Aída y vuelta, de Paco León

EL HUMOR ANTE EL ESPEJO. 

“La comedia es tragedia más tiempo”. 

Carol Burnett 

Primero fue la serie 7 vidas (1999-2006), donde nació el personaje de Aída, que más tarde se convierte en la serie Aída, producida por Globomedia y emitida por Telecinco, estuvo diez temporadas en antena, del 2005 hasta 2014, en el que se emitieron 237 capítulos y 8 especiales, cosechando un grandioso favor del público. Muchos de sus fervientes seguidores, entre los que no me incluyó, han demandado durante mucho tiempo un reencuentro de sus protagonistas. Muchos de estas vueltas suelen basarse en los restos del naufragio, es decir, en volver a las formas y texturas del pasado, cosa que, en muchos casos, se acaba convirtiendo en un pastiche que no agrada a los admiradores de entonces ni posibles de ahora. En contadas ocasiones, el reencuentro no se centra en volver a recordar los mejores éxitos, sino en darles la vuelta por completo y mirar la esencia de la serie a partir de los momentos actuales, no para sacar las vergüenzas de entonces, sino para mirarla de frente, con cabeza fría y abriendo las posibles costuras, y sobre todo, observar cómo han cambiado las cosas de entonces y cómo son ahora, como hace Aída y vuelta

El director Paco León (Sevilla, 1974), que se graduó con nota en el díptico que le dedicó a su madre Carmina Barrios en Carmina o revienta (2012) y su secuela Carmina y amén, dos años después. Deslumbró con la comedia sexual Kiki, el amor se hace (2016) y deslumbró con la serie Arde Madrid (2018), que contaba las andanzas en blanco y negro de Ava Gardner y su peculiar servicio. En Aída y vuelta nos vuelve a sorprender para muy bien, a partir de un guion que firman Fer Pérez, un guionista que estuvo en Aída y en Kiki y la serie, y él mismo, con una comedia que tiene de todo, porque acoge los personajes de la mencionada Aída, e inventa una ficción en un juego magnífico de meta cine y lenguaje, donde los intérpretes se interpretan a sí mismos, y tramas que han vivido o vivirán, y situándonos en un 2018 donde la mencionada serie continúa con un gran éxito, pero con el handicap que Carmen Machi ha comunicado que dejará la serie, en la semana que se filma el último episodio de la temporada. Siete días que arrancan con la lectura de guion, los dimes y diretes de unos y otros, y los consabidos conflictos que se van generando. La trama reflexiona sobre los límites del humor, la bacanal de odio que son las redes, la salud mental, y demás aspectos que se van desgranando en esa semana llena de agitación.   

El director sevillano se hace acompañar de técnicos muy conocidos como el gran cinematógrafo Kiko de la Rica, que ya lo acompañó en Kiki, el amor se hace, amén de haber trabajado con grandes nombres como Medem, Berger y Álex de la Iglesia, con el formato 35 mm para traspasar cada situación y personaje, impregnando la película de un tono muy cercano e íntimo, con una cámara en continuo movimiento que no para nunca, mostrando las diferentes realidades y ficciones por los que se mueve sin reparos la historia, en una película que se desarrolla en el set donde se graba la famosa serie. La música corre a cargo de Lucas Vidal, el compositor que trabajó con León en el cortometraje Vaca Paloma (2015), y películas de Balagueró, Coixet y series como Celeste y la reciente Yakarta, que ilustra la película, con la compañía de una selección de canciones estupendas, que transmiten el malestar y la pelea constante que se va agrandando a medida que van pasando los días. El montaje es de Ana Álvarez Ossorio, que trabajó con el cineasta sevillano en las dos Carminas y la citada Arde Madrid, además de Colomo, Paz Vega y Vicente Villanueva. Su edición funciona con un ritmo vertiginoso, como una especie de vodevil pesadillesco de una semana en sus rítmicos y agitados 98 minutos de metraje.

El reparto de la película, a excepción de alguna presencia ya confirmada, repiten todos los intérpretes que ya estaban en la serie, no con aquellos roles, sino con otros nuevos, haciendo de ellos en una película que es el rodaje de aquella serie. Tenemos a la gran Carmen Machi, eje de la película, haciendo un personaje que, en algún momento, recuerda a la Gena Rowlands de Opening Night. Paco Léon es el atizador en un instante, y luego los Eduardo Casanova, Miren Ibarguren, Mariano Peña, Melani Olivares, Pepe Viyuela, Secun de la Rosa, Pepa Rus, Canco Rodríguez, Marisol Ayuso, David Castillo, Emilio Gavira en un extraño rol y demás. La cosa era entrar y salir de forma inmediata en el personaje y en la vida real dentro de una ficción, un lenguaje de muñecas rusas y al revés y de lado que la película borda con total naturalidad y tranquilidad proponiendo un juego constante donde el humor está continuamente en entredicho, si si o si no, como el correr de los tiempos, totalmente enfrentado al humor que se hacía en la serie o qué se viene haciendo, muy alejado de los tiempos de ahora. El grupo de actores y actrices se meten de lleno en el juego de verdad y ficción y mentira y realidad por el que juega la trama de modo tan peculiar y divertido. 

No me cabe duda que muchos cientos de miles seguidores de la serie irán corriendo a los cines para ser testigos de primera fila en el reencuentro esperado, y seguramente, muchos de ellos volverán a reírse a pecho descubierto repitiendo los mismos chistes de entonces, como sucede en las interesantes secuencias cuando los susodichos se encuentran con admiradores y las curiosas reflexiones que se crean. Habrá otros, que no éramos seguidores de la serie, que se encontrarán con Aída y vuelta, una película muy interesante y reflexiva, que bajo sus múltiples capas tiene aquella que va sobre el humor, sobre qué significa ayer y hoy, de cómo han cambiado las cosas, para bien y para mal, y sobre todo, cómo las j*****s redes sociales han creado una infinidad de malhechores de la red que atizan sin escrúpulos a todo aquel que resbala sin pensar en el contexto y sin tener la información necesaria para emitir cualquier opinión y mucho menos tan desagradable. Estamos ante una nueva vuelta de tuerca en la filmografía como director de Paco León, que huyendo del reencuentro baboso que practican muchos, ha parido una película que gustará a los fans de la serie y a otros, como el que escribe este texto, ha salido convencido de la sala, porque además de construir una mirada muy crítica sobre el humor y las redes, encima es una comedia divertida, reflexiva y muy entretenida. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

The Mistery of the Pink Flamingo, de Javier Polo

DEL NEGRO AL ROSA.

“Lo único que tienes y que nadie más tiene eres tú. Tu voz, tu mente, tu historia, tu visión. Así que escribe y dibuja y construye, juega, baila y vive como solo tú puedes».

Neil Gaiman

Había una vez un tipo que se hacía llamar Rigo Pex, aunque cambió el nombre para ser llamado diferente al resto, aunque vivía igual que la mayoría. Rigo Pex vivía en Valencia, era ingeniero de sonido, siempre vestía de negro, grababa y archivaba sonidos de su ciudad, y su existencia era de los más anodina y convencional. Pero, algo sucedió en la vida de Rigo Pex, algo que lo cambiará todo, su obsesión por los flamencos, que comienza a ver en cualquier lugar, tanto en su forma natural como artificial, razón que lo lleva a investigar sobre el tema, acercándose a artistas relacionados con lo rosa, el kitsch y lo diferente. Los hermanos Polo, Javier y Guillermo, de la década de los ochenta y de Godella (Valencia), se reparten las tareas de dirección y cinematografía, respectivamente, ya los habíamos conocido en Europe in 8 bits (2013), en la que investigaban la corriente de la música “chip”, generada a través de ordenadores y consolas antiguos, mostrándonos un universo de artistas obsesionados con lo retro y sus nuevos sonidos.

Después de la película corta El ascensor (2015), y trabajos varios en la publicidad y en televisión, los hermanos Polo vuelven a unir fuerzas para mostrarnos la aventura cómica, introspectiva e incierta, como son todas las aventuras, empezando por la vida, de Rigo Pex, una aventura que consistirá en un viaje, que empezará en el interior del inquieto joven, luego exterior, buscando a aquellos artistas de lo rosa y lo kitsch, y luego, cruzaremos el charco junto a él, y nos trasladaremos a Miami, Las Vegas o Baltimore, para seguir adentrándonos en un mundo excéntrico, diferente, plagado de personajes variopintos, singulares, que rompen cualquier estereotipo, seres que viven a su manera, ajenos a ese mundo encajonado, lleno de prejuicios y muerto en vida. Una travesía a partir de alguien que deja el negro y su aburrida monotonía para descubrirse y descubrir otras formas de vida, otras mentes inquietas, otras verdades, y sobre todo, a cruzar el otro lado, aquel en el que ya no quieres ser como los demás, sino como tú mismo. Guiados por la narración de Miguel Ángel Jenner, que actúa como voz de la conciencia para Rigo Pex, seremos testigos de la andadura extrañísima y honesta del susodicho.

The Mistery of Pink Flamingo es un documento que va más allá del mero retrato de una figura, para mostrarnos todo un universo de lo kitsch, de lo absurdo, de lo raro, de lo estrambótico, del mal gusto, y lleno de personajes auténticos, libres y muy transgresores, a modo de encuentro-entrevista, como el veterano cineasta John Waters, y su grandiosa Pink Flamingos (1972), una obra de arte del género “trash” o basura, repleta de transgresión, suciedad y múltiples perversiones, la productora musical Alee Willis, que nos muestra ese mundo rosa y kitsch en el que ha convertido su hogar, con su irreverencia y naturalidad, el peculiar y original universo del mal gusto rosa, dándole la vuelta a su aparente significado, que reivindica el cineasta Eduardo Casanova, con su singular Pieles (2017), llena de seres deformes y llenos de amor, el artista visual Antonyo Marest, con sus murales y su forma de interpretar el arte desde lo absurdo y lo diferente, el grupo de pop Kero Kero Bonito, con su buen rollo de música pegadiza con estética de videojuegos y rosa, influenciados por un curioso e inquietante humor.

También habrá espacio para esos personajes denominados “freaks”, o quizás, más bien, serían personas que han decidido vivir una experiencia vital a su forma y semejanza, alejados de lo calificado de normal, siendo fieles a sus sueños y deseos, como el imaginario de Cindy Lundlow, que ha llenado su casa de flamencos de todo tipo, llena de souvenirs, juguetes, y demás objetos y cachivaches relaciones con el mítico y fabuloso animal, y finalmente, Kitten Kay Sera, más conocida como “The Pink Lady of Hollywood”, una mujer que ha encontrado en lo rosa su forma de vida, con una casa solo de rosa, y una apariencia que reivindica el rosa como arma contra un mundo cada vez más estúpido y vulgar. Un montaje lleno de energía y rítmico que firma Yago Muñiz, que tiene en su haber trabajos en el campo documental con Fernando León de Aranoa, y como asistente en labores editoras en muchas películas de Julio Medem.

 Javier Polo ha construido un relato peculiar y alocado, con estética y música pop, que se mueve por varios terrenos, siempre con el toque de humor y transgresor, con ese equilibro exacto entre lo ridículo y lo humano, desde la aventura existencial, con el conocimiento del otro y lo otro, el documental honesto que muestra y retrata universos paralelos que están dentro de este, y sus mágicas criaturas que lo habitan, la comedia muy excéntrica, divertida y llena de pop, y muy hortera, pero no en el sentido peyorativo, sino todo lo contrario, haciendo bandera de lo diferente, de lo contracorriente, de lo sincero y personal, aunque sea tan diferente a lo convencional, a ser raro y no sentirse mal, a dejarse llevar por tus sueños, aunque vayan en otra dirección que el resto, a mirarse en el espejo y reconocerse, no intentar parecerse a aquel que no quieres ser, y nunca te atreviste a ser, a empezar la revolución más importante de tu vida, y es descubrir quién quieres ser, y no tener miedo a serlo, aunque para ello debas viajar al otro lado del mundo, a conocer a los seres tan extravagantes y extraños que te puedes echar a la cara, pero eso sí, personajes que un día dijeron basta y empezaron a ser esa persona que descubrieron ser, empezando a vivir, a sentir, y sobre todo, a soñar. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA