Balandrau, vent salvatge, de Fernando Trullols

SUCEDIÓ UN SÁBADO EN LA MONTAÑA DE BALANDRAU.   

“Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes”

Khalil Gibran

Primero fue un libro “Viento Salvaje, crónica de una tragedia en los Pirineos», de Jordi Cruz publicado en 2019. Después vino un documental “Balandrau, infern glaçat”, de Guille Cascante estrenado en 2021. Y ahora, se estrena Balandrau, vent salvatge, de Fernando Trullols (Barcelona, 1977), la ficción que vuelve a la tragedia del Balandrau, la montaña situada en los Pirineos orientales, en la comarca del Ripollés, en la provincia de Girona, con sus 2585 metros de altura, que el sábado 30 de diciembre de 2000, a eso de las 13:30 sufrió un Torb, una ventisca de alta montaña que bajó la temperatura unos 30 grados y desató una tormenta catastrófica que afectó a las personas que allí estaban. Una de ellas es Josep Maria Vilà que junto a su prometida Mònica, y tres amigos disfrutaban de practicar esquí. Esta es la película que cuenta la historia, no sólo de Vilà, sino también de los equipos capitaneados por Francesc carola “Siscu”, de los bomberos voluntarios que trabajaron para sacar del infierno helado a todas las personas que allí se quedaron. Es la historia de las víctimas y los rescatadores. 

Trullols lleva más de medio producciones a sus espaldas trabajando en los equipos de dirección junto a Jota Bayona, Marcel Barrena y Guillem morales, entre otros, amén de haber dirigido un par de cortometrajes, como El barco de pirata, galardonado con el Goya, y haber dirigido series como Cucut, Bosé y Hache, entre otras. Balandrau, vent salvatge es su puesta de largo, a partir de un guion que firma Danielle Schleif, que tiene en su haber películas como Summer Camp y Mediterráneo, con una película que cuenta una historia muy conocida en Cataluña, hecho que también suponía un reto, porque al ser un relato ya sabido, la película arranca con un interesante prólogo que deja varios apuntes que afectan a las vínculos de los citados protagonistas que son los dos ya sabidos y los Oriol, Elena y Pep. La película tiene dos líneas, las de las víctimas que quedaron atrapadas en la nieve, y los bomberos y voluntarios que trabajaron en su ayuda, a más, la incertidumbre de los familiares y amigos que esperaban en el campo base esperando noticias. Tres miradas que se cuentan muy de cerca, capturando toda la verdad posible, sin caer en la manida condescendencia, alejándose de la sensiblería y el amarillismo de ciertas producciones cuando tocan temas de la misma índole. Tanto la parte técnica como la artística brillan desde lo humano, entre lo que destaca lo emocional, clave en una película de estas características. 

Un magnífico trabajo técnico encabezado por la cinematografía de Miquel Prohens, que ha trabajado con Caye Casas y Albert Pintó, Pedro Aguilera y Miguel Eek, entre otros, con una luz que brilla capturando el esplendor y la naturaleza de la montaña y después, cuando se desata la tormenta, y el gran trabajo de fx de la película, a través de una cámara que se acerca a los rostros y gestos de los personajes. La música de Arnau Bataller, todo un experto en el tema con más de 86 títulos en su extensa filmografía que empezó allá por el 2004, y le ha llevado a trabajar con autores como Balagueró, Plaza, Barroso, León de Aranoa, Cesc Gay y Pau Freixas, por citar sólo algunos. Una composición que atrapa la belleza y la tragedia en toda su complejidad, sin recurrir a esas melodías de épica y cosas del estilo, aquí no hay nada de eso, porque se habla de personas de carne y hueso, sometidas a las inclemencias de un naturaleza que es bella y trágica. El excelente montaje de Ana Charte Isa, de la que conocemos sus trabajos en películas como Vulcania, Uno para todos y L’home del nassos, que no tenía una tarea sencilla en una historia que abarca casi las dos horas de metraje, y los diversos puntos en los que desarrolla partiendo de momentos más  reposados con otros llenos de agitación pura. 

El reparto escogido para la película también realiza un gran trabajo encabezado por un magnífico Álvaro Cervantes, vaya año se ha gastado el barcelonés con Sorda, Esmorza amb mi y Baladrau. Su Josep Maria Vilà desprende vida, soledad, desesperanza y muchas más emociones en una composición que no resultaba sencilla porque había que interpretar a una persona real y eso es siempre un grna reto. A su lado, Bruna Cusí como Mónica, que transmite naturalidad y cercanía como la actriz catalana sabe con gran detalle y compromiso. El tercero sería Marc Martínez que hace de “Siscu”, el rescatador que pondrá el alma y todo para encontrar a los damnificados. Tenemos a los amigos que hacen Eduard Lloveras, Anna Moliner y Pep Ambrós, y luego, Àgata Roca como la madre de Vilà, Francesc Garrido es el coordinador de las operaciones de rescate, y Jan Buxaderas es Bernat, el hijo de Siscu, toda una revelación en la película. Aunque conozcan la historia de lo que pasó en Balandrau, no se pierdan la película, porque conocerán otros detalles íntimos y demás situaciones que vivieron los implicados, en una película que acoge el gran cine, aquel que explica historias de verdad, tratando todos los aspectos con transparencia, complejidad y humanidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Solo las bestias, de Dominik Moll

LA DESAPARICIÓN DE EVELYNE DUCAT DURANTE UNA TORMENTA DE NIEVE.

