The Letter, de Maia Lekow y Christopher King

MAMA KAMANGO Y KARISA.

“Me entristece el corazón, yo ayudé a criarlos y mira cómo lo agradecen. ¿Cómo pueden decir que los he hechizado?”

La película nos sitúa en el pequeño pueblo de Kaloleni, en el condado de Kilifi, a 50 kilómetros de Mombasa, la segunda ciudad mayor de Kenia, detrás de la capital Nairobi. En ese lugar, donde la mayoría de sus habitantes vive de la agricultura y poco ganado, reza una frase terrorífica que en los últimos años se ha impuesto en el pueblo: “Donde los familiares asesinan a sus mayores”. Hace un tiempo se producen en el lugar unos acontecimientos espeluznantes, ya que los hijos acusan a sus padres de hechiceros, de brujería, por su mala suerte, hecho que lleva a un grupo de matones a terminar salvajemente con la vida de los abuelos. Ante este panorama horrible, que oculta una razón más evidente, que no es otra de arrebatar las tierras a los mayores después del deceso de estos. Karisa es un joven que se crió en Kaloneni junto a su abuela Margaret de 94 años, la “Mama Kamango”, y viaja desde Mombasa, donde vive como animador infantil, para saber qué ocurre con su familia, y sobre todo, con la acusación de brujería de su tío Furaha a su abuela.

La cineasta y música keniata Maia Lekow y el director australiano Christopher King, afincado en el país africano hace 13 años, codirigen un documento-investigación que se encierra en un marco de thriller rural, en que seguiremos al joven Karisa en sus pesquisas familiares para esclarecer las acusaciones contra su abuelo. Karisa hablará con sus tíos y tías, incluso irá a un centro donde se acogen a todos los mayores acusados de brujería, también charlará con sus amigos del pueblo, y mantendrá largas conversaciones con su abuela, donde hablarán de pasado, memoria, presente y demás cuestiones tanto vitales como laborales. Un ritmo pausado y ligero, muy cotidiano e íntimo, donde la cámara de Christopher King, que asume los roles de cinematógrafo, coguionista junto a Lekow y Ricardo Acosta, con el que también firma la edición, se mantiene como un testigo observador que penetra en la intimidad de los humildes hogares y se mantiene despierta en las charlas familiares y captura con transparencia los diferentes puntos de vista ante tan grave hecho.

The Letter hace referencia a las cartas anónimas que reciben los mayores con graves advertencias y amenazas sino acaban con su brujería que está arruinando las vidas y los trabajos de los habitantes. Lekow y King han construido una película honesta y magnífica que indaga con profundidad y sensibilidad en un país dominado por el colonialismo británico, que ha dejado la religión y el lenguaje, un país que mucha parte de su población cree en la brujería y en su poder, una tierra sometida a las tradiciones, supersticiones y demás creencias que siguen tan vigentes y sobre todo, siguen llevándose vidas por delante. Los Kamango se erigen como un testimonio firme y serio y se revela como una metáfora de esos sucesos que ocurren en Kenia, donde las familias se dividen y encienden una chispa de consecuencias terribles en muchos casos. Karisa es el ángel salvador del relato, porque tiene la capacidad de escuchar, de contraponer opiniones y de entender las posturas de sus tíos y todo ese entorno difícil para vivir donde es más fácil acusar al mayor frágil y delicado, que asumir los errores y las circunstancias tan poco favorables de un lugar complejo para existir y tener un futuro.

Margaret es una mujer sencilla, trabajadora y diferente a la mayoría, quizás ese sea su problema, porque el resto la ve como algo extraño dentro de la comunidad, una especie de enemigo que perjudica con sus hechizos la vida al resto, olvidando la gran sabiduría energía y valentía de una mujer de más de noventa años que luchó contra el Imperio Británico, que crío a muchos niños, y trabajó incansablemente para seguir viviendo, trabajando y dando una vida a todos esos niños, que ahora adultos se oponen y luchan contra ella como si fuese una enemiga a la que hay que abatir cuanto antes mejor. The Letter no solo rescata unos hechos horribles que el mundo ni siquiera conoce, y ahonda en el pasado, la religión, las supersticiones y una forma de vivir y creer más allá de la sabiduría y la valentía de una mujer que apenas habla, que solo trabaja la tierra, y se levanta diariamente, a pesar de su avanzada edad, para seguir haciendo lo que ha hecho durante toda su vida, ayudar a los suyos para que se convirtiesen en personas de provecho y adultos inteligentes, hecho que alguno en concreto deberá trabajar y honrar a esa persona que le dio la vida y lo que es, alguien que debe olvidar tantas creencias inútiles que solo buscan apropiarse de la tierra, único medio de vida en un lugar de difícil existencia. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Push, de Fredrick Gertten

LAS CIUDADES VACÍAS.

“Si la gente no puede vivir en ellas, ¿para quién son las ciudades?”.

En los últimos tiempos el efecto de la globalización del planeta ha cambiado nuestras formas de vida radicalmente. En algunos aspectos estos cambios que ha sufrido nuestra vida diaria como el abaratamiento del transporte de personas, el acceso a nuevas formas laborales, entre otros, han servido para avanzar y crecer tanto como personas como en nuestras relaciones con los otros y el entorno. En cambio, otros cambios han sido para mal, entre otros, como las nuevas condiciones laborales que han aumentado la precariedad y la competitividad, y la vivienda, registrada como derecho en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, hoy día, se ha convertido en un artículo de lujo en los barrios populares y obreros, situación que provoca la marcha de los ciudadanos de siempre que no pueden asumir los elevadísimos costes de los hogares, todo provocado por multinacionales de fondos de inversión y pensiones dedicadas a la especulación inmobiliaria con la complicidad de los gobiernos y las triquiñuelas legales al servicio de un negocio catastrofista que hace enriquecer a una minoría y perjudica miserablemente a la gran mayoría.

El prestigioso cineasta Fredrik Gertten (Malmö, Suecia, 1956) experto en imbuirse en temas sociales muy candentes en el que siempre se pone de parte del más desfavorecido como hizo en El socialista, el arquitecto y la torre girada (2005) en la que reflexionaba sobre las relaciones difíciles entre el gobierno sueco y la arquitectura, en Bananas¡ (2009) en la que destapaba los abusos de la multinacional Dole Food Company contra los agricultores nicaragüenses, y su posterior secuela Big Boys gone Bananas¡ (2011) en la que seguía el proceso judicial de la citada multinacional contra él mismo. En Bicicletas vs coches (2015) ponía el dedo en la llaga en las complejas relaciones entre los ciclistas urbanos y los automóviles. Ahora, y de la mano de Leilani Farha, la relatora especial en vivienda de la ONU, abre una ventana para centrarse en este fenómeno de la vivienda donde multinacionales como Blackstone utilizan la vivienda como una mera mercancía para especular sobre su precio y expulsar a los vecinos de toda la vida de las ciudades con precios muy abusivos.

Visitaremos ciudades como Toronto, Berlín, Estocolmo, Seúl,  Londres, Nueva York  o Barcelona, en la que Farha se encontrará con la alcaldesa de Barcelona  Ada  Colau,   la  reputada socióloga  Saskia Sassen, el economista Joseph Stiglitz o el periodista italiano autor de  Gomorra  Roberto Saviano, fuerzas públicas y personalidades que conocen de primera mano el conflicto que está expulsando a los vecinos de sus casas. Gertten utiliza un lenguaje claro y conciso para hablarnos de un problema complejo y lleno de vacíos legales que usan las empresas especuladoras para reventar el negocio de la vivienda y embolsarse espectaculares dividendos económicos. Al igual que la disputa de David contra Goliat, Leilana Farha se tropieza con grandes obstáculos para verse con los responsables de estos consorcios económicos que usan la vivienda como un mero negocio, con prácticas inhumanas, amorales y salvajes con el fin de ganar dinero.

Farha sabe que su reivindicación es una lucha constante, muy difícil y paciente para conseguir un poco, un resquicio de luz hay que trabajar mucho, llamar a muchas puertas, verse con multitud de gentes, muchos de ellos afectados que relatan su problema, como la torre social donde vivían gentes con pocos recursos que se calcinó y dejó unos setenta fallecidos, muchos más heridos y en la estacada a cientos de personas que perdieron su hogar, y otras situaciones como esos otros canadienses que realizan una huelga del alquiler, para reivindicar unos precios sociales y asequibles y todo el acoso sufrido por parte de los propietarios. Gertten construye una película que es más que eso, constituyéndose en un reflejo despiadado actual de hacia ese lugar sombrío y oscuro donde están yendo nuestras ciudades, tanto en su estructura humana, económica y social, convirtiéndolas en meros escaparates especuladores donde dinero de dudosa procedencia, como advierte Saviano, están comprándolas y llenándolas de enriquecidos holdings inmobiliarios para adinerados y turistas, en detrimento de tantas personas que necesitan un lugar para vivir.

El cineasta sueco no es ajeno a la complicidad del problema que tiene entre manos y consigue hacer una película clara y de frente, sin vericuetos narrativos ni formales, una road movie sobre el conflicto urbano serio y magnífico, siguiendo el periplo viajero de Leilani Farha que visita barrios obreros de todo tipo de cuatro continentes distintos, haciendo hincapié a las ciudades más cosmopolitas e importantes de un lado y al otro lado del charco para explicarnos los problemas in situ, escuchando a todos aquellos que lo sufren diariamente, y ofreciéndoles el protagonismo que quizás los medios ocultan o no les dan el tiempo suficiente que necesitarían para profundizar en la problemática. Un relato contundente y brutal sobre esa económica psicótica y terrorífica que nunca tiene suficiente, a partir de la denuncia seria y apabullante, dándole voz a todos los afectados, a los especuladores sin escrúpulos y sobre todo, y esto es digno de admirar, donde la película no cae en la condescendencia ni el catastrofismo, y mucho menos en el derrotismo, abriendo nuevos caminos para cooperativizar, empujando todos a una, como nos viene a decir el necesario y extraordinario titulo de la película, encarando los problemas con los responsables de esas ciudades, reuniéndose, compartiendo conflictos y generando soluciones para luchar contra tanta maldad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA