Curvy Crew, de Ida Joglar

LAS CHICAS GORDAS PODEMOS.

“Querer ser otra persona es malgastar la persona que eres”

Marilyn Monroe

Hay mucho cine y literatura que nos habla del relamido tema de la superación, cayendo, en muchos casos, en la falsa idea que trabajando, esforzándose y sacrificándose, las cosas llegarán, y no es cierto en todos los casos, porque existen otros factores externos que influyen en tu contra. Existe otro cine y literatura que olvida completamente el tema de la superación, para centrarse en otros ámbitos más reales y sobre todo, más humanos, y no lo hace de forma condescendiente y sensiblera, sino mostrando a personas que se aceptan a sí mismos después de un durísimo proceso de soltar y vencerse a uno mismo, y atreverse a mirarse al espejo y no estar triste, sino todo lo contrario, más que una superación, conquistando a una aceptación de sí mismas. La directora Ida Joglar, originaria de San Juan (Puerto Rico), se estableció en el 2009, formándose en estudios relaciones con la imagen audiovisual, y trabajando como montadora y realizando películas cortas.

Con Curvy Crew debuta en el largometraje con una película sobre veinte mujeres gordas, veinte mujeres que tienen un reto ante sí, un reto mayúsculo para cualquiera como subir el Kilimanjaro, en Tanzania, una montaña de 5895 metros de altura. Joglar compone un relato que sigue la aventura diaria de la subida al Kilimanjaro, enlazándolo con los meses previos de preparación y organización del grupo, con las reflexiones de después, en los que iremos conociendo a cada una de ellas, sus pasados, sus tristezas, sus alegrías, las barreras sociales y el estigma de los demás que se han encontrado en sus vidas debido a sus cuerpos no normativos, y sobre todo, la aceptación de cada una de ellas en quererse y centrarse en ellas mismas, encontrando en este grupo maravilloso un lugar donde no son señaladas ni juzgadas, sino todo lo contrario, mujeres que se miran de frente, cara a cara, compartiendo y abrazándose. En Curvy Crew hay de todo: muchísimo esfuerzo, trabajo y sacrificio, pero también, hay grupo, hay personas, hay amor, hay esperanza y una ilusión inquebrantable, peor real, con sus dudas, sus miedos y sus cansancios, con sus caídas y sus vueltas a empezar.

La directora portorriqueña huye de la típica película de mensaje, aquí no hay nada de eso, ni un atisbo de edulcoramiento de nada de lo que se cuenta ni el cómo, porque lo que busca la cineasta es hablarnos de personas humanas, de sus cuerpos, de sus dificultades, de sus vidas y de su aventura de subir una montaña, un reto que podría ser otro cualquiera a personas que aparentemente no pueden hacerlo, ellas no demuestran nada a los demás, sino a ellas mismas, y no solo es conseguirlo o no, porque eso es lo de menos, sino tener la fuerza y la valentía de que es posible, de que esa aventura se puede hacer, experimentarlo con las otras veinte mujeres gordas y aprender y desaprender tantas cosas. Veinte mujeres muy diferentes entre sí, veinte mujeres de lugares diferentes y existencias completamente opuestas, pero emocionalmente tan parecidas, porque todas han sentido el desprecio y el aislamiento de los demás por su cuerpo no normativo. Subir una montaña y mientras hacer grupo con las demás, escucharse y ayudarse para seguir, no detenerse y aceptar y aceptarse y mirarse con amor, respeto y dignidad.

Ida Joglar no solo ha hecho una película sobre mujeres gordas, decididas, valientes y fuertes, sino una película sobre mujeres gordas para todos los que alguna vez o muchas veces, se han sentido desplazados y ninguneados por ser como son, una historia para todos aquellos que se han sentido desencajados en esta sociedad por ser así o asa, por no pertenecer a esa mayoría aparentemente normativa y aceptada, es una película para todos aquellos que se han visto excluidos del paraíso construido por una sociedad que alimenta el individualismo, el ego y la apariencia física y material como claves del éxito, y olvida al resto que no son así, y sobre todo, no encajan en esos estereotipos alimentados por cierto tipo de cine, literatura, televisión, publicidad y moda, en fin. Cruvy Crew  es toda una lección de cine humilde y sencillo, un cine que va sobre personas, un cine que resiste ante lo normativo y lo superficial, un cine que habla de forma honesta y directa sobre los problemas que atañen en nuestra cotidianidad, y en el fondo, un cine que habla de cómo somos como sociedad, y cómo nos relacionamos los unos con los otros, las bases de cómo amamos y cómo nos aman. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

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