Una segunda madre, de Anna Muylaert

197079EL (DES)ORDEN SOCIAL

En La regla del juego, el talento del magnífico Jean Renoir ya puso en liza la falsedad y las apariencias que insanamente malvivían en un mundo dividido entre señores y criados. La cineasta brasileña Anna Muylaert, nacida en 1964 -año en que Brasil sufrió un golpe de estado que se alargó hasta el año 1985-, también aborda el tema donde ese orden entre ricos y pobres sigue prevaleciendo. Muylaert nos muestra la vida cotidiana de Val, una empleada del hogar de una familia adinerada de Sao Paulo, donde vive interna, además de cuidar al hijo adolescente, al que ha criado desde la infancia. La llegada de la hija de Val, Jéssica, que viene a hacer el examen de la selectividad, alterará el orden establecido de la casa, como sucedía en Teorema, de Pasolini.

La joven, como su madre, también procede de un origen humilde, pero ha crecido en un Brasil diferente, donde los ciudadanos han disfrutado de libertad y derechos. Las dos maneras de entender y ver las situaciones, dificulta las relaciones entre madre e hija, además de los diez años que llevan alejadas, así como también el frágil orden que impera en el microcosmos del núcleo familiar ajeno, el de los ricos. Muylaert nos habla de una realidad social cruda y tremenda, en un país donde algunas mujeres tenían que dejar sus hijos a otras personas, y de ese modo, poder criar, paradójicamente, a los hijos de las personas a las que servían para poder salir adelante y de paso facilitar una vida mejor que las suyas a sus hijos. La tercera película de la realizadora de So Paulo combina buenas dosis de comedia, donde aligera los momentos dramáticos que se cuecen a lo largo del metraje. Una película filmada casi en su totalidad en un único escenario, en esa casa de diseño, donde se vive en la exclusividad, con un padre aburrido que no encuentra que hacer, su señora snob y altiva de apariencia y adicta a un trabajo cool, y el hijo, que fuma marihuana y pasa de estudiar, donde hay una piscina donde Val tiene prohibido bañarse, donde hay lugares proscritos para la criada, en la nevera, el intocable helado del niño, y en el sótano donde está la habitación de Val, y todo un orden establecido donde hay personas de primera y segunda clase, un orden que Jéssica romperá y tras su llegada y estancia, nada volverá a ser igual, quizás ese gesto sirva para acercar más a madre e hija.

La maravillosa composición de la actriz brasileña Regina Casé (una de las intérpretes más reconocidas de su país) hace el resto de la función, dotando a su personaje de toda la calidez y humanidad necesarias, una mujer valiente y luchadora que ha tenido que lidiar con el terrible trauma que significa vivir alejada de su hija. Una película tierna y sincera, en favor de los desposeídos, de los desplazados, de los que luchan incansablemente para darles a sus hijos una serie de derechos y libertades que ellos no gozaron. Jéssica personifica todo ese Brasil diferente que ha nacido libremente y que puede llegar a estudiar en una universidad que en un principio está destinada para los de arriba. Una enriquecedora fábula de alto contenido social que crítica con fuerza la injusticia, y nos habla de un mundo que entre todos no podremos hacer que sea mejor, pero sí más humano y solidario.

 

 

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