Volver a empezar (Herself), de Phyllida Lloyd

CONSTRUIRSE UNA NUEVA VIDA.  

“Lo que cuenta no es de dónde vienes, sino adónde vas”.

Ella Fitzgerald

Sandra vive en Dublín, tiene la treintena de años, y dos hijas adorables. Pero, tiene un marido maltratador, y después de una paliza, decide coger a sus pequeñas y largarse. Pero, no le resultará nada fácil. Sandra vive en un hotel que paga el estado, y mantiene dos empleos, uno como camarera, y el otro, cogiendo el legado de su madre, en las tareas de limpiadora y cuidadora de la Dra. Peggy. Además, mantiene la custodia compartida con su ex. Las jornadas maratonianas y las dificultades se amontonan en la vida de Sandra. Ella hace todo lo que puede, pero quizás no es suficiente. La actriz Clare Dunne imaginó la historia de Sandra y se puso a escribir, una tarea a la se unió Malcolm Campbell, para contar el relato de Sandra, de cómo deja un matrimonio negativo, para comenzar de nuevo, y sobre todo, construir un hogar para sus dos hijas y ella.

Phyllida Lloyd (Bristol, Reino Unido, 1957), se ha pasado toda su carrera entre el teatro y la opera, hasta que en 2008 con ¡Mamma Mia!, la adaptación cinematográfica de la famosa obra de los Abba, consiguió un éxito planetario, que le llevó a repetir con Meryl Streep en La dama de hierro (2011), retratando a la política conservadora Margaret Tatcher. Ahora, Lloy vuelve a ponerse tras la cámara para contar el retrato de otra mujer, Sandra, está más terrenal y de ahora, siguiendo sus momentos agridulces en el sombrío y plomizo Dublín, de alguien que no se rinde, que continua batallando para darles un nuevo hogar a sus hijas, y la tarea no le resultará nada fácil. Herself, en su título original, que se traduciría como “Sí misma”, es toda una declaración de principios del personaje principal, en un viaje emocional en el que será ella misma que tenga que dar un paso al frente y comenzar a caminar un periplo nada sencillo, pero necesario para crecer como persona y seguir remando a contracorriente. Volver a empezar sigue la línea de títulos de creadores como Loach o Leigh, en la que nos hablan de los desajustes sociales a través de personas sencillas, con empleos cotidianos, y que diariamente se levantan para seguir en la lucha, mantener su trabajo e intentar mejorar sus vidas.

El tono de Lloyd es duro, pero también, cercano y más ligero, su intención es retratar a una mujer decidida y valiente, pero también, vulnerable y temerosa ante el abismo al que se enfrenta, dejando una vida acomodada pero tremendamente infeliz, para adentrarse en otra vida, más incierta y con muchísimas dificultades. La película es sensible, sin caer en la sensiblería, cuenta  muestra utilizando un marco directo y transparente, si que encontramos esos instantes en que las sombras se convierten en luces, en que los astros ayudan a Sandra, y lo que parece un callejón sin salida, se convierte en un resquicio de luz pro el que adentrarse. Una historia que mantiene un ritmo que no decae en ningún instante, ya que el personaje de Sandra no se detiene, no puede ni debe permitirse ese lujo, porque el reloj corre en su contra, debe mantenerse activa y accionarse para conseguir su objetivo, a pesar de todos los obstáculos con los que se encontrará.

La directora británica logra de una forma sencilla y cercana, contarnos una realidad en la que muchas mujeres occidentales se encuentran, dejar a su marido y lanzarse sin red a una nueva vida, a una nueva esperanza. Una película de estas características debía encontrar a una actriz de mirada intensa y gesto conmovedor para interpretar a un personaje fuerte y vulnerable como Sandra, y se ha encontrado en la figura de la actriz Clare Dunne, la mujer que empezó a escribir un guión, bien acompañada por Harriet Walter como la Dra. Peggy, esa alma benefactora tan bienvenida para Sandra, o Conleth Hill, el obrero que ayuda a Sandra a levantar una nueva vida. Volver a empezar, coloca el acento irlandés en una problemática muy habitual en este mundo donde cada día es más difícil saber lo que uno quiere, saber querer y saber dónde ir, elementos indispensables contados con sabiduría y sobriedad, en una película que llega al alma, porque nos habla de valentía, de no rendirse, de fraternidad, en estos tiempos donde ayudarse es esencial para vivir y salir del pozo, y sobre todo, nos habla de mirar al otro y tenderle la mano. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

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