 en total, más la directora, las dos dramaturgas, y un proyecto ilusionante, donde no faltará el trabajo y el sacrificio por volver a seguir en el camino, y sobre todo, afirmarse como mujeres valientes que alzan su voz para reivindicar el derecho al trabajo y a una vida digna y humana.

Roda las sigue con su cámara, se introduce en su interior, deja que las cosas fluyen, y la vida nos atrape, les cede el espacio que reclaman, para que se oigan, y para que todos nosotros, las escuchemos y sintamos su dolor y esperanza. Este viaje arranca en Zaragoza, en febrero del 2013, y finalizará en marzo del 2014, con el estreno de la obra, entre medias, meses de intenso trabajo y lucha, con el objetivo de llevar a la escena la vida de 12 reinas europeas, bajo la batuta de Blanca Resano, la directora de la obra, una mujer con más de 20 años de experiencia en el teatro aragonés, y la colaboración en la dramaturgia de Susana Martínez y Eva Hinojosa, y con la ayuda de las 12 actrices, 8 de ellas, veteranas con más de 30 años de carrera encima de las tablas, y 4 más jóvenes, reclutadas en un casting. Todas ellas, mujeres libres e independientes, con ganas de trabajar, luchadoras empeñadas en que las vean, en enfrentarse a sus propias vidas y su destino, en hacer este viaje cueste lo que cueste. Roda las mira con su objetivo desnudándolas y mirándolas de cara, pero sin participar activamente, siendo humilde, registrando todo lo que sucede, desde el primer instante, donde se conocen y se involucran en un proyecto donde no cobraran, en un trabajo al que tendrán que dedicar horas de su tiempo libre, que deberán compaginar con sus respectivos trabajos alimenticios. Todo se vive con gran emoción y ternura, desde la asignación de los personajes, y los duros ensayos, todo se desarrolla cuando la ciudad duerme, cuando su tiempo se lo permite, el amor por su oficio genera todo su labor y trabajo arduo.

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La cineasta aragonesa, a modo de confesionario, les cede la palabra, a cada una de ellas, las entrevista, aunque no escuchamos la voz de la directora, ella participa en este viaje, pero quiere que los espectadores tomemos la palabra, no quiere inmiscuirse en lo que cuenta. Cada una de ellas, a tumba abierta, sin prejuicios y mostrándose con toda la transparencia que tienen, explican, no sólo su situación personal, sino la situación laboral de las actrices maduras, de las pocas oportunidades que existen para ellas, y también, se acuerdan de las diferentes luchas que han llevado a cabo desde la Plataforma teatral aragonesa Actrices para la escena, donde continúan batallando para exigir y defender su derecho como mujeres para hacer un mundo, el suyo, el de la interpretación y el teatro, un lugar más digno, igualitario y de trabajo. Roda también nos habla de las dificultades financieras que atraviesa el proyecto, la campaña de crowfunding que no resulta, el desfile de modelos que organizan, y la ridícula ayuda del Ayuntamiento de Zaragoza que reciben, luego, el anuncio del estreno en el Teatro Principal de Zaragoza, donde su cartel es ninguneado al rincón menos visible de la fachada. Roda, además, viaja a otros lugares y habla con otras mujeres que llevan a cabo proyectos para reivindicar los derechos de las mujeres, como el Magdalena Project en Gales, o el Festival de teatro a solas, en México. Una película, (que se alzó con la Biznaga de Plata en la sección Afirmando los derechos de la mujer, en la edición del Festival de Málaga del 2014), nacida desde el corazón, desde la voluntad de hacer visible un colectivo dañado por la sociedad machista, y flagelado por los recortes que ha sufrido la cultura de este país, un cine humanista, político, que habla de personas en dificultades, que emociona, que palpita, que nos hace vibrar, pero también, indignarnos, que ante todo, reivindica la pasión por el oficio amado, la actitud personal ante las adversidades, y sobre todo, el grupo, la asociación, la cooperativa ante el capitalismo atroz que actúa contra la dignidad y el derecho de las personas.

<p><a href=»https://vimeo.com/92034551″>El viaje de las reinas – 2015</a> from <a href=»https://vimeo.com/user20355266″>Patricia Roda</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>

 

 

Los héroes del mal, de Zoe Berriatúa

 Los-heroes-del-mal_referenceLA VIOLENCIA DESDE DENTRO

El arranque de la película con la entrada de unos alumnos en una aula, en cámara lenta, con el acompañamiento musical de The Young Person’s Guide to the Orchestra, de Benjamin Britten, ya nos pone en guardia, y es todo un augurio de por donde irán los tiros. Zoe Berriatúa (Madrid, 1978), actor de dilatada carrera que arrancó en 1996 con África, del siempre interesante y audaz Alfonso Ungría, y prolífico cortometrajista en los últimos años, hace su debut con una película producida por Alex De la Iglesia, que gustó en su paso por el Festival de Málaga.

La cinta se centra en tres adolescentes que sienten como su primer día de instituto se les asigna los roles de inadaptados o raros, como ustedes gusten. A partir de ese momento, sus compañeros de clase, les dedicarán todo tipo de insultos, vejaciones y demás maltratos, y ultrajes. Pero, esos no se quedarán impávidos antes tantas humillaciones, y después de hacerse colegas, planearán su venganza. Poco a poco, se van introduciendo en una espiral que la maldad se convierte en su modus vivendi, en su forma de protesta ante ese mundo cruel que se ha declarado en guerra contra ellos. El mundo les pertenece, su guarida la encuentran en una casa abandonada rodeada de maleza, allí disfrutan y sonríen con sus botines, alcohol y drogas, y demás objetos que roban impunemente. También, allí descubren el sexo, una relación ménage à trois que ataca con más violencia a la violencia imperante en la sociedad. Pero la cosa se deteriora y donde la violencia era divertida y cojonuda, genera una violencia en su contra, el trío se resquebraja y se distancian. Berriatúa se viste de largo en una película compleja, que mira de frente a los temas que trata, de forma honesta y sincera, y escarba en esa violencia sin sentido que está tan aceptada en la sociedad, del acoso escolar de cada día, de unos adolescentes que huyen de sí mismos, de los que les hacen daño, sean padres o compañeros de clase, de seres que no saben ni pueden encontrar el lugar que le corresponde.

Una cinta que maneja temas especialmente delicados, que los trata de frente, sin quitarles la cara, que combina, de forma interesante, el drama íntimo con el degradado entorno social de muchos institutos y barrios. Una obra que en ocasiones raya a gran altura, dejándose de complejos y pequeñeces. Aunque su segundo tramo, cuando el mal y la perversión se instala en este grupo, es cuando la película alcanza su mayor dulzura, porque los tres protagonistas ya no saben quién es quién y más aún, no saben quiénes son ellos mismos, y dudan de los otros y les tienen miedo. Una de sus grandes bazas es el trío de jóvenes actores que dan vida a estas almas que se enfrentan a todos y a ellos mismos, Jorge Clemente, nos brinda con el personaje más terrible y sumamente complicado, perdido y amenazado en conflicto perpetúo contra la sociedad de la que se siente atacado, Emilio Palacios, el amigo que comprende e intenta salvar a su desgraciado amigo, y por último, Beatriz Medina, la chica con pintas de macho, que equilibra esta balanza diseñada para hacer daño, y hacerse daño.