Tú y yo, de Bernardo Bertolucci

io-e-te

Tú y yo, si no tuviésemos más que un punto de vista, seríamos iguales. Sí, sin un punto de vista, dejaríamos de estar el uno contra el otro y aceptaríamos la realidad tal cual es, sin juzgarla. 

Tarde de cine en los Renoir de Barcelona en buenísima compañía, la elegida, Tú y yo (Io e te, 2012), de Bernardo Bertolucci, después de 9 años larguísimos sin rodar. El director italiano, que fuera ayudante de dirección de Acattone (1961), de Pier Paolo Pasolini, rodó postrado en una silla de ruedas aquejado de una enfermedad, hay otros casos en la historia del cine, como los de John Huston, que rodó en la misma situación Dublineses (The dead, 1987), aunque eso no fue motivo para volver dónde solía el cineasta transalpino, a aquellas historias dónde lo político se imponía en la trama, La estrategia de la araña (La strategia del ragno, 1970), El conformista (Il conformista, 1970),  Novecento (1976), entre otras. ¿Pero que nos ofrece en esta nueva incursión cinematográfica el talento de Bertolucci? Quizás tenemos en mente Soñadores (Dreamers, 2003), aquella fábula que transcurría durante los días de aquel mayo parisino del 68, protagonizado por tres jóvenes que a parte, era un gran sentido homenaje al cine, que no sólo amó Bertolucci, sino un gran número de cineastas que empezaron en el cine en la década de los sesenta. Tú y yo, es una historia íntima, sencilla, todo ocurre en un sólo espacio, a ritmo pausado, sin grandes giros dramáticos ni por supuesto, grandes alardes técnicos. El director italiano nos relata la vida de Lorenzo, un chico adolescente que sólo quiere estar sólo y no encuentra otra manera que para conseguir su objetivo que mentir a la madre y refugiarse en un trastero en el mismo edificio de dónde vive. Su aparente soledad y tranquilidad se verá enturbiada por la aparición de su hermanastra, Olivia,  mayor que él, y sus historias de drogadicción y amantes casuales. Los dos jóvenes ausentes del mundo y náufragos de sí mismos, se conocerán e intimidarán durante esa semana de reclusión aceptada. Uno, busca soledad para entender el resto del mundo y la otra, busca un lugar dónde refugiarse de su adicción. Dos seres solitarios, incomprendidos y sobretodo, infelices, porque ni pueden ser ellos ni les dejan. Los dos a su manera, responsabilizan a su adorable padre de su situación de desarraigo emocional, quizás el progenitor sea el causante de tan maraña actitud familiar. Uno de los momentos más extraordinarios y bellísimos de toda la película, cuando el genio septuagenario cineasta italiano, esos momentos que te hacen levantarte de tu butaca y te invade la emoción, es cuando los dos jóvenes escuchan y se ponen a bailar pegaditos el tema de Bowie Space Oddity,  uno de sus grandes hits que el artista británico versionó en italiano con el título de Ragazzo solo, ragazza sola. De cualquier modo, Bertolucci nos hace partícipe de un rato agradable y también, porque no decirlo, de sentirnos a veces solos y acompañados a la vez.

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