100 días con la Tata, de Miguel Ángel Muñoz

EL AMOR MÁS GRANDE QUE PODEMOS DAR.

“La última lección que todos nosotros tenemos que aprender es el amor incondicional, que incluye no solo a los demás, sino a nosotros mismos”

Elisabeth Kübler-Ross

Esta es una historia que se remonta allá por el año 1986, cuando Miguel Ángel Muñoz (Madrid, 1983), necesitaba que alguien lo cuidase, ya que sus padres por trabajo no podían. Luisa Cantero, hermana de su bisabuela, se hizo cargo de él. Sin ser conscientes de todo lo que estaba empezando, tanto Miguel Ángel como la Tata han seguido juntos desde entonces, confesándose el amor tan profundo y sincero que se tienen. El actor, músico y director quería hacer una película con su Tata, una película que hablase sobre su amor, y todos los años que han permanecido juntos, una película que dejará testimonio cuando la Tata, con 97 años en la actualidad, no estuviera con nosotros. Pero, en marzo del 2020, llegó la pandemia y el confinamiento, y Miguel Ángel y la Tata se encerraron en el piso de 25 m2 de ella, y pasaron 100 días de clausura, como nos ocurrió a todos los semejantes. 100 días con la Tata es la crónica de aquel tiempo, un tiempo donde Miguel Ángel y la Tata conviven juntos, discuten y se lo pasan bien, y mal también. Somos testigos privilegiados de la cotidianidad de la pareja protagonista. Ahora, será Miguel Ángel que cuide de su Tata, ya que la anciana ha visto anulada totalmente su independencia por su avanzada edad.

La película-documento acompaña el día a día, con sus pros y contras: el excesivo trabajo que tiene cuidar de una persona mayor de movilidad reducida, el mal psicológico que empieza a sufrir Miguel Ángel por la carga física y emocional, y también, el diario “CuarenTATA”, un diario vía Instagram que Miguel Ángel y la Tata hicieron durante cada día de confinamiento. Una ventana abierta al mundo que les ayudaba a descansar, relajarse y reírse de todo y todos, empezando por ellos mismos. Muñoz se rodea de un equipo profesional empezando por Jorge Laplace, con el que escribe el guion, el cinematógrafo José David Montero, y los editores Darío García García y Mer Cantero, y el músico Sergio Jiménez Lacia para dar forma, textura y agilidad a la historia. Una película que habla sobre ayudar a los otros sin olvidar de ayudarnos a nosotros. Una película que nació como una ficción con la Tata, pero que con una pandemia de por medio, se ha convertido en un excelente y sensible documento sobre la vejez y las personas cuidadoras, haciendo hincapié en la parte emocional tanto de unos como otros, erigiéndose en un documento sobre la vida, la muerte, y sobre todo, por la vida en todas sus etapas y contextos y circunstancias.

La asombrosa naturalidad, espontaneidad y frescura que destilan cada plano y secuencia nos dan las claves para mirar con detenimiento y reflexionar con todo lo que vemos y experimentamos con la Tata y Miguel Ángel, que viven y sufren todo su amor a pesar de los obstáculos, barreras y demás problemas derivados por la vejez de ella, el trabajo de cuidador de él, y encima, la pandemia azotándoles constantemente. Sin ser una película claramente social, ni mucho menos pretenderlo, 100 días con la Tata se convierte en mucho más que eso, en un estudio y radiografía de dos de los males más importantes de nuestro tiempo: el cuidado de nuestros mayores, y los conflictos personales que aparecen tanto en los que padecen la vejez, como los que cuidan a esas personas que ya no pueden cuidarse solas. El cuidado y la ayuda que nos hacemos los unos a los otros es otro de los temas candentes de la actualidad, y el que está impregnado en toda la película, visto de frente, cara a cara, sin medias tintas, de verdad, con tanta autenticidad que impresiona, esa ventana que se abre para que miremos, para que pensemos y sobre todo, nos concienciemos que más pronto que tarde estaremos tanto en el lugar de la Tata como de Miguel Ángel.

Es de agradecer que Muñoz haya puesto en el centro de su película a su Tata para hablarnos de la vejez, como lo hicieron De Sica en Umberto D, Ozu en Cuentos de Tokio, Bergman en Fresas salvajes y Saraband, y Payne en Nebraska, todas ellas miradas profundas y honestas sobre esa última etapa de la vida, que no debe ser solo triste y oscura, sino que también debe haber cabida para otros menesteres, como la alegría, el amor y la fraternidad, quizás hacer una película ahora mismo como 100 días con la Tata es ante todo, una forma de revolución, ahora que estamos asistiendo a una sociedad muy enferma, vacía, que hace culto a lo joven y la apariencia, olvidando a sus mayores y dejando de lado toda esa sabiduría y humanidad que les pueden ofrecer los ancianos, unas personas que sufrieron la guerra, la dictadura y han sacado adelante a sus familias y vidas a pesar de todos los pesares, siendo la parte esencial de luchas y reivindicaciones de todos los privilegios y comodidades de las que disfrutamos hoy en día, y que de seguir así, tan ensimismados y estúpidos en el yo, los estamos perdiendo y todo parece indicar que para siempre, aunque tengamos algo de ilusión, porque personas como la Tata o Miguel Ángel así lo demuestran, porque cuando hay amor sincero y de verdad, todos los problemas que vendrán se verán y encararan de otro forma y sobre todo, con firmeza, honestidad y juntos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA