El blues de Beale Street, de Barry Jenkins

CONFÍA EN EL AMOR.

“No puede cambiarse todo aquello a lo que te enfrentas, pero nada puede ser cambiado hasta que te enfrentas a ello”

James Baldwin

“Beale Street” es una calle de Memphis (Tennessee) cuna de la música negra, aunque James Baldwin (1924-1987) la localiza en su novela If Beale Street could talk, en una calle del Harlem de los años setenta, un espacio que podría ser cualquier calle del país, una calle donde viven afroamericanos, una calle donde la vida se evapora a cada segundo, donde las oportunidades de prosperar son demasiado ínfimas. Baldwin fue un reputado escritor, su novela inacabada Remember This House, fue llevada al cine por Raoul Peck en el 2016, en el documental I Am Not Your Negro, donde también se hablaba de la vida intensa en los 60 como activista de los derechos civiles de Baldwin. Barry Jenkins (Miami, EE.UU., 1979) que consiguió un gran éxito de crítica y público con su segundo trabajo Moonlight (2016) en la que recogía partes de su vida para retratar tres instantes en la existencia de un joven de Miami. Su tono intimista y humanista, acompañado de unas interpretaciones muy sobrias, le convirtieron en uno de los cineastas más prometedores del actual panorama estadounidense, que validó su primer trabajo Medicine for Melancholy (2008) una película romántica sobre dos jóvenes enamorados en Los Ángeles, filmada con escaso presupuesto.

Ahora, Jenkins se enfrenta al texto de Baldwin, un libro escrito en 1974 en el retiro francés del escritor afroamericano, construyendo una historia que continua su tono conciso e intimista, centrándose en una joven pareja enamorada del Harlem de los 70, Tish, ella de 19 años, y Fonny, el de 22, una historia de amor de verdad, apasionada, delicada y llena de dulzura, como demuestra el excelente arranque de la película, cuando vemos a la joven pareja adentrándose en un parque y bajando sus escaleras, mientras comparten esas miradas cómplices y tiernas, tan propias de la primera vez, de ese primer amor puro, natural y libre. Todo parece estar bien, a pesar de ser tan jóvenes, su amor los hace mejores, más libres y más seguros de sus vidas, a pesar de las dificultades. Aunque, todo se tuerce, todo cambia, y para mal, cuando una joven portorriqueña acusa de violación a Fonny y es encarcelado a la espera de juicio. Tish con la ayuda de su familia, removerá cielo y tierra para probar la inocencia de su amor.

Jenkins da la palabra y el relato a Tish, ya que a partir de su voz en off y sus pesquisas iremos descubriendo el relato, con continuos flashbacks, idas y venidas que nos irán llevando por sus primeros instantes de amor, su primera relación sexual, el embarazo de Tish cuando Fonny ya está en la cárcel, la relación con su familia y el encuentro de las dos familias, el reencuentro con el viejo amigo que acaba de salir de la cárcel, la imposible búsqueda de un apartamento en Green Village, y sobre todo, los prejuicios raciales, la falta de oportunidades vitales y laborales, y el estigma y el rechazo de los blancos hacia los afroamericanos. Pero todo se hace evidente sin serlo, mostrando la injustica sin caer en el panfleto, sino a través de estas dos vidas intimas y las de sus familias, reconstruyendo esa atmósfera de manera sutil, mostrando sin mostrar, dejando que los las circunstancias personales y sus deseos y (des) ilusiones nos lleven de la mano, agarrándonos fuerte o casi dejándonos ir, según el instante, ya que Jenkins nos lleva por ese Harlem pobre, vacío, dejado y triste, con las excelentes fotografías de DeCarava, que también retrató esa sensación de prisión en tu propio país, con la continua amenaza y falta de libertades, como algunas de las maravillosas melodías que escuchamos durante el metraje.

La excelente e intensa banda sonora de Nicolas Britell (que ya había trabajado con Jenkins en sus dos primeras películas) contribuye a crear esa atmósfera sucia, agobiante y romántica que tiene la película, que en algunos pasajes recuerda a la melancolía y potencia que tenía la compuesta por Bernard Herrmann para Taxi Driver, donde también mostraba la tristeza y la miseria del New York setentero. Y qué decir de la asombrosa y asfixiante luz de ese Harlem agridulce que nos muestra el camarógrafo James Laxton, como el preciso y calculado montaje obra del tándem Joi McMillon y Nat Sanders, todos ellos repitiendo en el universo de Jenkins. Un maravilloso reparto encabezado por la debutante Kiki Lane dando vida a esta heroína urbana y sencilla que es Tish, bien acompañada por Stephan James como Fonny, la elegancia y esas miradas de Regina King como la madre de Tish, con ese momentazo que tiene en Puerto Rico, y el resto del elenco, que interpretan con naturalidad y sentimentos sus diferentes roles, creando esas familias rotas pero resistentes frente a las adversidades injustas de una sociedad enferma y brutal contra aquellos que son diferentes.

El cineasta afroamericano ha tejido con paciencia y sensibilidad una cinta hermosísima en sus detalles y magnífica en su contenido, que nos invita a un viaje a nuestros sentidos, a través del amor de Tish y Fonny, a ese amor que alguna vez hemos vivido y nunca conseguiremos olvidar, pero también, a esa parte más dolorosa de la vida, cuando las cosas se tuercen, cuando la oscuridad y el mal se empeñan en hacernos las cosas más difíciles, en que la película se adentra en el cine negro o incluso de investigación, a contra reloj, ya que la vida de Fonny anda en el alambre, donde se nos habla de un mundo, que desgraciadamente continúa vigente en la actualidad, como desgraciadamente intuía Baldwin, donde los derechos de los más desfavorecidos siguen siendo pisoteados y anulados en el país que aire la bandera de la democracia y la libertad. Jenkins habla de la vida, del amor, de resistir frente a todos y todo, confiando en el amor, en nuestros sentimientos, y en apoyarse sin condición en aquellos que nos dan la vida, que nos sacuden el corazón y nos levantan el alma, porque un personaje como Tish que a sus 19 años, embarazada y sin su amor, se enfrenta a sí misma, a los prejuicios sociales, siempre con esa sonrisa que llena la pantalla y todo lo demás.

 

Selma, de Ava DuVernay

selma_34131I HAVE A DREAM

En Lincoln (2012), Steven Spielberg centraba su mirada sobre la figura de Abraham Lincoln, reconstruyendo uno de los momentos cruciales de la historia de los EE.UU., cuando en 1865, en plena contienda de la Guerra Civil, el mandatario luchó lo indecible, ofreciendo bienes y todo tipo de recompensas a sus adversarios políticos, para que votaran a favor de la 13ª enmienda que prohibía la esclavitud, que finalmente consiguió aprobar. La realizadora afroamericana Ava DuVernay (EE.UU., 1972) en su tercer trabajo, centra su relato un siglo después, en 1965, en otro momento histórico para la comunidad afroamericana estadounidense. Cuando el pastor bautista y activista político Martin Luther King Jr. (1929-1968) emprende una protesta pacífica por los derechos civiles, con el fin que se apruebe una ley que permita a los negros votar libremente como ciudadanos de pleno derecho. La marcha del domingo 7 de marzo de 1965, que partió de Selma a Montgomery, en el estado de Alabama, que acabó con los manifestantes apaleados y alguno de ellos asesinado, por un destacado grupo de policías y una muchedumbre blanca que los esperaba para detener su marcha. La película habla de todos estos momentos históricos, centrándose en la figura del Dr. King, y sus colaboradores, las dudas y miedos de un hombre amenazado por los radicales, que padeció atentados y todo tipo de boicots para frenarle en su deseo de libertad para los suyos. Sigue el relato de los biopic reivindicativos, aunque su línea se bifurca ofreciendo propuestas y alternativas en otros términos. Película asentada sobre una mirada crítica y humana hacía todo el movimiento, los continuos debates y diferentes puntos de vista de la manera de afrontar la lucha de los diferentes grupos y asociaciones, la postura del líder negro Malcolm X, más radical e impetuosa, todos ellos bajo la inteligencia y la paciencia de un Luther King, que maneja como puede su liderazgo y la intimidad del hogar, alejado de su mujer e hijos. La película nos muestra el otro pensamiento, la postura blanca, el retrato que se hace del presidente Lyndon B. Johnson, que sustituyó al asesinado Kennedy, como un hombre atrapado entre sus propios intereses económicos blancos, y la injusticia hacía los negros. También, nos presentan la figura del gobernador del estado, el racista George Wallace, que hace los imposibles para que el movimiento se reduzca utilizando la violencia. Estamos ante una obra honesta y sincera, sencilla en su planteamiento, y formalmente clásica, de ritmo pausado, haciendo hincapié en todo aquello que resulta contradictorio y complejo. La figura de King está retratada de una forma similar a como Spielberg retrató a la de Lincoln, un hombre de su tiempo que dijo NO a la injusticia y no cesó en su idea para que su nación avanzase poblada de hombres libres que se les reconociera como seres humanos. Destacar el enorme y brillante trabajo  de David Oyelowo, componiendo un King de claroscuros que se debate entre el hombre y el activista líder que pone en pie a la gente, lo acompañan los efectivos Tom Wilkinson y Tim Roth, la mirada y humanidad que desprende el trabajo de Carmen Ejogo como mujer de King, y la presencia de Oprah Winfrey (productora de la cinta), que protagoniza uno de los momentos tristes de la película, cuando se inscribe para votar y el funcionario blanco la desprecia cruelmente. La incipiente carrera de DuVernay está rompiendo barreras, alzándose con premios o siendo nominada por primera vez en categorías que habían ignorado el trabajo de los creadores de raza negra. Su anterior trabajo, Middle of nowhere (2011) se alzó con el premio en Sundance, y con Selma, se ha convertido en la primera vez nominada a los globo de Oro, y en los Oscar, la película ha sido considerada al premio. Logros para una directora que  acomete una película interesante, difícil y didáctica sobre la reciente historia de los EE.UU., una película necesaria y desgraciadamente de rabiosa actualidad, como atestiguan los recientes hechos de Ferguson (Missouri), donde el asesinato de un joven negro por disparos de un policía blanco, provocaron un estadillo de protestas y violencia en varias poblaciones. Desde aquella marcha y protestas, donde se consiguió abolir una ley injusta y fascista, se ha caminado mucho, pero viendo estos casos, todavía queda mucho por caminar.