Grand Central, de Rebecca Zlotowski

20534616_20130702111026946Explotados y enamorados

El segundo trabajo de Rebecca Zlotowski (París, 1980), es un drama social íntimo, donde se aborda de manera realista y directa, la explotación laboral a la que son sometidos unos empleados que trabajan en la zona no controlada de una central térmica. La historia arranca con Gary, -interpretado por Tahar Rahim, que algunos espectadores lo recordarán por su personaje en Un profeta (2009)- un joven de pasado oscuro, que subsiste a través de trabajos temporales, encuentra un empleo de alto riego radiactivo, ya que supone trabajar en las entrañas del reactor principal de la central, la zona más peligrosa. Su vida gira entre ese trabajo arriesgado y durísimo, donde los accidentes son el pan de cada día, y sus nuevos compañeros, -estupendos secundarios con Olivier Gourmet, habitual de los Dardenne, y Denis Ménochet- que como él,  se alojan en un poblado de caravanas cerca de la central. Todo estalla, cuando a raíz de un accidente laboral, (como sucedía en Silkwood, filmada en 1983, de Mike Nichols, ambientada también en una central nuclear) Gary, por miedo que lo despidan, miente cuando es sometido a sus niveles de radiación, además comienza una relación sentimental clandestina con Karole, la prometida de uno de sus compañeros. Zlotowski, vuelve a los personajes y ambientes que caracterizaban su opera prima, Belle épine (2010), protagonizaba por Léa Seydoux, que repite en esta, se centraba en la existencia de Prudence Friedman, una joven de 17 años que andaba sola y a la deriva y que encontraba consuelo y amistad en Marilyne, una chica inadaptada que la introduce en las carreras ilegales y peligrosas de Rungis. Zlotowski maneja con sinceridad y honestidad todos los elementos, aportando el equilibrio necesario para una historia que se mueve entre dos mundos. Por un lado, los interiores, la central térmica, filmada a través de planos cortos y muy cercanos, donde la cámara se mueve como pez en el agua entre la marabunta de hombres. La descripción milimétrica que la realizadora parisina hace del lugar de trabajo es extraordinaria, nos sumerge en la tensión y el nerviosismo a los que están sometidos estos empleados que trabajan con unas medidas de seguridad muy frágiles, que los exponen diariamente al peligro de la radiación, y el posterior despido. La cineasta, en cambio, en los exteriores, insufla de vida y amor a su cinta, -muy cercano al tratamiento del maestro Renoir- las comidas en grupo, los baños en el río, y sobre todo, los encuentros sexuales de los jóvenes, apartados y ocultos entre la maleza y los árboles del bosque,  -hermosa la travesía nocturna en barca-,  respiran vida y se contagia la carnalidad y el erotismo que desprenden. Una provocativa y sexual Léa Seydoux, maravillosa en su personaje, que pasaría por una digna heredera de la Susan George de Perros de Paja (1971). Una relación que se mueve a hurtadillas y entre sombras, que actúa de forma magistral como eficaz metáfora de la existencia de estos desplazados que sobreviven en un trabajo explotado y peligroso, y que respiran un aire contaminado que les deja sin aliento y los aparta de los pocos resquicios de luz que puedan encontrar en sus vidas.

Joven y bonita, de François Ozon

Joven_y_bonita-Jeune_et_jolie-CartelEl despertar sexual de Isabelle

Tarde de cine en los Mèlies. La elegida es Joven y bonita (Jeune & jolie, 2013), de François Ozon. La cámara del cineasta francés tiene especial debilidad por su mirada a la adolescencia. El difícil tránsito que nos lleva de la infancia hacía la etapa de la madurez juega un papel fundamental en el cine de Ozon. En todas sus películas se desarrollan argumentos de la complicada relación entre adolescentes y adultos Y los problemas que acarrean esas relaciones. Su anterior película, En la casa (Dans la maison, 2012), -basada en el texto teatral de Juan Mayorga y galardonada con la Concha de Oro- estaba ambientada en un Instituto y planteaba la compleja relación que mantenían un profesor y uno de sus alumnos más aventajados, a través de un juego epistolar donde se destapaban los miedos y los anhelos ocultos.  Joven y bonita se desarrolla en el seno familiar y la historia que cuenta es sumamente sencilla. Isabelle, una joven de 17 años descubre el sexo un verano con un alemán que pasaba por allí. A partir de ese instante, la chica vivirá una doble vida, por las mañanas es una estudiante y el resto del tiempo se convierte en una prostituta de lujo. Ozon plantea su película a través de las estaciones, arranca en verano con un breve prólogo, para pasar luego a otoño, invierno y deja la primavera para resolver el conflicto. Isabelle es de familia acomodada, así que no se prostituye por dinero, de hecho todo lo que saca, lo guarda celosamente en un rincón de su armario. No conocemos sus razones, Ozon tampoco nos las cuenta. Isabelle le gusta el sexo y encuentra una manera de practicarlo con hombres maduros que la puedan guiar en su camino hacía el deseo y el placer. Ozon conoce los sutiles mecanismos para adentrarnos en su planteamiento. Los espectadores nos vemos sumergidos en un terreno que a ratos es muy inquietante, y en otros juega con su habitual humor cínico e irónico. Estaríamos frente a una película que nos acomete moralmente, para dibujar un discurso sobre la tesitura de unos progenitores que se enfrentan a su hija que disfruta de su cuerpo a través de un sexo sin complejos y ataduras. Isabelle vendría a ser una alumna aventajada de Sévérine, la bellísima y frígida aburguesada que retrató magníficamente la mirada de Luis Buñuel en Belle de jour (1967). Aunque las dos películas plantean historias parecidas, sus caminos toman direcciones opuestas. La película de Don Luís es más cínica y sobretodo, más perturbadora. Comparten eso si, la detallada descripción que hacen de una burguesía acomplejada y vacía. Marine Vacht, la actriz protagonista, se suma a otras jóvenes como  Joe, -interpretada por Stacy Martin- la heroína de Nymphomniac (2013), de Lars von Trier. Adolescentes que encuentran en el sexo un manera de liberación, que se aleja de los postulados de la sociedad. Isabelle es un espíritu libre que choca frontalmente con una sociedad hipócrita, que se encuentra más pendiente de la apariencia y  lo correcto que de dar rienda suelta a lo que siente.