Mal genio, de Michel Hazanavicius

AMANDO A GODARD.

“Al menos dos veces al día, el ser humano más digno es ridículo.”

Ernst Lubitsch

Nos encontramos en el París de 1967, Jean-Luc Godard acaba de finalizar el rodaje de La chinoise y se ha enamorado de Anne Wiazemsky, una chica de buena familia y nieta del gran escritor gaullista y católico François Mauriac, que un año antes había protagonizado Au hasard Balthazar, de Bresson. Godard es reconocido por todo el mundo y está en la cúspide de su carrera cinematográfica. Godard y Anne contraen matrimonio. Michel Hazanivicius (París, Francia, 1967) vuelve a la comedia más irreverente, iconoclasta y paródica con Mal genio, después de su intento fallido en el drama The search (2014) ambientado en la guerra de Chechenia. Un género, el de la comedia, que le ha reputado los mayores éxitos cinematográficos como las dos entregas de OSS 117, filmadas en el 2006, y tres años después, la segunda entrega, en la que parodiaba las películas de espías sesenteras con su actor fetiche Jean Dujardin, con el que repetiría en su mayor éxito hasta la fecha, The artist  (2011) una comedia romántica con tintes dramáticos filmada en blanco y negro y muda sobre la idiosincrasia hollywodiense en la época silente, que lo alzó con un buen puñado de estatuillas.

Ahora, y tomando como inspiración la novela “Un año ajetreado”, de Anne Wiazemsky (donde se explica su amor con Godard) retorna a la comedia y retrata aquellos años pop de finales de los sesenta y comienzos de los stenta, seis años, y lo hace con uno de los cineastas más influyentes y controvertidos de la historia, Jean-Luc Godard, al que vemos con unos 37 años, en plena crisis artística (en la que se planteaba nuevos caminos políticos y renunciar a su cine aburguesado y encontrar un cine más agitado políticamente y outsider)  y con el mayo del 68 en plena ebullición. Hazanavicius opta por la mirada externa, que recae en la joven Anne, una chica de 19 años que se ha enamorado del hombre-cineasta al que admira. Así que vemos a Godard desde la mirada de Anne, y asistimos a su historia de amor, desde los primeras risas y confidencias del comienzo a la destrucción de ese amor, pasando por muchos instantes donde se agita el posicionamiento político, los (des)encuentros con otros cineastas, como los casos de Bertolucci, por ejemplo, con amigos, estudiantes de la Sorbona, y demás personajes y personas que se cruzan en la vida del cineasta francés.

Hazanavicius retrata con detalle y mimo todo aquel instante desde la decoración, los colores, su atmósfera, la vida que empezaba y se desarrollaba entre manifestaciones contra el capitalismo, en cafés de interminables charlas, encontronazos con la ley, roturas de gafas, desayunos escuchando la radio, mítines en la universidad, amor y sexo, y nos lo cuenta tomando como referencia el cine de Godard, como la escena de sexo inspirada de Una mujer casada, o el espíritu y la vida que se detallaba en Pierrot le fou, El desprecio o Dos o tres cosas que sé de ella. Ese Godard sesentero, pop, con ese cine a contracorriente, formalista, y en continua transformación y de resistencia ante el cine imperante y popular. El Godard que vemos en la película es un tipo bregado en mil batallas, que a través de la discusión y el rechazo que provoca se construye su persona, que se mueve entre los extremos, desde encantador, inteligente, audaz y genio a todo lo contrario, a ese ser déspota, engreído, narcisista e insoportable. De ahí el título original “Le redoutable” que se traduciría como “El temible”, tanto para lo bueno como para lo malo, un hombre que no deja indiferente a nadie.

Hazanavicius encara al genio cinematográfico desde la comedia, pero también desde la historia de amor de Jean-Luc y Anne, porque el personaje público da paso al personaje privado en su intimidad, en la que la joven Anne pasa de admirar a su amor y descubrir junto a Godard la vida, el amor, el sexo, un mundo de intelectuales, el cine, la política, la fama y la vida parisina, con sus pros y contras,  a lentamente descubrir a un ser enfrascado en plena crisis creativa, que ya no admira y que ya no se ríe con él, como se comprobará en la secuencia de la habitación de hotel. Un irreconocible Louis Garrel, con calvicie y gafas de pasta negra, da vida a Godard, mostrando su humanidad, para lo bueno y lo malo y su desgaste creativo y personal, a su lado, Stacy Martin (descubierta por Von Trier en Nynphomaniac) da vida a la joven parisina sesentera, con su calidez, dulzura y fragilidad, y su libertad sexual, que descubre la cara amble y amarga de la vida, del cineasta y del amor.

Hazanavicius ha construido una película sobre Godard, Anne y la época en la que se enamoraron y vivieron su amor en el París más convulso del último medio siglo, a través del amor y la comedia más disparatada, pop, divertida, surrealista y desparramada, a lo Jerry Lewis (como el instante del viaje en coche cuando seis personas discuten entre ellas, como si fuesen niños enrabietados o aireados compañeros que les une una sincera amistad, pero también una división política muy aguda) en ese tiempo en el que las cosas parecían que podrían tomar otro rumbo, y lo hace retratando no sólo al cineasta y el genio que hay detrás, sino también a través de su humanidad, sus miedos, alegrías, inseguridades y sobre todo, su persona, que gustará más o menos, o simplemente no gustará, pero en el que todos los amantes del cine estarán de acuerdo, Godard es el cineasta que más ha reflexionado sobre el cine, y todo lo que rodea sobre su imagen, expresión, construcción y posicionamiento político, intelectual, social y cultural.


<p><a href=”https://vimeo.com/231376043″>MAL GENIO – Tr&aacute;iler VOSE</a> from <a href=”https://vimeo.com/filmsvertigo”>V&eacute;rtigo Films</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Tú y yo, de Bernardo Bertolucci

io-e-te

Tú y yo, si no tuviésemos más que un punto de vista, seríamos iguales. Sí, sin un punto de vista, dejaríamos de estar el uno contra el otro y aceptaríamos la realidad tal cual es, sin juzgarla. 

Tarde de cine en los Renoir de Barcelona en buenísima compañía, la elegida, Tú y yo (Io e te, 2012), de Bernardo Bertolucci, después de 9 años larguísimos sin rodar. El director italiano, que fuera ayudante de dirección de Acattone (1961), de Pier Paolo Pasolini, rodó postrado en una silla de ruedas aquejado de una enfermedad, hay otros casos en la historia del cine, como los de John Huston, que rodó en la misma situación Dublineses (The dead, 1987), aunque eso no fue motivo para volver dónde solía el cineasta transalpino, a aquellas historias dónde lo político se imponía en la trama, La estrategia de la araña (La strategia del ragno, 1970), El conformista (Il conformista, 1970),  Novecento (1976), entre otras. ¿Pero que nos ofrece en esta nueva incursión cinematográfica el talento de Bertolucci? Quizás tenemos en mente Soñadores (Dreamers, 2003), aquella fábula que transcurría durante los días de aquel mayo parisino del 68, protagonizado por tres jóvenes que a parte, era un gran sentido homenaje al cine, que no sólo amó Bertolucci, sino un gran número de cineastas que empezaron en el cine en la década de los sesenta. Tú y yo, es una historia íntima, sencilla, todo ocurre en un sólo espacio, a ritmo pausado, sin grandes giros dramáticos ni por supuesto, grandes alardes técnicos. El director italiano nos relata la vida de Lorenzo, un chico adolescente que sólo quiere estar sólo y no encuentra otra manera que para conseguir su objetivo que mentir a la madre y refugiarse en un trastero en el mismo edificio de dónde vive. Su aparente soledad y tranquilidad se verá enturbiada por la aparición de su hermanastra, Olivia,  mayor que él, y sus historias de drogadicción y amantes casuales. Los dos jóvenes ausentes del mundo y náufragos de sí mismos, se conocerán e intimidarán durante esa semana de reclusión aceptada. Uno, busca soledad para entender el resto del mundo y la otra, busca un lugar dónde refugiarse de su adicción. Dos seres solitarios, incomprendidos y sobretodo, infelices, porque ni pueden ser ellos ni les dejan. Los dos a su manera, responsabilizan a su adorable padre de su situación de desarraigo emocional, quizás el progenitor sea el causante de tan maraña actitud familiar. Uno de los momentos más extraordinarios y bellísimos de toda la película, cuando el genio septuagenario cineasta italiano, esos momentos que te hacen levantarte de tu butaca y te invade la emoción, es cuando los dos jóvenes escuchan y se ponen a bailar pegaditos el tema de Bowie Space Oddity,  uno de sus grandes hits que el artista británico versionó en italiano con el título de Ragazzo solo, ragazza sola. De cualquier modo, Bertolucci nos hace partícipe de un rato agradable y también, porque no decirlo, de sentirnos a veces solos y acompañados a la vez.