Entrevista a Silvia Rey

Entrevista a Silvia Rey, directora de “Dios Sabe”. El encuentro tuvo lugar el jueves 28 de mayo de 2015, en la plaza del CCCB de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Silvia Rey, por su tiempo, sabiduría y generosidad, a Marta Bassols, (organizadora del ciclo “Sé de un lugar”),  por su cariño y amistad, al Cine Maldà, por facilitar su espacio para mostrar un cine reflexivo, a contracorriente, y excelente, y al joven amable que tuvo la delicadeza de tomar la fotografía que ilustra la publicación.

Dios sabe, de Silvia Rey

CF8FYUkUEAEV2wTLA MEMORIA DE UN LUGAR

“Lo nuevo se cae y lo viejo se mantiene”

“Fueron dos terremotos. A las 5:05 y a las 6:47 de la tarde del 11 de mayo. El epicentro se situó 6 km del sudoeste de Lorca, en la Sierra de Tercia. Desde allí, recorrieron este camino en unos segundos hasta romper en el centro histórico de la ciudad con una potencia igual a la de 200 toneladas de TNT”. Mientras recorremos, en plano secuencia, el itinerario que siguió el seísmo, escuchamos la voz de la directora Silvia Rey que nos introduce en su película dándonos la bienvenida, a modo de prólogo, situándonos de esta forma tan descriptiva y sencilla del antes, de lo que ocurrió ese 11 de mayo en la localidad murciana de Lorca.

La debutante Silvia Rey (Lorca, 1977) licenciada en Comunicación Audiovisual, pero curtida en el máster de documental de la UPF (curso que se ha revelado como uno de los más prestigiosos del país en cantera de futuros cineastas de lo real), sigue un recorrido vital breve y conciso (64 minutos de metraje) volviendo a sus orígenes, al lugar que la vio nacer, a ese espacio familiar que ahora se ha convertido en escenario de conocimiento y observación. Su película se abre y se cierra con unas máquinas devorando el paisaje urbano, en plena demolición de dos edificios, en una metáfora sutil y elegante de lo efímero de las cosas y todo lo material que nos rodea, como más adelante recordará el párroco en una misa que tiene lugar en un local a oscuras, ya que la iglesia también ha sufrido la catástrofe quedando reducida a la ruina. Rey no se detiene en las consecuencias del siniestro, va más allá, huye de la noticia para centrarse en el sentimiento humano, en las personas que han sufrido los daños materiales, porque afortunadamente, el terremoto no provocó pérdidas personales. Unas gentes que son retratados por la cámara de Rey en primera persona, la directora les cede la palabra, y los sitúa en el centro del cuadro, siempre mirando en off, el fuera de campo lo reserva para los edificios e inmuebles dañados, sólo lo rompe en algunos planos, cuando penetra en una iglesia derruida, y en las habitaciones contiguas, donde guardan las imágenes santorales a buen recaudo, y finalmente, en el domicilio familiar. Escuchamos a los lorquinos explicarnos como vivieron lo ocurrido, dialogando entre ellos, ninguno de ellos mira a cámara, Rey huye del reportaje periodístico al uso, no le interesa lo que sucedió, sino a quiénes sucedió y las consecuencias que están sufriendo, provocando así la cercanía con el espectador, en una suerte de demiurgo que provoca el encuentro entre los lorquinos y los espectadores.

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Rey también cede tiempo y espacio a los obreros, algunos lorquinos y otros inmigrantes, que trabajan en la reconstrucción de la ciudad. Trabajadores que se cuentan entre ellos, todos los desastres naturales que ha sufrido la región, así como los orígenes ancestrales que se remontan a la prehistoria de la región que pisan. Un planteamiento interesante y fluido para conocer más el lugar y la memoria que lo envuelve. Un discurso parecido como el gestionado por Abbas Kiarostami en su película Y la vida continúa, donde en medio de la destrucción ocasionada por los terremotos en la región de Guillán, hacía un viaje con el propósito de localizar a los jóvenes protagonistas de su anterior film. Si bien la sombra del genial cineasta iraní es reconocible, hay otras, quizás por afinidad y formación creativa, la película de Rey podría mirarse como un cruce entre En construcción, de José Luis Guerín y El cielo gira, de Mercedes Alvárez, dos excelentes muestras de cómo acercarse a los orígenes de los lugares a través del paisaje del presente y las relaciones que se establece entre sus habitantes y el espacio que los rodea. La cineasta murciana ha parido una obra reflexiva y muy del tiempo que nos envuelve y asfixia, una película que nos da ese espacio y tiempo para mirar, que nos envuelve en un escenario pausado en el que las personas y las cosas de nuestro alrededor nos acercan no sólo a lo que estamos siendo testigos, sino a valorar nuestro entorno y sobre todo, a nosotros mismos.

<p><a href=”https://vimeo.com/51214336″>Fragmento largometraje Dios Sabe</a> from <a href=”https://vimeo.com/user7744502″>Silvia Rey Canudo</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

– Aquí va la película integra para todo aquel que quiera acercarse a ella:

<p><a href=”https://vimeo.com/73327074″>Dios Sabe sub ingles</a> from <a href=”https://vimeo.com/user7744502″>Silvia Rey Canudo</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

 

 

Sobre la marxa (El inventor de la selva), de Jordi Morató

 cartell-sobre-la-marxa-webEl hombre contra la civilización

En el arranque de Los impacables (1955), de Raoul Walsh, un par de cowboys cabalga entre montañas nevadas. De repente, se detienen y observan a un hombre colgado de un árbol, a lo que uno de ellos exclama: “Al fin nos acercamos a la civilización”. La lucha del hombre libre contra la civilización es el tema elegido por el joven realizador Jordi Morató (Torelló, 1989) para su proyecto final de carrera en el máster de documental de la UPF, apadrinado por Isa Campo e Isaki lacuesta. A través de unos amigos y de casualidad, Morató conoció al protagonista de su relato, Josep Pujiula, llamado Garrel, y apodado “El tarzán de Argelaguer”. En un bosque de La Garrotxa, cercano a su vivienda, Garrel construyó con sus propias manos y durante 45 años, toda una ciudad: torres de 30 metros, laberintos, casas, presas de agua y túneles en la roca, todo ello utilizando materiales propios del entorno y reciclados. La película está fabricada a través de las imágenes de archivo que Aleix, un joven amigo, grabó a principios de los 90, en un serie de películas domésticas, donde Garrel actúa de Tarzán, jugando en el entorno que ha construido, así como también, luchando contra una manada de motoristas domingueros que amenazan con destruir sus construcciones. Las imágenes se acompañan con la voz en off del propio Morató, que nos va contando y reflexionando el mundo de Garrel, a través de un modo honesto y sincero. Realidad y ficción se mezclan en este documental humanista y emotivo, que atrapa la realidad de un hombre corriente que disfruta de su libertad en contacto con la naturaleza. Primero los gamberros drogatas, como el propio Garrel los denomina, luego la construcción de una autovía, y posteriormente, las normas legales que le obliga a cumplir el Ayuntamiento, hacen que el propio Garrel destruya su ciudad y pasado un tiempo, la llamada de lo salvaje, como le ocurría al can de Jack London, le obligue a volver a su bosque y comenzar a construir de nuevo su ciudad. Un hombre que se metamorfosea en ese ambiente, donde se siente libre y tremendamente feliz, un espíritu que no ha perdido sus ansias de jugar y el niño que sigue dispuesto a seguir disfrutando de la vida. Una película que también nos habla de un encuentro, el de Garrel con el cineasta, momento donde el relato nos asalta con bellísimas imágenes de observación, la mirada del cineasta hacía ese mundo, donde la naturaleza adquiere vida propia, y la materialidad, fuego, tierra y agua, se funden en una simbiosis de pureza donde las imágenes adquieren todo su valor. El debutante Jordi Morató nos habla de la libertad, de la tenacidad y la perseverancia de un hombre sencillo, que en la actualidad, a sus 77 años,  sigue alzando con paciencia, su paraíso particular, con la misma ilusión que le ha perseguido toda su vida, la de ese niño inquieto que no puede dejar de hacer cosas.