“Nunca amamos a nadie: amamos, sólo, la idea que tenemos de alguien. Lo que amamos es un concepto nuestro, es decir, a nosotros mismos”

Fernando Pessoa

Amar y ser amado es la única fuerza que resiste todos los embates y sinsabores de la existencia. Quizás, sea esa la única razón por la que los seres humanos soportamos la futilidad de la vida, o podríamos decir que, en el amor y sus circunstancias, encontramos el verdadero significado de la vida, o al menos, eso creemos cada vez que, por una razón completamente desconocida a nuestra voluntad, sucumbimos a sus encantos. Solo las bestias, basada en la novela homónima de Colin Niel, tiene su base en esa misma estructura, la de un grupo de personajes que idealizan el amor o simplemente, desearían ser amados como fantasean, aunque se toparán con una durísima realidad que les llevará a sumergirse en abismos muy oscuros. Dirige Dominik Moll (Bühl, Alemania, 1962), autor entre otras de Harry, un amigo que os quiere (2000), Lemming (2005), El monje (2011), Only the Animals (2019) y de la serie The Tunnel (2013), entre otras, obras enmarcadas generalmente en el thriller con elementos de drama, comedia o fantástico, en las cuales la psicología y la relación de los personajes se convierte en el foco de la acción.

Escrita por Moll y Gilles Marchand, un estrechísimo colaborador en la filmografía del director, nos proponen un thriller psicológico, donde todo está magníficamente construido, desde su penetrante y absorbente atmósfera, situadas en las inestables y duras mesetas de Causse Méjean, en el sur de Francia, en un entorno rural aislado, bañado por desiertos rocosos, por el cruzan carreteras solitarias y heladas, donde trabajan ganaderos con existencias difíciles, donde los inviernos llenos de nieve y frío dificulta sobremanera las relaciones y los trabajos cotidianos. El guión, se estructura a partir de cinco capítulos, en los que cada personaje explicará su testimonio personal a partir del hecho que engloba a todos los personajes, la misteriosa desaparición de Evelyne Ducat, una mujer de la ciudad, durante una tormenta de nieve. Cada segmento se centra en la piel de uno de los cinco personajes en cuestión, a modo de Rashomon, de Kurosawa, aunque aquí, el relato no cuenta diferentes puntos de vista del mismo hecho en el espacio y tiempo, sino lo hace en relación a su participación en los hechos que lo relacionan con la extraña desaparición, dilatando el tiempo con continuos vaivenes.

Conoceremos partes de la historia, nunca en su totalidad, de las razones o motivos de cada personaje en función a su actuación en los hechos, en la que las circunstancias, pro insignificantes y cotidianas que estas parezcan, veremos que tendrán un significado muy importante, todo contado con sus contradicciones, zonas oscuras, aquello que ocultan, o lo que han olvidado, porque no lo recuerdan o les conviene no recordarlo. La tenue y naturalista luz del cinematógrafo Patrick Ghiringhelli (que ya estuvo en Eden, la serie sobre los trasfondos de la inmigración a Europa, que hizo anteriormente Moll) se convierte en un elemento indispensable para dotar de tensión y suciedad al relato, así como, el excelente montaje de Laurent Rouan (que también estuvo en Eden) en ese prisma catalizador que ayuda a controlar el adecuado ritmo que tanto necesita el thriller. O el brutal corte de la estructura en los 2/3 de la película, trasladándonos 5000 km del lugar de los hechos, a la ciudad de Abiyán, en Costa de Marfil, con su megalópolis urbana y africana, que contrasta fuertemente con el paisaje nevado del sur francés, donde conoceremos a Armand, un joven obsesionado con el dinero, que también tendrá su parte en esta trama enrevesada y compleja que nos cuenta la película.

Viendo las imágenes y los personajes que entran en este juego macabro y violento de Solo las bestias, resulta impensable no acordarse del aroma y los tipejos que pululaban por ese monumento al cine que era el thriller rural de  Fargo (1996), la maravillosa película de los hermanos Coen, en la trama, atmósfera y personajes de Solo las bestias, en las que podríamos encontrar elementos comunes en las dos cintas, como el paisaje nevado, desolador y aislado, la actitud de los personajes, unos seres perdidos y solos, necesitados de salir de esas vidas mundanas y duras, y su incapacidad para huir de ellas, siempre optando por decisiones que perjudicarán a otras personas, y sobre todo, a ellos mismos, sin olvidarnos, la tristeza y amargura que desprenden unos personajes demasiado aislados en sus interiores, necesitados de amor y de ser incapaces de encontrarlo, aunque lo tengan delante, empecinados en historias que no les llevan a ningún lugar agradable, sino todo lo contrario, adentrándose en terrenos oscuros, inquietantes y violentos.

Moll ha reunido un reparto que transmite toda la necesidad de amar y amargura interior de sus personajes en los cuerpos y las voces de Laure Calamy da vida a Alice, una trabajadora social que encuentra el amor en Damien Bonnard, un granjero traumatizado por la muerte de su madre, que ve en los animales su mejor consuelo, Denis Ménochet, distanciado de su esposa Alice, busca en internet ese amor ideal que cambie su triste existencia, Nadia Tereszkiewicz, una joven enamorada de quién no la va a corresponder como ella desea, Guy Roger “Bibisse” N’drin, un joven marfileño que tiene en internet su vía de escape para ser quién no es. Y finalmente, Valeria Bruni Tedeschi, la mujer desaparecida, el núcleo y el fin de este grandioso relato de misterio y suspense. Una obra donde la capacidad de Moll ha logrado una película tan redonda como lo era Harry, un amigo que os quiere (2000), dotando tanto al relato como a sus personajes, complejos, solitarios y tristes, de ese paisaje emocional que tiene tanto que ver con lo que ocurre en el espacio físico, creando ese cordón umbilical invisible, que los une con su entorno como una prisión de la que resulta muy difícil escapar, o porque no tienen fuerza o inteligencia suficiente, y encuentran puertas a su alcance que nunca debieron cruzar, porque se adentran en infiernos de los que no se puede salir. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA