El rey del fin del mundo, de Michael Haussman

JAMES BROOKE, RAJAH DE SARAWAK.

“¡Es curiosa la vida… ese misterioso arreglo de lógica implacable con propósitos fútiles! Lo más que de ella se puede esperar es cierto conocimiento de uno mismo… que llega demasiado tarde… una cosecha de inextinguibles remordimientos”.

(“El corazón de las tinieblas”, de Joseph Conrad)

La vida de Sir James Brooke (1803-1868), un marino del Imperio Británico, que a mediados del XIX, se embarcó con el propósito de abrir nuevas rutas comerciales por las costas de Malasia y así extender el inmenso imperialismo. Acabó en el Reino de Sarawak, nombrado Rajah por el sultán de Brunei, ya que combatió la piratería y el esclavismo, y ayudó a que los indios fueran independientes, enfrentándose a las órdenes de Londres. Una historia asombrosa y humana, que inspiró a Joseph Conrad (1857-1924), en muchas de sus novelas ambientadas en las costas del sureste asiático, como “El corazón de las tinieblas”, que inspiraron películas como El corazón del bosque (1978), de Manuel Gutiérrez Aragón y Apocalypse Now (1979), de Francis Ford Coppola, y la novela “Lord Jim”, llevada al cine por Richard Brooks en 1965.

La idea del hombre blanco, explorador y aventurero, enfrentado al otro, y a lo otro, extraño en una tierra extraña, huyendo de su lugar, y sobre todo, de sí mismo, encontrándose con todo un mundo inhóspito que acaba convirtiéndose en su hogar y sobre todo, en su lugar en el mundo. Con un guion escrito por el californiano Rob Allyn, el estadounidense Michael Haussman, del que conocíamos su faceta en la publicidad, y sobre todo, en los videos musicales para artistas tan importantes como Madonna, y su particular y personal cine, que debutó con Rhinoceros Hunting in Budapest (1997), protagonizada por el músico Nick Cave, y El enemigo está dentro (2003), que interpretaba Val Kilmer, por citar un par de su filmografía. Hausmann se pone detrás de la cámara y nos cuenta el relato en primera persona de Sir James Brooke, convirtiendo su película en un viaje introspectivo, creando un antihéroe, un hombre roto, un outsider en toda regla, uno de esos pistoleros errantes de los crepusculares, alguien que huye de los convencionalismos y demás estupideces sociales de los ingleses, alguien en continua huida, alguien que espera que suceda algo que le dé sentido a una existencia que está abocada a la autodestrucción.

Un personaje como Brooke que le va como anillo al dedo a Jonathan Rhys Meyers, con esa imagen de derrota y desesperanza, más movido por la causa de otros, y perdido en su propio vacío, que el magnífico actor irlandés sabe dotarlo de fuerza y tristeza, imprimiéndole esa mezcla de transparencia y desolación del personaje, con esa figura de hidalgo derrotado, movido por lo diferente, batallando por un mundo más justo, a pesar de los designios de imperialismo y saqueo de Inglaterra. La historia de Brooke, que también inspiró la novela “El hombre que pudo reinar” de Rudyard Kipling, llevada al cine de manera soberbia por John Huston en 1975 y magníficamente interpretada por dos monstruos como Sean Connery y Michael Caine, no es la historia de un hombre sometido, sino todo lo contrario, es una historia sobre la justicia, la igualdad y el amor hacia las culturas indígenas de alguien que estaba cansado de tanta destrucción e inmoralidad. Una película de grandísima factura técnica, con esa música absorbente de Will Bates, el minucioso montaje de Marco Pérez, y la magnífica luz pesada y oscura de Jaime Feliu-Torres.

El gran trabajo del reparto con intérpretes bien caracterizados que dan vida a todos estos hombres y mujeres perdidos en la espesa selva asiática de la isla de Borneo, con el joven Charley, sobrino de Brooke, al que admira y lo sigue, bien compuesto por Otto Farrant, su primo, el impetuoso y contrario Arthur Crookshank, protagonizado por Dominic Monaghan (muy conocido por su intervención en la trilogía de El señor de los anillos), que se casa con un antiguo amor de Brooke, la bellísima Elizabeth que hace Hannah New, Madame Lim, una nativa que vive una bonita historia de amor con Brooke, interpretada por Josie Ho, y finalmente, la figura soberbia e imperialista del oficial Edward Beech que interpreta el inmenso Ralph Ineson. Una película que habla y explora la belleza del lugar y la sangre que se derrama en este paraíso que se equilibra de manera frágil entre la vida y la muerte. Haussman vuelve a un relato de un hombre enfrentado a sí mismo en un universo ajeno, extranjero y demoledor, como el Cave en Budapest, o el Kilmer en México, individuos solitarios y amargados que, encontrarán aquello que buscan en el lugar más insospechado y raro, pero llenos de humanidad, que como les ocurría a los pistoleros como Shane, siguen creyendo en las causas justas y en el interior de las personas, y pondrán su revólver a ese servicio, aunque para ello tengan que renunciar a lo que son y convertirse en otra persona, una persona más acorde con sus ideas y sobre todo, a favor de la justicia y la riqueza y la diversidad de los lugares y sus gentes. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

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