Bugarach, de Ventura Durall, Sergi Cameron, Salvador Sunyer

La humanidad en peligroBUGARACH_POSTER

El destino ha querido que Bugarach (un pequeño pueblo ubicado al sur de Francia), sea, según los medios de todo el mundo, el único lugar que se salvará del Apocalipsis el 21 de diciembre de 2012, día pronosticado por los mayas como la fecha que tendrá lugar el fin del mundo. Ante semejante acontecimiento, los tres realizadores Ventura Durall, -también en funciones de co-productor, y autor de interesantes documentales como El perdón (2009) Els anys salvatges (2013), Sergi Cameron y Salvador Sunyer viajan hacía ese lugar y durante un año observan la zona y a sus gentes que, el azar los ha convertido en el centro de la tierra, y por tanto, en el centro de la noticia. La película arranca 6 meses antes de la “fatídica fecha” y se prolonga hasta el día después del supuesto Apocalipsis. Seguimos de forma desestructurada, la vida de cinco personajes pintorescos del lugar: el alcalde, que observa como la tranquilidad  de su pueblo se ve completamente alterada, y preocupado por la más que posible “invasión” que sufrirán, avisa a las autoridades para prevenir los problemas que se producirán. Slide, un niño mago que ve la oportunidad de darse a conocer ante la avalancha de público que se avecina. Uraine, un milenarista que vive a las afueras en su casa de piedra y rodeado de su mundo esotérico, se prepara para salvarse emprendiendo un viaje hacía otro mundo, momento que tendrá lugar durante el día del fin del mundo. Mirko, un niño obsesionado con las armas que se entrena concienzudamente con el objetivo de proteger al pueblo ante los posibles peligros que están a punto de llegar. Y, finalmente, Monsieur Pouce, un estudioso y experto de la zona que cree haber localizado el cuerpo de cristo en el corazón de la montaña. La cámara sigue con respeto y humildad las andanzas, preparativos, conversaciones y discursos de estos personajes, mostrándolos ante el objetivo de forma que todas las posiciones sean entendidas y argumentadas. Los cineastas los miran sin juzgarlos, estas personas expresan lo que sienten ante la amenaza, afloran sus miedos, dudas, complejidades de una manera fluida y realista. Un grupo heterogéneo y peculiar que podrían representar la situación de una sociedad, acuciada por la crisis económica,  caldo de cultivo donde han brotado diversas maneras de enfrentarse a lo que parece inevitable, sacando a la luz el verdadero rostro y lo que esconden todas estas ideas, una ausencia de valores humanos y espirituales que derivan en dogmas que adquieren una importancia extrema en esos tiempos de crisis. A medida que se aproxima el día D, van llegando turistas, grupos espirituales, hippies, curiosos, militares, policías, y una marabunta de periodistas que hipnotizados por la actualidad imperante, se mueven como alimañas en busca de carnaza fresca en forma de la noticia o la imagen que les haga vender diarios, programas, etc… Una visión superficialidad del periodismo,  abocado al espectáculo y la moda del momento, (como sucedía en El gran carnaval -1951-, dirigida por Wilder, donde retrataba un periodismo sensacionalista y cómo las masas acudían a la llamada de forma irracional). Los 200 habitantes del pueblo, payeses y cazadores en su mayoría, acostumbrados a una vida rural, tranquila y humilde, se sienten amenazados e invadidos por todos los recién llegados, a este circo del apocalipsis, que ven en la montaña, que ejerce de protectora del valle, en el que se sitúa el pueblo, como el lugar elegido, por historia y tradición sagrada, en el que se abrirá la puerta de la salvación hacía el otro mundo, -resulta cómica la apreciación que hace el párroco del pueblo-, que actúa como magistral metáfora de un mundo capitalista en descomposición camino del abismo que, encuentra en creencias, mitos y leyendas su tabla  de salvación para encontrar sentido a unas vidas vacías y a la deriva, perdidas en su materialismo y superficialidad. La película se mueve entre diversos géneros que van desde la comedia existencialista, el drama metafísico, resonancias con el cine de misterio, y la ciencia-ficción clásica de serie B que maravilló por los 50 y 60, elementos que hacen de Bugarach, una fábula narrativamente bien contada de gran intensidad que emociona y a la vez aterra.

 

Se fa saber, de Zoraida Roselló

se-fa-saberÉrase una vez… en lo poble

La debutante Zoraida Roselló con la compañía de su cámara, se instaló durante el período de un mes en la pequeña localidad de Santa Bárbara (Comarca del Montsià), en las tierras del Ebro, un pueblo donde anidaban raíces de su infancia, con el objetivo de documentar la vida de sus habitantes más longevos.  La joven directora  recurre a un tono humano, cercano y caricaturesco para describirnos a sus gentes, explorar sus costumbres y mostrarnos la cotidianidad de su tiempo: el que vivieron, y el que están viviendo. Planteada a través de una jornada, arranca con un amanecer y se despide con el crepúsculo. La mirada de Roselló observa y participa en lo que cuenta, dialoga con las personas que filma, la proximidad que emplea para mostrarnos este pequeño mundo es naturalista, diríamos casi espontánea. La película está estructurada a través de dos dispositivos: por un lado, la memoria de sus habitantes, donde dan habida cuenta del modo de vida antiguo,  las costumbres y tradiciones que desarrollaban su vida diaria, cómo trabajaban la tierra, que herramientas empleaban, el escaso tiempo para la diversión… Y por otro lado, la actualidad, cómo aquellas gentes, ya retiradas, viven ahora: el trabajo en el campo, la estrategia que utilizan para cazar con la ayuda de un perro, los comidas de hermandad seguidos por bailes con música en directo,  las comidas que preparan, las visitas a la peluquería, las canciones que cantan, los ensayos de la función de teatro, la misa, los paseos… Roselló radiografía este grupo humano y reivindica el tipo de vida rural, describiéndolo de manera minuciosa, interesándose por los cambios que ha sufrido esta manera de vivir, y el escenario que los acoge, un pueblo que como tantos otros, ha recibido inmigración y nuevas formas de vida. Unos cambios descritos de forma natural, tomando la palabra como medio para el diálogo tranquilo y sosegado, sin abandonar el tono alegre que caracteriza todo el relato. Película con grandes dosis de alegría y felicidad, el sentido del humor que desprenden las personas retratadas convierten a la cinta en un ejemplo positivo y muy acertado de que la edad no es obstáculo para seguir disfrutando de la vida. Se fa saber  nos remite al género costumbrista tan arraigado a la tradición cultural de nuestro país, reflejada en las películas de la primera etapa de Berlanga, Bienvenido Mr. Marshall (1953), y Calabuch (1956), así como, a la comedia italiana que hizo furor a finales de los cuarenta y principios de los cincuenta, comedias costumbristas que nos acercaban de forma natural y divertida a una manera de vivir y sentir. Una realización cuidada, Roselló es fotógrafa de oficio, y una estructura bien definida hacen de este cuento sobre lo cotidiano una de las propuestas más agradables, frescas e íntimas sobre el retrato de la vida en los pueblos en la actualidad, y cómo son sus gentes y su modo de vida. Mención especial tiene el personaje/alma de la película, Gloria Espuny, que según cuenta la realizadora, descubrió durante el rodaje que se trataba de una tía abuela. Un personaje con una vitalidad envidiable y un desbordante sentido del humor. Su presencia destaca frente al resto, convirtiéndose en el hilo conductor de la historia aportando las situaciones más divertidas y surrealistas de la función. Una fábula de nuestro tiempo que se define como un retrato sincero, humano y emotivo fabricado desde una intimidad que nos atrapa desde el primer instante.