Entrevista a Isabel Ayguavives

Entrevista a Isabel Ayguavives, directora de “El árbol magnético». El encuentro tuvo lugar el Martes 8 de julio en Barcelona, en una de las salas de los Cines Girona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Isabel Ayguavives, por su tiempo y sabiduría, a Sonia Uría, autora de la fotografía, por su generosidad y paciencia, y a Clara Martínez de Sala 1 ,autora de la edición, por su trabajo y complicidad.

 

El árbol magnético, de Isabel Ayguavives

Cartel 2 (1)Hubo un tiempo y un lugar…

Bruno, después de años de exilio laboral forzoso, vuelve a reencontrarse con Marianela, su prima y el resto de su familia, y con un lugar que ha marcado los años felices de su infancia. Ahora, ese lugar y la casa, testigo de aquellos recuerdos, está a punto de venderse y así, con la desaparición de ese símbolo, perder lo que fue y sí desaparecer una parte de su identidad. Isabel Ayguavives, ferrolana de nacimiento y fogueada en el medio televisivo, se asienta en una historia personal de un amigo chileno, al que acompañó en aquel reencuentro, para contarnos su visión personal e íntima, enfrascándose en una aventura que le ha llevado a cruzar el charco, y filmar en el lejano altiplano chileno, su bautismo cinematográfico. La película se apoya en tres personajes, Marianela, la joven prima magnetizada por el lugar y sus vivos recuerdos, que la aparición de Bruno, además de que ambos se sienten atraídos, le conducirán a aquel tiempo y aquel lugar, que ya sólo pertenece y vive en la memoria. Bruno,  por su parte, es el de fuera, no ha sido testigo de la lenta desaparición de ese lugar, que ya no existe como era, sino que se ha convertido en otra cosa, se parece, todavía permanecen algunas huellas, pero ha cambiado, es distinto, vive en otro tiempo. Y finalmente, el tercer personaje, el que cierra el círculo familiar, la figura de la abuela, que recuerda, pero ya no bien, que está, pero parece que no, que siente y apenas se comunica con el resto de la familia, excepto con Nela y Bruno, con los que mantiene un vínculo conectado directamente con su pasado y secretos, y ese árbol mágico como epicentro y sombra cobijante de ellos tres. Una historia sencilla e intimista, fabricada desde lo más profundo y delicado, atrapando las miradas furtivas que se dedican Nela y Bruno, y todo contado con un toque formalista muy estilizado, que encajona a los personajes en planos medios y cerrados, como si les faltase el aire, ese aire que ya no tiene esa casa y ese lugar, que tanto ha significado para ellos en el pasado. Dos jornadas familiares para despedirse de lo que fueron y empezar a vivir sin aquello, solamente invadidos por recuerdos que ya no tendrán, el escenario que los fundía. Coproducción entre España y Chile, El árbol magnético, su mirada pertenece a esa nueva hornada de cineastas sudamericanos que están agitando el panorama de cine hispano hablante con películas contundentes, formalistas, acompañadas de miradas muy personales,  como  Lucrecia Martel, de la que su película, La ciénaga (2001), sería pariente de ésta, Pablo Trapero con sus historias familiares y sociales, y tantos otros… La película de la cineasta gallega se suma también, a las obras de Mar Coll que con Tres dies amb la familia (2009), y Liliana Torres con Family tour (2014), ofreciéndonos otra interesante exploración del mundo familiar vista a través de jóvenes que vuelven después de un tiempo al seno familiar. Un cine atrevido, que nace desde las entrañas y se cuece a fuego lento para inquietar a los espectadores con historias sencillas que, además de hacernos reflexionar, nos atrapan desde lo más delicado.

 

Todos están muertos, de Beatriz Sanchis

Poster 700x1000 AFLos fantasmas del pasado

Nos encontramos en el Madrid de 1996. Lupe, una treintañera de aspecto frágil, vive, o podríamos decir, se desplaza como si fuese un zombie por las cuatro paredes de su casa, su terrible agorafobia le impide salir al exterior. Junto a ella, conviven su madre, Paquita, una mexicana devota y fiel a su clan familiar, que cuida de Pancho, hijo de Lupe, que odia a su madre. Ante semejante situación, Paquita decide, con la ayuda de una amiga, invocar el alma de Diego, hijo fallecido en 1981 para que ayude a Lupe a salir de su letargo emocional. La aparición de Diego en el entorno familiar abrirá la caja de pandora de los fantasmas del pasado, las heridas que siguen abiertas y piden a gritos ser cerradas para seguir caminando hacía delante. La debutante Betatriz Sanchis, cortometrajista de éxito, sitúa su película en el pasado, los conflictos interiores que nos dificultan nuestra vida, acercándonos a un personaje a la deriva, a una mujer que en el pasado formó un grupo de pop llamado Groenlandia junto a Diego y tuvieron un gran éxito, y en la actualidad vive atormentada por la muerte trágica de su hermano en un accidente de tráfico. Melodrama familiar con tintes fantásticos, en que la fotografía apagada, desdibujada y cercana de Alvaro Gutiérrez actúa como una proyección de la mirada de Lupe, que se debate en su tristeza y en la imposibilidad que tiene para enterrar sus fantasmas y afrontar de nuevo la vida a pesar de la ausencia del ser querido. Fábula urbana plagada de múltiples referencias musicales, el nombre del grupo Groenlandia remite a un tema musical de gran éxito en los 80 del grupo Zombies, vemos imágenes del grupo actuando en TVE en el programa La edad de oro», cantando su éxito «Corazón automático», (espacio que se mantuvo en antena de 1983 hasta 1985, que presentado por Palomo Chamorro dió buena cuenta de toda aquella efervescencia musical que se apoderó del país), así como la historia del hermano muerto, Diego, tiene grandes similitudes con la vida de Eduardo Benavente, líder del grupo Alaska y los Pegamoides, primero, y Paralísis Permanente después, que murió a los 20 años en un accidente de tráfico. Existe cierto desequilibrio entre su ajustado formalismo y la manera de expresar su vertiente emocional, en el que la labor interpretativa de Elena Anaya (el fantasma de la película), destaca por encima de las demás. Del resto de los otros intérpretes, algunos cumplen con su tarea, pero otros parecen no encontrar su sitio en la acción del relato. Sanchis se esfuerza en realizar una película sobria y contenida que vaya creciendo a nivel emocional, en cierta manera lo acaba consiguiendo, pero no transmite toda la profundidad que debería. Un filme estimable de apariencia dulce pero de entramado complejo que, en el último Festival de Málaga se alzó con los premios a la mejor actriz para Elena Anaya,  y los galardones del Jurado, banda sonora y jurado joven. Una historia susurrada que cuenta más de nosotros mismos de lo que en una primera mirada podríamos esperar, porque como es bien sabido, los fantasmas que más miedo provocan son los que nacen en nuestro interior.