Eixam, de Óscar Bernàcer

BIENVENIDOS A MALPÀS. 

“Fuera de la sociedad, el hombre es una bestia o un dios”

Aristóteles

Esta es la historia de Lluc, un tipo que no ha sabido amar ni ser un buen padre, y como consecuencia, lo pierde todo. Un día, lo rescata Alba, antigua compañera de centro de menores, y lo lleva a su comunidad perdida entre las montañas. Un lugar independiente, alejado de la sociedad, y autogestionado, en el que un grupo de personas viven ayudándose los unos a los otros y viendo en un entorno natural y tranquilo. Con esta premisa, el director Óscar Bernàcer (Palma, 1978), y afincado profesionalmente en Valencia, debuta en la ficción con el largometraje Eixam (Enjambre), después de unos cuantos documentales críticos con la fiebre turística valenciana.  El relato escrito por el tándem Joana M. Ortueta (coguionista en La casa y la serie Heridas) y Jorge Juan Martínez, que compartieron la serie Servir y proteger, no sigue los códigos del thriller al uso, porque se aparta de lo esperado y nos envuelve de un lugar bello e inquietante a la vez, en el que entramos a través de la figura del protagonista y cómo se va enfrentando a ese entorno que tiene muchas capas, y sobre todo, cómo va descubriendo a cada uno de sus habitantes y lo que allí se cuece. 

La fortaleza de la propuesta se capitaliza a partir del interesante y cuidado guion y un grupo de intérpretes que transmiten verdad, cada uno en su rol y su tarea dentro de la comunidad, sin olvidarnos del citado entorno, un escenario tan tranquilo y cotidiano, y su otro lado, que irá emergiendo, en que la historia dosifica con orden y paciencia la información que va conociendo el espectador. Una película sin prisas, con pausa y siendo muy concisa en hablarnos de las relaciones reales, ficticias, calladas e invisibles que existen en ese lugar tan apartado y a la vez, tan reconocible. Hay muchas capas en Eixam, quizás tantas como la condición humana, porque de eso va la película, de lo que somos como personas, lo que nos define como humanos, y todo aquello que ocultados a los demás, y sobre todo, a nosotros mismos, de las leyes no escritas por las que nos regimos para continuar con la idea comunitaria, lo que aceptamos y lo que no, y lo que elegimos o no. El director, valenciano de adopción profesional, no juega al misterio y a llevar de aquí para allá al espectador, sumergiéndonos en un extraordinario suspense psicológico, dejando ese espacio tan importante donde el respetable ejercerá o no de juez implacable con lo que ve y sucede en la citada comunidad. 

Para el equipo técnico, Bernàcer se ha acompañado de antiguos cómplices como el cinematógrafo Víctor Entrecanales, con el que ha trabajado en diversos cortos y en los documentales, El hombre que embotelló el sol (2016) y Here comes the Sun, pequeñas reflexiones sobre turismo de sol y playa (2021), amén de películas como La banda y L’àvia i el foraster. Su luz se acoge muy bien en el entorno, cuidando cada encuadre y generando esa atmósfera tan real como misteriosa, sin acudir a las trilladas técnicas del género. El montador Vicente Navarro, que hizo con el director el cortometraje El deseado (2020), y haber trabajado con Avelina Prat y Claudia Pinto, construye una edición que huye de lo convencional, que cae en el rostro del protagonista, en un relato reposado y misterioso, en sus 100 minutos de metraje que se ve con mucho interés. Para la música tenemos a la compositora Raquel Sánchez, que ha trabajado en películas como Escanyapobres y Mario, y series como Delta, consigue una banda sonora que se contagia con la naturaleza y el carácter de los personajes, y sobre todo, esa atmósfera tan cercana y tan oscura instalada en la comunidad. 

En el apartado interpretativo me van a permitir que nombre a todo su elenco, empezando por el dúo protagonista Pablo Molinero y Cristina Fernández Pintado, y siguiendo con el resto de la comunidad de Malpàs: Pablo Derqui, María Maroto, Gloria March, Jordi Aguilar, Marta Belenguer, Àngel Fígols, Abdelatif Hwidar, con las breves presencias de Sergio Caballero y Neus Asensi. Un grupo que está brillantísimo y que irradia luz y oscuridad. Si tuviésemos que destacar los padres cinematográficos estarían en Perros de paja, de Peckinpah, Defensa, de Boorman, y Furtivos, de Borau, entre otras, films claves y capitales de cómo mostrar las oscuridades de la condición humana enfrentada a sus propios miedos, al otro y a un entorno que puede ser mágico, misterioso y atrayente, y también, oscuro, inquietante y muy hostil. Eixam, de Óscar Bernàcer se suma a esta pequeña pero interesante ola de cine valenciano sólido y magnífico y en valenciano, que está saliendo en los últimos años, las ya citadas en este texto a las que añado La invasió dels bàrbars. Buen cine a pesar de la deriva política de sus gobernantes. Salut y llarga vida al cinema valencià!. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Enjambre, de Mireia Gabilondo

LA CAJA DE LOS TRUENOS.

“La amistad es más difícil y más rara que el amor. Por eso, hay que salvarla como sea.”

Alberto Moravia

En algún lugar del norte, cerca de la montaña, entre el 6 y 7 julio, un grupo de amigas de toda la vida se reúnen para celebrar la despedida de soltera de una de ellas. Las presentes son Leire, la homenajeada, enamoradísima de Juanma, Maialen, que ha superado un cáncer, Nerea, una casada y madre de tres hijos, Irati, que huyó a Argentina, y vuelve de tanto en tanto, Amaia, la “camella” y más pasota del grupo, y finalmente, Garazi, que se ha presentado con su bebé a la fiesta. Todas parecen listas para pasarlo bien y disfrutar de la compañía, bebiendo, riendo, drogándose, cantando las canciones de juventud, recordando las juergas y lo inocentes que eran, pero, sin querer o no, abren la caja de Pandora, y comienzan a salir a borbotones todos los secretos y mentiras de tantos años de amistad y confidencias. Primero fue una obra de teatro de éxito, El enjambre, escrita por Kepa Errasti, y dirigida por Mireia Gabilondo (Vergara, Guipúzcoa, 1965), que lleva más de tres décadas como actriz y directora, tanto en cine, teatro y televisión.

Ahora, y de la mano del mismo equipo, llega la adaptación cinematográfica que firman Errasti y la propia directora, que la vuelve a dirigir en el celuloide, contando con el mismo grupo de actrices, Aitziber Garmendia como Leire, Itziar Atienza es Maialen, Getari Etxegarai como Nerea, Leire Ruiz es Irati, Naiara Arnedo como amaia y Sara Cozar es Garazi. El relato es sencillo y directo, en la que estas seis mujeres y amigas, en un momento dado, no podrán salir de la casa, y sobre todo, del salón, ya que no aparece la llave, y justo en el instante que una de ellas, lanza la primera bomba, el primer reproche al que el seguirán otros, y será un no parar, donde las seis amigas se enfrentarán a sus propias verdades y mentiras, a todo aquello, que por miedo o necesidad, han ocultado a las otras, y el terremoto de reproches, acusaciones y golpes, se convertirán en el centro de la acción. Enjambre, que hace referencia a todas las abejas del mismo enjambre que siempre permanecen juntas, pase lo que pase, es una claro reflejo a este grupo que pondrán a prueba los límites y la amistad que se tienen unas a las otras, desnudándose emocionalmente, mostrándose ante el resto como son realmente, sin tapujos ni medias verdades, quitándose las máscaras y afrontando la verdad que esconden, y desenterrando todas aquellas disputas e intimidades que tanto tiempo han callado por no molestar a las otras y sobre todo, no poner en peligro la amistad que tenían.

Gabilondo construye una ejemplar y magnífica comedia ácida, negrísima, con un ritmo frenético y apabullante, donde no ah nunca descanso, simplemente reposo, para volver nuevamente al ataque, en el que el espacio acaba convirtiéndose en un pozo sin salida, cargado con un ambiente denso y claustrofóbico, donde antes o después, cada una de las amigas deberá enfrentarse a su verdad ante las demás, en un acto de verdadera amistad, sinceridad y honestidad a ella misma, y sobre todo, con las demás, donde la película reivindica la verdadera amistad, la relación sincera entre unas y otras, donde no debería haber secretos ni nada que se le parezca. Tiene el aroma de Reencuentro (1983), de Lawrence Kasdan, Marta y alrededores (1989), de Nacho Pérez de la Paz y Jesús Ruiz, Los amigos de Peter (1991), de Kenneth Branagh, la mala uva de Very Bad Things (1998), de Peter Berg, y Perfectos desconocidos (2017), de Álex de la Iglesia, relatos de amigos, o desconocidos, que el encuentro los hará destapar aquello que ocultan y la situación generada los pondrá frente al espejo, un reflejo que deberá rendir cuentas a sí mismos, y a los demás, donde la amistad no solo es una fachada para verse y disfrutar, sino una relación de sinceridad y sobre todo, de verse en el otro y ayudarse.

Enjambre funciona de forma extraordinaria, sin dejar ningún cabo suelto, pasando por varios géneros con una inteligencia y una energía digna de los mejores retratos sobre la amistad, desde la comedia rosa, la negrísima, la ácida, la que duele, la que no se esconde, el thriller psicológico, el drama interior, el suspense, y el terror, donde nada deja sin decirse, donde todo va de cara, sin atajos, de frente, a lo bruto, con todas las armas al alcance para ir sorteando las diferentes capas de los personajes, ayudadas por un reparto maravilloso y natural, que compone sus personajes de manera brillantísima y estupenda, mostrando y mostrándonos todo lo que son, lo que eran, lo que les hubiera gustado ser, y lo que son finalmente, que seguramente no era lo que esperaban, y ahora, junto a las otras amigas, revelarán sus verdaderas inquietudes, sentimientos, derrotas, aciertos y sobre todo, mantenerse siendo amigas, a pesar de los errores, las contradicciones y las torpezas, porque seguramente nadie será perfecto, pero si son personas capaces de afrontar el dolor y la pérdida de lo que no han podido ser y tener la capacidad humana de compartirlo con las demás y seguir siendo amigas. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA