La señorita Julia, de Liv Ullmann

109408 En una noche de verano…

El nombre de Liv Ullmann (Tokio, 1938) siempre estará ligado al de Ingmar Bergman. Desde que el gran cineasta sueco la adoptase profesionalmente en Persona (1965), la moldeó y la transformó en una de las grandes actrices de la segunda mitad del siglo pasado, convirtiéndola en su musa en más de una decena de títulos, tanto en cine como en teatro. Animada por Bergman, Ullmann decidió debutar en la dirección con Sofie (1992), a la que siguió Kristin Lavransdatter (1995), dos retratos de mujer basados en novelas de gran relieve. Sus siguientes películas, Encuentros privados (1996) e Infiel (2000), ambas escritas por Bergman, y con algunos actores y técnicos de la filmografía del realizador sueco, fueron dos duros dramas, magníficamente filmados, situados en la infidelidad y las relaciones humanas. Para La señorita Julia, su quinta película como directora, Ullman ha fusionado sus dos grandes pasiones, teatro y cine. Basada en la obra de August Strindberg, la narración está ambientada en las paredes de una mansión en mitad del campo irlandés, – desarrollada casi toda en la cocina- la noche de San Juan de 1890, la original se situaba en la Suecia rural. En ese escenario, gélido y triste, de alcobas y pasillos de poca luz, se desarrolla una historia que habla de amor, pasión, deseo sexual, sentimientos, poder, clases sociales y las complejas y mutantes relaciones humanas, con la compañía de Schubert y su Andante con moto. La señorita Julia, -magníficamente interpretada por Jessica Chastain, quizás la mejor actriz de su generación-  la hija del barón, se siente aburrida y quiere bailar con los criados, se tropezará con John, -estupendo Colin Farrell, sumiso y malvado, a partes iguales- un joven criado, muy apuesto al que intentará seducir a toda costa, el vértice de este triángulo lo compone Kathleen, -Samantha Morton, impresionante su mirada y sutiles gestos- la criada y novia de Johh. Ullman, al igual que hacía en sus anteriores obras, filma de modo sobrio y realista, sus personajes, desorientados y confusos, se mueven a través de una coreografía que los encierra y asfixia en un decorado casi interior, exceptuando el arranque del filme y alguna estancia de la imponente casa. Una trama donde prevalece el actor y la palabra, unos diálogos afilados que, en ocasiones son destructivos y en otras, delicados. La planificación de Ullman es clásica y detallada, sus planos pesan, tienen una carga de emoción y tragedia. La directora noruega tiene mucho oficio, sabe a conciencia lo que tiene entre manos y no defrauda en absoluto. Su mirada es sincera y honesta, teje su madeja narrativa de forma clara y concisa. Su cine no enjuicia, se mantiene al margen, nos cede a los espectadores el testigo de reflexionar y comprender o no a sus criaturas. Unos personajes que cambian su rol durante la acción, a veces son lobos y en otras, corderos, o las dos cosas a la vez. Ullman se sirve de sólo tres personajes, principalmente dos, y un tercero que actúa como testigo en este drama que navega por los misterios y las profundidades del alma humana.

Betibú, de Miguel Cohan

betibu-poster-finalPeriodistas y poder

La segunda película del Miguel Cohan, transita por los mismos derroteros que su opera prima, Sin retorno (2010), si en aquella, un atropello destapa una trama donde la corrupción estaba a la orden del día, en esta ocasión, un asesinato, que la policía despacha como robo violento, también nos lleva hacía lugares donde es mejor no entrar, ni tampoco preguntar. La acción arranca en “La maravillosa”, una urbanización lujosa, a las afueras de Buenos Aires, en la que aparece degollado un  exitoso empresario, que fue absuelto de la acusación de asesinato de su esposa. El diario de mayor tirada, “El Tribuno”, se pone manos a la obra con el caso, que tiene todos los números de convertirse en el de mayor repercusión nacional. Para ello, Rinaldi, el jefe, rescata los servicios de su ex amante, Nurit Iscar  -Betibú, apodo que le pusieron en honor a “Betty Boop”, famoso dibujo animado de los años 30, icono de la liberalización sexual-, novelista policíaca en crisis, y periodista retirada, que junto a Brena, veterano e idealista reportero, y Mariano, el joven académico recién llegado. Los tres compañeros, disfrazados de Marlowe, llevarán a cabo una investigación compleja, que les conducirá a desenterrar unos hechos que los sumerge en un pozo oscuro del pasado, y lidiar con unos poderosos que impedirán con todas sus armas que el caso salga a la luz. Basada en la novela homónima de Claudia Piñero, escritora que ya fue adaptada en La viuda de los jueves (2009), dirigida por Marcelo Piñeyro, -autor con el que Cohan colaboró como ayudante de dirección en 4 títulos-. Una intriga conspiratoria audaz, que sigue las reglas básicas de este tipo de películas, -que tan buenas cifras cosecharon en los 60 y 70 -, donde las cosas no son lo que parecen, y algunos personajes juegan a la ambigüedad. La fotografía elegante de Rodrigo Pulpeiro, -que ha trabajado para Puenzo, Aristarain…-, actúa de manera inteligente aportando los matices necesarios para crear esa atmósfera suave y agobiante que recorre todo el engranaje del film. Un ejercicio noir, con sabor a clásico, que nace como consecuencia del enorme éxito -Oscar incluido- que tuvo El secreto de sus ojos (2009), de Juan José Campanella, la fascinante intriga protagonizada por Ricardo Darín y Soledad Villamil. Punta de iceberg para un tipo de películas, nacidas entre Argentina y España, que sin llegar a los niveles de excelencia de la famosa predecesora, son producciones dignas,  de género policíaco, apoyadas en buenos guiones, -desarrollados algunos de manera desigual, pero efectivos-, presentadas con un diseño de calidad, y secundados por un buen puñado de excelentes intérpretes argentinos, Mercedes Morán, Daniel Fanego, Leonardo Sbaraglia…

 

Welcome to New York, de Abel Ferrara

Cartel Welcome to New YorkLa lujuria del poder

El 14 de Mayo de 2011, Dominique Strauss-Kahn, director del FMI era detenido en el aeropuerto de Nueva York, acusado de agresión sexual e intento de violación a una empleada negra en la suite del Sofitel New York Hotel. Welcome to New York, de Abel Ferrara toma como punto de partida este affaire para construirnos un ejercicio que, como se nos anuncia en el texto que precede a la película, juega a representarnos lo que fue, apropiándose de unos hechos que ocurrieron en la realidad y que no llegaron a ser esclarecidos del todo durante el proceso judicial que se levó a cabo. Estructurado en tres partes bien diferenciadas: durante el primer tercio, asistimos a una bacanal de sexo y lujuria, rodada como si fuese una soft porno, luego, nos presentan el ataque sexual de Devereaux (sosias de Strauss-Kahn) a la camarera y la posterior detención y encarcelamiento, aquí Ferrara, echa mano de la forma cinematográfica de Haneke, para mostrar toda la frialdad y contundencia del aislamiento en el que se ve sometido el magnate. En el último tramo, la película vuelve a cambiar el tono cuando aparece en la función Simone, la mujer de Devereaux, en la que las discusiones, tensiones y reproches del matrimonio inundan la pantalla, unas secuencias filmadas de forma realista y cruda en los interiores del domicilio donde tuvo su arresto el acusado. Ferrara interesado en personajes en estado de degradación que se mueven por ambientes malsanos y mugrientos que son seguidos por su cámara de forma fría escarbando en sus miserias y miedos: la yonqui de Ángel de venganza (Ms. 45. 1981), el policía de Teniente corrupto (Bad lieutenant, 1992), los vampiros de The addiction (1995), los gánsteres de El funeral (the funeral, 1996). En Welcome to New York cambia de escenario, pero no de personajes a la deriva emocional. El cineasta neoyorquino dibuja a Devereaux como un depravado sexual (magnífico el registro de Depardieu), que muestra sin ningún tipo de tapujos su inmensa anatomía, que parece una morsa marina en continúo celo. Un hombre enfrentado a sus miserias y debilidades, un individuo podrido de dinero que se muestra incapaz de mantener su lívido en paz, que tiene una nefasta relación con su hija, y su mujer, que veía en él al futuro presidente de la República Francesa.  Una Simone, protagonizada por Jacqueline Bisset, (maravilloso contrapunto de Depardieu), una esposa que fabrica un personaje sofisticado que se siente incapaz de controlar a su marido, y a la vez, sus ansías de poder le ciegan para enfrentarse a una realidad alejada de sus delirios de grandeza. Ferrara continúa mostrándonos la parte oscura del alma humana, en un mundo dominado por el dinero y por los más bajos instintos. Nos coloca delante de un espejo deformado que nos devuelve el reflejo de una sociedad llena de suciedad y mugre que se mira demasiado a sí misma.