Entrevista a Alberto Gracia

Entrevista a Alberto Gracia, director de “O quinto evanxeo de Gaspar Hauser». El encuentro tuvo lugar el pasado Sábado 10 de enero de 2015 en Barcelona, en la Cafetería del CCCB.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a Alberto Gracia, porque gracias a su tiempo, sabídura y complicidad ha hecho posible este encuentro.

21 L’Alternativa – VIAJE A TRAVÉS DEL RIESGO Y LA RESISTENCIA

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La 21 edición de la Alternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona ha vuelto a confirmar su apuesta seria, enérgica y admirable por un cine que viaja por otras vías, cine de resistencia, cine propio y rabiosamente personal, un cine para todos que ofrece nuevas miradas dentro del contexto cinematográfico imperante. Durante una semana, la que abarca del 17 al 23 de Noviembre, los tres espacios ubicados en el CCCB, Hall, Auditorio y Teatro, se llenaron de cine radical, resistente, hermoso y fascinante. Un cine caracterizado por las óperas primas, de procedencias diversas y heterogéneas, y sobre todo un rasgo común que agrupaba a todas ellas, miradas personales y ejercicios a tumba abierta donde se planteaban las diversas formas que abarca el lenguaje cinematográfico, como el desarrollo físico fílmico, que imágenes utilizar y también, que sentido se busca con ese desarrollo elegido.

El arranque del Festival estuvo marcado por el cineasta Djibril Diop Mambéty (Senegal, 1945-1998), al que el Festival le dedicaba una retrospectiva, y su película Touki Bouki (1973), una mezcla brillante de naturalismo y surrealismo que invade la pantalla de luminosidad para contarnos una historia situada en Dakar, inmensa urbe rodeada de mar, en la que una joven pareja mantiene el sueño de emigrar y abrazar una vida mejor rodeada de lujo y dinero. Con evidentes ecos del cine de Jean Rouch (Moi un noir, 1958), es un relato trepidante y fiero donde sorprende una imagen bellísima, poética, con un montaje vertiginoso y un tratamiento del color brillante. Gran película que me ha descubierto un gran cineasta con una mirada personal y propia. En la segunda jornada, me dejé llevar por una de las secciones paralelas, la Partly Fiction, Una aproximación artística al documental. La cita era con Harry Dean Stanton: Partly Fiction (2012), de Sophie Huber, retrato minucioso, arrebatador y espléndido de uno de los actores más carismáticos e innovadores del último medio siglo del cine de EE.UU. Escuchamos el relato del actor, mientras recibe y visita a algunos de sus amigos, David Lynch, Kris Kristofferson, Wim Wenders, Sam Shepard y Debbi Harry. El intérprete mientras va bebiendo y consumiendo cigarrillos nos habla de sus amores, de sus películas y de su talento musical obsequiándonos con diferentes canciones de desamor, huellas y memoria, seduciéndonos con su filosofía vital dentro de un pragmatismo y una naturalidad asombrosa aceptando el devenir de los acontecimientos, quitando hierro a la trascendencia de la vida y sus hechos. Filmado en un maravilloso blanco y negro, es un relato lleno de melancolía con el aroma de los grandes western crepusculares. En la misma sección, también me acerqué a ver Vaters Garten – Die Liebe meiner Eltern (2013), de Peter Liechti, el director retrata a sus propios padres ancianos dando cuenta de la relación difícil y compleja que ha mantenido con sus progenitores. Situada en Suiza, y narrada a través de los testimonios enfrentados a la cámara, utilizando un tono directo y realista, la película es una especie de exorcismo paterno-filial para reflexionar de las cosas que nos separan y nos unen.

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Otro de los nombres destacados del Festival era el de Anne-Marie Miéville (Lausana, 1945), que el certamen le dedicó otra de sus retrospectivas. Fotógrafa que conoce a Jean-Luc Godard y entra en el Grupo Dziga Vertov, desde 1983 escribe y dirige algunas de sus películas. Ici et ailleurs (1976), de Jean-Luc Godard,  aguda y magnífica reflexión sobre el tratamiento de las imágenes, el invento cinematográfico y la abrumadora invasión de imágenes que se superponen, se amontonan y desconciertan a los espectadores alejándolos del tema tratado, a través de una familia francesa de clase media y la vida cotidiana de unos combatientes palestinos. Una estupenda película de sólo 53 minutos que nos invita a estudiar la verdadera naturaleza de las imágenes y nuestra figura como receptores de las mismas. Otra de las secciones más seductoras y audaces es la Panorama, donde recoge a cineastas nacionales que ofrecen un cine singular y a contracorriente. Tenía muchas ganas e ilusión por ver Hotel Nueva Isla (2014), de Irene Gutiérrez, ya que venía avalada por el éxito a su paso por varios certámenes, y todo hay que decirlo, no me defraudó en absoluto. Sorprende y seduce de forma brillante una película minimalista y realizada con tan pocos elementos. Situada en un hotel ruinoso y abandonado de La Habana vieja. La película se centra en un personaje que parece una mezcla del Quijote de Cervantes y el Robinson Crusoe de Defoe, un señor enjuto y miope que se mueve en su “hogar” como un alma en pena, que recibe visitas de su amante y convive con un amigo con mujer e hija, que también alberga sueños inalcanzables, como vender el hotel, que se cae a pedazos, y hacerse millonarios. La cineasta adopta la mirada de observadora que deviene en una brillante reflexión sobre un tiempo detenido y un pasado del que ya sólo queda algunas huellas que poco a poco se van borrando.

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En la misma sección, también me adentré en la propuesta de Movie (2014), segundo largo de Meritxell Soler González. Las buenas sensaciones que me dejó su primera obra Cinema a la fi  (2011) se han certificado en este nuevo trabajo, que también nos convoca a un viaje, si en aquel era un recorrido por Argentina visitando cines ubicados en lugares remotos, y espacios donde hubo cines, ahora se adentra en una búsqueda personal, a través del recuerdo de su padre fallecido, la realizadora viaja hasta Los Angeles buscando los lugares donde se filmaron las películas que forman parte de sus sueños. Lugares reales que no se parecen a los fílmicos, la imagen como vehículo transformador de una realidad dura y triste, el cine como herramienta para soñar y transportarnos a mundos imposibles. Otra de las películas que levantaron mi interés fue ReMine, el último movimiento obrero (2014), de Marcos M. Merino, que venía con el reciente galardón de no ficción del Festival de Sevilla bajo el brazo. El realizador nos sumerge en una película de batalla. Es un fiel y brillante retrato de la huelga que llevaron a cabo las distintas cuencas mineras asturianas del carbón, utilizando unas imágenes cercanas y directas, la película no focaliza el relato a través de ningún personaje en concreto, sino que lleva la voz y las diferentes opciones de protesta sin juzgarlas, sólo mediante la observación, el cine directo de Depardon o el cine de agitación social de Solanas tienen aquí un deudor extraordinario. Resaltar que finalizada la proyección, el público congregado en el Teatre CCCB nos levantamos y aplaudimos entusiasmados. También, dentro de la misma sección me acerqué a ver dos cortometrajes muy interesantes: por un lado, La prima bastarda de Stephen Dedalus (2014), de Marla Jacarilla, interesante y divertida pieza que, a través de 5 actos, indaga en las imposibles semejanzas entre James Joyce y la alter ego de la directora. Interesante reflexión sobre la capacidad humana de hacer verosímil cualquier historia por muy extravagante e inventada que sea. Me llamó la atención de forma agradable, Imágenes secretas (2013),  la pieza de Diana Toucedo, montadora de profesión, que narra a través de un viaje imposible, en busca de un padre marino ausente, la Patagonia sirve de escenario en este sueño frustrado de un reencuentro que no se produce, narrado a través de unas imágenes cotidianas  que nos retratan los lugares donde ha estado, las huellas dejadas y  habitaciones de hotel vacías.

