Visión Nocturna, de Carolina Moscoso Briceño

¿CUÁNDO TERMINA UNA VIOLACIÓN?

Visión Nocturna contiene tres tipos de luces: una que encandila, una oscura que no deja ver y otra en penumbra”.

El cine, al igual que otra expresión artística, puede convertirse en una arma poderosa y profunda para mirar el dolor desde múltiples ángulos y puntos de vista, erigiéndose una herramienta capaz de penetrar en esa herida y reflexionar sobre ella, desde la propia vida del cineasta, la social y la íntima, la que se ve y la que se oculta, una forma de catarsis para entender o de alguna forma adentrarse en esa rotura emocional que sigue abierta, sigue palpitando en el interior. Siendo estudiante de cine, Carolina Moscoso Briceño (Santiago de Chile, 1986), fue a pasar unos días en una playa cercana a Santiago. Una noche, un desconocido de nombre Gary, la violó. Ocho años después, el recuerdo de esa noche fatídica, sigue estando muy presente en la vida de la joven cineasta, y muestra todo ese dolor y las heridas que todavía siguen abiertas, a través del cine, formando un diario íntimo y muy personal sobre los hechos de aquella noche y como perduran en su cotidianidad, que las imágenes sustituyan a unas palabras que no se pueden articular.

Moscoso Briceño que filma desde los 15 años, capturando su vida, y la de todos aquellos que la rodean, y acostumbrada a filmar de noche, mantiene la opción Night Shot/Visión Nocturna, para filmar por el día, creando esa imagen borrosa, difuminada y quemada, donde los personajes se confunden con el paisaje, y el contraste adquiere una revelación muy importante. Los hechos de la violación, ocultos bajo un silencio difícil de romper, los muestra mediante textos, así como los hechos que derivaron en un proceso judicial que finalmente no se abrió porque el violador era menor y el caso había prescrito. Visión Nocturna es un retrato caleidoscópico, de múltiples imágenes fragmentadas, sin un rumbo o senda aparente, en el que vemos la vida de la directora, sus experiencias, sus amistades, y todo un sinfín de imágenes que muestran el caos y la incertidumbre de una vida que ha de vivir después de sufrir un hecho tan trágico y demoledor como una violación.

La película tiene ese aroma del cine íntimo y doméstico de Chantal Akerman, Agnès Varda y Naomi Kawase, donde el cine explora y se introduce en las vidas personales de unas cineastas que se muestran y muestran sus propias vidas y sus reflexiones a través de unas imágenes que van más allá de todo aquello que filman, capturando el interior y las emociones de unas mujeres que rompen tabúes con sus películas, desnudando aquellos temas impenetrables para una sociedad que prefiere ocultar aquello que duele. Un cine que se manifiesta con todas sus armas, entrando y reflexionando en los temas que hay que entrar y mostrar, aunque sea de forma caótica y compleja, quizás esas imágenes y como las estructura la cineasta chilena, a través de un montaje que firma Juan Eduardo Murillo, son absolutamente un reflejo de todas esas emociones difíciles de entender, asimilar y mostrar. La incesante borrachera de imágenes, texturas, músicas, cuerpos, voces y demás elementos que transitan sin descanso por Visión Nocturna sirven para constatar el maná de emociones, dolores y heridas de la directora, que continuamente revive la violación cuando el proceso judicial se abre o al menos, se intenta.

Una película magnífica, rompedora y terapéutica, no solo por su extremada sencillez y complejidad, a la vez, y la desnudez directa y sucia de la que está formada, sino porque consigue engancharnos a sus imágenes que no tienen inicio ni final, sino que lo conforman un caleidoscopio en bucle donde todas las imágenes van creando ese diario íntimo lleno de caos, rabia, dolor, incertidumbre y sobre todo, extremadamente personal, sincero y a tumba abierta, lanzándonos al abismo sin red ni nada que amortigüé semejante salto al vacío, porque la película de Moscoso Briceño no es una película cómoda, sino todo lo contrario, nos invita a penetrar en el interior, en esa parte oscura y terrible desde la que nos habla la película, abriéndose en carne viva, intentando capturar todo eso que sigue torturándola en lo más profundo de su alma, y compartiéndolo con todos los espectadores que quieren asomarse a todo aquello que ocurre después de sufrir una violación, todo lo que sigue rompiéndonos y sobre todo, lo difícil que resulta explicar y compartir una experiencia de esa índole. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA