RESPETAR LA DEMOCRACIA.
“Los derechos de la democracia no están reservados para un selecto grupo dentro de la sociedad, son los derechos de todas las personas”
Olof Palme
Es de bien sabido que Suecia es uno de los países más avanzados del planeta. Un país preocupado por sus ciudadanos, por su bienestar, derechos y demás protecciones para hacer unas vidas dignas, respetuosas y humanas. Una sociedad muy moderna en el sentido democrático, defendiendo el derecho a la libertad de expresión y a la manifestación pacífica y demás. La sociedad sueca es un espejo donde mirarse y sobre todo, aprender. En el año 2001, durante una cumbre de la Unión Europea, los duros enfrentamientos entre manifestantes y policía provocaron que el gobierno crease la “Policía del diálogo”, un grupo de agentes que usaran el diálogo como medio para evitar enfrentamientos y proteger los derechos de cada uno de los ciudadanos, aunque, a priori, puedan parecer contradictorios. La película retrata a este grupo de policías variopinto durante un año ejerciendo una profesión muy difícil y llena de tensiones en la que están expuestos constantemente a diversos conflictos.

La directora Susanna Edwards (Suecia, 1963), lleva más de tres décadas dirigiendo ficciones como Keillers Park (1996), y documentales como Sunshadow (2000) sobre la torera española Cristina Sánchez, Respect! (2000), en el que se centra en cuatro adolescentes de Fasta, a las afueras de Estocolmo, y Golden Girl (2016), en la que seguía a la famosa boxeadora sueca Frida Wallberg, entre otras. Con Policía del diálogo, ejerce de productora, cinematógrafa y directora en una película que sigue sin descanso a los siete componentes de esta unidad en la ciudad de Estocolmo. Son 365 días en los cuáles vemos su trabajo, en mitad de multitudes protestas contra la pandemia y las vacunas, a favor de una sociedad más justa y un planeta más limpio, mítines políticos, y las provocaciones contra los inmigrantes del líder ultraderechista danés Rasmus Paludan. La película está contada como un thriller en la calle como los que hacía Lumet, un policíaco con alma, verdad y nada de complacencia, explicando y sumergiéndose en los temas reales y cotidianos con los que tienen que lidiar diariamente los citados agentes que se muestran tranquilos, conciliadores y con buen humor.

Una película de estas características, de cinéma vérité total en toda regla, que tiene el mejor aroma del cine del gran Frederick Wiseman, al que volveremos al cierre de este texto, ha necesitado de 9 cinematógrafos para captar todas las situaciones vividas por los policías, que se muestran de forma simultánea e instantáneas, a saber: Iván Blanco, Ellinor Hallin, Markus Jordö, Sara Montoya Sepúlveda, Siri Pâruv, Martin von Krog y la propia directora que realizan un trabajo de guerrilla, tan apabullante como abrumador que no deja indiferente por todo lo que cuenta y cómo lo hace, con energía, solidez y nada de manierismo. El estupendo trabajo musical que firma un grande como Holfdan E, que tiene en su haber la extraordinaria serie Borgen, un hito para los amantes del cine político de verdad. El extraordinario trabajo de montaje que firman el dúo Magnus Svensson y Stefan Sundlöf, que ha trabajado en muchos documentales, entre los cuales encontramos La visita (2015), de Michael Madsen, que se pudo ver en El Documental del Mes. Una edición llena de intensidad, de planos cortos y breves, con el añadido de la diversidad de idiomas: inglés, sueco, persa y turco se oyen, que ayudan para transmitir toda la dureza y peligro al que se ven expuestos los agentes.

Como les había avanzado más arriba volvemos a Wiseman y su magnífica Law and Order (1969), donde retrata la cotidianidad de un grupo de policías estadounidenses, y sus métodos agresivos y violentos. El director americano no juzgaba, dejaba que las imágenes filmadas y editadas lo explicaran, dejando la reflexión: “La policía como mal necesario”. En otro contexto, y diferentes circunstancias, la Policía del diálogo que existe en Suecia y es explicada por Susanna Edwards se erige como un grupo necesario pero evidentemente, con sus males y la protección de las leyes, aunque sean injustas, como les espeta una de las manifestantes. Los agentes dejan claro que protegen la ley sueca, y se reservan sus opiniones personales. Seguramente, en una sociedad más justa, democrática y de verdad, no hacen falta policías del diálogo, pero está bien que existan como medio para evitar enfrentamientos y violencia. Volvemos a la reflexión del inicio de este texto, Suecia es un gran ejemplo, lástima que otros países no implanten estos métodos, que sin ser la panacea, ayudan que buena falta hace en una sociedad con leyes injustas y clasistas que protegen a las grandes fortunas y dejan sin nada al de abajo, la misma música de siempre, o quizás, podríamos decir, la misma mierda que no dejamos atrás. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA