D’A 2018: Un impulso colectivo, Clausura y Extras (y 2)

Seguimos con los comentarios y reflexiones de lo visto durante los diez días en la VIII Edición del Festival Internacional de Cinema d’Autor de Barcelona. Toca el turno de UN IMPULSO COLECTIVO, una de las secciones más queridas por el que suscribe, una sección que nació hace cinco años, con la intención de dar visibilidad a ese cine inquieto y curioso que nace desde la vocación más absoluta, movido por la necesidad de contar esas historias, en palabras de Carlos Losilla, mentor y propulsor de esta sección: “Se trata de proyectos movidos por la pasión, que se niegan a aceptar etiquetas. Donde tienen cabida la radicalidad y la experimentación, pero también las ganas de innovar desde el cine narrativo, desde la ficción –sólo en apariencia- más convencional”. Mi viaje por UN IMPULSO COLECTIVO arrancó con la película CON EL VIENTO, de Meritxell Colell. La directora barcelonesa nos sitúa en su primera película en un viaje emocional intenso, en el que nos habla de la crónica de una reconciliación familiar, donde una de las hijas (bailarina de danza) vuelve al pueblo de su infancia, después de romper el contacto durante dos décadas. Allí se encontrará a un padre fallecido, y a su madre, su hermana y su sobrina. Una cinta que nos habla del retrato de una forma de vivir que se extingue, situada en un pueblo castellano lleno de recuerdos y experiencias pasadas. Una cinta familiar, de reencuentros imposibles, de tiempos pasados, de objetos que marcan una vida, y todo ello contado a través de la sensibilidad del que se acerca con delicadeza a aquello que resiste el paso del tiempo, aquello que permanece inalterable, en una cinta que recuerda al cine de Carlos Saura, por su capacidad para capturar el paso del tiempo en los ambientes rurales, sus estados de ánimo, y su especial registro de la familia con sus relaciones y conflictos.

Continué con CASA DE NINGÚ, de Ingrid Guardiola. La puesta de largo de la profesora, ensayista y realizadora nace de un encargo del CCCB para hablar del envejecimiento en las sociedades contemporáneas. Guardiola traza una trama de espejos donde convergen una residencia geriátrica en Barcelona con una colonia minera de Ciñera (León) para describirnos a través de una tragicomedia fascinante y demoledora, sobre los mecanismos horribles del capitalismo que utiliza a los humanos como máquinas de productividad, y una vez se acabó ese período de producción, los arrincona y los extingue, como si fuesen objetos olvidados y rotos. La directora de Girona estable un implacable y brutal diálogo entre los dos espacios, escuchando a sus gentes, y capturando la cotidianidad de los dos lugares, en una especie de cuento de fantasmas y espectros que luchan por no desaparecer, para seguir dando vida a unos espacios que la deshumanización del sistema hace extinguirse enviándolos al abismo del olvido. También tuvo la oportunidad de ver DHOGS, de Andrés Goteira. Una ópera prima diferente, arriesgada y con ese aroma del mejor cine setentero estadounidense, que nos sitúa en una atmósfera sucia y asfixiante, tanto urbana como rural, donde tres historias se entrelazan para describirnos la manipulación de unos a otros, y la pasividad de otros, con la inclusión del público, de esa cuarta pared que observa y permanece inalterable ante lo que está sucediendo. Un taxista silencioso conduce como si fuese un jinete perdido, un ejecutivo agobiado por su vida, una chica con ganas de pasarlo bien, un violador en busca de presas, una gasolinera regentada por madre e hijo en mitad de la nada, y un tipo solitario que tiene a su perro como su única compañía, son los personajes extraños, silenciosos y amargados que transitan por la película de Andrés Goteira, que deslumbra por su inquietante y grasienta atmósfera, sus peculiares personajes, y un ambiente de thriller que atrapa con sus relatos que nos devuelven lo mejor y lo peor de los seres humanos.

Después fue el turno de AINHOA, YO NO SOY ESA, de Carolina Astudillo Muñoz. Después de su extraordinaria ópera prima El gran vuelo (2015) Astudillo Muñoz vuelve a recurrir al material de archivo o found footage para sumergirnos en un documento fascinante y demoledor sobre una chica llamada Ainhoa y su familia, a través del súper 8, vídeo, fotografías, diarios, grabaciones orales, etc… En un magnífico caleidoscopio lleno de sensibilidad y fascinación en el que se registra tres décadas de la vida de Ainhoa y su familia, desde los años setenta al nuevo siglo, haciendo una línea de asociación fantástica con la vida de la propia directora y los diarios de escritoras, para retratar una época de amores frustrados, de ilusiones deshechas y de conflictos internos, desde la perspectiva femenina, donde una joven rebelde y perdida, con problemas de identidad y de no encontrar su sitio, se erige como una heroína cotidiana de un tiempo, un lugar y un estado de ánimo de una generación que deambulaba sin ir a ningún lugar, sin encontrarse a sí misma. PENÈLOPE, de Eva Vila. La tercera película de la directora Barcelonesa, después de la fantástica Bajarí (2013) donde recreaba la figura mítica de Carmen Amaya a través de las jóvenes generaciones, es una recreación del mito de Ulises y Penélope, pero desde la mirada femenina, a través de una Penélope anciana que espera a alguien que vuelva, y lo hace con su cotidianidad, mientras cose, habla con las vecinas y demás, envolviéndonos en la atmósfera de un pequeño pueblo entre montañas, con su tiempo, sus espacios, y su quietud, en el que la tierra del lugar devienen un tiempo que fue, un pasado escrito en cada objeto y espacio, en el que Ulises, el hombre que vuelve representa ese pasado que fue, ese tiempo borrado sólo vislumbrado en algunas huellas y objetos olvidados. Una cinta donde la forma adquiere todo su significado, en el que la abuela centenaria a través de su cotidianidad nos explica ese tiempo que ya no está, que ya no volverá, que la llegada del que está por venir, posiblemente no recuperé, pero quizás haya algo de ese tiempo impregnado en él.

QUIERO LO ETERNO, de Miguel Ángel Blanca. La quinta película de Blanca adopta diferentes capas que van desde el thriller más salvaje, la ciencia-ficción existencialista, el terror doméstico o la pérdida de valores de la sociedad, para hablarnos de una juventud perdida y sin problemas que pasan su tiempo de manera vacía y hablando banalidades, como si no hubiese futuro. Por otro lado, seguiremos a dos tipos que intentan captar sonidos de otra galaxia, en una película fascinante por su forma, y su argumento, que no deja indiferente, en un viaje psicótico y angustioso a la deshumanización de una sociedad perdida, superficial y que no encuentra nada en su entorno. Blanca nos sitúa en un ambiente desolado, nocturno, y vacío, por un tiempo sin tiempo, por estructuras abandonadas y olvidadas, en un juego brutal de espejos donde nunca se juzga lo que vemos, sólo se captura, a través de las pantallas de móviles, de forma que deambulemos por ese mundo no mundo que está ahí sin estar, en una cinta que atrapa por su extrañeza, su intimidad y su irreverencia. YO LA BUSCO, de Sara Gutiérrez Galve. Otra perla surgida de la UPF, la primera película de Gutiérrez Galve es una road movie urbana y nocturna, al estilo de la mítica After Hours, de Scorsese, donde un joven al enterarse que su compañera de piso se va a vivir con su novio, le asaltan las dudas y los conflictos internos, y se lanza en una búsqueda de sí mismo vagando por las calles de una ciudad cualquiera con la excusa de devolver un diario que encontró olvidado en un bar. La directora barcelonesa nos habla de las relaciones y los sentimientos de una juventud que pretende ser libre, pero que nos e ha enfrentado a sus miedos e inseguridades, que vive cada día sin preocuparse de aquello que sienten, y sobre todo, que desean en su vida, en una película divertida, amarga e inquieta, que nos habla de las complejas relaciones de la actualidad, y los conflictos internos de aquello que nos negamos a visibilizar y los problemas que acarrea la huida de nosotros mismos.

Me acerqué a TRINTA LUMES, de Diana Toucedo. La primera película de Toucedo (montadora de Isaki Lacuesta, y de películas como Bugarach, Julia Ist, Los desheredados, entre muchos otros) es un fascinante hibrido entre documental y cuento de terror, ambientado en un pueblo de Galicia rodeado de montañas. El juego que plantea Toucedo es por un lado, filmar las costumbres ancestrales de los aldeanos y sus cotidianidades, y por otro lado, Alba, una niña inquieta que siente una extraña fascinación por los muertos, emprende una aventura cotidiana por los espacios abandonados para encontrarse con esas almas que conviven con los vivos. Toucedo filma esos espacios en período de extinción con los habitantes del pueblo, capturando el paso del tiempo, en una película donde los tiempos se mezclan, y se filma ese estado de ánimo latente en cada hogar, conjuntamente con la fábula de terror que nos acerca al cine de Erice o más concretamente la mirada de Gutiérrez Aragón, donde pueblos, bosques y secretos compartidos nos hacen viajar hacia lo profundo de nuestro ser a través de los que ya no están. También estuve viendo una de las Sesiones Especiales con la película I HATE NEW YORK, de Gustavo Sánchez. La primera película de Sánchez le ha llevado durante diez años a filmar la escena queer y trans más underground de la ciudad de Nueva York, capturando las vidas de cuatro personajes, tan diferentes entre sí, en un documento fascinante sobre esa parte menos amable y más cotidiana de Nueva York, donde a través de su cámara Hi8 filma la intimidad y la cotidianidad de las vidas y las experiencias pasadas y presentes de estas mujeres y un hombre con vidas lujosas, precarias y extraordinarias, donde la noche de la gran ciudad se convierte en su mejor aliada, donde las fiestas se amontonan, y donde la vida se escapa a cada segundo y el tiempo solo es una excusa para seguir hacia adelante. Sánchez ha construido un hermoso canto a la diversidad, la diferencia, a la identidad, a la feminidad, y a ser uno mismo, y a sus sueños, a pesar de todos y todo.

Y finalmente, tenía especial interés en ver los dos primeros episodios de MATAR AL PADRE, la serie que ha dirigido Mar Coll para Movistar, que ha contado con la propia Coll, Diego Vega y Valentina Viso (su coguionista habitual) como creadores. Las dos primeras entregas nos cuentan dos tiempos, el año 1996 y el año 2004, centrándose en los conflictos y (des) encuentros de un padre autoritario e imbécil y su hijo que lo odia. El humor irreverente, surrealista y transgresor que destila la obra es su mujer arma, y el buen hacer de la interpretación de Gonzalo de Castro como ese padre gilipollas y estúpido, en la que Marcel Borràs como hijo intenta no morir en el intento. El ambiente burgués que reinaban en los anteriores trabajos de Coll sigue aquí, aunque su mirada se ha vuelto más incisiva y su humor se ha disparado en una tragicomedia familiar, donde las difíciles relaciones de un padre y un hijo se convierten no sólo en el centro de la trama, sino en la espiral de pesadilla que envuelve la trama de la serie. La clausura de este año recayó en ANA DE DÍA, de Andrea Jaurrieta. Primera película de la navarresa que plantea una cinta que mezcla varios géneros, desde el thriller agobiante, la ciencia-ficción existencialista, y el drama social sórdido y nocturno, donde una joven descubre que hay una doble idéntica a ella, y decide huir y empezar una nueva vida como bailarina en un cabaret de poca monta. La trama se desenvuelve con acierto haciendo preguntas que van desde las dificultades de elegir una vida propia, seguir nuestro camino, y ser uno mismo, en una sociedad demasiado convencional, donde toda nuestra vida parece estar ya escrita y ejecutada pro alguien que no somos nosotros. Destaca la naturalidad y la eficencia de Ingrid García-Jonsson como la protagonista, la inquietante presencia de Álvaro Ogalla, y el descubrimiento de Mona Martínez como portera, en una cinta de forma y argumento extraño, terrorífico y muy cotidiano. Y hasta aquí mi paso por la la VIII Edición del Festival Internacional de Cinema d’Autor de Barcelona. Un festival convertido en un referente magnífico para todos aquellos que amamos el cine, sus buenas historias, reflexivas, comprometidas y valientes, que nos hablan con personalidad y carácter de los problemas más cotidianos, políticos, sociales, económicos y culturales, un certamen que enriquece de manera extraordinaria la primavera cinéfila de Barcelona, y la edición de este año ha ofrecido un nivel cinematográfico altísimo, donde han brillado películas de diferentes lugares del mundo, y las de aquí, se han convertido en un referente dentro del Festival, convirtiendo las sesiones de UN IMPULSO COLECTIVO, y sus posteriores coloquios en una fiesta del cine, de la pasión que lo envuelve y la fascinación intrínseca del ser humano por contar historias y otros, por verlas y apreciarlas. Hasta la edición del año que viene!!! Muchas Gracias por todo D’A FILM FESTIVAL 2018!!!