Advocate, de Rachel Leah Jones y Philippe Bellaiche

UNA MUJER HUMANISTA.

“El derecho a tener derechos o el derecho de cada individuo a pertenecer a la humanidad debería ser garantizado por la misma humanidad”

Hannah Arendt

Una de las partes más importantes del cine es la de descubrirnos historias, y sobre todo, dar a conocer a las personas que hay detrás de esos relatos. Personas anónimas, personas que, la vorágine periodística narcotizada por la actualidad más gritona, suele olvidar con demasiada facilidad o no darle el protagonismo que merece su inmensa labor humanitaria. Lea Tsemel (Haifa, Israel, 1945), es una de esas personas, una persona que es israelí, pero está en contra de la política de su gobierno contra los palestinos. Tsemel se ha forjado un carácter indomable y férreo, además de convertirse en una ferviente luchadora de los derechos humanos en Israel, pero no lo hace contra los palestinos, sino a favor de ellos, porque esta letrada combativa y resistente, lleva más de medio siglo luchando contra la opresión y ocupación ilegal de Israel en Palestina, defendiendo a personas acusadas de actos muy violentos contra la seguridad de Israel. Una mujer que ejerce su profesión de abogado con entusiasmo y amor, a pesar de ser siempre derrotada por los tribunales penales de Israel, que, aún así, sigue creyendo en la justicia y mantiene la esperanza de salvar de la prisión a sus defendidos.

Rachel Leah Jones (EE.UU., 1970), se ha pasado toda su carrera cinematográfica planteando historias sobre el eterno conflicto entre palestinos e israelíes, pero en Advocate, que codirige con Philipe Bellaiche (Francia, 1967), uno de sus cinematógrafos, se pone en el otro lado del espejo, construyendo una película directa y en presente, aunque tenga algunos flashbacks, en los que se pone en relieve el inmenso trabajo que Lea Tsemel lleva desde hace más de cincuenta años, haciendo especial énfasis a su conversión que la llevo a una defensora de Israel a poner en duda sus políticas opresivas y de exterminio contra el pueblo palestino, pasando por sus casos más importantes, en los que se incluyen los cargos contra su marido, su ajetreada vida personal, su figura en un país que rechaza profundamente a los israelíes que defienden a los palestinos, y demás datos relevantes, que no ensalzan la figura de Tsemel, sino que sirven para investigar más profundamente a nivel personal y profesional, una mujer que cree en la justicia, y en la defensa de sus clientes, y trabaja incansablemente para conseguir su libertad.

La película, con esa estructura y transparencia propia del cine de Frederick Wiseman, en la que se muestra todo lo que lo dejan mostrar, y las personas que habitan esos lugares, espacios fríos y burocráticos, que ensombrecen la humanidad o simplemente, la inutilizan. Advocate se centra en la cotidianidad de la abogada, y más concretamente, en dos casos en cuestión: el de Ahmad, un niño de 13 años acusado de varios intentos de homicidio, y el de Israa Jaabis, una mujer acusada de intento frustrado de atentado suicida. La cámara se convierte en la sombra de Lea Tsemel, filmando su oficina, sus investigaciones, los kafkianos procedimientos en los tribunales, los encuentros con los acusados y familiares, componiendo una intimidad y sensibilidad admirables, manteniéndose en la distancia correcta para hablarnos de todo, sin caer en el sentimentalismo o en el mero documento superficial, aquí se muestra todo, todo lo que dejan, porque algunas partes, como el rostro de los acusados y algunos funcionarios, quedan ensombrecidos mediante la novedosa técnica de la ilustración partiendo la pantalla.

Jones y Bellaiche no solo han hecho un retrato concienzudo, sobrio y brillante de alguien ejemplar, tanto a nivel humano como profesional, una mujer que cree en la culpabilidad de sus acusados, pero con matices, yendo al problema importante del conflicto, la brutal opresión ejercida por el gobierno de Israel al pueblo de Palestina durante más de medio siglo, en la que una guerra abierta entre unos y otros, acaba por llevar al oprimido a hacer actos que son salvajemente condenados por el opresor. Cine humanista, cine que habla de las personas y sus circunstancias, de las personas más sencillas y humildes, las que se levantan cada día para hacer de este mundo un lugar mejor, aunque tan difícil resulte, y eso acaba generando la mirada y la forma que ejercen los cineastas (“La búsqueda de la humildad es lo más importante, especialmente si quieres edificar una ética, si quieres alcanzar una cierta moral”, en palabras de Rossellini. Porque al fin y al cabo, la película va más allá del mero retrato de alguien que es asombroso, sino que lo estudia y lo investiga para construir el relato más transparente, político, social y humanista que sea posible. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

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