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He dejado para el último tramo de este informe sobre lo visto y lo vivido en la sección Oficial, compuesta por unos trabajos interesantes, que fusionaban trabajos con realizadores conocidos con otros que acaban de aterrizar, todos ellos cargados de energía y llenos de sabiduría y talento para llevar a buen término unas propuestas arriesgadas y comprometidas que huyen del imperante sistema de cine que nos rodea y asfixia semana tras semana. Una de esas historias es Al doilea joc (2014), de Corneliu Porumboiu, cineasta rumano perteneciente a esa nueva ola de cine surgido en el país después de la caída de Ceaucescu, que tan buenas críticas se lleva de los festivales por los que pasa. A través de un partido de fútbol, que enfrenta al Steaua y Dinamo de Bucarest, los equipos del ejército y la policía de Rumania respectivamente, y a través de la conversación entre cineasta y su padre, arbitro de aquel partido celebrado en 1988 bajo una inmensa nevada, nos habla sobre el régimen dictatorial y la situación que se respiraba en aquellos momentos. Memoria histórica y retrato personal se funden en una película con algunos altibajos pero que mantiene el interés. Go Forth (2014), de Soufiane Adel, aquí el cineasta, parisino de origen argelino, se centra en la figura de Taklit Adel, su abuela materna, que relata ante la cámara, las dificultades de la colonización en Argelia, su exilio en Francia y los problemas por salir adelante. A través de imágenes de super-8 y dron, la película se pierde en abarcar demasiados puntos de vista que no acaban de encontrar su naturaleza fílmica, aunque el testimonio de la abuela es sumamente gratificante. Slimane (2013), de José A. Alayón, situada en la periferia de Tenerife, entre canteras de arena, casas abandonadas y lugares no transitados, el realizador canario se centra en un grupo de jóvenes árabes mayores de edad surgidos de centros de menores. Una mirada cotidiana y realista sobre unos jóvenes sin futuro, que viven con energía, y luchan por estar mejor. Entre el cine directo de Depardon y los Dardenne, donde  su Rosetta (1999) planearía por el epicentro de la acción, y el relato ficcionado, donde la cámara adopta la actitud de observadora a unos jóvenes que se debaten entre lo cambiante de las cosas.

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Vientos de Agosto (2014), de Gabriel Mascaro. Cineasta con experiencia en documentales que viene de Brasil, nos presenta una experiencia sensorial ejemplar y unas imágenes de gran belleza para relatarnos las vicisitudes de una pareja de jóvenes que se verán sumergidos en una historia sobre la vida, la muerte, la pérdida, la memoria y cómo los elementos de la naturaleza son utilizados como metáfora para hacernos reflexionar y conmovernos con este relato sencillo y hermosísimo. He dejado para el final, la película ganadora del certamen, Ben O Degilim (2013), de Tayfun Pirselimoglu. El realizador turco nos atrapa en un fascinante y cautivador juego de espejos y sombras que reflexiona sobre la identidad y el otro, en un  punzante y asfixiante cinta negra en el que nada es lo que parece en una historia inspirada en Vértigo (1958), de Hitchcock, que bebe de diversas fuentes, desde el extremo minimalismo de Bresson o Kaurismaki, incluido el humor negro del último, y pintado por unos colores apagados que potencian  los innumerables silencios y los pocos diálogos que nos sumergen en una fascinante exploración sobre la pérdida y lo que realmente somos, y cómo nos observan los demás.

Hasta aquí lo visto y lo vivido durante los 7 días que ha durado la 21 edición de l’Alternativa. Esperemos y deseemos que el año que viene siga con esta energía y radicalismo, y nos vuelva a sorprendernos, entusiasmarnos y cautivarnos con un cine que sea fiel reflejo de las pulsiones del mundo que nos rodea y nos ofrezca miradas personales, arriesgadas y a contracorriente. Se despide el que les ha propuesto este viaje a través de lo experimentado en los días de festivaleo. Hasta el próximo viaje!

 

Rueda de prensa con Volker Schlöndorff

Rueda de prensa con Volker Schlöndorff. El encuentro tuvo lugar en la Filmoteca de Cataluña el pasado Lunes 30 de Junio, con motivo del ciclo dedicado a su figura.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro:

a Volker Schlöndorff, por su tiempo, sabiduría y su maravillosa carrera cinematográfica.

a Pilar Garcia, de la Filmoteca, por su generosidad y paciencia.

Entrevista a Carlos Marques-Marcet

Entrevista a Carlos Marques-Marcet, director de “10.000 KM». El encuentro tuvo lugar el Viernes 9 de mayo en Barcelona, en la terraza del Bar Terra en la Plaça de la Virreina en el barrio de Gràcia.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Carlos Marques-Marcet, por su tiempo y sabiduría, a Cecilia Calvo de Avalon,  por su generosidad y paciencia, y a David del Fresno, autor de la imagen, el sonido y el montaje, por su generosidad y complicidad.

 

Jose nos explica la historia del cine

El pasado 7 de marzo tuve la clase más especial y emocionante de mi vida. Mis alumnos fueron unos niños de alrededor de 10 años de la Escuela Ribatallada de Sabadell. Les propuse un viaje por la historia del cine a través de la mirada de los niños. Nuestro viaje empezó con los cortometrajes de los hermanos Lumière, luego nos fuimos deteniendo y conociendo al hijo de Nanuk, El chico de Chaplin, Elsie Beckman, Huw Morgan, Bruno Ricci, Joey Starrett, Antoine Doinel, Jem y Scout Atticus, Ana e Isabel, Ahmed y Nematzadeh, los alumnos de Lefebvre hasta nuestra última parada, la mirada de Chihiro. Un viaje que nos emocionó a todos…

Os dejo el enlace del blog de la clase donde dan habida cuenta de lo sucedido y un texto de la maestra:

Ha vingut el Jose a explicar-nos la seva visió del cinema. Ens ha agradat molt el viatge que ens ha proposat, la història del cinema vista amb ulls de nen…

Moltes gràcies Jose

http://classemotos.blogspot.com.es/2014/03/el-jose-ens-explica-la-historia-del.html

David del Fresno, amigo y cómplice, me acompañó a la clase para registrar todo lo que ocurrió. Os dejo con este vídeo que ha realizado con algunas fotografías, donde se recogen algunos momentos de la experiencia vivida…

Muchas gracias David

Entrevista a Jonás Trueba

Entrevista a Jonás Trueba llevada a cabo el 20 de Febrero de 2014, en la terraza del Bar Candela, junto a la sede de la Filmoteca de Catalunya con motivo del encuentro organizado por el ESCAC. Madrileño de nacimiento (1981), Jonás es el pequeño de una numerosa família de cineastas. Un autor que con sólo dos películas Todas las canciones hablan de mí  (2010) crónica sobre lo díficil que resulta olvidar a quién amas, y su recuerdo no cesa de invadir tu codianidad, y Los ilusos (2013) una película que habla sobre el deseo de hacer cine, de los paseos después de ver una película, de las charlas con amigos, de dos miradas que se cruzan en una cafetería, del amor, y sobretodo, de la vida… Dos películas que nos hablan del cine a través del cine, de los deseos de cada uno y las ilusiones y esperanzas que nos empujan a seguir hacía adelante, aunque a veces cueste tanto… Jonás se ha destapado como uno de los autores jóvenes con una mirada más lúcida y crítica sobre este tiempo tan convulso y al mismo tiempo, tan ilusionante… 

Quiero expresar mi agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Jonás Trueba, por su tiempo y sabiduría, a Pilar de la Filmoteca y María del ESCAC, por su disponibilidad y paciencia, y a David del Fresno, encargado de la imagen, el sonido y el montaje, por su generosidad y complicidad.

A propósito de Llewyn Davis, de Ethan y Joel Coen

Cartel-A-proposito-de-Llewyn-Davis_02“Es una película hecha en Nueva York, por neoyorquinos, llena de neoyorquinos, sobre un tiempo en Nueva York que cambió este país y creo que también el mundo”.
Oscar Isaac
 
«No tienes que ser genial para nadie, solo se genial para ti.» 
Bob Dylan

Tarde de cine en los Renoir Floridablanca. La elegida es A propósito de Llewyn Davis (Inside Llewyn Davis, 2013). Estamos en 1961, en la ciudad de New York. Nos encontramos en Greenwich Village y más concretamente en un local llamado Gaslight, – que recibe el mismo nombre que aquella espléndida película de Cukor dónde un malvado Charles Boyer martirizaba a una joven y bella Ingrid Bergman-, sobre el escenario, bajo una luz mortecina y apagada, que le acompaña toda la película, Llewin Davis, un joven músico de folk. De esta manera, arranca la nueva película de los hermanos Coen, unos cineastas que llevan más de treinta años relatándonos los sinsabores, amarguras e infelicidad de la otra cara de los EE.UU., la que no nos quieren enseñar otro tipo de películas. ¿De qué trata esta cinta?  Tenemos a este joven, que a modo de Ulises deambula por esta road movie intentando, sin conseguirlo, hacerse un hueco en el difícil mundo de la escena musical neoyorquina, un éxito que se le niega. En cierto momento, un magnate judío, en un club vacío como entorno, después de escucharlo le suelta que no ve dinero. Quizás, así se podría resumir la vida de este personaje homérico, este individuo que todos sus intentos en llevar una vida más «normal», resultan vanos y cada vez peores. Los Coen vuelven a su tema predilecto, el viaje, y a La odisea, de Homero, cómo ya habían hecho en O brother! (O brother, where art you?, 2000), dónde tres fugitivos, en plena Gran depresión, hacían lo imposible para volver a casa, también con la música como telón de fondo. Llewin Davis nos recuerda  a aquellos y en muchos aspectos a Barton Fink (1991), otro artista sin suerte que viaja a Hollywood y se veía incapaz de escribir la película que el magnate le exigía. Libremente inspirado en el libro de memorias de Dave Van Ronk, El alcalde de la Calle MacDougal  (The mayor of MacDougal Street), nos sumerge en un personaje fiel a sí mismo, con su guitarra a cuestas y una bolsa con sus cosas, que es todo lo que posee Un naufrago sin isla, un vagabundo que transita por ambientes amargos y no tiene dinero para comprarse un abrigo para combatir el  frío invierno, que duerme en los sofás prestados por amigos, y tiene una hermana que le reprocha la existencia que soporta por seguir fiel a sus principios,  y además, un padre ido, al que nunca ve, que pasa sus últimos días en una residencia. Para redondear su triste existencia, hay una chica, maravillosa Carey Mulligan, que ha dejado embarazada pero resulta que es la novia de su mejor amigo. Una vida que se mueve por antros oscuros,  días sin fin, y mendigando por las frías y heladas calles sin alma de una ciudad sin vida. Su viaje a Chicago tampoco mejora las cosas, quizás las empeora más. Un artista que no logra ganarse la vida con su música y si colecciona palos por doquier. Podría haber sido ese tipo de películas en las que asistimos a un dramón de no te menees con semejante panorama, pero el talento de los Coen se niega a plantearse una historia de tales características, en cambio, vemos mucha ironía, quizás es la película más triste y desoladora de los Coen, pero tiene momentos muy suyos, su universo sigue plagado de seres curiosos y extraños, la retahíla de personajes secundarios que se topan con el músico no tiene desperdicio, la pareja de ancianitos judíos que regenta la discográfica que acumula discos que no encuentran compradores, el matrimonio judío esperpéntico y grotesco, que son dueños del gatito pardo, de nombre Ulises, no podía llamarse de otra manera, que acompaña a Llewyn en su periplo diario, el soldado músico, y John Goodman, un seboso, cínico y yonqui, y su criado, un joven macarra y silencioso, que algunos les recordará a uno de los matones de Fargo (1996), que interpretaba Peter Stormare, en uno de los momentos más raros y siniestros de la película, ese viaje a Chicago que parece que va a ocurrir cualquier cosa, muy en la línea de los planteamientos que pululan por el universo Coen. Destacar el buen hacer de Oscar Isaac, actor nacido en Guatemala de padre cubano y criado en florida, que nos brinda una hermosísima interpretación, dotado de una gran mirada que expresa todo su malestar y ese sentimiento fundido que rompe el alma.  Una maravillosa balada triste y nostálgica, como es la música folk, que nos interpela a nosotros. Su estructura circular, a modo de bucle, aún hace la existencia de Llewyn más difícil, en que aparentemente y  atendiendo el discurso de la cinta parece no tener salida, aunque los cineastas norteamericanos no se decantan por ninguna opción y en una estrategia que les honra, nos ceden el testigo de la elección a nosotros, sus espectadores. Una nueva clase magistral de estos cineastas que no se cansan en ofrecernos la otra cara del sueño americano, o mejor dicho, su pesadilla que quizás nunca existió. Una buena película que nos devuelve la mejor tradición del cine americano, aquella que nos contaban los Ray, Penn, Fuller, Peckinpah… historias de loosers, personajes perdedores que no encuentran su camino y los que encuentran les llevan a sentirse más perdidos y abocados a un fracaso personal y existencial.

Entrevista a Basilio Martín Patino.

Entrevista a Basilio Martín Patino llevada a cabo el 16 de Enero de 2014, en la sede de la Filmoteca de Catalunya, con motivo del ciclo «50 años de indignación», realizado del 14 al 18 de enero. Salmantino de nacimiento (1930), creador a contracorriente, agitador de conciencias, alejado de modas, tendencias y hechos coyunturales. Su espíritu libre ha quedado reflejado en su cine. dónde podemos encontrar reflexiones de diferentes y muy variados temas.  Una filmografía que arranca con Nueve cartas a Berta (1965), en plena eclosión del Nuevo Cine Español. Le seguirán otros títulos, Canciones para después de una guerra (1971-1976), Querídimos verdugos (1973), hasta llegar a  Libre, te quiero (2012), documento que retrata la acampada de los indignados en Madrid. Cineasta que ha retratado medio siglo de la España que va desde el franquismo hasta la actualidad adoptando un discurso lleno de energía y estimulador. Quiero expresar mi agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro,  a Basilio Martín Patino, por su tiempo y sabiduría, a Pilar, de la Filmoteca, por su disponibilidad y paciencia, y a David del Fresno, que se encargó de la imagen y el sonido, por su generosidad y complicidad.

Vida en sombras, de Llorenç Llobet-Gràcia

'Vida en sombras'El 13 de febrero es una fecha especial en mi vida. Ese mismo día, pero de 1895, los Hermanos Lumière patentaron el invento del cinematógrafo. Por este motivo he querido homenajear al cine recuperando la crítica que escribí sobre Vida en sombras (1948), de Llorenç Llobet-Gràcia para Cineclub Sabadell, el Jueves 11 de noviembre de 2010.

«Quien ama el cine, ama la vida”

François Truffaut

 Esta cita del genial director francés, que junto a un nutrido grupo de colegas, revolucionó este invento llamado cine, a finales de los cincuenta y lo dotó de un nuevo lenguaje que cambiaría para siempre los conceptos cinematográficos, podría atribuirse a Llorenç Llobet-Gràcia, un cineasta que amó el cine y la vida, y ya desde su adolescencia comenzó a hacer películas en el campo amateur hasta que por fin pudo dar el gran salto al terreno profesional y se metió en la aventura y desventura que significó su “opera prima” Vida en sombras,  un proyecto que empezó con recortes al guión por parte de la censura que, tras realizar algunos cambios, fue aceptado y pudo empezar el rodaje. A medio rodaje el productor se quedó sin dinero y Llobet-Gràcia, que no quería que su película quedase en vía muerta, se empeñó hasta las cejas pidiendo dinero a sus amigos para concluir lo que era la ilusión de su vida. Al terminar la película, Llobet se enfrentó a un nuevo problema: la Junta de Clasificación, no le otorgó la primera categoría y, después de luchar frenéticamente, pudo conseguir la segunda categoría, pues en un principio se le había concedido la tercera categoría. Esto significó que la película se estrenó cinco años más tarde, con más pena que gloria, por las salas cinematográficas, dónde por entonces se nutrían de un cine muy afín al régimen franquista: Alba de América, Inés de Castro, Doña María la brava o Locura de amor, de Juan de Orduña, que se convirtió en todo un acontecimiento en aquel tiempo, dónde la maldita posguerra se había instalado en un país hambriento, perseguido y donde reinaba la ley del silencio, impuesta por la hordas fascistas. En aquellas circunstancias se estrenó Vida en sombras, una película a contracorriente, atípica, diferente, extremadamente moderna y radical, antes y ahora, que ha trascendido su tiempo y que hay que reivindicar por su valía, su grandeza, y sobretodo, hay que aplaudir que exista y dar las gracias a todos aquellos que la hicieron posible y a todos los que – y me acuerdo de Ferran Alberich-  la rescataron del injusto olvido al que fue sometida y nos la mostraron a las nuevas generaciones para que pudiéramos disfrutar de tamaña obra, convertida en un clásico imperecedero de nuestro cine. Llobet-Gràcia nos muestra un relato que es un homenaje a su pasión, el cine, a los maestros que admiraba – Meliès, Chomón, Chaplin, Grifith, Murnau, entre otros- y a imaginar la vida a veinticuatro fotogramas por segundo. El héroe/antihéroe de su historia, Carlos Duran, viene al mundo en una barraca de feria dónde se hacía una sesión de cinematógrafo, la fotografía en movimiento. Desde entonces la vida de ese niño gira en torno al nuevo invento, y asistiremos al cine con Carlos y su amigo Luis, veremos Cartas animadas, del genial Meliès, La moneda rota, Carlot en la calle de la Paz, también a Eddie Polo. Luego presenciaremos como intercambia cromos para conseguir uno de Charlot. Más adelante, con una cámara Pathé Baby, rueda su primera película, con la ayuda de Luis, y así, poco a poco, el sueño infantil se va convirtiendo en una pasión adulta, que le proporciona un trabajo como operador. Nuestro protagonista se enamora y da su primer beso viendo el Romeo y Julieta, la adaptación que hizo George Cukor de la célebre obra de William Shakespeare. Aunque será su amor por el cine lo que lo llevará a una profunda depresión y un alejamiento total de su pasión, y será con el mismo cine, y más concretamente, con la genial película del maestro Alfred Hitchcock, Rebeca, la que le devuelve al ruedo cinematográfico. Estamos ante una película de estructura circular donde se hace uno de los más importantes y admirables homenajes al cine y a la pasión que despierta en los individuos. Uno de los mejores testimonios que se han hecho sobre el cine en nuestro país, a la altura de obras, como: La noche americana (La nuit americaine, 1973), de François Truffaut, dónde los cineastas dan rienda suelta a su cinefilia y nos proponen un viaje maravilloso a las entrañas del cinematógrafo. En palabras del crítico y cineasta, Esteve Riambau: Aquests elements, expressats a través d’insòlits moviments de càmera i, fins i tot, un pla seqüència de vuit minuts, fan d’aquest film una obra decididament anticipada al seu temps. Tot i les deficències tècniques pròpies d’una producció absolutament modesta, la modernitat que destil.len les seves imatges és absoluta i, a través del que Borau denomina “passió letal pel cinema”, s’anticipa a una altra pel.lícula maleïda del cinema español, com és Arrebato d’Ivan Zulueta. Vida en sombras m’angoixa i m’espanta, va dir Borau, “perquè revela la bogeria pel cinema que ens afecta a molts dels que estem presents en aquesta sala. La película está llena de hallazgos cinematográficos, el maravilloso tratamiento de la elipsis, -el encuentro de Carlos y Ana en el quiosco, se suben al tranvía, y en el siguiente plano, Carlos cuelga un retrato de la pareja posando en el campo- sólo por citar uno de ellos;  amén del espectacular plano secuencia de ocho minutos y las transiciones del relato, brillantemente resueltas, a pesar del ajustado presupuesto del que disponía la película. Film muy influido por el expresionismo alemán, en uno de los momentos vemos a Carlos escribiendo con máquina de escribir el guión de su película, mientras en la pared se proyecta la sombra de un zootropo primitivo girando. Destacar tanto el equipo técnico, habitual del director Carlos Serrano de Osma, amigo personal de Llobet-Gràcia, y el plantel artístico, encabezado por el genial Fernando Fernán Gómez, haciendo aquí su primer papel dramático, y realizando aquí uno de su mejores trabajos junto a María Dolores Pradera, su esposa por entonces, e Isabel de Pomés… Disfruten de una de las grandes películas de nuestro cine, y parafraseando a nuestro protagonista, Carlos, les dejo con una de sus citas: El veneno del cine, ese tóxico tan actual, al que no sabe uno nunca renunciar.

 

 

Camille Claudel 1915, de Bruno Dumont

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«No hay nada en el mundo que pueda compararse con un rostro humano. Es una tierra que uno no se cansa jamás de explorar, un paisaje (ya sea árido o apacible) de una belleza única. No hay experiencia mas noble, en un estudio, que la de constatar cómo la expresión de un rostro sensible, bajo la fuerza misteriosa de la inspiración, se anima desde el interior y se transforma en poesía».

Carl Theodor Dreyer

Tarde de cine en los Boliche. La elegida es Camille Claudel 1915 (2013), de Bruno Dumont. La austeridad y la sobriedad son los pilares en los que se fundamenta esta aproximación del cineasta francés a la figura de la famosa escultora. La película, séptima de su carrera, huye del biopic al uso, a Dumont no le interesa la vida, obra y milagros del personaje, su película va más allá, quiere mostrarnos a la persona, no al personaje. Nos sitúa en 1915, en los albores de la Gran Guerra y nos muestra una mujer de unos 50 años, desesperada y aislada,  abandonada por su familia, encerrada tanto física como emocionalmente en las cuatro paredes de un sanatorio situado en Montdevergues, cerca de Avignon, dónde estuvo los últimos 40 años de vida. Solamente las visitas de su hermano Paul le ayudan a soportar tan tremenda e injusta situación, una vida alejada de su París y su trabajo de escultora. Estructurada a través de algunas jornadas, un relato dónde abundan los planos fijos y las tomas largas, apenas se aprecian leves movimientos de cámara, y sin música, y apenas diálogos, apenas tres situaciones, el hermano de Camille con ella, con el clérigo y con el director del sanatorio. El realizador se apoya en dos conceptos: la magnífica interpretación y el rostro/primer plano de Juliette Binoche. Es la primera vez que Dumont trabaja con una actriz profesional, en las anteriores películas utilizaba gente anónima de la calle. Su ejercicio resulta admirable, despoja la imagen que tenemos de Binoche y la convierte en un ser no ser, que soporta una no vida, una no persona, en un muerto viviente rodeada de enfermos mentales reales, los espectadores nos convertimos en lo que siente la actriz y sentimos su aislamiento. Una obra plagada de pequeños detalles que la hacen más profunda y extraordinaria, he rescatado dos momentos: en uno de ellos, Camille camina por un jardín y coge un trozo de barro que empieza a moldear, pero en ese instante, detiene sus manos y estruja el barro y lo lanza, o el arranque de la película, cuando se nos muestra a Camille de espaldas a nosotros, le despojan su ropa, nos fijan un plano de la bañera y de golpe, por la derecha, entra el cuerpo desnudo de Camille que se introduce en la bañera. La película juega a presentarnos un estado de ánimo, el de Binoche/Claudel, a presenciar unas situaciones de alguien que sufre por su pasado, por un amante que la dejó, por la obsesión que la persigue, por una familia que no la entiende y que por miedo, la encierran y la destrozan. Una mujer de su tiempo y muy avanzada, que intentó vivir cómo ella sentía, pero se encontró con la oposición de una familia y una sociedad demasiado tradicionalista y superficial. Una mujer que nos recuerda a otras heroínas particulares que a pesar de la sociedad lucharon por ser ellas mismas. Tomando como referencia el libro de Paul Schrader, El estilo trascendental en el cine: Ozu, Bresson y Dreyer, dónde encontramos afiliaciones y paralelismos con la obra de Dumont. Tres autores y tres maneras de filmar: Yasujiro Ozu y la trilogía de Noriko, Primavera tardía (Banshun, 1949)El comienzo del verano (Bakushû, 1951)Cuentos de Tokio (Tokyo monogatari, 1953), Robert Bresson con El proceso de Juana de Arco (Procès de Jeanne d’Arc, 1962) y Mouchette (1967) y Carl Theodor Dreyer con La pasión de Juana de Arco (La Passion de Jeanne d’Arc, 1928) y Gertrud (1964), obras protagonizadas por mujeres libres y solas, como actitud ante la vida, que huyen de lo establecido y quieren vivir su vida, pero debido a la idea imperante de una sociedad acomodada y tradicional y exasperadamente conservadora, se sienten empujadas a vivir según lo establecido y a sentirse infelices ya que hacen lo que no quieren y se sienten encerradas en una manera de vivir que no es la suya. Formalmente, Dumont también se acerca a la obra de estos cineastas, los espacios desnudos, los planos estáticos, la economía en los diálogos, una narrativa cinematográfica que busca un estilo alejado de lo puramente visual, apelando directamente hacía nuestro interior, a lo que sentimos, a nosotros mismos, a un estado de ánimo, que tiene que ver más con el espíritu. Una manera de sentir y mirar lo que se nos cuenta, mucho más allá de lo que vemos en la pantalla. Les dejo con una reflexión de Bresson: No filmar para ilustrar una tesis o para mostrar a hombres o mujeres limitados a su aspecto externo, sino para descubrir la materia de la que están hechos. Alcanzar ese ‘corazón’ que no se deja atrapar ni por la poesía, ni por la filosofía, ni por la dramaturgia.