A diente de perro, de José Luis Estañ

A CARA DESCUBIERTA.

“A carne de lobo, diente de perro”

Refrán popular

La película se abre de forma frenética, de noche, sin aliento, y muy física, donde no dejan de pasarle cosas al protagonista. Darío Manzano lleva una vida salvaje, porque cuando termina su jornada laboral en un almacén, empieza su desfase: no para de beber y drogarse, y se mete en líos de trapicheo junto a sus colegas, el “Gitano” y Fadel. Esa noche es diferente, porque el Gitano ha querido hacerles la pirula a los Chega, los capos de la zona. Mientras intentan solucionar el entuerto, Darío sufre un ictus y tiene un accidente que acaba con la vida del Gitano. El director José Luis Estañ (Callosa de Segura, Alicante, 1990), cursó estudios de cine en la Ciudad de la Luz, y ha realizado un par de cortometrajes, antes de debutar con A diente de perro, un frenético thriller que tiene en la noche su espacio predilecto, siguiendo el particular descenso en los infiernos de Darío, un treintañero de vida muy destroyer, que deberá enfrentarse a los que manejan el bacalao de la zona.

El director junto a Iván “Oggy” Emery, que también se encarga de la cinematografía, y el actor Miguel Ángel Puro, que da vida al protagonista, amén de productores a través de la compañía Trilita Films, escriben un guion con aroma del mejor cine negro, con crítica social y profundizando en la compleja condición humana, y sus intensos setenta y cinco minutos de metraje, y el escenario valentino, que lo asemeja con otros dos títulos recientes como El desentierro (2018), de Nacho Ruipérez y El silencio del pantano (2019), de Marc Vigil, en el que los personajes se ven envueltos en tramas donde sus existencias penden de un hilo muy fino. Darío Manzano vive my deprisa, demasiado, trapichea con sus colegas, tiene una novia formal y se acuesta con la hija de su jefe, además, su relación con su hermana tampoco es muy buena, alguien que se mueve muy rápido, alguien que el accidente cambiará por completo, y la vida, que le tenía reservado un trágico final, parece darle una nueva oportunidad, una oportunidad que Darío no va a desaprovechar, pero, los errores del pasado vuelven a su vida a rendirle cuentas, como una sombra muy alargada de la que no puede volver a escapar y tarde o temprano, deberá hacerle frente con dos cojones.

El gran valor de A diente perro es emular a sus referencias anglosajonas, pero desde aquí, con la atmósfera de un pueblo alicantino, con sus cosas y sus gentes, y sobre todo, sus circunstancias, con sus problemas de empleo, la droga y el robo como salida a tanta precariedad, y un futuro que se antoja difícil y lleno de obstáculos. Una trama bien conseguida, mejor llevada y bien puesta en imágenes, en el que nada destaca y todo funciona como un conjunto en que la mirada y la huida a no se sabe donde del protagonista llena todo el cuadro. Un equipo de debutantes en el largometraje, si exceptuamos a Regino Hernández, que firma el montaje junto al director, fraguado en el medio televisivo y trabajar con nombres tan importantes como los de Bigas Luna, consiguen una película que entra muy bien, cercanísima, y muy agobiante, donde los momentos de ternura escasean, porque habla de frente de los problemas de aquí y ahora, haciendo una radiografía social, económica y real del país, sin caer en estúpidos subrayados y cosas por el estilo, además, construye con delicadeza los momentos sensibles de la película con el protagonista con sus amigos, su novia y demás, sin caer en el sentimentalismo ni la ñoñería.

El reparto, en su mayoría debutante en el largo, brilla con verosimilitud, y hace una cosa complicada en el cine, apoyan la interpretación en la mirada y el gesto, sin necesidad de demasiados diálogos, como los buenos policiacos que se precien. Tenemos a Miguel Ángel Puro como Darío Manzano, un tipo que huye y mucho de sí mismo, y deberá tomar una determinación que, a ratos, se parece mucho al antihéroe de las películas de Peckinpah y Lumet, entre otros. Allende García es Julia, la hermana que le ayuda pero está muy asfixiada por tanta deuda que no sabe cómo pagar, Mar Balaguer es Sandra, su novia, que está a su lado, pero la cosa no es nada fácil, Pablo Tercero es Fadel y José Fernández el Gitano, el par de colegas de correrías, quizás demasiado peligrosas, y finalmente, Vicente Rodado y Roeque Arronis son los Chega, un par de elementos con los que es mejor no tener tratos y si los tienes, no hacerles el avión. Estañ ha construido una película modesta pero entretenida y con contenido, fiel a sí misma, y que entrega un buen thriller, uno de esos policiacos auténticos, de verdad, en el que podemos oler el miedo, el sudor, ser uno más en este viaje salvaje y violento por el Levante, ese espacio que queda como un decadente monstruo después de tantos años de despilfarro inútil y catastrófico, porque al final, los que quedan son gente como Darío y los demás, los de abajo que son los que siempre pagan las consecuencias. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

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