Nadie nos mira, de Julia Solomonoff

EXTRAÑO DE SÍ MISMO.

En una de las primeras secuencias de la película, vemos a su protagonista, Nico, 30 años, argentino y actor, cuidando de un bebé, junto a otras mujeres de origen latino que hacen lo propio, en un parque céntrico de Nueva York. De repente, ocurre algo, y una estadounidense avisa a la policía, y como si fuese un efecto rebote, casi todas las mujeres con sus respectivos bebés, huyen a escape del lugar. Un instante que marcará todo el estado de ánimo de la película, un lugar de oportunidades, sí, pero también, un lugar oscuro, donde si no eres legal, te conviertes en un perseguido, en un clandestino, en alguien en perpetua huida, situación, que vivirá constantemente el protagonista de la cinta. El tercer trabajo como directora de Julia Solomonoff (Rosario, Argentina, 1968) nos habla de soledad, desarraigo, huida y pérdida, temas que ya estaban en sus dos primeras películas, en Hermanas (2005) exploraba los años de la dictadura argentina a través del (des) encuentro de dos hermanas después de años de desaparición, y en El último verano de la Boyita (2009) se centraba en una niña en ese tránsito de la infancia a la adultez, a través del descubrimiento de la vida en un ambiente rural, ambas películas ambientadas en los ochenta.

En Nadie nos mira, la trama que pivota en el aquí y ahora, gira en torno a Nico, un tipo que se gana la vida cuidando un bebé de una paisana, y como camarero, instalado en Nueva York, huyendo de la fama de actor de telenovelas en Argentina, y también, dejando una relación tóxica. Su vida en la Gran Manzana no es la esperada, se mueve como si estuviese en un laberinto, de aquí para allá, con esa incertidumbre del que todo es temporal, de su sitio no está en ese lugar, porque simplemente está de paso no sabe hacia adonde. Nico sueña con encontrar la oportunidad de demostrar su valía como actor, en un país difícil y complejo, donde las oportunidades escasean y además, deberá enfrentarse a la durísima competitividad, y a los prejuicios propios del estadounidense medio. Un argentino rubio y de piel clara, no es el prototipo de latino que las barras y estrellas consideran como tal.

Solomonoff no juzga a su personaje, no emite ninguna posición ni emocional ni ideológica, lo filma desde todos los puntos posibles, y lo relaciona con personas de diferentes clases sociales, desde la argentina que se ha casado con el yanqui y se ha convertido en uno de ellos, de aquellos estadounidenses más liberales, pero que en el fondo sus ansías de posición económica los lleva a sentirse de una manera, pero actuar de otra, muy convencional, o el actor argentino, amigo de Nico, que viene de visita y se queda maravillado por el lugar, desde la perspectiva del turista, que no conoce los verdaderos cimientos en los que se sustentan toda esa maquinaria de luces y neones, o la propia perplejidad y contradicciones de Nico, que no sabe muy bien que hace en una ciudad que da poco y exige tanto, en un estado de extrañeza constante y pérdida de sí mismo, de desconocerse cada día un poco más, y de náufrago a la deriva en esa inmensa isla, donde tampoco las relaciones íntimas le ofrecen estabilidad emocional, porque todavía arrastra ese pasado que le agobia y le ha llevado a esta huida sin fin y traumática.

La fantástica y contenida interpretación de Guillermo Pfening dando vida a Nico, consigue traspasar su mirada y descubrir su interior, todo aquello que hierve en esa alma rota e inquieta, en ese cuerpo que se mueve de un lugar a otro, ya sea en bici o en metro, ya sea con un bebé que no es suyo, pero que lo quiere como tal, o a la espera de que ocurra algo, aunque a veces haya perdido toda fe en eso, o lo que es más grave, haya perdido la fe en sí mismo, porque no desconoce qué hacer, y sobre todo, hacia adónde ir. Y no sólo la composición de Pfening, sino cada uno de los intérpretes que aparece en la película transmite verdad y naturalidad, componiendo un caleidoscopio interesante y diferente de una ciudad cosmopolita, interesante, atractiva, pero también salvaje, despiadada y que en ocasiones, puede resultar muy hostil y oscura para los recién llegados o aquellos a los que les cuesta adaptarse a sus costumbres y reglas, y a su ritmo endiablado.

 Solomonoff es una gran todoterreno en esto del cine, ya que ha sido asistente de gente como Puenzo o Salles, ha producido a Celina Murga o Julia Murat, entre otros/as, y lleva años dando clases en EE.UU., y en Nadie nos mira, parece explicarnos su experiencia como extranjera en ese país de acogida, sus sentimientos y percepciones como diferente, como latina, aunque sea como su protagonista, rubia y de piel clara, rompiendo los estereotipos de ese ciudadano medio yanqui, en un relato que nos muestra como un diario del inmigrante que llega a esa ciudad querida y soñada, peor que se dará de bruces con la realidad del lugar, y sobre todo su propia realidad, porque como bien reflexionaba Muñoz Molina: “Uno cuando viaja, no deja sus problemas en casa, sino que los lleva consigo mismo”, y el bueno de Nico, tiene todavía muchas cuentas pendientes no con Argentina o Nueva York, sino consigo mismo, con sus emociones y sentimientos, con el hombre al que amó o todavía ama, y su destino como actor, y en un espacio ajeno y extraño, en una huida constante, no de nada ni nadie, sino de sí mismo.


<p><a href=”https://vimeo.com/265529148″>Trailer Nadie nos mira</a> from <a href=”https://vimeo.com/user66996990″>Versus Entertainment</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

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