Yo te creo, de Charlotte Devillers, Arnaud Dufeys

ALICE Y SUS HIJOS.

“Hay que tener el valor de decir la verdad, sobre todo cuando se habla de la verdad”. 

Platón 

Desde esta ventana es muy habitual que haga mucho hincapié en la importancia de los primeros minutos de las películas. El arranque, siempre envuelto en dudas, suele capturar el estado de ánimo de la película y sobre todo, del asunto que trata. En un encuadre cerradisimo, en que el off resulta capital, observamos una madre nerviosa y a punto de explotar, y su hijo que se niega a subir al tranvía que pierden. La madre deja de luchar y se derrumba, la hija adolescente aparece y se lleva al pequeño. Así arranca Yo te creo (en el original, On vous croit), la ópera prima del dúo franco-belga Charlotte Devillers y Arnaud Dufeys, que nos recogen, y nunca mejor dicho, en una sala de audiencias de un juzgado de familia que puede ser de cualquier ciudad europea, a la que asisten Alice, la madre que acabamos de conocer, y el padre, que litigan por la custodia de sus hijos. Un único escenario, si exceptuamos el prólogo, y algunos breves momentos en la sala de espera. 

El guion que, también firman la pareja de cineastas citada, resulta de una meticulosidad y concisión asombrosas, sustentado por la palabra, el verbo se impone en el relato, acompañado de unos detallados encuadres que sobrecogen por su fuerza y sobriedad, generando una tensión abrumadora, en la que los espectadores nos sentimos unos personajes más en esa pequeña sala en la que apenas hay seis personas. Una trama real y directa, contada en tiempo real, en que se citan los pormenores que nos han llevado hasta ese momento. La aparente sencillez y cercanía que se transmite en cada encuadre resulta de una gran fuerza, nada está dejado al azar, ese intercambio de planos, donde la mirada agitada y sobrepasada de Alice, el hilo conductor de este drama disfrazado de thriller, pero de los que ponen los pelos de punta por su veracidad, intimidad y sobre todo, su retrato quirúrgico sobre comportamientos y actitudes de las personas, de aquello que no vemos, pero ahí está, de la parte más oscura y falsa, de todo aquello que queremos que no nos vean. Es también una cinta que habla sobre la verdad, sobre la verdad de cada uno de nosotros y la verdad de unos hechos que cortan el alma. 

La gran labor de los técnicos de la película, cómplices del director Arnaud Dufeys, que ya trabajaron con él en sus cortometrajes Atomes (2012) y Invincible Summer (2024), empezando por la magnífica cinematografía de Pépin Struye, del que conocemos su trabajo en All the Time (2024), de Amélie Derlon Cordina, con el formato cuadrado que intensifica la asfixiante atmósfera, con esa planificación agobiante, llena de bustos parlantes, que crea ese espacio asfixiante y demoledor en el que se asienta la trama, donde la tensión in crescendo queda patente en cada mirada, gesto y silencio. La música de Lolita Del Pino, es incisa, reveladora y nada gratuita, porque sabe manejarse entre tanta confesión, situándose en un espacio en cada palabra y silencio se aborda desde lo inquietante, desde lo más profundo, revelando todo lo que subyace en cada plano. El montaje de Nicolas Bier, del que conocemos sus grandes trabajos al lado del gran Bruno Dumont en France (2021), en la serie Pandora, y en Even Lovers Get the Blues (2016), de Laurent Micheli, en un excelente trabajo, que se acopla de forma ideal a la película, a todos los altibajos emocionales y a toda esa tensión abrumadora que se respira en esas cuatro paredes, con esa atmósfera irrespirable como sucedía en aquel monumento al cine que fue Doce hombres sin piedad 81957), de Sidney Lumet. 

Si recuerdan la serie Querer, de Alauda Ruiz de Azúa, el personaje de Miren, que interpretaba magistralmente Nagore Aranburu, se erigía como la parte fundamental de lo que se contaba, que también tenía su brutal instante en una sala de juzgado como sucede en Yo te creo. Lo mismo ocurre con el personaje de Alice, que interpreta Myriem Akheddiou, una estupenda actriz que hemos visto en películas de los hermanos Dardenne, Julia Ducournau y Philippe Lioret, entre otros. Su Alice es un personaje roto pero con fuerzas para seguir batallando por sus hijos y contar la verdad. Una mujer sobrepasada pero con aliento para enfrentarse al dolor y al miedo. Le acompañan “el otro”, el ex marido que hace Laurent Capelluto, visto con Desplechin, Corsini, Haneke, Koreeda, y demás. La jueza es Natali Broods, con más de 20 títulos en la cinematografía belga. No se pierdan una película como Yo te creo, de Charlotte Devillers y Arnaud Dufeys, por su forma de contar hechos de forma tan de verdad y sin concesiones, exponiendo verdades y mentiras que, desgraciadamente, son demasiado cotidianas. La película lo relata de forma magnífica, que te llega al alma y también, te hace reflexionar sobre la sociedad en la que vivimos , con tantas aristas, verdades que son mentira y falsas apariencias, y unos niños que sufren la oscuridad de los que deberían dar amor y velar por su seguridad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA