Dolphin Man, de Lefteris Charitos

EN LA PROFUNDIDAD DEL MAR.

“El hombre que se sumerge aguantando la respiración se parece a los mamíferos marinos. Hay un delfín dormido en cada uno de nosotros”

Jacques Mayol

La película se abre con un plano general del mar, de la inmensidad del mar, de su azul radiante y transparente, de todo aquello que vemos por fuera, y también, aquello que oculta en su interior, bajo su superficie. Todo ese mundo secreto y magnífico, un mundo aparte, un mundo en otro mundo, un universo salvaje, un espacio animal y vegetal, lleno de criaturas extraordinarias, un mundo donde empezó todo, el lugar donde habitaron las primeras especies del planeta, del mismo lugar donde arrancó la evolución, de donde salió la primera criatura que más tarde acabaría en el homo sapiens. El naturista y aventurero francés Jacques Mayol (1927-2001) conocía ese mundo, fascinado por su misterio desde que era un niño en la Shanghai colonial de los años 30. El director Lefteris Charitos (Atenas, Grecia, 1969) después de una amplia experiencia como documentalista en la televisión griega, se lanza a su primera apuesta en el largometraje documental contándonos las peripecias de Jacques Mayol, y no lo hace de manera simplista o sentimental, sino de una forma humanista, dejando que los suyos, el entorno de Mayol, nos explique quién era, y los diversos testimonios consiguen hacer una radiografía, tanto personal como emocional, de uno de los precursores del buceo en apnea, esa forma de submarinismo que desafía la capacidad y los límites del ser humano, porque prescinde de la respiración artificial, y se lanza a las profundidades del mar sin más ayuda que su capacidad para no respirar.

Mayol fue el pionero de la disciplina y el primero en batir la distancia record de 100 metros de profundidad. Aunque, detrás de toda esta admiración y éxito personal, se escondía una parte muy sombría en su vida, en la que desatendió a su familia, esposa y dos hijos, distanciándose de ellos, obsesionado con su pasión del mar. Charitos nos sitúa en la Shanghai colonial, en Miami, en Las Bahamas, en la isla de Elba en Italia, en la costa de Tateyama en Japón o las islas griegas del mar Egeo, lugares donde transcurrió la vida y aventuras de Mayol, con ese físico de atleta, un deportista nato que se cuidaba, tanto físicamente como emocionalmente, practicando yoga y meditación zen, donde cuerpo y alma estaban altamente preparados para asumir los retos tan arriesgados y peligrosos que asumía cuando buceaba a esas distancias de vértigo.

La película de Charitos no sigue un orden cronológico, va dando saltos de un lugar a otro, deteniéndose en sus mayores retos, y recogiendo los testimonios de tantos colaboradores, amigos y conocidos que lo conocieron y lo trataron, construyendo una película donde conocemos y reflexionamos sobre las diferentes máscaras que tenía Mayol, desde el aventurero sin fin, una especie de Errol Flynn a la caza de tesoros, en este caso mares y océanos llenos de especies y reconocidos por su diversidad marina, o la relación con las mujeres, con ese atractivo natural y canalla que las atraía, y las amantes que tuvo, o esa familia que dejó para seguir su pasión, o ese amor frustrado por causas ajenas que lo dejó muy tocado y lo llevó a reinventarse y asumir la vida como una experiencia placentera y traumática. La película nunca se queda con una visión de Mayol, nos presenta muchos rostros, algunos muy diferentes, contradictorios y complejos, dejando salir aquella cara oculta que el propio Mayol nunca mencionaba, dejándola para su interior.

Narrada por el actor Jean-Marc Barr , que lo interpretó en la película Le Gran Bleu, de Luc Besson, en la que se narra la vida de Mayol, es una película que no sólo nos habla de la capacidad de buceo y extraordinaria personalidad de Jacques Mayol, sino que también indaga en la misión naturalista y humanista de Mayol de presentar el mar no como una inmensidad desconocida y alejada de nosotros, sino como un espacio de riquezas maravillosas, en las que las emociones se descubrían, reinterpretaban y alcanzaban su plenitud interior, en la más absoluta de las profundidades, donde el silencio se apoderaba de todo, y todo lo demás dejaba de tener sentido. Mayol nos habló de la misión de preservar la naturaleza y las especies que lo habitan, como herencia de nuestros ancestros, de nosotros mismos, y sobre todo, como un medio de conocimiento y experimentación, de ayudarlo y ayudarnos a nosotros, en el interior de un hombre que le apasionaba bucear junto a las criaturas del mar y sentirse como uno más,

 

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